lunes, junio 17, 2013

El Aparatito Lumiere TRANCE




** y 1/2

Ha resultado un tanto decepcionante e incompleto el retorno de Danny Boyle (Trainspotting, La Playa, Slumdog Millionaire) tras su brillante y alabado trabajo como coordinador en la ceremonia de inauguración de los JJOO de Londres de 2012. El hábil director británico con el empacho de alegría y buen rollito de aquella ceremonia quería según sus propias palabras acometer un nuevo filme que resultase todo lo contrario: oscuro, críptico; y mientras preparaba la ceremonia rodó este irregular thriller de tono hitchconiano modernizado que trata de aunar lo psicológico, el drama y el cine de tramas criminales con su peculiar sello modernizante y urbano con lustrosas imágenes entre la publicidad y el videoclip de lujo. Aunque más contenido que en anteriores filmes (su última e interesante 127 horas aún tenía ese poso de montaje adrenalítico y de DJ de imágenes herencia de la imprescindible Trainspotting), el regreso de Boyle al Reino Unido tras haber rodado últimamente en la India y EEUU ha resultado frustrante aunque el material de partida era bastante goloso.

Trance es la crónica del arduo proceso de una serie de personajes por buscar la verdad dentro de un confuso caso de robo de una obra de arte. Simon (James McAvoy), un joven empleado de una prestigiosa casa de apuestas londinense parece verse involucrado en el robo de una valiosa pintura de Goya que iba a ser subastada, pero todo se complica cuando sufre de amnesia y se olvida del paradero de la obra. Una atractiva psiquiatra himnotista, Elisabeth (Rosario Dawson) parece dispuesta a ayudarle mediante sesiones de hipnosis, pero pronto habrá un cruce de intereses entre doctora, paciente y la banda de delincuentes que planeó el robo, liderada por el codicioso y brutal Frank (Vincent Cassel). La película da la impresión que no sabe sacar total partido de un planteamiento más que interesante por culpa de un guión desdeñoso y demasiado de tiralíneas. Los personajes no parecen despegar del todo y solo McAvoy en su papel de un joven amoral, hipócrita y con mucho que esconder logara sacar partido de un personaje que con diferencia es el que más matices e intríngulis tiene. La película atesora, con todo, momentos buenos gracias a su estupendo estilo narrativo marca de la casa Boyle y los momentos finales son de lo mejor del filme, aunque la resolución última sea tan insatisfactoria como la película  en su conjunto. A todo esto, Danny Boyle parece que quiere dirigir la segunda entrega de Trainspotting, tal vez la señal-concesión de un gran autor en declive.      

jueves, junio 13, 2013

MIS RETALES FOTOGRÁFICOS (XXI)

Atardecer de playa en abril  (2013)

Buscando la línea de costa (2013)

Calvario (2013)

Gothic Deep Forrest (2013)

Una alfombra verde (2013)

Urdaibai Series VI- Carga y Descarga (2013)

martes, junio 11, 2013

El Aparatito Lumiere QUINCE AÑOS Y UN DIA





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Resulta elogiable el esfuerzo de muchos directores españoles por tratar de ofrecer películas realistas, creíbles e inmediatas con buenos guiones y planteamientos sólidos sin caer en clichés y sin renunciar a las señas de identidad del cine español, aunque los resultados sean a veces desiguales o incompletos. Sin ir más lejos el último filme de Gracia Querejeta (El Último Viaje de Robert Rylands, Siete Mesas de Billar Francés) una cineasta interesante y muy bien dotada pero que no ha logrado mantener una regularidad acorde con sus más que prometedores inicios, entra dentro de estos esfuerzos por ofrecer un buen cine entre el drama y lo cotidiano y sin perder en ningún momento un tono de gran historia aunque a veces eso no se consiga. Es esta una película inteligente y sólida sustentada- a veces excesivamente- por un reparto eficaz y en donde destacan un buen puñado de jovencísimos actores. Una historia de amor familiar, concretamente entre un abuelo, una madre y un hijo, en donde se ilustra muy bien el poder de los lazos de sangre llevado hasta sus últimas consecuencias ante una situación extrema. Así mismo, el conflicto intergeneracional a dos bandas esta muy bien representado en la figura pivotal de un adolescente problemático y rebelde que no se encuentra a gusto ni con una madre viuda insegura y lastrada por la pérdida de su marido y por la insuficiencia de la figura paternal de su padre, ni con un abuelo autoritario y descreído pero con enorme aplomo y sentido de la justicia que busca redimir con su nieto sus errores familiares.       

Jon (Arón Piper) un catorceañero donostiarra es enviado por su madre Margo (Maribel Verdú) a un pueblo de Levante a vivir una temporada con su abuelo Max (Tito Valverde), un militar retirado y divorciado, tras ser expulsado del instituto. El chaval, desorientado pero con su propia visión de las situación, no tardará en encontrarse con un terrible problema que pondrá en jaque a una familia en proceso de descomposición. La película, pese avanzar firmemente en un guión sólido y muy bien planteado escrito por la propia directora y Antonio Mercero Jr., a veces no encuentra el tono y ello no es por un enorme trabajo interpretativo ni por lo bien que está la parte juvenil del elenco (Arón Piper, Boris Cucalón, Sfia Mohamed y Pau Poch) sino por la sensación de falta de atrevimiento a llevar un planteamiento realmente interesante más allá. Jugando con el cine policial y la intriga, el elemento dramático se ve reforzado pero todo parece avanzar demasiado rápidamente y de manera muy esquemática, sobre todo al final del filme y el resultado se resiente algo.  

Con todo, Quince años y un día, es un filme recomendable aunque puede que no guste a todo el mundo y con su sabia mezcla de sensibilidad y firmeza resultará sugerente a los padres/madres con hijos adolescentes. Este además ha sido la primera cinta de Gracia Querejeta sin los auspicios de su padre, el gran Elías Querejeta, recientemente fallecido. Sirvan estas líneas también para rendir un merecido homenaje a esta figura clave del cine español cuya impronta, por supuesto, también se deja ver en esta película dirigida por su hija.

jueves, junio 06, 2013

El Aparatito Lumiere UN AMIGO PARA FRANK (ROBOT & FRANK)





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Sin mucha parafernalia y con visos de pasar fugazmente por las pantallas se ha estrenado este pequeño pero más que interesante filme mezcla de comedia dramática y ciencia ficción que puede gustar a públicos bien variados. Una historia sencilla sobre el paso del tiempo y la necesidad del ser humano de sentirse acompañado y querido que recurre como mcguffin a un conocido cliché de la ficción científica como es el de los robots de servicio doméstico en un hipotético futuro. El veterano Frank Langella interpreta a Frank, un septuagenario divorciado poco dado a las tareas domésticas malhumorado y con principios de Alzheimer al que su hijo regala un robot programado  para ayudarle en sus quehaceres diarios y hacerle compañía. Aunque al principio reticente, Frank termina por aceptar la presencia y la ayuda del autómata, al que además de en amigo le convertirá en aliado en su retorno a la profesión de su juventud: el robo de guante blanco.   

Robot & Frank habla de segundas oportunidades, de recuperación del tiempo perdido y de la búsqueda de la felicidad por medio de la compañía, todo con un tono entre amable y amargo bastante logrado y sugerente. La apuesta por la sonrisa, la ironía y la crítica social y tecnológica a un futuro inmediato heredero de este presente resulta enormemente adecuada en lugar de una sensiblería fácil que hubiese propiciado una película ñoña e insufrible. Así mismo presentar al cascarrabias Frank (muy bien interpretado por Frank Langella) como un antihéroe cabezota y no muy recomendable pero que inspira compasión en su soledad y decadencia, es también una decisión acertada que hace de esta  película un relato interesante y muy sugerente. Una puesta en escena sobria como un mínimo de efectos especiales pese a ser un filme futurista y unos personajes bien presentados (en el reparto también interviene Liv Tyler, James Marsen y Susan Sarandon) da empaque a una película que sin ser nada del otro jueves sabe ofrecer buen cine y una historia entrañable, humana y muy bien contada. 

lunes, junio 03, 2013

ERNEST THOMPSON SETON, LOBO DE LOS BOSQUES





Figura clave en el conocimiento de la vida de los animales salvajes desde el siglo XIX y uno de los más preeminentes e influyentes naturalistas de la historia, el norteamericano de origen británico-canadiense Ernest Thompson Seton (1860-1946) no solo dedicó casi toda su vida al estudio y divulgación de la vida animal y de la vida salvaje, sino que, firme defensor de la educación de los niños en la naturaleza, fue el padre de lo que se conoce hoy por los “campamentos al aire libre” y creador indirecto de la educación en el tiempo libre y del escultismo (el movimiento Boy Scout), siendo en esta última faceta inspirador de Lord Baden-Powell, el padre oficial de los Scouts. Thompson Seton fue además un muy prolífico escritor de libros sobre naturaleza y animales -tanto divulgativos como de apuntes del natural o de semi-ficción-, un habilidoso e influyente dibujante y pintor de animales, y autor de diversos manuales sobre educación en la naturaleza a la infancia y adolescencia cuya impronta aún se percibe en prácticamente toda la bibliografía internacional sobre escultismo, campismo y supervivencia en la naturaleza. Creador en 1902 del movimiento juvenil de los Woodcraft Indians, co-fundador en 1910 de los Boy Scouts de Norteamérica, autor de libros infantiles sobre vida de animales que se han convertido en clásicos, figura clave en la pedagogía de la naturaleza, pionero en la defensa de la cultura indígena norteamericana como patrimonio histórico estadounidense y uno de los primeros grandes defensores de la naturaleza y la vida salvaje en occidente, Ernest Thompson Seton fue un personaje poliédrico y enormemente inspirador en numerosas facetas (naturalista, artista, escritor, divulgador) pero toda su obra literaria, artística y filantrópica tiene como punto convergente su amor y defensa por la naturaleza, algo que el supo transmitir apasionadamente en toda su trayectoria. Es tiempo de conocerle.     




Entre animales salvajes

Ilustración original de Seton

Ernest Thompson Seton nació como Ernest Evan Thompson en South Shields, Durham, Inglaterra el 14 de agosto de 1860, hijo de padres escoceses. En 1866, cuando Ernest tenía 6 años, emigró con su familia a Canadá, concretamente a Lindsey, Ontario.  Poco tiempo después los Thompson se trasladaron a Toronto, la capital de la provincia de Ontario. Su infancia no fue muy feliz ya que recibía el maltrato continuo de su padre, al que terminó odiando. Con doce años huía a los bosques de Ontario para admirar los árboles y los animales que allí había, comenzando a hacer sus primeros dibujos y apuntes gráficos del natural. Así comenzó a fraguar su amor a los animales a los cuales estudió obsesivamente durante su adolescencia al tiempo que sus huidas del hogar cada vez se hacían más frecuentes para evitar a su indeseable progenitor. Así mismo, también aprendió e ideó en dichas excursiones algunas habilidades y técnicas de supervivencia en la naturaleza que mas tarde llamaría “Woodcraft” (bosquismo) un término por él acuñado que será el definidor y  guía de su obra y vida.  A finales de la década de 870 consiguió una beca en arte para la Royal Academy de Londres


Autorretrato de E.T. Seton

Thompson regresó a Canadá hacia 1879 estableciéndose en Carberry, Manitoba, en una granja propiedad de su hermano. En 1881 decidió romper con su padre pese a los intentos de reconciliación de este  y jamás le volvió a hablar ni a tener contacto con él. Poco después y con 21 años ya se encontraba en Manitoba ejerciendo de naturalista para el gobierno provincial: el naturalismo era para él una ocupación autodidacta por la que sentía una enorme pasión. Allí tuvo oportunidad de observar, dibujar y estudiar a los lobos de la zona, animales de los que se enamoró y sobre los que decidió profundizar para conocer su vida y costumbres. Ernest cambió legalmente su nombre por el de Ernest Thompson Seton añadiendo así un segundo apellido, al parecer proveniente de su familia paterna. Durante la década de 880 permaneció en Manitoba estudiando los lobos y otros animales salvajes de los bosques de la provincia del norte de Canadá (osos polares, renos, búhos, halcones) en una zona muy rica en fauna. Durante esos años Thompson Seton se hizo famoso  en la comunidad científica de  Canadá y Estados Unidos por sus estudios sobre la vida animal y también consiguió un nombre en los círculos artísticos por sus relistas dibujos y grabados de animales realizados a partir de su observación directa de estos en su medio ambiente y comportamiento ordinario, técnica en la que el autor fue un pionero. Tras la publicación de su primer libro Mammals of Manitoba (Mamíferos de Manitoba) en 1886 logra cierto reconocimiento por su contribución a la divulgación de la vida de los animales merced a dicha obra la cual obtuvo éxito popular y reconocimiento. Este libro, como muchos de los posteriores, contenía gran número de ilustraciones y grabados por el propio Seton. A mediados de los 90 y tras viajar por Nuevo México y escribir otros exitosos libros divulgativos sobre sus propias experiencias como naturalista en los bosques canadienses se traslada a Nueva York. Poco después se establece en Greenwich, Connecticut, concretamente en una zona rural llamada Cos Cob, donde pasará gran parte de su vida. Allí comenzó a vivir en una hacienda boscosa de más de 40 hectáreas repleta de animales llamada Wyndygoul junto con su mujer Grace Gallatin con la que se casó en 1896 y tuvo una hija llamada Ann nacida en 1904 y que mas tarde sería la escritora Anya Seton. En Cos Cob Seton continuó escribiendo, pintando y estudiando a los animales y ya con el cambio de siglo se había convertido en el naturalista y escritor sobre la naturaleza más influyente de Norteamérica. En 1898 publicó una de sus obras más célebres Wild Animals I Have Know  (Animales salvajes que he conocido), un testimonio de sus viajes por Nuevo México y en donde cuenta entre otras experiencias uno de los más conocidos pasajes del estudio zoológico norteamericano y del naturalismo en general: el lobo Lobo (el nombre en castellano)


Ilustración original de Seton

Lobo, los indios y otras historias

El episodio de Lobo “el rey de Currumpaw” narra la caza y muerte de un lobo que anduvo atemorizando a la población de las aldeas cercanas a los cañones de Nuevo México, en el valle de Currumpaw, atacando y comiéndose al ganado. Seton, que oyó las quejas de los lugareños, decidió dar caza al lobo pero fue advertido de que el animal había evadido de manera increíble todas las trampas que se le habían puesto. Thompson Seton entre sus muchas habilidades era un experto en trampas y se ofreció a cazar al lobo conocido en el lugar como Lobo. Seton consiguió cazar a Lobo pero fue incapaz de matarlo ya aquel carnívoro considerado por los habitantes de la zona como un asesino y un depredador despiadado era un animal majestuoso, noble y maravilloso que luchó hasta el final por su supervivencia en una cruenta lucha hombre-animal. Seton llegó a la conclusión de que el lobo  murió de tristeza una vez fue capturado y privado de libertad. Este episodio se convertirá con el paso del tiempo en un clásico de la defensa de la vida animal y de la conservación de las especies en todo el mundo, así como un ejemplo de la nobleza del lobo frente a su consideración como alimaña y enemigo del hombre. 

Lobo, atrapado


En 1902 Ernest Thompson Seton había escrito más de diez libros sobre animales algunos dirigidos a niños y en donde conjugaba divulgación y realidad ficcionada, todos ellos con sus extraordinarias ilustraciones de animales. Su propósito por aquellos años comenzaba a ser el extender el amor de la infancia y la juventud por los animales y aquel año precisamente un suceso relacionado con la infancia cambiará su vida para siempre y la de miles de personas. Un grupo de niños de Cos Cob estuvieron durante unos días tratando de entrar en los terrenos de Wyndygoul y dañando y pintando la valla que impedía el paso al terreno, así como ocasionando destrozos cerca de las propiedades de Thompson Seton. Harto de las furtivas incursiones de los muchachos, Seton pensó poner una denuncia a las autoridades pero se le ocurrió una idea mejor. Fue al la escuela primaria de Cos Cob y preguntó por los muchachos que solían merodear por los alrededores de Wyndygoul. Era un grupo de chiquillos de entre diez y doce años que confesaron haber ocasionado destrozos en las vallas ya que querían entrar al bosque privado de Mr. Thompson Seton para disfrutar de sus bosques y su pequeño lago. Seton ya se suponía que los pequeños vándalos querían entrar en su propiedad para disfrutar de estancias en la naturaleza y por eso les propuso pasar un fin de semana acampando en tipis indios y remando en canoa por un lago. 

Uno de los primeros campamentos Seton (el a la derecha)

 

Woodcraft: el triunfo de la vida al aire libre


Un viernes primaveral antes de las vacaciones de Semana Santa, Seton recibió en sus terrenos al grupo de escolares. Había preparado un remedo de campamento indio con reproducciones de tipis donde los chavales pasarían dos noches y había contratado un cocinero para preparar la comida para unas 30 personas (parece ser que finalmente asistieron unos 20 niños, todos varones) así como un ayudante de campamento. Seton también había construido un pequeño embalse cerca de un arroyo a modo de lago artificial. Los chicos ese fin de semana remaron en canoas indias por el lago, aprendieron a hacer hogueras y a hacer utensilios indios de madera y por las noches en una hoguera cerca de los tipis, Thompson Seton les contaba historias sobre animales y también sobre la vida y costumbres de los indígenas americanos, para Seton un ejemplo de pueblo amante de la naturaleza y leal con sus semejantes. Seton también trató de hacer ver a los chicos que sus fechorías cometidas días atrás no estaban moralmente bien y que era preciso que los muchachos sean nobles, educados y no mentirosos: había que jugar limpio. A los chavales de Cos Cob les encantó aquella experiencia y Thompson Seton repitió su “campamento indio” en mas ocasiones y decidió que todos los veranos a partir de 1902 se organizaría un gran campamento para los muchachos del pueblo de Greenwich y sus alrededores. Seton bautizó a su experiencia The League of the Woodcraft Indians (La Liga de los Indios del Bosquismo); hoy en día considerada como el primer campamento infantil de verano de la historia y como el primer ejemplo de la educación en el tiempo libre. En los primeros años acudían niños (no niñas) de 8 a 14 años la mayor parte procedentes de Greenwich. Los niños se dividían en “tribus” y aprendían a fabricar armas y herrameintas indias (en su mayor parte de madera de los árboles del bosque), a construir canoas, preparar hogueras y otros elementos de a vida de los “pieles rojas” al tiempo que Seton les enseñaba enseñanzas morales basadas en el respeto al prójimo y a la naturaleza y en el trabajo en equipo, inspiradas en los indígenas de Norteamérica. El imaginario indio estaba presente también en los premios que los chavales conseguían por ser especialmente habilidosos en juegos de caza y supervivencia en el bosque (una cacería simulada de ciervos de pega), en los trabajos manuales y en las competiciones deportivas (se organizaban carreras de canoas en el lago artificial), ya que los premios consistían en plumas que colocaban en su cabeza. Además, todos los participantes en los campamentos se ponían nombres indios, siendo Seton el Gran Jefe Lobo Negro, en homenaje al inolvidable Lobo.   



La fama de los campamentos de la Liga de  los Woodcraft Indians se extendió durante todo los EEUU durante la década de 1900. Thompson Seton era ya una celebridad como naturalista, escritor y pintor-dibujante y su curiosa experiencia no pasó desapercibida comenzando a recibir alabanzas por parte de las autoridades y del mundo de la enseñanza.  Gran parte de las historias vividas por Seton en los bosques de Norteamérica y que este contaba a sus Indians en los primeros años del campamento fueron publicadas junto con crónicas de sus experiencias con los muchachos en la revista Ladies Home Journal recopiladas mas tarde en el libro The Birch Bark Roll of the Woodcraft Indians (1906), que se convirtió en la guía y libro de cabecera del movimiento “bosquista” y fue uno de los primeros manueles que contenía técnicas de supervivencia al aire libres dirigidas al público infantil y adolescente. Seton también escribió varios manuales de habilidades y costumbres indias para niños que también formaron parte de The Birch Bark Roll (El Rollo de Corteza de Abedul, haciendo referencia al soporte de escritura de los primitivos nativos americanos). Paralelamente, en esos años escribió dos de sus más célebres novelas juveniles Two Little Savages (Dos Pequeños Salvajes) (1903), inspirada en su filosofía del beneficio para los niños del contacto con la naturaleza y Monarch, The Big Bear of Tallac (Monarca, el Gran Oso de Tallac) (1904) la historia real de un gran oso grizzli que se convirtió en el símbolo de California. Estas obras de ficción (aunque basadas en sus experiencias) fueron enormemente influyentes para el nacimiento en la sociedad americana de una concienciación para la conservación de la vida animal y de la naturaleza, y con el paso del tiempo adquirieron revalorización además de convertirse algunas de ellas (como las dos mencionadas anteriormente) en unos auténticos clásicos de la literatura juvenil y de la literatura proto ecologista. No obstante, también tuvieron sus detractores, que las acusaban de ser excesivamente sentimentales y bastante poco respetuosas con los hechos reales en las que varias de ellas se basaban.   




Seton y los Scouts

E.T Seton como "Gran Jefe lobo Negro"

En 1906 Thompson Seton viajo a Inglaterra invitado por el teniente general británico Lord Robert Baden-Powell (1857-1941), militar condecorado y héroe en la segunda Guerra de los Boers en África. Baden-Powell, una autoridad en “scouting” o exploración militar, estaba muy interesado en el adiestramiento de la infancia y la adolescencia en técnicas de exploración una vez que su ya famoso manual Aids to Scouting se convirtiese en el libro preferido de muchos niños y niñas británicos pese a no estar dirigido a la infancia. El veterano militar era también uno de los dirigentes de la organización cristiana infantil Boy´s Brigade y había organizado una especie de mini  campamento militar en su mayor parte con niños de dicha organización que le llevó a la conclusión en que la exploración del mundo circundante y las técnicas de supervivencia al aire libre eran enormemente beneficiosas para la infancia y adolescencia sobre todo si estaban acompañadas de valores éticos y morales como la convivencia, la lealtad y el trabajo en equipo. Baden-Powell había tenido noticia de los Woodcraft Indians y comprobó con sorpresa como dicha organización juvenil practicaba gran parte de su ideario con respecto a la educación de la juventud al aire libre y en ciertos valores, algo que corroboró leyendo The Birch Bark Roll. Tras algunas reuniones y correspondencia, los dos hombres advirtieron sus puntos en común y lo maravilloso que podría ser unir sus fuerzas para crear una organización infantil internacional de educación y adiestramiento al aire libre. En 1907 Baden-Powell organizó el primer campamento de Scouting para niños en Inglaterra y un año después escribió Scouting for Boys (Escultismo para Niños), ambos influenciados notablemente por la Liga de los Woodcraft Indians y en la filosofía de Ernest Thompson Seton aunque desde un punto de vista mas disciplinario y militarista: había nacido en movimiento Scout.  Además, a finales de la década de 1900 habían surgido en EEUU movimientos infantiles similares al Woodcraft (y a los Boy Scouts) como Sons of Daniel Boone (los Hijos de Daniel Boone) y algunas experiencias de la por entonces influyente YMCA, todos ellos coincidentes con el deseo de Baden-Powell de conseguir una organización juvenil fuerte y transnacional. Estas organizaciones norteamericanas junto con los Woodcraft Indians se fusionaron y coaligaron para constituir en 1910 los Boy Scouts of America, con Thompson Seton reconvertido a la causa de Baden-Powell y primer Jefe Scout Nacional de la misma. Los Woodcraft Indians dejaban de existir momentáneamente aunque su influencia en el escultismo era enorme, especialmente en lo concerniente al aprendizaje de técnicas como la talla de madera o la elaboración de hogueras de campamento. También resultaba evidente que los primeros scouts americanos tenían más elementos simbólicos y filosóficos de la cultura indígena norteamericana que los británicos y de otros países. No obstante, muchos de los elementos de origen americano introducidos en el escultismo por influencia de Seton (hogueras, construcción de utensilios, forma de acampar, respeto por la naturaleza) han pervivido en la cultura scout desde siempre.





La filosofía y organización militarista de los Boy Scout sin embargo no eran del gusto de Seton y además de esto pronto tuvo discrepancias y discusiones con los otros co-fundadores de los Boy Scouts of America (BSA) y Jefes Scouts ejecutivos de la organización, Daniel Carter Beard y James E. West. Según West, Seton (que en 1910 aún tenía doble nacionalidad británica y canadiense pese a vivir en EEUU durante más de quince años), no tenía el espíritu americano patriótico suficiente para dirigir una organización americana, acusaciones que encontraron virulencia en el comienzo de la I Guerra Mundial cuando se requería un espíritu marcial y patriótico especialmente cuando USA entró en la guerra. Seton se oponía a que los Boy Scouts norteamericanos jurasen lealtad a su país, ya que él era partidario de que los muchachos apoyasen a su país cuando sus acciones era correctas y lo recriminasen cuando cometiera algún error, algo que James West no podía concebir ya que según él los Boy scouts debían siempre apoyar y defender a su país hiciese lo que hiciese. West tildó a Seton de radical y anarquista e insinuó que el autor y naturalista renegaba de EEUU y de su historia pasada, especialmente cuando constataba en sus obras las masacres a las que se había visto sometido el pueblo nativo norteamericano por parte del hombre blanco. En el periodo 1914-15, las críticas de Thompson Seton a la según él propaganda pro-bélica que hacían los BSA y a su postura oficial probélica en la Gran Guerra colmaron la paciencia de Daniel “Uncle Dan” Carter Beard y de James West y enseguida le recordaron a Seton su condición de no norteamericano, algo que se convirtió en un problema cuando Beard decidió instaurar una regla que obligase a los BSA a aceptar solo miembros estadounidenses. Por si fuera poco, las actividades sufragistas de su esposa Grace así como las simpatías de esta hacia la teosofía comenzaron a ser elementos de ataque hacia Seton por parte de sus detractores y a comienzos de 1915 dimite como Jefe scout de los BSA. Thompson Seton, que se opuso a la anexión de Cuba y Filipinas por parte de EEUU y había criticado duramente políticas bélicas norteamericanas y británicas del pasado, escribió en su carta de dimisión que en el movimiento Boy scout “el militarismo va primero y el woodcraft  en segundo lugar (…) Cuando Baden-Powell y yo organizamos los boy scouts de Inglaterra en 1908 y los boy scouts de America en 1910 nuestro propósito era hacer de todos los jóvenes de América hijos del aire libre enseñándoles el placer de la vida al aire libre (..) El estudio de los árboles, las plantas y la naturaleza ha dado paso a órdenes, instrucciones y otras actividades de naturaleza militar, destruyendo así la simbología de sus orígenes




La vida en la naturaleza




A pesar de todo, en lugar de aceptar la dimisión de Ernest Thompson Seton, el BSA le expulsó alegando que no era estadounidense y que era contrario al patriotismo, algo esencial en un boy scout según el propio manual internacional de la organización. A mediados de 1915 Thompson Seton resucita la Liga Americana de los Woodcraft Indians, ya una organización diferente a los Boy Scouts que aún pervive en nuestros días en EEUU y en algunos otros países con un éxito y aceptación sensiblemente menor al movimiento scout.  Durante esos años y hasta su muerte, Ernest Thompson Seton continuó escribiendo y pintando. Publicó novelas y relatos sobre animales, obras sobre vida y costumbres de de la fauna, manuales para los Woodcraft Indians, libros de ilustraciones, crónicas de viajes, libros de divulgación sobre la naturaleza en Norteamerica, etc. Continuó durante varios años viajando y estudiando a los animales al tiempo que regía la Liga de los Woodcraft Indians, una organización de corte más pacifista y naturalista que los Boy Scouts y que a partir de la II Guerra Mundial influirá en varias organizaciones Scout reconvertidas al pacifismo y preocupadas en mayor medida en la vida en al naturaleza y en la supervivencia al aire libre que los scouts en sus orígenes: los scouts comienzan a recibir en mayor medida el legado y la influencia de Thompson Seton.


Pese a que su obra anterior a la I Guerra Mundial fue la que mayor éxito gozó, a partir de los años 30 los libros de Seton comienzan a experimentar un resurgir y pronto se hacen famosos internacionalmente acercando a muchos lectores la vida de los animales. Su última gran obra, Life of Game Animals (1925-28) recibió un premio de la National Academy of Sciences en 1928.  Otras obras esenciales suyas son Lives of the Hunted (1901) y Rolf in the Woods (1911). En 1931, con 71 años, Ernest Thompson Seton se nacionaliza estadounidense. Durante los años 30 y 40 Seton, que en los años 20 se había mudado a Santa Fe, Nuevo Mexico, se relacionó con la comunidad artística y literaria de Santa Fe. En 1935 se divorció de Grace y pronto se casó con Julia M. Butree (Julia Seton) con quien escribiría conjuntamente obras como The Gospel of the Redman (El Evangelio del piel Roja) en 1936. La pareja adoptó en 1938 a Beluah, mas tarde conocida como Dee Seton Barber.  Ernest Thompson Seton murió el 23 de agosto de 1946 a los 86 años en su casa de Seton Village, cerca de Santa Fe, y fue incinerado en Alburquerque.  




Un enorme legado


La admiración por la obra literaria y divulgativa de Ernest Thompson Seton no cesó con su muerte, la mayor parte de sus libros se han reeditado en EEUU y en otros países y han servido para acercar la vida de los animales y el amor por la naturaleza a muchos niños y niñas de todo el mundo. En países como Japón Seton se convirtió a partir de la segunda mitad del S. XX en uno de los autores más traducidos y más leídos por el público infantil. Tres series de televisión animadas japonesas han adaptado (de manera libre) obras de Seton: las míticas El Bosque de Tallac (también conocida como Jacky) basada en Monarch, the Big Bear of Tallac y Banner y Flappy basada en Bannertail: The Story of Grey Squarrell; además de Los Animales de Seton inspirada en varias de sus obras. También es evidente la influencia de la filosofía y las enseñanzas de Thompson Seton en el ecologismo moderno y en todos los movimientos de conservación de la naturaleza y de protección de los animales.



Aunque el movimiento Woodcraft Indians ha tenido una expansión muy reducida en el mundo como organización internacional (solo cuajó en USA, Reino Unido, Rusia, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Uruguay y Chile), como hemos visto su influencia en el movimiento Scout ha sido total hasta el punto que se puede atribuir al ideario propagado por Seton para los Indians como la verdadera base de la filosofía scout, especialmente en el escultismo moderno: respeto, espíritu de cooperación, trabajo en equipo y amor a al vida en la naturaleza y al aire libre, por no hablar de la introducción de diferentes técnicas de vida al aire libre inspiradas en los indios americanos. Además su idea pacifista superó en muchas organizaciones scout el militarismo original impuesto por Baden-Powell, una huella que se puede ver con claridad en el movimiento scout actual. Tampoco hay que obviar su reivindicación del legado histórico y cultural de los indígenas norteamericanos, algo de lo que Seton fue un pionero.     



Gran parte de los manuscritos, pinturas y dibujos de Ernest Thompson Seton se encuentran en el Seton Memorial Library and Museum en el Rancho Scout Philmot en Nuevo México y en la Academy of Love of Learning en Santa Fe. 


miércoles, mayo 29, 2013

El Aparatito Lumiere EN OTRO PAÍS (DA-REUN NA-RA-E-SUH)




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No parece que permanecerá mucho tiempo en cartelera esta extraña película  surcoreana dirigida por un cineasta reputado en su país pero casi desconocido fuera de el como es Hang Sang-soo, por lo que los amantes del cine coreano (el cine más europeo que se hace en Asia) que son fieles y más numerosos de lo que parece bien pueden apresurarse para ver un filme modesto y sugerente pero enormemente sinuoso y algo irregular. Con parquedad de medios y escenarios y fluctuando entre el drama y la comedia, la película presenta tres historias contadas por una misma narradora (una joven aspirante a guionista en una situación de preocupación y ansiedad) inspirada en el entorno en el que se hospeda (una especie de residencia vacacional en una época que no parece precisamente estival) y las tres protagonizadas por sendas turistas francesas llamadas Anne, interpretadas en los diferentes segmentos (no se si se pueden calificar como tales) por la gran dama de la interpretación gala Isabelle Huppert en una curiosa incursión de una actriz europea en el cine asiático. En los tres relatos, protagonizados por los mismos actores y actrices y con prácticamente los mismos personajes secundarios en los tres, se viene a dar la misma situación de la visita de una mujer extranjera a una residencia de vacaciones que trata de superar su pasado en un entorno limitado en lo espacial y con las mismas personas en cada una de las ocasiones, aunque con resoluciones diferentes. Esta claro que las tres Anne de la película son el mismo personaje con una misma personalidad aunque con ocupaciones, contextos personales y circunstancias diferentes.

Rodada en coreano y en inglés (y por ello recomendable verla en VO subtitulada) la película no trata de ningún encontronazo cultural ni de el sentimiento de desarraigo de occidentales en orientes, es más bien un cuento psicológico de alcance incierto con forma de irregular experimento narrativo en un conjunto que a veces resulta efectivo y brillante y en otras bastante desconcertante y aburrido. Isabelle Huppert esta muy bien y en ella como era de esperar recae todo el peso de la película aunque a veces da la impresión de que tiende a la autocaricatura- y es que precisamente en todas las películas da la impresión de hacer el mismo personaje- y eso puede que a veces reste credibilidad a la película en algunos momentos. Tal vez el visionado de este filme en más ocasiones muestre claves que en una primera visión al espectador se le pasen desapercibidos, pero el regusto que deja en una primera vez es algo incompleto y desangelado aunque en todo momento se sepa que se esta viendo una buena película.        


lunes, mayo 27, 2013

AGUR,SAN MAMES, AGUR



 


 
Han sido cien años de gloria y felicidad

Han sido cien años de ilusión, muchas alegrías y algunas tristezas

Han sido cien años de goles, paradas, remates, penaltis, esfuerzo, sudores y lágrimas

Han sido cien años de gritos, vello en punta, brazos en alto, bufandas al aire y  emociones a flor de piel.  

Han sido cien años de recuerdos imborrables, gestas heroicas y protagonistas legendarios

Han sido cien años de algo más que fútbol

Han sido los cien años de una vida

 



Todo empezó en 1913 y terminará en 2013. Después de un siglo, San Mames, la casa del Athletic Club, pasará a la inmortalidad. Será solo la mudanza de un club inigualable a un hogar mejor, pero es inevitable no sentir la añoranza de un lugar que para muchos fue más que un campo de fútbol.



El viejo San Mamés fue ante todo la fortaleza y dominio del Athletic, ese club único en el mundo cuya simbiosis con su afición es total. Un templo donde en cada partido se oficiaba un ritual único de amor e identificación por un equipo capaz de mover a todo un pueblo como es el de Bizkaia en pos de un mismo fin e incluso superando fronteras y atrayendo a gentes de cualquier procedencia. Y por ello un lugar sagrado, con nombre de santo. 



El viejo San Mamés fue un estadio cuyo público durante una centuria ha sido todo un ejemplo de entrega, elegancia, educación y deportividad. Un estilo propio que ha terminado por distinguir a su afición como una de las mejores del mundo, siempre dispuesta a dejarse la piel por su equipo e insuflarle hasta la última gota de su aliento

 



El viejo San Mamés fue donde muchos tomaron por primera vez contacto con el fútbol y vieron lo grande y lo miserable que podía ser un deporte que es como una metáfora de la vida. Allí muchos por primera vez sintieron que era eso de animar a unos deportistas para llevarles hacia la victoria y vieron que el esfuerzo y el trabajo en equipo pueden tener muy gratas recompensas



El viejo San Mamés fue txapelas, bufandas, botas, camisetas de algodón, nylon o poliéster. Padres e hijos, familias enteras, cuadrillas de amigos, matrimonios y parejas, niños, jóvenes, adultos y viejos. Todos esperando el día del partido. Fue colas en las taquillas, en las puertas y llenos absolutos. Miles de voces cantando al unísono el himno del Athletic, lanzando irrintzis, animando, gritando, viviendo, sintiendo…   



 Fondo Norte, Fondo Sur, Preferencias Lateral y Este, Tribunas. Misericordia e Ingenieros, edificios de referencia geofísica en los puntos cardinales. El palco con el busto de Pichichi, el hombre que marcó allí el primer gol. Vetustas oficinas del club que una vez estuvieron allí, una tribuna que se bautizó con el nombre de un jugador cuyo traspaso sirvió para costearla, unos marcadores que en su día revolucionaron el fútbol multimedia. Un teatro que vivió innumerables cambios de físico. Pero hace tiempo todo un símbolo lo ha coronado, un arco de hierro, el material vizcaino por excelencia



El césped de San Mamés, esa hierba que ha sido pisada por Pichichi, Belauste, Travieso, Carmelo Goienetxea, Gorostiza, Bata, Iraragorri, Lafuente, Blasco, Mugerza, Zarra, Panizo, Gainza, Iriondo, Venancio, Lezama, Bertol, Mauri, Maguregi, Garay, Arteche, Carmelo Cedrún, Canito, Aguirre, Saez, Iribar, Txetxu Rojo, Uriarte, Carlos, Villar, Dani, Sarabia, Goikoetxea, Zubizarreta, Argote, Urkiaga, Andrinua, Alkorta, Guerrero, Etxebarria, Ziganda, Yeste, Llorente, Iraola, Gurpegi, Muniain y tantos otros que hicieron del viejo estadio su hogar que muchos de diferentes generaciones hemos compartido y hemos sentido nuestro.  


 


Quedarán aquellas épicas eliminatorias de copa previas a los pases a una final, se recordarán inolvidables noches europeas que nos hacían sentir los reyes del mundo, se rememorarán alirones ligueros con el campo invadido. Éxitos de todo tipo y también fracasos y decepciones. Todo nuestro, para bien y para mal. Todos del Athletic, todos en San Mamés.



Han sido cien años de San Mamés. Recuerdos y emoción. Felicidad. Vida. Pero nada es materialmente eterno y ahora llega el momento de la despedida.  Ahora se va y deja paso a un nuevo y moderno escenario que abrumado recogerá su legendario legado. Y lo hará con dignidad porque llevará su inmortal espíritu.
 





Agur, viejo San Mamés. Lo que nos has hecho sentir. Eskerrik asko.  Kaixo, San Mamés Barria, ahora tú serás nuestra casa



Viejo San Mamés, perteneces a la eternidad


martes, mayo 21, 2013

El aparatito Lumiere EL GRAN GATSBY (THE GREAT GATSBY)




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Con buen hacer y un cine más que aceptable se ha vuelto a recuperar para el cine el clásico de la literatura norteamericana firmado por F.Scott Fitzgerald The Great Gatsby, llevado a la pantalla en varias ocasiones en donde destaca la versión de 1949 dirigida por Elliot Nugent y protagonizada por Alan Ladd y Betty Field y la de 1974, a mayor gloria de un inolvidable Robert Redford acompañado por Mia Farrow y dirigida por Jack Clayton. En esta ocasión el aparatoso y efectista pero original cineasta australiano Buz Luhrmann (Romeo +Juliet, Molin Rouge, Australia) -el Ken Russell del siglo XXI- adorna su breve filmografía (cinco filmes en veinte años) con una nueva e interesante versión de la novela con una impronta visual deslumbrante y grandgiñolesca y un estilo narrativo original y verdaderamente logrado, elementos con los cuales el director y guionista demuestra rehusar a hacer una adaptación fidedigna y encorsetada del material de partida imbuyendo a una historia ambientada en los años 20 del siglo pasado un tono estética y narrativamente contemporáneo, algo parecido a lo que hizo con Molin Rouge: en ese sentido y aunque la cosa no esté tan salida de madre como en aquel filme, es cierto que aquí también se juega con el anacronismo y con  ciertos clichés de la cultura pop de los últimos quince años otorgando un cierto tono caricaturesco que puede que no sea plato para todos los gustos, especialmente entre los admiradores de la novela original o de las anteriores adaptaciones cinematográficas.

Leonardo di Caprio es que in interpreta esta vez a Jay Gatsby, el apuesto joven millonario de Nueva York que a principios de los años 20 es la comidilla de todo el mundo en la Gran Manzana, un hombre apuesto y elegante que parece tenerlo todo y que aún aspira más con su ambición infinita. Admirado y envidiado por todo el mundo, tiene su más file seguidor en el licenciado en Yale Nick Carraway (Tobey Maguire), quien pronto advierte de la obsesión de Gatsby por conseguir el amor de la prima de Nick,  Daisy (Carey Mulligan) casada con el millonario Tom Buchanan (Joel Edgerton), un individuo de poco fiar. La desesperación de un hombre rico y poderoso por no poder conseguir un amor deseado durante largo tiempo muestra a Nick la débil base sobre la que se sostiene un mundo de lujo, actos sociales, contactos en las más altas esferas, multitudinarias fiestas desenfrenadas (con estética de rave en macrodiscoteca y a ritmo de música House en la película) y aclamación de las masas y pronto lo artificial y las falsedades serán descubiertas. Verdaderamente, es una lástima que en esta versión el discurso de la historia y la descripción-caracterización de los personajes prácticamente queden relegados a un plano secundario merced a la a veces un tanto cansina apuesta por el aspecto visual del filme, muy logrado dicho sea de paso con esa mezcla del art decó y el futurismo de los 20 con la cultura clubber del siglo XXI  para mostrar un mundo de ricos petimetres, flappers, gangsters respetables y en definitiva toda la despreocupación de los felices años 20 visionada bajo el prisma de los 2010. Da la impresión de que Luhrmann da por supuesto que el público prefiere el espectáculo (musical, acción, algún pasaje psicotrónico bizarro) a la esencia de la historia, que si bien se mantiene intacta y es claramente lo que vertebra al filme, no consigue destacar como es debido. Pese a todo, esta nueva Great Gatsby  resulta una película estimulante y realizada con oficio y acierto por un cineasta con muchísimos argumentos pese a sus excesos habituales. Una buena opción para una tarde o noche de cine si se quiere disfrutar de una entrañable historia contada de manera poco habitual.