viernes, septiembre 26, 2014

El Aparatito Lumiere JERSEY BOYS





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No alcanza la verdad cotas muy grandes el nuevo film de Clint Eastwood,  un cineasta que en su vejez esta viviendo su mejor etapa como director aunque, claro está, de vez en cuando puede tener pasos en falso. Tal es el caso de este biopic sobre el grupo de pop vocal estadounidense The Four Seasons, responsables de éxitos en los 60 como Sherry, Walk Like a Man, Stay, Rag Doll o el multiversionado tema de su líder Frankie Valli en solitario I Can´t Take my Eyes of you, basado en la obra musical Jersey Boys de Marshall Brickman y Rick Elice sobre la biografía del grupo. Un proyecto pués escasamente personal para Estwood en donde a pesar de ser él uno de sus productores cuenta con gran parte del plantel artístico de la producción de Broadway incluidos sus libretistas (aquí adaptadores del guión), todos los intérpretes que encanaban a los Four Seasons en escena y la supervisión de los dos miembros supervivientes y cerebros del grupo, Frankie Valli y Bob Gaudio. No es este un musical en el sentido estricto de la palabra sino más bien un filme con música en donde en bastantes momentos se pueden oír los temas de los Four Seasons recreados por el irregular interpretativamente hablando cuarteto que les da vida en el film, aunque la verdad es que cantan de cine especialmente John Lloyd Young que interpreta y clava a Valli (otra cosa es que a este actor le falte carisma para encarnar al protagonista de un filme) De este modo, el viejo Clint se reencuentra con una película en donde la música cumple un papel fundamental como ya lo hizo hace casi 30 años en Bird (1985) en otro biopic musical esta vez del jazzman Charlie Parker, pero si aquel era una film en donde Eastwood mostraba todo su amor al jazz aquí se le nota poco cómodo y muy forzado con un material escasamente estimulante y que fluctúa malamente ente varios palos.

Ambientada entre comienzos de los 50 y principios de los 70 con un epílogo en 1991, el único mensaje con cierto fuste que transmite Jersey Boys en su propósito de biografíar a los Four Seasons es como un pasado turbulento- incluso habiéndolo superado aparentemente- puede marcar y mucho incluso llegando a ser rico y famoso. Los cuatro miembros del cuarteto de Nueva Jersey - el grupo norteamericano de mayor éxito hasta la irrupción de Beach Boys- chicos italoamericanos vinculados desde su juventud con la mafia de su ciudad representada en la historia por el capo Gyp DeCarlo (un Cristopher Walken que parece cada vez más caricatura de si mismo) encontraron en la música la vía perfecta para salir de un destino abocado a la delincuencia pero en no pacas ocasiones no pudieron olvidarse sus tics barriobajeros y su afán por el lucro llevándoles a no pocos problemas profesionales y personales, algo que aparece bien reflejado en la película pero de manera ensombrecida por situaciones forzadas, trampantojos con el cine de género negro y cierta falta de credibilidad sobre si todo lo que se nos cuenta es cierto. Al final Eastwood ha sucumbido al mal endémico de muchos biopics que es el de acelerar las acciones y situaciones a toda pastilla  produciendo un efecto de despiste para el espectador al no poder apreciar con nitidez varios aspectos. Un mero divertimento para Clint Eastwood que no debe empañar su gran etapa de madurez.

martes, septiembre 23, 2014

TERROR, HUMOR Y EUFORIA: LAS ANDANZAS Y EL LEGADO DEL GRUPO PÁNICO (1960-1973) (I)




A principios de los años 60 en París, no muy antes del mayo del 68, el mundo del teatro y de la cultura en Francia se vieron sacudidos por las ocurrencias de un pequeño colectivo de artistas y escritores que guiado por un ideario peculiar que anticipando la contracultura pretendía poner patas arriba el mundo del arte empezando por las artes escénicas. Era el Grupo o Movimiento Pánico, que partiendo de la herencia del surrealismo y del dadaísmo y con un total rechazo a la cultura y la concepción del mundo burguesa pretendía convertir al teatro en un arte que afectase la percepción del espectador mediante el impacto y la provocación. Durante buena parte de los años 60 del siglo XX fue el gran escándalo del arte europeo además de ser una de las primeras manifestaciones del arte contracultural, creando a su modo el happening, la improvisación escénica y el feísmo estético. Aunque inicialmente circunscrito al mundo del teatro- donde obtuvo el mayor impacto- también se expandió a la ilustración y el cine.      

Tres personalidades excéntricas e irrepetibles que por entonces se encontraban dando sus primeros pasos artísticos fueron las madres del invento: el español Fernando Arrabal, el chileno Alejandro Jodorowsky y el francés Roland Topor crearon el Grupo Pánico siguiendo a rajatabla un revolucionario ideario que ellos mismos confeccionaron. Aunque este triunvirato a principios de los 70 ya se había disuelto por proyectos individuales, disensiones y cambios de enfoque ellos mismos trataron de seguir el ideario Pánico durante toda su carrera e incluso hoy en día sus dos supervivientes (Arrabal y Jodorowsky) no dudan en revitalizar el Pánico y su legado en libros, conferencias o ensayos. Inspirador de ciertas formas del teatro alternativo, renovador del surrealismo y precursor del impacto visual en el cine, la fotografía o las artes plásticas, el Movimiento Pánico hoy en día se postula como una tendencia más influyente de lo que a primera vista pudiera parecer.


Alejandro, Fernando y Roland; los días antes del Pánico

Alejandro Jodorowsky
Aunque no fue hasta 1962 cuando el Grupo Pánico nacería oficialmente, años antes ya se dieron sus primeros pasos estéticos e ideológicos. Y no fue en Francia, ni tan siquiera en Europa; fue en el continente americano de la mano de Alejandro Jodorowsky, desde 1958 un chileno residente en México con gran parte de su formación artística anterior forjada en París. Nacido en Iquique (Chile) en 1929 de familia judía de raíces ucranianas, sefardíes, lituanas, alemanas y polacas, el hoy polifacético escritor, artista, escenógrafo, actor, director de cine y de teatro, guionista de cine y cómic y “psicomago”  Alejandro Jodorowsky se inició en su adolescencia en el mundo de la poesía en su Chile natal de la mano de Nicanor Parra y Enrique Lihn y en poco tiempo entró en el mundo del teatro en el campo del mimo. Tras abandonar sus estudios de Filosofía y Psicología en 1948 escribió sus primeras piezas teatrales para marionetas y comienza a cultivar el teatro de la improvisación surrealista, claro precedente del Pánico. En 1953 viaja a París para estudiar pantomima y al año siguiente se enrola en la troupe de Marcel Marceau. Tras cinco años de estancia en Francia, donde flirtea con la filosofía y debuta en el cine con un cortometraje, Jodorowsky viaja a México donde se interesa por la psicoterapia de la mano de Erich Fromm y se consolida como director y autor teatral de vanguardia hasta 1962 dirigiendo el Teatro de Vanguardia en México DF; allí sigue cultivando la improvisación teatral (antecedente del happening) en breves piezas que bautiza como “efímeros” y que se representan solo una vez con guión improvisado a partir de una idea, y pone en práctica el Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud (1896-1948) en representaciones donde la obra se confronta al público y se violan los espacios escénicos.  Admirador del surrealismo de los años 20 y 30- que inspira su producción teatral hasta la fecha- Jodorowsky viaja a de nuevo a París en 1960 y conoce a una de sus principales figuras aún viva, André Breton (1896-1966) con el que frecuenta el café La Promenade de Venus. Allí es donde conoce personalmente a Fernando Arrabal- del que ya había dirigido montajes de obras teatrales suyas en México- y a Roland Topor, con quienes comparte su pasión por corrientes artísticas transgresoras de la primera mitad del siglo XX (y que por entonces estaban de capa caída en el mundo intelectual y artístico) como el surrealismo, el dadaísmo o el Teatro de la Crueldad de Artaud además de corrientes filosóficas que en su día resultaron novedosas y/o extravagantes como la patafísica, la Semántica General de Alfred Koszybsk, las teorías matemáticas sobre fractales de Mandlerbrot o las teorías sobre el lenguaje y la verdad de Wittgenstein.              

Fernando Arrabal
Fernando Arrabal (Melilla, 1932) era al igual que Jodorowsky, un extranjero en París, ciudad a la que había fijado como residencia en 1955. El escritor, dramaturgo y cineasta español fue un niño superdotado, hijo de un condenado por republicano en la Guerra Civil española que desapareció en 1942 al huir de prisión en Burgos.  A partir de 1950 con 18 años y mientras trabajaba en la Papelera Española y terminaba el bachillerato en Valencia escribe sus primeras obras teatrales. En 1952 se traslada a Madrid para estudiar Derecho frecuentando el Ateneo. Picnic (1952) y Los hombres del triciclo (1953) son sus primeras obras teatrales estrenadas, en donde se aprecia una notable influencia del dadaísmo y del recién nacido teatro del absurdo, así como una denuncia al belicismo y a la inutilidad de los convencionalismos sociales, elementos que influirán decisivamente en el Movimiento Pánico. Su primer viaje a París fue en 1954 en autostop y un año después regresa para estudiar allí pero cae enfermo de tuberculosis lo que le llevaría a la decisión de establecerse definitivamente en la ciudad luz donde frecuentó los círculos sus admirado Breton y Tristan Tzara convirtiéndose en una figura relevante en el mismo pese a su juventud. Por esos años escribe obras de teatro como Fando y Lis (1955) o Guernica (1959). Roland Topor (París 1938-1997), el más joven de los tres y el único francés de nacimiento no tenía apenas en 1962 con 24 años una trayectoria artística relevante aunque a partir del nacimiento del Pánico lanzaría su carrera como dibujante, pintor, actor, escritor y guionista cinematográfico. De origen judío polaco y tan excéntrico como los otros dos, Topor al igual que Arrabal y Jodorowsky era un profundo admirador del surrealismo en su vertiente pictórica- que estaba ya demostrando con sus alucinantes ilustraciones satíricas en la mítica revista de humor Hara-Kiri - y una conciencia sociopolítica lindante con un izquierdismo ácrata. Jodorowsky y Arrabal, cuya obra previa de cada uno ya conocían mutuamente, eran dos almas gemelas que por fin pudieron encontrarse personalmente poniendo en común sus  idénticas pretensiones para unas nuevas artes escénicas (Jodorowsky, como hemos visto antes, dio a conocer algunas obras de Arrabal en Sudamérica que resultaron enormemente escandalosas) Los tres eran hombres de teatro (inicialmente, Topor menos) hastiados con el teatro tradicional y su uniformidad en cuanto a la relación escenario-público que contemplaban que si bien las premisas del surrealismo y dadaísmo podían ser teóricamente una vía de superación de las restricciones del arte dramático tradicional, el surrealismo en la segunda mitad del siglo XX se había “aburguesado” y no podía cumplir dicha función, por lo que era necesario reinventarlo y superarlo. Pese a que  la  influencia del cine de Luis Buñuel, la fotografía y el cine de Man Ray, la obra polifacética de Marcel Duchamp y el Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud –esto último Jodorowsky ya había puesto en práctica en su teatro en México a finales de los 50 y principios de los 60- será enorme, los tres verán la necesidad de superar a dichos maestros aunque sin abandonar sus enseñanzas. El Café de la Paix será el escenario donde tendrán lugar las primeras “reuniones pánicas” que establecerán el ideario del Grupo Pánico.


El ideario Pánico: en busca de una transformación humana

Jodorowsky, O.Olivier, J. Sternberg, Arrabal, Topor, C.Zeimert y M. Parré

Jodorowsky había visto censuradas muchas de las obras por él dirigidas en México en especial sus efímeros, una experiencia con el teatro del absurdo antecedente del Pánico y contemplaba a Francia como un lugar en donde podía gozar de una mayor libertad creativa. Transmitió a Arrabal y Topor la necesidad de que el nuevo tipo de teatro estuviese más basado en el absurdo y la improvisación que en el surrealismo decadente (el viejo Breton le parecía ahora un muermo). El trío tenía sus propias ideas filosóficas ya formadas y esto les lleva a postular conjuntamente una concepción vital contracultural que será la base aplicable a nuevas ideas sobre el teatro. Nace entonces el Movimiento Pánico con un ideario más filosófico que artístico que recoge varias concepciones filosóficas sobre la existencia y la condición humana. Se podría resumir el ideario Pánico de la siguiente manera:
- Existe una confrontación entre la cultura establecida y el nuevo “ataque pánico” para ayudar a despertar a una masa inerte de gente y estos que “tomen parte” en lugar de ser meros espectadores de algo. 
- El teatro por su naturaleza imitativa debe suprimir la pasividad y neutralización del público utilizando la abstracción del arte moderno, consiguiendo así superar la actual condición de espectadores (esto extensible a la condición humana)
- Se postula una locura controlada como supervivencia ante una sociedad con crisis de valores.
- El mundo ha de estar formado por una mezcla de contrarios: amor-odio, tragedia-comedia, mal gusto-refinamiento, sagrado-profano, individual-colectivo.
-  Se da importancia al ritual ceremonial, la visión onírica, cruel y satírica de la vida y la repetición cíclica de las cosas.    
- El Movimiento Pánico produce una actividad esporádica y efímera, sin forma ni permanencia y sin las restricciones de los códigos de conducta y de la racionalidad. La única forma reconocible del Pánico es su anárquico y cambiante modus operandi.
- En definitiva, se busca como fin último trascender la sociedad Aristotélica para llevar a la humanidad hacia una nueva perspectiva.     

El nombre de Pánico proviene del semidios de la mitología griega Pan, deidad de los rebaños y el pastoreo de apariencia monstruosa (un hombre grueso con patas y cuerpo de cabra y rostro deforme) que además simboliza la fertilidad y la sexualidad masculina mediante un descomunal falo. Pan seducía y violaba a las ninfas y cuando era importunado por alguien su enorme ira y su monstruosa apariencia provocaban un miedo que paralizaba al otro, el pánico La conducta del dios se describe como amoral, hipersexual y salvaje sin control alguno, una mezcla de locura, vitalidad y maldad terrorífica que coincidía con el ideario de del arte de los tres autores. 


La locura de los efímeros: el ataque pánico en el teatro

El recién nacido Grupo Pánico comienza a preparar sus primeras representaciones. El modelo a seguir es el primer teatro de Jodorowsky, los efímeros, rebautizados ahora efímeros pánicos, prácticamente con las mismas características que aquellos: obras sin guión, improvisadas por los actores-directores a partir de una idea y que diesen una total impresión de urgencia: en definitiva, una de las primeras manifestaciones del happening. Lo que debía aparecer en escena debía ser surreal y caótico, impactante, repleto de fuerzas destructivas que según los autores llevasen a la paz y la belleza. El horror, el humor y la simultaneidad debían guiar el teatro pánico, prácticamente la suma de diferentes emociones humanas muchas veces contrapuestas que apabullasen e impresionasen al espectador, aunque de una manera que los autores pretendían que fuese armoniosa. El colorido y el ruido siempre estuvieron presentes en el teatro pánico.

Los efímeros pánicos estuvieron representándose en diversos puntos de París entre 1962 y 1965, preferentemente pequeños teatros, universidades, plazas, cafés y locales improvisados y durante 1964-1965, Jodorowski, que residía a caballo entre Francia y México, los llevó al país azteca donde se dieron las raíces reales del teatro pánico . Los tres fundadores actuaban en los efímeros- a veces los tres juntos, otras veces de manera separada-  junto con otros jóvenes actores y actrices que se unieron al movimiento. Un efímero pánico típico solía comenzar con representaciones de acciones cotidianas como rituales que al poco tiempo iban evolucionando hasta comportamientos violentos, sexuales, provocadores o festivos, exaltados y exagerados. En el escenario abundaban objetos cotidianos (periódicos, botes de pintura, muebles, electrodomésticos) que en realidad escondían una simbología  iconoclasta y desmitificadora de la cultura occidental. Las acciones eran fortuitas, abruptas y las partes habladas eran muchas veces sermones improvisados. Se rompían multitud de objetos e imágenes y había sitio para el desnudo y el contacto sexual. Lo que se veía en el escenario (que no volvía a repetirse en otras representaciones pánicas) era según el grupo Pánico “errores y accidentes irrepetibles” que los actores cometían, acciones propuestas por ellos en ese momento que en “condiciones normales no podrían permitirse” (ni tampoco en el teatro convencional)

Según sus creadores los efímeros pánicos estaban “guiados por reglas tomadas de un estado predeterminado de euforia” o lo que sería lo mismo de “pánico”, entendido esto como una mezcla de sentimientos y sensaciones humanas en su estado más álgido, tanto en los intérpretes como en el público. Este “pánico” y la fuerza destructora que lo produce sería la vía para alcanzar la nueva perspectiva propugnada por el Grupo Pánico, es decir el fin último del Movimiento Pánico. Como Alejandro Jodorowsky aseguraba “El pánico siempre aparece como el anuncio de un nacimiento espiritual”; en otras palabras el pánico era una fuerza liberada y transformadora guiada por los sentimientos de humor, terror y euforia.                  

Nunca se filmó ningún happening pánico y lógicamente tampoco existen guiones de estos, aunque si perviven célebres crónicas en prensa escrita, testimonios de espectadores que presenciaron algunos montajes y varias fotografías tomadas en ellos que muestran todo el carácter delirante del teatro pánico. Varios happenings célebres han perdurado en la memoria colectiva, nos vamos a referir a dos. El llamado “Efímero de San Carlos” se representó en México DF en la Universidad Autónoma de México en abril de 1964; en un escenario hecho de tortillas y pan, un personaje llamado “Monstruo-monstruo”  descuartiza una paloma viva y poco después un grupo de actores irrumpe en escena dando gritos a favor del PRI; mas tarde Jodorowski (actor principal en casi todos los montajes) lee un fragmento de Shakespeare y arroja cómics al público universitario proclamando que esa es la verdadera poesía del siglo XX. El efímero concluía con una joven que era “clavada” en un lienzo blanco para después ser pintada conformando una obra bautizada como “Humanismo”. Con todo, el efímero pánico más famoso es el llamado “Melodrama Sacramental” un happening de cuatro horas (la más larga pieza teatral pánica) que se representó en mayo de 1965 en el Festival de Libertad de Expresión de París. Jodorowsky aparecía en escena vestido de motero de cuero rebanando el cuello a dos ocas mientras dos jóvenes en topless con el cuerpo untado en miel cortaban el traje del intérprete para después pegarle con cintas dos serpientes en el pecho. A lo largo de la representación aparecía una cruz de madera con un pollo crucificado -que servía para simbolizar el pene de un rabino a punto de ser castrado- y una vagina gigante que “daba a luz” tortugas vivas y otros objetos que caían al público para finalmente “alumbrar” al propio Jodorowsky.


El Pánico contra todo y otras manifestaciones pánicas en el arte

Ilustración de Topor
Las representaciones del Movimiento Pánico resultaron enormemente polémicas en Francia, pero no tuvieron problemas con la censura. Eso sí, tenían el rechazo de la crítica y de la mayor parte de los seguidores del teatro, tanto del convencional como de otros que hasta hacía poco habían resultado innovadores (e inspiradores del Pánico) como el teatro del absurdo de Samuel Beckett  y Eugene Ionesco así como de la vieja comunidad surrealista. Por el contrario, beatniks, amantes del rock, pre hippys, jóvenes izquierdistas (preferentemente marxistas) y en definitiva el caldo de cultivo del mayo del 68 se quedaron fascinados ante las ocurrencias de Arrabal, Jodorowsky y Topor especialmente a partir del Melodrama Sacramental (una crítica feroz a la religión) aunque ya por entonces el Pánico estaba ya a punto de dejar la actividad teatral. La fama del movimiento recorrió los ambientes pre contraculturales de toda Europa y no tardó en llegar a América, especialmente a América latina donde como hemos visto Jodorowsky introdujo los efímeros pánicos en México, uno de sus países de adopción.  Ya en 1963 los Pánicos trataron de teorizar con su movimiento; Fernando Arrabal, su principal ideólogo intelectual, afirmaba que el Pánico era “una manera de expresión presidida por la confusión, la memoria, la inteligencia, el humor y el terror”. El propio dramaturgo español afirmará años después en su obra Le Panique (1973) que por primera vez incluía el Manifiesto Pánico que «El pánico es la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando, es la explosión de 'pan' (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la 'seriedad', es el canto a la falta de ambigüedad... Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio... Y todo lo contrario»,
         
Roland Topor
Aunque inicialmente el Grupo Pánico se centró en el teatro, su voluntad era expander el Pánico a otras artes. Así, y aunque hasta 1965 la escena es la actividad prioritaria del colectivo, la influencia del genial artista e ilustrador Roland Topor hará nacer la ilustración pánica mientras que Alejandro Jodorowsky crea la literatura pánica: ambos publican en 1963 Cuentos pánicos en México y en Francia, relatos salvajes y surrealistas escritos con Jodorowsky con ilustraciones de Topor. Este volumen supone la presentación de la obra gráfica y pictórica de Roland Topor, un surrealismo irónico y delirante con un punto de crueldad y feísmo que juega con las formas del cuerpo humano, los trampantojos visuales y la crítica satírica para crear un universo entre lo artísticamente refinado y lo estéticamente desagradable: en definitiva, la esencia del Movimiento Pánico trasladada a arte pictórico. Jodorowsky también publica hasta 1965 colecciones de simulacros de libretos de obras pánicas y relatos breves como Teatro pánico (1963) y Juegos pánicos (1965) que con el tiempo tendrán repercusión en el mundo hippy y underground europeo y latinoamericano. Así mismo en 1965 Jodorwsky se introduce en el mundo del cómic- el campo que mayor fama le ha dado en el siglo XX- con la serie Aníbal 5,  ligeramente alejada del Pánico, junto con el mexicano Manuel Moro en donde se introduce por primera vez en el género de la ciencia ficción. No obstante en 1967 comienza a cultiva el “cómic pánico” con las viñetas lisérgicas ilustradas por el de Fábulas Pánicas que aparecen en el periódico Heraldo de México hasta 1973.


                                                                CONTINUARÁ

jueves, septiembre 18, 2014

El Aparatito Lumiere BOYHOOD (MOMENTOS DE UNA VIDA) (BOYHOOD)




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Menos mal que todavía existen cineastas que se atreven con retos que van más allá del cine como objeto de consumo y que aún confían en las posibilidades artísticas y comunicativas del cine. Que surjan obras como Boyhood es una buena señal y una excelente noticia para amantes del sétimo arte ya que este filme es, sine xageración, todo un regalo. Richard Lilnklater, director independiente que en su filmografía cuenta con films casi de culto como la trilogía de Antes de… protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy o Fast Food Nation además de algún desliz comercial, ha dedicado doce años para rodar y producir este inusual filme en realidad solo con 39 días de rodaje. Un curioso ejercicio experimental con el tiempo y su transcurso como base, consistente en registrar el paso temporal vivido por los actores protagonistas del filme para trasladarlo al de los personajes que interpretan. Y como sujeto central del “experimento” un niño de 6 años que Linklater eligió como protagonista de esta historia en un filme que iría contando (ficticiamente) su infancia, pubertad, adolescencia y primera juventud hasta los 18 años con todos los cambios personales, psicológicos y comportamentales del personaje de Mason al que ha dado vida durante 12 años en periodos de rodaje de una semana anual Ellar Coltrane, cuyo desarrollo y maduración han sido captados durante las cámaras durante ese periodo de tiempo, permitiendo lógicamente a Richard Linklater meterse sin problemas en varios proyectos en ese tiempo. Parte de una vida a casi “a tiempo real” es lo que cuenta esta película, una historia que en otros filmes no tendría casi trascendencia pero que aquí con esa fascinante mixtura entre el lenguaje intrínseco (que no formal) de la filmación doméstica, el falso documental, el psicodrama y el espíritu del diario de un niño o adolescente, resulta bello y deslumbrante.

La vida en el estado de Texas del pequeño Mason arranca en 2001 siendo un niño de 6 años animoso pese a no vivir una situación familiar ideal debido a sus padres divorciados y concluye con un Mason dispuesto a entrar en la universidad con un intenso bagaje vital aprendido durante su infancia y adolescencia que la película ha mostrado con claridad y minuciosidad y que incluye decepciones, situaciones familiares tensas, desengaños sentimentales o cambios de domicilio y colegio. Todo la historia, sencilla e identificable, se va agrandando por momentos gracias a la autenticidad que muestran todas y cada una de las situaciones que año tras año viven sus protagonistas, cambios, cambios y más cambios que vienen a decir a través del personaje del niño y adolescente Mason que la vida es un continuo proceso de adaptación sobre todo para aquellos que como él, han empezado a vivirla. Alrededor del protagonista, los demás personajes también aprenden a asumir los cambios durante esos 12 años (y no solo los físicos, que también observamos) como la madre de Mason, interpretada por Patricia Arquette, una mujer en continua búsqueda de la pareja ideal que casi siempre termina en decepción pero con un amor inmenso con por sus hijos que guía todas y cada una de sus acciones, el padre ausente (Ethan Hawke) que se resiste a ser el progenitor con quien los chavales pasan temporadas de diversión y caprichos y trata de aleccionar a sus vástagos por medio de las decepciones que la vida le ha ocasionado, y Samantha, la hermana mayor (Lorelei Linklater, hija del director) otra muestra de la evolución temporal desde la niña estudiosa del principio a la joven adulta algo desengañada pero algo optimista del final.   

Pese a la dificultad que ha entrañado el rodaje de este filme (presumiblemente, sobre todo en ajustar el guión año tras año cuando se retomaba la filmación) no hay nada que chirríe ni ningún fallo en el transcurso de la historia, todo está finamente hilado. Se ha acertado introduciendo diálogos sobre temas de actualidad del año en cuestión o acontecimientos de las diferentes etapas, como la campaña presidencial de Obama en 2008 o la mediática publicación de uno de los últimos libros de Harry Potter. Además, temas musicales de alguno de los años (la película comienza con uno de los temas más definitorios de 2001, Yellow de Coldplay) -además de algún oldie más antiguo y temas más recientes como el precioso Hero del grupo Family of the Year- refuerzan el carácter de “realidad ficticia” de este estupendo espectáculo cinematográfico sazonado de emoción contenida nada histriónica y bien administrada, dama crudo y duro como la vida misma, momentos de sonrisa con inteligentes insertos de comedia costumbrista y una sensación de estar contemplando algo único en una pantalla. En los momentos finales del filme, es cuando comprendemos el significado de esta película y el por qué la mayor parte de sus participantes se han tomado la molestia de trabajar en el durante más de diez años. De momento, la mejor película del año, un filme que todo amante al cine debería ver.

sábado, septiembre 13, 2014

MIS RETALES FOTOGRÁFICOS (XXVIII)

Corriente (2014)

Ghost Window (A Gothic Tale) (2014)

Hilera (2014)

La Peña (2014)

Parche de nieve (2014)

Urederra-Ispilu Berdea (2014)

martes, septiembre 09, 2014

El Aparatito Lumiere EL NIÑO






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Altamente satisfactorio el esperado regreso del director Daniel Monzón tras la excelente Celda 211 (2009), uno de los últimos grandes éxitos del cine español y uno de los filmes hispanos más brillante de los últimos años. Dispuesto a seguir demostrando que en España se puede hacer gran cine de género, en esta ocasión el realizador balear vuelve a incidir en el thriller de alto concepto, en esta cinta con elementos de drama de personajes y algunas pinceladas de acción “realista” a la antigua usanza. El mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar es el telón de fondo donde se desarrolla El Niño, un hábil film de intriga cuyo principal logro es haber captado todo el realismo de este complejo tema que está a la orden del día en Andalucía e insertarlo en una trama ficticia que seguro que habrá encontrado paralelismo en alguna historia real. Monzón y el coguionista Jorge Guerricaechevarría (también colaborador en el libreto de Celda 211 y compañero habitual de Alex de la Iglesia en los guiones de sus películas) se empaparon del oscuro mundillo de los jóvenes gaditanos que se dedican a pasar hachís entre Marruecos y España en moto-lanchas (y que han creado casi una subcultura) y dieron con un material dramático de primer orden que en esta película aparece presentado en plan western contemporáneo con ecos también de thriller europeo. Con localizaciones reales en Tarifa, Ceuta, Gibraltar, Tetúan o Ketama, interpretaciones y situaciones verosímiles (dentro de un orden) y un sentido crítico bastante notable centrado en la hipocresía de la sociedad actual y en la manipulable línea que separa lo legal de lo ilegal o lo moral de lo amoral,  El Niño no ofrece humo en ningún momento ni tampoco un espectáculo sin más ni más sino un drama-intrigo a dos bandas que avanza con paso firme y funciona como un auténtico reloj. Quienes admiraron Celda 211 saben de las enormes virtudes de Daniel Monzón como cineasta y como creador de inteligentes desasosiegos narrativos varios que en esta película aparecen magistralmente presentados. Tal vez El Niño no sea superior como película a Celda 211, pero la gana en intensidad y poderío en su guión.

El Niño es un cruce entre dos historias con diferentes personajes que podrían avanzar perfectamente cada una por su cuenta y que de hecho cada una se visiona en la mayor parte del filme como un nicho respecto a la otra historia sin que la progresión dramática de cada una se resienta con el paso de un relato a otro. La confluencia final de ambas, casi casual (o no tanto) es lo que justifica todo el intrincado de esta película, como dos materiales que al combinarlos provocan una explosión.  Por un lado tenemos a un grupo de policías nacionales obsesionados en perseguir a los principales capos del trafico de cocaína en el estrecho de Gibraltar con muy pocas pistas pero enorme insistencia, y por otro a dos chavales veinteañeros gaditanos, de los que solo conocemos sus alias y que están dispuestos a hacer negocio pasando hachís y maría en lanchas rápidas a lo largo del estrecho, por encargo de mafias marroquíes: El Niño (Jesús Castro) y El Compi (Jesús Carroza): lo que al principio para ellos es un juego lleno de emoción pronto se torna en algo peligroso tanto por el asedio de la policía (los mismo policías que tratan de seguir la pista de las mafias inglesas y eslavas de la droga dura siguen con cierta rutina y desinterés a los “camellos acuáticos”) como de los cárteles árabes que les patrocinan. El Niño y El Compi, cada uno con diferentes grados de ambición y al final con distintas motivaciones se convierten en involuntarios peones de un juego que creían controlar pero que en realidad no es el suyo, con El Niño como principal perjudicado al entrar en en liza otros elementos. Mientras tanto, los policías con Jesús (Luis Tosar) a la cabeza  y con la ayuda de Sergio (Eduard Fernández) y Eva (Barbara Lennie) se afanan en desenmascarar una compleja y sanguinaria trama que casi conciben como un objetivo fundamental para el desarrollo de sus propias personas dentro de un entorno policial demasiado esquivo y con cosas que ocultar.

Muy bien rodada y con un ritmo muy adecuado,  Monzón no ha caído en la tentación de dotar a su película de un tono de cine de acción propio del cine USA con escasas escenas de ese tipo pero eso sí, excelentemente presentadas a la manera casi documental: es de reseñar en ese sentido la última escena de persecución del helicóptero a la lancha. Con muchos personajes que conforman varias viñetas en medio de las dos historias y una gran riqueza de situaciones, registros (drama, comedia, intriga, cine psicológico) y escenarios, El Niño ya se postula como una de las mejores películas españolas del año. Unas excelentes interpretaciones con unos Luis Tosar y Eduard Fernández magistrales como casi siempre, la agradable sorpresa del debutante Jesús Castro y la mención especial a otros jóvenes valores a descubrir como Jesús Carroza o Said Chatiby, engrandecen una película que nunca debe ser vista como un filme que trata de parecerse a un producto norteamericano, algo que se está diciendo injusta y frecuentemente de los últimos trabajos de Daniel Monzón.

jueves, septiembre 04, 2014

El Aparatito Lumiere LOCKE







**** y 1/2



Vuelve el cine experimental para grandes salas. A la espera de la inminente Boyhood, de la que ya tendremos tiempo de hablar, Locke es el primer filme más o menos revolucionario que nos llega en esta nueva temporada cinematográfica en donde parece ser que veremos bastantes cosas curiosas. Esta insólita producción británica que nos ocupa dirigida por Steven Kinght es un drama con un solo personaje con presencia física, el Locke del título interpretado por Tom Hardy (Origen, El Topo, El caballero oscuro: la Leyenda Renace) y un solo escenario aunque eso si “itinerante”: el interior de un coche. Y la historia, lejos de ser una road movie, es un drama psicológico, y bastante logrado precisamente por lo peculiar de la puesta en escena. Una película de sentimientos personales (los de su protagonista) que van tejiendo una historia “en off” que nosotros vamos oyendo en boca de Ivan Locke y las personas con las que habla por teléfono (manos libres, claro) en un trayecto nocturno de más de dos horas-  levemente resumido en el filme en  hora y media- por una carretera del sur de Inglaterra rumbo a Londres. Un ejercicio arriesgado el de esta película cuyo resultado no solo ha sido convincente sino que ha sido también espectacular. Solo con las imágenes de Tom Hardy en el asiento de su coche el espectador se puede quedar cautivado con el viaje del protagonista, rodeado de luces de coches por la autopista por la noche, visionado desde diferentes planos, mostrando con su voz y con su rostro todo el dramatismo de la complicada situación personal que nos describe la historia…un fenomenal trabajo el de Tom Hardy que consciente de que la película solo puede triunfar en su propósito con su labor interpretativa y ha echado toda la carne en el asador. Magistral
Ivan Locke, un capataz de obra de cuarenta y tantos años ha tomado el coche súbitamente abandonando su puesto trabajo y se dirige a Londres. Comunica por teléfono a su esposa y sus hijos adolescentes que llegará a casa muy tarde y a sus compañeros de trabajo y jefes que no acudirá a la mañana siguiente a un importante compromiso laboral. Después averiguamos que la razón de todo esto está en una llamada que ha recibido antes de empezar la trama y que en pocos segundos ha cambiado su vida totalmente, tanto en el plano familiar, como en el laboral y el personal: ya nada será lo mismo para Locke, su vida amenaza con derrumbarse y el es consciente de ello. Realistas e intensos diálogos entre el protagonista y sus interlocutores (su mujer, sus compañeros de trabajo, sus hijos, amigos, etc) que escenifican literalmente una historia que no estamos viendo pero que percibimos como si se materializase delante de nuestros ojos. El doblaje impide apreciar el punto de la intensidad de las interpretaciones vocales de los actores que interpretan a los interlocutores de Locke, pero hay que decir que el doblaje al castellano está bastante logrado. Al final, al espectador le queda la sensación de haber asistido a un espectáculo cinematográfico y narrativo único tal vez lastrado por una sensación de desubicación temporal (la película parece más larga de lo que en realidad es) fruto posiblemente de el hecho de ver siempre el mismo escenario. Una película imprescindible que nos dice que el cine más arriesgado es artística y comercialmente posible.

lunes, septiembre 01, 2014

El Aparatito Lumiere LUCY






LUCY

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Sorprende de una manera insólita el nuevo filme del galo Luc Besson (Subway, El Gran Azul, Nikita, El Profesional) un director de vocación internacional del que en los 80 se esperaba mucho pero que año tras año fue defraudando las expectativas con filmes que trataban de parecerse a producciones norteamericanas cultivando de manera irregular y también un tanto caótica en cada película géneros como el cine de acción, la ficción policial, la fantasía o la ciencia-ficción. Pero en esta ocasión, el muchas veces vendedor de humo Besson ha sorprendido y muy gratamente con esta cinta de ficción científica de escasa duración (no llega a 90 minutos) con pretensiones un tanto filosóficas pero comedidas y efectivas y una factura visual soberbia y casi perfecta puesta al servicio de los intríngulis de una historia más compleja de lo que parece y que puede crear división de opiniones: a unos les parecerá un tostón, a otros una tomadura de pelo y a otros les parecerá un soberbio trabajo que trata de aunar el cine de entretenimiento con la elucubración científica con concomitancias intelectuales de alto calado a lo Arthur C. Clarke pero dejando que la imaginación se desborde en todo momento ofreciendo instantes magistrales a los que conviene entregarse para no perder un ápice del sentido de la historia: este que suscribe se encuadra en este último grupo.    

Con un reparto internacional como en la mayoría de las producciones francesas de Luc Besson, Lucy es una película extraña en el desarrollo y transcurso de su historia que ya desde el primer momento trata de deslumbrar y de sorprender al espectador pero no con efectos especiales vistosos ni con explosiones ni con acción barata, sino con momentos de impacto visual y argumental que establecen las bases de una historia que cada vez se vuelve mas delirante y que va evolucionando hasta convertirse en un display en imágenes del alucinante “viaje” al que su protagonista, la Lucy del título, se somete accidentalmente y que trasciende cualquier límite humano, espacial o material mientras que ella se entrega a una nueva condición que va cambiando a medida que avanza el metraje y de la que hace partícipe al  espectador. Aunque su temática pueda pecar de excesiva y absurdamente ambiciosa -en ese sentido la influencia visual y conceptual del Stanley Kubrick de 2001: Una Odisea Espacial  es clara-  todo esta manejado con inteligencia y sin demasiados adornos. Diálogos justos y mucha insinuación narrativa en una película que además del tandem Kubrick-Clarke bebe del Alejandro Jodorowsky comiquero (notable influencia de El Incal), la ciencia-ficción ciberpunk de William Gibson y  el cine negro francés. Los efectos especiales se llevan la palma, pero ojo, siempre están al servicio del peculiar devenir de la historia.


Scarlett Johansson da vida con pulcritud y credibilidad a la heroína del filme, una joven accidentalmente metida en una trama de narcotráfico en Taiwán a la que implantan la extraña droga con la que un amigo estaba comerciando: una sustancia azul- codiciada por unos mafiosos coreanos-  que pronto le hará utilizar su capacidad cerebral más allá del 10% utilizada habitualmente por los seres humanos. Con poderes que van aumentando por horas conforme su capacidad cerebral va creciendo, Lucy decide visitar a un científico especialista en actividad cerebral (Morgan Freeman) para que le ayude en lo que parece una pérdida de humanidad en toda regla… ¿o es una evolución en algo más? Que nadie espera un filme de acción o una película de superhéroes porque el chasco que se van a llevar es mayúsculo, así mismo, dada su complejidad temática esta película no es apta para niños y puede que deje chafados a muchos adolescentes. El prolífico Luc Besson en esta ocasión ha acertado y con este film los amantes de historias fantásticas diferentes y sesudas pueden estar de enhorabuena.

domingo, agosto 31, 2014

HAL ASHBY, EL GENIO ANACORETA DE HOLLYWOOD (y II)




Tras Shampoo (1975) el prestigio de Hal Ashby aumentó enormemente; la crítica ya le colocaba junto con otros directores del Nuevo Hollywood que habían comenzado a finales de los 60 o principios de los 70 como Martin Scorsese, Terence Malick, Francis Ford Coppola, William Friedkin, Robert Altman o Peter Bogdanovich, realizadores todos ellos que antes de 1976 ya habían dirigido títulos emblemáticos en el cine USA como El Padrino, Malas Calles, French Conection, Malas Tierras, M.A.S.H o Nashville: No obstante el director de Utah aún no había dirigido ningún título que fuese considerado una obra maestra por parte de la crítica. Además, el carácter emocionalmente inestable de Ashby y su cada vez más habitual consumo de cocaína y marihuana hacia que el trato hacia él fuese bastante difícil por parte de productores, colaboradores o actores pero aún así seguía siendo requerido por la industria de Hollywood y su importancia dentro del mundo del celuloide (dentro del llamado “Renacimiento de Hollywood” de los 70) era mayúscula y en alza: se esperaba que de un momento a otro filmase un obra de cinco estrellas.

En 1976 poco después de terminar Shampoo Hal Ashby se puso manos a la obra con Bound for Glory (Esta tierra es mi tierra) biopic del legendario cantante protesta y folkster norteamericano Woody Guthrie (1912-1967), basado muy libremente en el libro autobiográfico del mismo título escrito por el propio cantautor en 1943 y que para la película fue adaptado por Robert Getchell. Pese a ser un proyecto de estudio, una vez más aquel fue un maridaje lógico: Guthrie inspiró el movimiento de folk americano de los 60 encabezado por Bob Dylan; Ashby era un admirador de Dylan, la canción protesta estadounidense de diferentes épocas y de Woody Guthrie; el mítico folkster fue el paradigma del cantante-vagabundo con conciencia social y ansias de libertad (ideario compartido con Ashby) y en definitiva el espíritu rebelde, libertario y contestatario de Woody Guthrie casaba perfectamente con el sustrato ideológico del cine de los “easy riders” de Hollywood, especialmente con el de un personaje como Hal Ashby que aceptó entusiasmado el reto. La pena es que Bound for Glory partía como una visión idealizada y demasiado ficcionalizada de la vida de Guthrie y esto solo puedo dar una película correcta e interesante (además de contar con una brillante factura técnica) pero falta de honestidad.     


David Carradine, famoso en aquellos años por haber protagonizado la serie de TV Kung-Fu interpretó a Woody Guthrie cantando además todas las canciones del autor en el filme. También intervinieron Ronnie Cox, Melinda Dillon y Gail Strickalnd. La película está muy bien ambientada en los años 30 en la época de la Gran Depresión en Oklahoma, concretamente en las temporadas de las tormentas de polvo que asolaron gran parte de la agricultura estadounidense y en donde Guthrie trataba en la película de guiar consolar y guiar espiritualmente con sus canciones a los granjeros de la zona. El filme cuenta además de con una gran banda sonora de canciones - como fácil es suponer- con una estupenda fotografía de Haskell Wexler (ganadora del Oscar), un excepcional diseño de producción y un vestuario muy cuidado que transportan a la foto en sepia de la America de la Gran Depresión. Fue además la primera película en usar la steadicam, empleada en algunos planos. Esta tierra es mi tierra recibió además las nominaciones de mejor vestuario, mejor guión adaptado, y por primera vez en un filme de Ashby, mejor película. La crítica la recibió con alabanzas (especialmente desde el aspecto técnico aportado por la innovadora steadicam) pero aún seguía colocando a Shampoo en la cabeza de la filmografía de Hal Ashby. Un filme muy bien narrado y sugerente pese a ser una más o menos fantaseada biografía, lo cierto es que no llega a los niveles de de The Last Detail ni de Shampoo, pero estaba claro que Ashby estaba madurando como director.

En 1978 llegaría la mejor película (y el mayor éxito comercial) de Hal Ashby, Coming Home (El Regreso). La película, al igual que la anterior, fue producida por United Artists con Jerome Hellman (Cowboy de Medianoche) como productor ejecutivo y un guión del montador Robert C. Jones y Waldo Salt a partir de un argumento que Nancy Dowd había escrito en 1972 a instancias de Jane Fonda, reconocida activista en contra de la intervención norteamericana en Vietnam. La historia tocaba un tema aún peliagudo en la sociedad USA de aquella época como era las consecuencias de la Guerra de Vietnam entre los combatientes norteamericanos en dicha guerra, tanto físicas, como psicológicas, sociales y morales. Considerada ya todo un clásico del cine de los últimos 40 años, El Regreso es una historia de amor dramática entre Sally (Jane Fonda), la esposa de un marine destinado a Vietnam en 1968 (Bruce Dern) y Luke (Jon Voight), un veterano de Vietnam parapléjico internado en un hospital de veteranos donde Sally ha decidido colaborar como voluntaria a la ausencia de su marido. Luke, traumatizado por el suicidio de un amigo también ex soldado (Robert Carradine) por sus problemas psicológicos, se convierte en un activista anti guerra al tiempo que él y Sally tratan de proseguir su relación, descubierta por Bob el marido de Sally cuando este regresa inesperadamente. El tono antibelicista de la película, contrario a un guerra que solo hacía tres años había terminado y que aún había dejado heridas sin cicatrizar en EEUU (la situación de desarraigo a todos los niveles de los veteranos de la película era la misma que muchos ex combatientes en Vietnam reales) era compartido tanto por Ashby como por la estrella femenina del filme, Jane Fonda, quien impulsó la película seis años atrás para su productora recién fundada queriendo hacer un filme sobre la guerra de Vietnam bajo el punto de vista de mujeres voluntarias en una institución de veteranos. El guión final difería significativamente del argumento que Nancy Dowd había escrito, pero fue del gusto tanto de Fonda como de Ashby y del productor Jerome Hellman. Hay que decir que Ashby no fue la primera opción para dirigir el film ya que Hellman se lo ofreció antes a John Schlesinger, el director de Cowboy de Medianoche (1969), quien no compartía la postura antibélica de la mayor parte del elenco técnico y artístico del filme. Precisamente el protagonista de aquel mítico filme de Schlesinger, Jon Voight, amigo de Fonda y también activista anti Vietnam se hizo con el papel de Luke tras haber sido rechazado por Jack Nicholson, Sylvester Stallone y Al Pacino.  


El Regreso fue un éxito de taquilla en 1978 y obtuvo excelentes críticas. A día de hoy, ha perdurado como un claro ejemplo de las nuevas temáticas a las que los directores del Nuevo Hollywood de los 70 se aventuraron y que en otro tiempo hubiesen sido irrealizables por presión de los grandes estudios: en este caso se trataba de las consecuencias de la Guerra de Vietnam en sus ex combatientes, algo que aún a finales de los 70 resultaba muy doloroso a la vez que polémico ya que esto condujo a muchos ciudadanos de EEUU (incluidas como hemos visto a celebridades) a posicionarse contra tal guerra tanto durante su transcurso como en los años inmediatamente posteriores a su finalización. Como muchos críticos e historiadores de cine han señalado, Coming Home es la última película que recoge el espíritu inconformista que inspiró a los (grandes) directores del Renacimiento de Hollywood. Ya en el plano estrictamente cinematográfico, Coming Home es un dramón con multitud de matices y temáticas (historia de amor y celos, denuncia, historia de superación personal) que sigue conmoviendo en su visionado. El trabajo actoral es fabuloso (Hal Ashby se estaba destapando como un gran director de actores) y una vez más el guión es sensacional por no hablar del montaje, en donde Ashby una vez más metió baza sin acreditar. De hecho, una de las escenas más memorables del filme, el discurso del personaje de Voight en un instituto, fue editado meticulosamente por Ashby tras darse cuenta el personal técnico del filme de que el actor- bastante decepcionado con los métodos de Ashby durante el rodaje, algo raro en sus intérpretes-  había improvisado un discurso absurdo y poco coherente. Tras el trabajo de tijeras de Ashby, el rollazo de discurso se convirtió en vibrante y fue de lo más comentado por crítica y público de la actuación de Jon Voight.  El intérprete consiguió el premio al mejor actor en el Festival de Cannes y el Oscar al mejor actor en 1978, uno de los tres Oscars que El Regreso ganó: también Jane Fonda ganó el de mejor actriz y Salt, Jones y Down al de mejor guión original. La película obtuvo otras cinco nominaciones, entre ellas mejor película y por primera (y única) vez mejor director para Hal Ashby, que perdió frente a Michael Cimino por The Deer Hunter (El cazador)  



Ashby atravesaba la mejor racha de su carrera, pero no modificó sus hábitos toxicómanos ni sus excentricidades. Su siguiente película Being There (Bienvenido Mr. Chance) (1979) fue su última gran película antes de su bajón profesional y creativo en los 80. La película tal vez sea de las más recordadas de Hal Ashby junto con El Regreso y Shampoo y posiblemente la mejor del director tras la primera citada. Alejándose del drama de sus últimos filmes, Ashby volvió a la comedia esta vez con tintes satíricos y con elementos de melodrama, comedia negra y comedia romántica trufados de cierto halo poético que hace de Being There un filme delicioso y memorable. El veterano Peter Sellers, que a finales de los 70 ya no era la superestrella que fue en los 60 y atravesaba por varios problemas personales, fue el protagonista de la cinta consiguiendo una de las mejores interpretaciones de su larga carrera en lo que fue su penúltimo filme antes de su muerte en julio de 1980. Del propio Sellers fue de quien partió la idea de adaptar la novela Being There de Jerzy Kosinski convenciendo al autor para que adaptase su propio libro y reservándose el papel protagonista de Chance el jardinero, antes de que él y Kosinski propusiesen a Hal Ashby como director del filme. La película, estrenada en diciembre de 1979, es una ácida sátira política y humana sobre un pobre hombre simple y atolondrado que por incompetencia y estupidez de la clase política y de las élites sociales y económicas de Washington DC llega a ser un personaje altamente influyente y toda una referencia política. Peter Sellers divirtió y conmovió con su Chance, un jardinero de mediana edad de Washington, inocente y bobalicón, que nunca había salido de la mansión donde trabajaba hasta la muerte de su anciano propietario y patrón. En el “mundo exterior” Chance verá cambiar su vida sin él pretenderlo cuando se encuentre por casualidad con el magnate Bend Rand (Melvyn Douglas) y su esposa Eve (Shirley MacLaine), quienes lo toman como un rico potentado por sus elegantes vestimentas y confunden sus frases sobre jardinería (su único tema de conversación) en profundas metáforas y reflexiones sobre la vida empresarial y económica.       


El filme recibió el aplauso unánime de la crítica destacando su tono entre jocoso, tierno, satírico y romántico trufado de momentos extraños y surrealistas escenas cómicamente memorables. La interpretación de Sellers, muy aclamada en su momento, desde luego que es de las que no se olvidan y con toda justicia puede decirse que fue la mejor de toda su carrera en un personaje que parecía estar hecho para él. Su química con Shirley MacLaine es total y su trabajo gestual y de voz (curioso el monótono y atolondrado modo de hablar de Chance) encomiable. Pero lo que mas llama la atención de Bienvenido Mr. Chance es ese tono entre esperpéntico y paródico que tiene su momento más significativo en los memorables últimos compases del filme cuando en el funeral de Rand presidido por el presidente de EEUU (Jack Warden), Chance -cuyo nombre ya ha salido entre los asistentes al funeral como un posible candidato a presidente- se aleja de la ceremonia y se dirige hacia un lago que él atraviesa andando por la superficie. Bienvenido Mr. Chance ganó el Globo de Oro al mejor actor de comedia y musical pero no pudo ganar el Oscar al mejor intérprete masculino de 1979. Melvyn Douglas consiguió el Oscar al mejor actor secundario.

Hal Ashby parecía estar llegando al cenit de su carrera, pero a partir de finales de 1979 su comportamiento se hizo más errático y difícil. Recluido en su casa de Malibú, el director se dejaba ver muy poco y se pasaba todo el día fumando cannabis. North Star, la compañía que había creado para producir Being There bajo los auspicios de la productora de aquel film, Lorimar, tuvo que cerrar en 1980 debido a la desocupación y pasotismo de Ashby. Los productores durante un largo periodo apenas podía tener contacto con él y pronto perdieron el interés en ofrecerle guiones, aunque durante algunos años antes de su muerte Hal Ashby, con más de 50 años y cada vez más reclusivo, se las ingenió para seguir rodando films, la mayor parte mediocres y que no recordaban al hábil e inteligente cineasta que fue en los 70. Con Being There terminó pues la época gloriosa y verdaderamente interesante de Hal Ashby, a partir de 1980 director de filmes de medio pelo.

Ashby había estado hasta finales de los 70 a la altura de los Scorsese, Bogdanovich, Malick, De Palma, Woody Allen o  de realizadores que explotaron en la segunda mitad de los 70 y que fueron la última promoción del Nuevo Hollywood como Steven Spielberg o George Lucas, pero en la nueva década las cosas empezaron a cambiar para todos. También hay que tener en cuenta que en los 80 aquella libertad creativa de la que gozaron estos directores ya no existía: el afán por lograr éxitos de taquilla hizo muchas veces claudicar el espíritu independiente y transgresor de la generación del Renacimiento de Hollywood al tiempo que algunos como Francis Ford Coppola se veían en serias dificultades económicas y otros como Lucas o Spielberg fueron tornando poco a poco a la comercialidad gracias a los bluckbusters conseguidos con sus films para todos los públicos de finales de los 70. Ya poco quedada del espíritu de los “moteros tranquilos, toros salvajes” (como los bautizó el crítico y escritor Peter Biskind) aunque casi todos los directores de aquella generación aún mantuviesen el mayor control creativo sobre sus películas y en ese sentido Hal Ashby, pese a no ser ni productor ni guionista y de rodar casi todas sus películas por encargo, se vio enormemente perdido ya que no había sitio para un singular director que daba su personal impronta a proyectos ajenos gracias fundamentalmente a su maestría en el montaje y en la peculiar dirección de actores. Fue precisamente su pericia con el montaje- que recordemos enalteció a filmes como El Regreso- la que le llevó a aceptar guiones mediocres como el de sus siguiente películas posteriores a Being There, Second-Hart Hearts y Lookin´to Get Out.  Second-Hart Hearts (1981) fue la penúltima muestra de la confianza que la compañía Lorimar tenía depositada en Ashby y se rodó inmediatamente después a Bienvenido Mr. Chance cuando el director aún estaba “sereno”. Esta comedia romántica-melodrama que cuenta los avatares de un divorciado y una viuda en un viaje para recuperar a los hijos del primero estaba protagonizada por Robert Blake y Barbara Harris y filmada a partir de un guión que George Eastman había escrito para un telefilme de 1968. El rodaje fue muy accidentado debido al cada vez más deteriorado estado mental de Ashby fruto del consumo de drogas y el resultado fue tan desastroso que no se estrenó hasta 1981 distribuido por Paramount  y solo en Los Angeles y Nueva York aunque luego tuviese una distribución en video normalizada. Impropia de un talento como el que Hal Ashby había demostrado no hace mucho antes- su peor película hasta la fecha-, Second-Hart Hearts es casi una película perdida de Ashby y la primera señal de su declive artístico. 

Ashby trató de redimirse en vano con Lookin´to Get Out (1982) otro proyecto de Lorimar con un guión mediocre que al final fue ofrecido a Ashby tal vez con intención de sacarle de su reclusión desde 1980. El realizador parecía animado con su regreso a la dirección y aunque era consciente de lo flojo del libreto estaba convencido que en la sala de montaje podía “arreglarla”. No fue así y Lookin´to Get Out fue otro filme deficiente y un fracaso en taquilla. La cinta, que contaba con la participación (de nuevo) de Jon Voight en el papel protagonista y en el también intervenían Burt Young y Ann-Margret, contaba la historia de un jugador de Nueva York que decide viajar a Las Vegas junto con un amigo también jugador para ganar en los casinos el dinero que debe a sus rivales en una partida de poker. El rodaje, que comenzó a principios de 1981, fue de nuevo turbulento con un Ashby literalmente fuera de sus cabales y con absurdas pretensiones e ideas: quería primeros planos imposibles de juegos de cartas invirtiendo tiempo excesivo para ello y se pasó meses y meses montando varias escenas, en especial una en el que los números de clubs de Las Vegas debían desarrollarse exactamente al ritmo de la canción que debía sonar de fondo en la banda sonora, Message in a Bottle de The Police y que finalmente no se empleó tras seis meses de trabajo. Lorimar consciente de los desvaríos de Ashby, del mal trato que estaba dando al personal técnico de esa película- especialmente a sus montadores, en cuyo equipo incluyó a algunas de sus amantes- y de que el director no terminaba de editar el filme se lo quitó a finales de 1982 (llevaba año y medio de montaje) para estrenarlo comercialmente con un montaje final de Robert C. Jones, colaborador de Ashby, con el visto bueno de Jon Voight y distribuido por Paramount. A la crítica no le convenció y el filme pasó sin pena ni gloria, no estrenándose en muchos países hasta bastantes años después o directamente en vídeo. A mediados de los 80 se descubrió una copia del montaje original de Hal Ashby- que se suponía perdido- que fue exhibida en la Universidad del Sur de California, dicha versión fue mas tarde editada en vídeo. Pese a ser una comedia de enredo sin ningún aliciente, Lookin´to Get Out tras diversas ediciones en vídeo y pases en televisión goza de cierto culto por parte de los admiradores más acérrimos de Hal Ashby. Como dato curioso, en este filme debutó una pequeña Angelina Jolie, hija de Jon Voight.   


Tras esta película, la carrera artística de Ashby continúa su caída libre. La productora Lorimar, muy resentida con el director, impidió que Ashby dirigiese filmes como Tootsie (1982) – fue despedido poco antes de empezar a rodar- y esto le llevó a un más si cabe acusado declive personal que incluía una delicada situación financiera. El director había acompañado en 1981 tras el rodaje de Lookin´to Get Out a su banda favorita los Rolling Stones en su gira americana con el fin de rodar un film-concierto conviviendo durante varios días con Jagger y compañía y en una noche de alcohol y droga con el grupo se inyectó una sobredosis de heroína desmayándose en el estadio de Phoenix donde estaba filmando una actuación de los Stones. Let´s Spend The Night Together se estrenó en EEUU en 1983 con muy poca distribución. Un correcto filme de conciertos con estilo cinematográfico que tras su edición en vídeo es una pieza bastante estimada por los fans de los Stones. En ese 1983 Ashby, con 54 años, estaba físicamente en las últimas y comenzó tímidamente un proceso de rehabilitación aunque no dejaría las drogas hasta dos años después. Estaba de nuevo con Joan Marshall pero había dejado de hablarse con antiguos amigos suyos como Haskell Wexler, su fiel director de fotografía. En 1984, aún sin rehabilitarse, dirigió otro film de concierto de rock aunque esta vez para el mercado del vídeo doméstico: Solo Trans, actuación de Neil Young en Ohio. Un año después se embarca en The Slugger´s Wife (1985), comedia romántica con guión del prestigioso dramaturgo y guionista Neil Simon (La Extraña Pareja) con el mundo del béisbol como telón de fondo y protagonizada por Michael O´Keefe y Rebecca de Mornay. Ashby comenzó a montar la película casi sin diálogo en la primera media hora y sin nada de lo escrito por Simon y cuando les mostró el avance del trabajo a Simon y los productores estos se horrorizaron provocando el despido del director en la posproducción y montaje del mismo. Absurda e ininteligible, The Slugger´s Wife fue de nuevo un total fracaso artístico y comercial y es la peor película de Hal Ashby aunque el montaje final fuese totalmente ajeno a su criterio.   

El realizador de Utah había tocado fondo personal y profesional. En 1985 ya nada hacía recordar a aquel director talentoso, fresco y con enorme sentido crítico. Ya a finales de aquel año Hal Ashby comienza a asegurar en público y en privado que se está limpiando y se embarca en un nuevo proyecto, esta vez a partir de un guión de Oliver Stone, todavía más conocido como guionista que como director: 8 Million Ways to Die (8 millones de maneras de morir) (1986). Robert Towne, gran amigo de Ashby, retocó el guión de Stone bajo pseudónimo en este thriller fallido y rutinario que con todo es el mejor filme de Ashby en los 80 (lo que no supone gran cosa) y tuvo una distribución internacional normalizada, algo que no ocurría desde Bienvenido Mr. Chance ya que todas sus películas posteriores apenas habían salido de EEUU. Actores del momento como Jeff Bridges, Rosanna Arquette y un Andy García en su primer papel importante intentan dar credibilidad a una historia de crímenes, secuestros, prostitución y drogas ambientado en Los Angeles con demasiado estilo televisivo (a lo Miami Vice). Una vez más, los productores le quitaron la película a Ashby antes de terminar de montarla ante tanto tiempo invertido por el maniático director en esa faceta: era la tercera vez consecutiva que esto le ocurría, lo que le indignó de tal manera que denunció al productor Stephen J. Rock ante el  sindicato de directores, obteniendo una pequeña indemnización. Ashby, pese a todo, terminó por rendirse como director. No podía entender como habiendo sido uno de los mejores montadores cinematográficos le podían quitar las películas para, precisamente, montarlas. También rompió su amistad con Robert Towne por desacuerdos creativos sobre el filme.   
En 1987 pese a las grandes decepciones profesionales Hal Ashby consiguió rehabilitarse de las drogas. Se cortó su larga melena canosa, se arregló la barba y volvió a frecuentar los saraos de Hollywood. Habló a la prensa  de sus ganas de dirigir por fin un filme “de Hal Ashby” y de que había perdido ocho años de su vida. No obstante, a sus 58 años Ashby estaba físicamente muy tocado de su época toxicómana y frecuentemente no se sentía bien. Hasta su muerte solo puedo dirigir el episodio piloto de la comedia televisiva policial Beverley Hills Buntz (1987) y otro oscuro piloto televisivo no emitido y nunca convertido en serie Jake´s Journey (1988), fallido proyecto de comedia fantástica junto con el ex Monty Python Graham Chapman, que fallecería en 1989 y por lo tanto fue también su último trabajo. En 1988 a Ashby se le diagnóstica una flebitis migratoria y poco después un cáncer de páncreas. Le es extirpado parte del hígado y del páncreas y le quedaba ya poco de vida. Enemigo de la medicina tradicional y de los hospitales, se fuga literalmente del hospital de Los Angeles donde se hallaba ingresado y vuelve a su casa donde recibía los cuidados naturalistas de su nueva compañera. Sus amigos de siempre, Warren Beatty, Haskell Wexler, Bob Jones y Jerome Hellman, sabedores de que su fallecimiento es inminente le visitan a menudo aunque él hasta el último momento no admitió su muerte. Hal Ashby murió en su casa de Malibú el 27 de diciembre de 1988 a los 59 años de edad.


Para muchos la muerte de Hal Ashby fue el fin definitivo de la generación del Nuevo Hollywood. Cierto era que desde hacía tiempo aquel espíritu de cine de autor y el ascenso del director como dueño absoluto de su obra que aquellos jóvenes y no tan jóvenes cineastas habían creado a finales de los 60 habían desaparecido y una vez más los grandes estudios dominaban Hollywood. Hal Ashby no tuvo precisamente la culpa de ello, pero su figura es paradigmática y esencial para comprender el alcance cultural y soical de aquella irrepetible camada de Hollywood con Coppola, Cimino, Hopper, Beatty, Spielberg, Scorsese, Altman o los Forman y Polanski americanos) que dio auténticas obras maestras del séptimo arte (Bonnie and Clyde, M.A.S.H, Chinatown, Easy Rider, La Última Película, Malas Tierras, la saga El Padrino, Apocalipse Now, Alicia ya no vive aquí, Taxi Driver, Toro Salvaje, El Exorcista, French Conection, Tiburón, Star Wars, Luna de Papel, La Puerta del Cielo y como no, varias películas de Ashby, entre otras) aunque jamás alcanzase el reconocimiento artístico de varios de sus compañeros de generación. Queda la duda de que hubiese ocurrido si Hal Ashby no hubiese caído en desgracia en los 80 o si no hubiese sido dependiente de las drogas durante toda su vida, llegándose a convertir en un director aún mejor de lo que fue. Pero el legado que ha dejado es tan brillante que cualquier amante del cine puede sentirse satisfecho. Como se dice en Bienvenido Mr. Chance “La vida es un estado mental”.         



FILMOGRAFÍA COMPLETA

The Landlord (El Casero) (1970)
Harold and Maude (Harold y Maude) (1971)
The Last Detail (El Último Deber) (1973)
Shampoo (1975)
Bound for Glory (Esta Tierra Es Mi Tierra) (1976)
Coming Home (El Regreso) (1978)
Being There (Bienvenido, Mr.Chance) (1979)
Second-Hand Hearts (1981)
Lookin´to Get Out (1982)
Let´s Spend the Night Together (1982)
Solo Trans (1982) (vídeo) (1984)
The Slugger´s Wife (1985)
8 Million Ways to Die (8 Millones de Maneras de Morir) (1986)