martes, septiembre 09, 2014

El Aparatito Lumiere EL NIÑO






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Altamente satisfactorio el esperado regreso del director Daniel Monzón tras la excelente Celda 211 (2009), uno de los últimos grandes éxitos del cine español y uno de los filmes hispanos más brillante de los últimos años. Dispuesto a seguir demostrando que en España se puede hacer gran cine de género, en esta ocasión el realizador balear vuelve a incidir en el thriller de alto concepto, en esta cinta con elementos de drama de personajes y algunas pinceladas de acción “realista” a la antigua usanza. El mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar es el telón de fondo donde se desarrolla El Niño, un hábil film de intriga cuyo principal logro es haber captado todo el realismo de este complejo tema que está a la orden del día en Andalucía e insertarlo en una trama ficticia que seguro que habrá encontrado paralelismo en alguna historia real. Monzón y el coguionista Jorge Guerricaechevarría (también colaborador en el libreto de Celda 211 y compañero habitual de Alex de la Iglesia en los guiones de sus películas) se empaparon del oscuro mundillo de los jóvenes gaditanos que se dedican a pasar hachís entre Marruecos y España en moto-lanchas (y que han creado casi una subcultura) y dieron con un material dramático de primer orden que en esta película aparece presentado en plan western contemporáneo con ecos también de thriller europeo. Con localizaciones reales en Tarifa, Ceuta, Gibraltar, Tetúan o Ketama, interpretaciones y situaciones verosímiles (dentro de un orden) y un sentido crítico bastante notable centrado en la hipocresía de la sociedad actual y en la manipulable línea que separa lo legal de lo ilegal o lo moral de lo amoral,  El Niño no ofrece humo en ningún momento ni tampoco un espectáculo sin más ni más sino un drama-intrigo a dos bandas que avanza con paso firme y funciona como un auténtico reloj. Quienes admiraron Celda 211 saben de las enormes virtudes de Daniel Monzón como cineasta y como creador de inteligentes desasosiegos narrativos varios que en esta película aparecen magistralmente presentados. Tal vez El Niño no sea superior como película a Celda 211, pero la gana en intensidad y poderío en su guión.

El Niño es un cruce entre dos historias con diferentes personajes que podrían avanzar perfectamente cada una por su cuenta y que de hecho cada una se visiona en la mayor parte del filme como un nicho respecto a la otra historia sin que la progresión dramática de cada una se resienta con el paso de un relato a otro. La confluencia final de ambas, casi casual (o no tanto) es lo que justifica todo el intrincado de esta película, como dos materiales que al combinarlos provocan una explosión.  Por un lado tenemos a un grupo de policías nacionales obsesionados en perseguir a los principales capos del trafico de cocaína en el estrecho de Gibraltar con muy pocas pistas pero enorme insistencia, y por otro a dos chavales veinteañeros gaditanos, de los que solo conocemos sus alias y que están dispuestos a hacer negocio pasando hachís y maría en lanchas rápidas a lo largo del estrecho, por encargo de mafias marroquíes: El Niño (Jesús Castro) y El Compi (Jesús Carroza): lo que al principio para ellos es un juego lleno de emoción pronto se torna en algo peligroso tanto por el asedio de la policía (los mismo policías que tratan de seguir la pista de las mafias inglesas y eslavas de la droga dura siguen con cierta rutina y desinterés a los “camellos acuáticos”) como de los cárteles árabes que les patrocinan. El Niño y El Compi, cada uno con diferentes grados de ambición y al final con distintas motivaciones se convierten en involuntarios peones de un juego que creían controlar pero que en realidad no es el suyo, con El Niño como principal perjudicado al entrar en en liza otros elementos. Mientras tanto, los policías con Jesús (Luis Tosar) a la cabeza  y con la ayuda de Sergio (Eduard Fernández) y Eva (Barbara Lennie) se afanan en desenmascarar una compleja y sanguinaria trama que casi conciben como un objetivo fundamental para el desarrollo de sus propias personas dentro de un entorno policial demasiado esquivo y con cosas que ocultar.

Muy bien rodada y con un ritmo muy adecuado,  Monzón no ha caído en la tentación de dotar a su película de un tono de cine de acción propio del cine USA con escasas escenas de ese tipo pero eso sí, excelentemente presentadas a la manera casi documental: es de reseñar en ese sentido la última escena de persecución del helicóptero a la lancha. Con muchos personajes que conforman varias viñetas en medio de las dos historias y una gran riqueza de situaciones, registros (drama, comedia, intriga, cine psicológico) y escenarios, El Niño ya se postula como una de las mejores películas españolas del año. Unas excelentes interpretaciones con unos Luis Tosar y Eduard Fernández magistrales como casi siempre, la agradable sorpresa del debutante Jesús Castro y la mención especial a otros jóvenes valores a descubrir como Jesús Carroza o Said Chatiby, engrandecen una película que nunca debe ser vista como un filme que trata de parecerse a un producto norteamericano, algo que se está diciendo injusta y frecuentemente de los últimos trabajos de Daniel Monzón.

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