lunes, octubre 12, 2020

RIFKIN´S FESTIVAL

 

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Woody Allen sigue en la brecha a sus 85 años y, al menos de momento, nada parece interponerse en su propósito de seguir dirigiendo una película anual, ni tan siquiera una extratemporánea campaña contra su persona. De nuevo dirigiendo en Europa en régimen de coproducción internacional (esta vez junto con productoras españolas e italianas) el Woody Allen turístico regresa sin ofrecer esta vez nada nuevo ni estimulante, más bien más de lo mismo dentro de sus coordenadas de comedia-drama. Aunque en esta ocasión no protagoniza el filme su personaje si aparece: como  en otras de sus  películas, el hombre culto, neurótico e inseguro está encarnado por otro actor, en este caso su buen amigo Wallace Shawn, personaje polifacético y genial intérprete que en una de sus escasas oportunidades de acometer un papel protagonista brilla por su carisma y buen hacer. Sin embargo la historia, una poco original crónica de enredos amorosos y encuentros-desencuentros bastante vista en la interminable filmografía del neoyorquino, no ayuda a la hora de configurar una obra de verdadero relieve aunque al fin de cuentas sea una buena película de agradable visión.

Tal vez el elemento más interesante de Rifkin´s Festival sea que Allen muestra su vertiente más cinéfila adentrándose tanto en la industria y parafernalia comercial del mundo fílmico como de su elemento artístico. Rodada en Donostia-San Sebastián en una edición del Zinemaldia Donostiarra la película es un pequeño homenaje a los festivales de Cine a todo lo que se mueve alrededor de ellos de paso haciendo el folleto turístico visual de rigor que Allen ya hizo en Vicky Cristina Barcelona o a Roma con Amor. Más allá de lo curioso que resulta ver captado por la cámara woodyallenesca el paseo de la Concha o el Peine de los Vientos, el director demuestra una vez más que sabe convertir a al ciudad escenario en un protagonista más aunque sea de la manera más tópica posible. Un reparto internacional con una nutrida presencia española responde con creces y sin muchas estridencias. Mort Rifkin, interpretado por Shawn, es un maduro escritor y antiguo profesor de cine estadounidense que  acompaña a su esposa Sue (Gina Gershon) al Festival de san Sebastián en el que ella acompaña a uno de sus representados, el joven y exitoso cineasta francés Phillipe (Louis Garrel) del que Mort siente celos por ver reflejado en él aquello que el quiso ser y no fue, además de sospechar que tiene un affair con su mujer. La relación con una doctora cuarentañera local, Joana Rojas (Elena Anaya) parece levantar el ánimo de un desorientado Rifkin, pero las cosas no le resultarán fáciles. El amor de Rifkin por el gran cine de autor de todos los tiempos (especialmente el europeo) le sirve a Allen para homenajear a algunas de sus películas favoritas en las ensoñaciones del protagonista: entonadas recreaciones paródicas de Ciudadano Kane, El Ángel Exterminador, Persona, o El Séptimo Sello entre otras se suceden y suponen de lo mejor del filme en su declaración de amor por el séptimo arte y por gente como Buñuel, Fellini o Truffaut. Pero aunque deja un buen sabor de boca, a esta película le falta más solidez y le sobran manierismos del propio Allen.    

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