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La considerable taquilla conseguida por este filme pone de manifiesto lo bien que funcionan comercialmente los filmes de terror sobre todo en fechas vacacionales y especialmente cuando sus premisas pueden resultar a priori atractivas. Y la verdad que la de esta película lo era (bueno, en realidad hemos visto muchos filmes con planteamientos parecidos), pero a medida que transcurre el metraje todo transcurre con más de lo mismo y ninguna idea realmente no ya innovadora si no con cierta solidez para una buena película de género terrorífico. Zach Cregger es un director (y también actor) que trata de hacer lo que puede pero no consigue que Weapons sea una película memorable en su mezcla de thriller, imposible terror psicológico y horror sobrenatural. Los muchos agujeros en un guión que trata de ir un paso más allá con puntos de vista de diferentes personajes y una narración no lineal y la aparición de supuestos “sustos” e imágenes impactantes que meten a la peli en un terreno de la previsibilidad más absoluta son deficiencias de bulto que hacen que el filme no termine de ser convincente, pero no habría que obviar el esfuerzo por crear una atmósfera perturbadora, esta vez sí, lograda y con personalidad en su mezcla de la cotidianidad, el realismo y lo insólito-perturbador, unos personajes por lo general bien trazados y un buen manejo de las pistas falsas.
El hecho de que, como en este caso, la infancia sea el centro de una historia terrorífica con tintes psicológicos añade siempre interés pero lamentablemente aquí no se da un paso adelante y todo se diluye en pos de tics comerciales y horror e intriga de manual con el aspecto psicológico claramente relegado. La desaparición conjunta una noche de 17 niños de un mismo aula de un colegio de Pennsylvania que huyeron todos corriendo hacia un lugar indeterminado es el inquietante arranque de una historia que se va desinflando por momentos y que ni siquiera la aparición de un supuesto personaje clave, una estrafalaria y supuesta bruja tía del único niño del aula que no huyó (interpretada por la una vez reputada y hoy un tanto olvidada Amy Madigan) otorga estímulo al filme y en lugar de ello nos encontramos con una sucesión de tópicos del terror sobrenatural en medio de una historia que no responde a muchos interrogantes. El reparto en si es esforzado en papeles de mayor enjundia, como en la joven e incomprendida profesora (Julia Garner), el despechado padre de familia que emprende una investigación por su cuenta (Josh Brolin), un policía con mucho que esconder (Alden Ehreinreich) o un chorizo yonki que termina por precipitar los hechos (Austin Abrams). Otra oportunidad perdida para hacer terror de calidad, y mira que van.
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