lunes, agosto 26, 2013

SOLO UN BOTELLÍN DE AGUA. Relato de ficción








Ya habían pasado dos minutos de las cinco de la tarde, hacía un rato que ya se había entrado en tiempo de descuento, en ese momento en que el nerviosismo se pone a flor de piel ante el hecho que de un momento a otro algo ilusionante va a suceder. Algo que le podía cambiar la vida completamente en el mejor de los casos. O que le iba a resultar indiferente y decepcionante en el peor. O vete a saber si algo peor ya que nunca se sabe como salen estas cosas, o incluso podía darse el caso de que nada sucediese (los retrasos en la mayor parte de las veces no suelen augurar nada bueno). El estómago le empezaba a apretar y la impaciencia aumentaba. Había bastante gente en la terraza del bar y todo el rato era un pulular de gente que pasaba por la calle además de los que llegaban, se sentaban en las sillas o entraban al local. Pero ninguna de las varias chicas que vio durante los más de cinco minutos que llevaba allí se parecía a Sandra, la muchacha con la que había concertado la cita.  No había llegado aún la joven de 37 años de castaña media melena ondulada, ligeramente rizada y rostro redondeada risueño con ojos aparentemente negros. De todos modos, él esperaba una mujer cuya complexión era en ese momento una incógnita ya que en algunas fotos parecía mas regordeta que en otras, concretamente en las que en teoría eran las más antiguas, así como la textura del cabello, ora rizado ora liso estaba claro que era altamente variable.

A las cinco y tres minutos- retraso insignificante y que ni tan siquiera precisó de disculpa por parte de la retrasada así como tampoco provocó el enfado del que llegó primero-  Víctor vio aparecer a Sandra. Como ella indicó, medía cerca de un metro sesenta y cinco, su cabello castaño parecía mas oscuro que en las fotos y su figura no era nada mala, algo rechoncha si, pero armoniosa y sensual, agradable. Llevaba un vestidito negro muy adecuado para aquellas fechas veraniegas, fino y que con un leve escote que hacía destacar sus pechos generosos. Su piel estaba bronceada y su rostro se iluminó con una sonrisa en cuanto reconoció a Víctor sentado en una de las mesillas de la terraza. Víctor la correspondió con otra sonrisa, aunque más bien se sintió contagiado de la de Sandra, que a él le pareció muy hermosa. Se dieron un leve beso en la boca, sin lengua ni saliva e inmediatamente ya estaban sentados el uno frente a otro. Víctor también le había dado a ella indicaciones precisas de cómo iba a ir vestido: camiseta negra, pantalón vaquero. Pelo negro, gafas de sol, 1,80 de altura. En realidad, no resultaba tan “diferente” con respecto a las fotos como lo estaba en cierta medida Sandra, estaba claro-pensó- que las mujeres cambiaban de aspecto con mayor facilidad que los hombres con solo arreglarse el pelo o maquillarse. Otra cosa que le llamó la atención es que Sandra llevaba gafas, aunque fue recordando más adelante que le había dicho que en ocasiones las utilizaba aunque normalmente usaba lentillas.

- ¿Quieres tomar algo?- la pregunta obligada cuando en casos como este. Ella se lo pensó un poco antes de decir: 
- Solo un botellín de agua
  Los primeros minutos siempre eran los más tensos e incómodos. Víctor lo sabía, Sandra lo sabía, ambos ya se habían visto en esa situación otras veces anteriores aunque tampoco muchas y los dos ya sabían más o menos el curriculum del otro en cuanto a citas a ciegas por medio de páginas de contactos. Sandra quería que esta vez fuese la definitiva tras meses difíciles. Divorciada hacía menos de un año, no había tenido el valor suficiente o las ganas para iniciar nuevas relaciones tras algunas citas efímeras. Víctor, que había roto hacía dos años con su pareja de casi toda la vida, había fracasado en alguna relación posterior además de alguna otra cita desastrosa y llevaba casi medio año sin acordarse de las mujeres. A sus casi 40 años ya no esperaba encontrar la nueva mujer de su vida, pero intuyó que con Sandra algo podía cambiar.   

Durante una hora trataron de conocerse algo más de que lo que ya lo habían hecho por chat o por email. Las frases fluían y todo parecía que iba bien; las miradas, los anhelos, los chistes cómplices y algunos deseos y sentimientos compartidos que iban surgiendo y que anunciaban que algo importante iba a suceder entre ellos dos. A él le encantaba como ella ponía los morritos, sensuales, al beber del botellín. Tras dar por terminada su prolongada estancia en la terraza del bar decidieron dar un paseo por la avenida, cerca del mar. Pero aquella vuelta que empezaron con un beso de tornillo y prosiguieron cogidos de la mano pronto iba a tornarse en un pequeño desatino. Los problemas de Víctor con su ex con sus niñas por medio, las dudas de Sandra sobre la persistencia de sentimientos hacia su ex marido pese a las dificultades que este le ponía incluido en todo lo tocante a la manutención de su hijo…y al final, las dudas sobre si los dos deseaban seguir adelante con eso que ni tan siquiera había empezado. Eran ya casi las siete de la tarde  y parecía que la cosa iba terminar de un momento a otro. Habían llegado junto a la playa, en donde los bañistas apuraban la última recta de una jornada veraniega. Junto a la barandilla de piedra que separaba el paseo del arenal, Sandra pronunció unas palabras dichas por ella en alguna que otra ocasión anterior a otra persona:
- Será mejor dejarlo por el momento y darnos un tiempo. 
- Puede que tengas razón…pero esto no tiene por que ser tan complicado- contestó Víctor 
Tras una pausa, Sandra dijo:
- Si…puede que no sea tan complicado, igual podemos conocernos aún mejor, pero mira lo dejamos, al menos por hoy. Si quieres nos vemos mañana y hablamos un poco más a fondo.
Los dos en realidad sabían que tenían miedo, ese miedo que se siente cuando en un momento de la vida se anda desorientado y sin las referencias que antes se poseían. Tenían problemas, pero esos problemas tenían solución, y los dos lo sabían. La solución, entre otros medios, podía estar en la otra persona que acababan de conocer. Malditos obstáculos, si es que una vez los hubo.

Estaban ante la parte mas oriental de la playa con el sol queriendo descender. Esta se iba tornando pedregosa hasta el límite de la arena con el paseo que a su vez desembocaba en un acantilado, esa parte de la playa siempre estaba menos concurrida y por la tarde casi desierta o completamente sin gente como en ese momento.
- Antes vamos a darnos un baño, si te apetece- dijo Sandra.  
Los dos bajaron a una arena sin ningún ocupante. El agua del mar se iba tornando purpúrea. Tras meter los pies se quitaron la ropa confiados en que nadie podía ver que no tenían bañador puesto y que se quedaban en ropa interior. Pero ante la situación de parcial ocultamiento con respecto a viandantes y bañistas (al menos eso parecía) Víctor propuso quitarse también la ropa interior y quedarse desnudos. Así lo hicieron y Víctor mostró a Sandra un cuerpo tal vez algo blanco para encontrarse en verano y no muy falto de kilos pero con un torso más bien fornido y piernas musculosas fruto de varias tardes en bicicleta. Víctor en un momento tuvo ante el un bello cuerpo femenino, no perfecto ni nínfeo, pero sensual, delicado y proporcionado con una piel morena que brillaba bajo el sol, pechos grandes y bellos y hermosas nalgas respingonas. Ambos se dieron cuenta que compartían el hecho de llevar tatuajes, él en el hombro y ella en la cadera, y el tener la zona pélvica completamente blanca, cosa que no se podía decir de los senos de Sandra, tostados sin duda por varias tardes de topless.         

Se bañaron, pero el agua tenía una temperatura que no invitaba a estar mucho tiempo. Se fueron hasta la parte del acantilado, donde terminaba la playa. Allí se dieron un beso cuya duración ellos no tan siquiera podrían precisar, se les hizo eterno y tan intenso que ya no había ni tiempo ni espacio. Sobra la arena y no muy lejos de una zona pedregosa que llevaba hasta unas grandes rocas los dos se sentaron. Víctor besó el cuello dulce de Sandra mientras acariciaba su piel increíblemente suave. Los besos subieron del cuello hasta la barbilla y después hasta el rostro. Víctor lamentó no haberse afeitado aquella mañana ya que temía dañar el delicado cutis de la chica, pero esta no dijo nada e iba buscando con su boca el rostro y los labios de Víctor. Parecía que le gustaba la piel firme pero también suave de Víctor y especialmente su cara, y a él le entusiasmaba la redonda carita de Sandra y lo delicada que era al besarla, especialmente sobre sus pómulos redondos y sus hoyuelos.

Sandra mientras tanto con la mano buscaba la entrepierna del chico, cuyo miembro estaba ya como un garrote. Víctor sintió como la mano de su chica le acariciaba sus huevos depilados y termino agarrándole el pene mientras el comenzó a besarle con frenesí las tetas de puntiagudos pezones casi negros. Víctor agarró con fuerza los glúteos de la joven y se dio media vuelta con ella sujeta para ponerla sentada sobre el. Un ligero empujoncito basto para que el sexo depilado de Sandra se abriese y devorase el pene de Víctor. Comenzó entonces por fin la danza ritual, con un primer acto de mujer sobre hombre. El le iba agarrando de la cadera para facilitar que el cálido horno de la chica le poseyese en intervalos de tiempo mas cortos mientras observaba su bonito cuerpo saltar y contornarse sobre el. Le encantaba ver como los pechos de Sandra saltaban, se tensaban y sus pezones se hacían cada vez más duros. Cambiaron de posición y esta vez  era Víctor quien debía entrar en la fortaleza de Sandra, él se volvía loco con su piel caliente y el ardor de sus muslos, ella con su pecho sobre el suyo sintiendo su sudor y el ariete incandescente e incesante que iba encendiendo su interior. Ambos trataban de contener gritos y gemidos, ocultos junto a una roca, para evitar ser descubiertos, pero la luz de sol cada vez más menguante era su alidada. Afortunadamente, aquello que pretendieron empezar hacía unas pocas horas no iba a terminar, ese momento era una de las razones por las que uno nunca quiere abandonar un barco que acaba de zarpar en un crucero de lujo aunque no haya seguridad absoluta de que por muy bonito que sea el viaje y por muy bien que este el barco se vaya a disfrutar del viaje. Esos momentos, como aquel que estaban viviendo, era al respuesta a muchas de sus dudas. Estaba claro, iba a merecer la pena.  

Sus cuerpos estaban llenos de sudor y arena, pero no les molestaba. La falta de protección adecuada hizo que Víctor no retuviese su polla hasta el momento preciso dentro de la vagina de Sandra, en un momento dado ya estaba en las manos de ella y de allí en su boca. Él sintió la enorme calidez de los labios de su chica- aquellos que antes hicieron la felación al botellín-  y ella no pensaba en nada más que aquella cosa caliente estallase por fin. Y ocurrió, claro. Se limpiaron y lavaron como pudieron con el agua que quedaba en el botellín que Sandra llevaba en su bolsa, pedido en el bar horas antes; se abrazaron y se dieron un beso. Contemplaron el atardecer desnudos durante un rato y poco después ya estaban de nuevo vestidos rumbo al paseo.    

Acordaron verse el día siguiente. Merecía la pena luchar por que las cosas que cada uno tenían pendientes se fuesen arreglando, ante ellos había ya un futuro que era común y esperanzador. Compartieron la poca agua que quedaba ya en el botellín y una vez vacío lo arrojaron a un contenedor. De los de reciclaje, por supuesto.

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