lunes, julio 14, 2008

El aparatito de Lumiere - FUNNY GAMES (FUNNY GAMES U.S.)


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En 1997 el director austriaco Michael Haneke rodó en Alemania Funny Games, una polémica película de estructura casi teatral en la que se hacía una siniestra reflexión sobre la violencia como espectáculo, tanto desde el punto de vista narrativo como visual (aunque significativamente casi todas las escenas violentas eran omitidas mediante elipsis), criticando de paso la manipulación que se hacía (y se sigue haciendo) de cara al público de la violencia en el cine norteamericano. Once años después, el veterano realizador, quien cuenta en su currículo con premiados filmes dirigidos en varios países como la - no menos polémica - cinta francesa La Pianista (2002) o Código Desconocido (2000), ha llevado a cabo un remake de Funny Games en inglés y producido en USA aunque en coproducción con varios países europeos. El asunto era llevar a más público una película de culto, pero siguiendo fielmente el guión original y calcando plano por plano todas y cada una de las secuencias del Funny Games teutón. Es decir, que esta nueva versión sigue totalmente el espíritu de la película original: provocación continua al espectador mediante la catarsis de uno de los temas mas recurridos en el cine de los últimos tiempos: la violencia-espectáculo desde su vertiente más gratuita. Y claro está, sin renunciar en absoluto a presentar una teoría propia sobre la articulación de la violencia en la vida cotidiana y en cualquier contexto. El resultado es una película tan desasosegante y de incomoda visión como al original, aunque, como hemos dicho antes, la violencia salvaje no se ve explícitamente.

La actriz Naomi Watts es la productora y protagonista femenina de este nuevo Funny Games, en el cual incorpora a Ann, la madre de familia que junto con su marido George (Tim Roth) y su hijo, el pequeño Georgia (Devon Gearhart) son las víctimas en su propia casa, un lujosos chalet en una idílica urbanización cerca de un lago, del sadismo de dos misteriosos veinteañeros. Todo comienza cuando la familia recibe a los muchachos (interpretados por Michael Pitt y Brady Corbet), los cuales al parecer eran invitados de sus vecinos, pidiendo unos huevos para al comida que esta preparando su supuesta anfitriona. Con modales extremadamente exquisitos, pero un tanto compulsivos e inquietantes, los jóvenes (los cuales utilizan varios nombres y apodos a lo largo del filme), vestidos de impecable ropa deportiva en blanco inmaculado y ataviados con guantes blancos, se las ingenian para retener a los tres integrantes de la familia, y sin razón alguna, les someten sus “inocentes” juegos. Comienza entonces una narración angustiosa que va más allá del thriller y del cine de asesinatos adentrándose en el terreno del juego y del azar, ni más ni menos, para mostrar lo inverosímil que puede ser el origen de la violencia más irracional e injustificada. Todo es presentado tratando de hacer cómplice al espectador, mostrando recursos metanarrativoss e incluso “interactivos” - incluidos varios momentos en el que los jóvenes visitantes se dirigen directamente al público- en donde no se sabe a ciencia cierta si se están riendo de nosotros o simplemente nos están poniendo ante una situación tan límite que el tomar partido se hace inevitable, a costa poner en evidencia nuestras debilidades.

Filme inteligente y que da mucho que pensar, no es sino una muestra de las consecuencias de la cultura de al violencia en nuestra sociedad, que afecta hasta a las personas más insospechadas. La violencia como juego. Puede que no sea palto para todos los gustos, pero merece la pena ser vista.

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