domingo, mayo 05, 2019

LOS VENGADORES: ENDGAME (AVENGERS: ENDGAME)




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La verdad es que no dice nada bueno del estado de la industria del cine (y audiovisual en general) el ritmo de cadena de montaje con el que Marvel Studios pare sus películas además de todo la cansina y maquiavélica maquinaria de marketing con que arropa sus estrenos, por no hablar de cómo mediante contratos de infinidad de ceros ha conseguido una plantilla fija de estrellas que pululan por las diferentes películas basadas la mítica editorial de cómics y que años atrás cualquier productor o realizador hubiese deseado reunir en algún filme hasta darse cuenta de que aquello era imposible. Bueno, hasta que la ínclita división cinematográfica de Marvel (especialmente después de su compra por la no menos ínclita Walt Disney Pictures, compañía de la que por cierto podríamos redactar parrafadas sobre el dudoso beneficio que está generando últimamente a la industria del entretenimiento con su política de compra de firmas a lo bestia) impuso su modus operandi grandilocuente destinado a producir las películas más taquilleras. Y en ese sentido, esta cuarta entrega de la serie Los Vengadores - aunque cuarta entrega es un decir debido a las concomitancias de esta saga con cualquier otra película de héroes Marvel- trata de ser un filme definitivo dentro de su universo superheróico y un regalo para los fans de estos filmes y por supuesto con idea también de atrapar nuevos espectadores, esto último algo que la mayor parte de sus filmes anteriores en mayor o menor grado lo han logrado. Esto es un negocio, señoras y señores, y aquí ningún esfuerzo para lograr la máxima rentabilidad es lo suficientemente grande. En estos momentos, con una fanbase mayor que las versiones de sus personajes en tinta china (no cabe duda de que estos filmes han ampliando el espectro generacional de los seguidores del universo Marvel) y una positiva inercia en taquilla, Marvel Studios y Disney siguen dispuestos a ir a por nuestro dinero ofreciendo espectáculo y épica bélica- esto último vende inquietantemente bien en los últimos tiempos- sin que por desgracia se altere demasiado el concepto del arte cinematográfico y, lo mas chocante, nadie sienta más deseos de leer cómics.

Los hermanos Anthony y Joe Russo, currelas habituales de Marvel,  ciertamente se marcan un filme que desde el punto de vista técnico y pese a todo, funciona con solvencia y llega incluso a sorprender: escenarios creados virtualmente muy sugerentes, acción filmada con gusto y originalidad, escenas de guerras y combate (en especial la un tanto aparatosa batalla final) deslumbrantes y en definitiva  una puesta en escena destinada a embaucar al espectador que cumple con creces, pero por el contrario el guión, que parte desde donde finalizo Avengers Infinity War (2018), es previsible, simplón y tedioso. Aparecen aquí aparte de la “plantilla fija” (y superviviente respecto a la anterior entrega) de los Vengadores prácticamente todo el panteón de superhéroes Marvel con película encarnados por sus intérpretes de siempre, algunos en papeles mas largos o significativos, otros más fugaces y algunos simples cameos, algo que a buen seguro hará las delicias de sus seguidores. Un espectáculo de efectos especiales y dirección artística enormemente trabajado y poco más que a veces provoca fatiga precisamente por la aparición indiscriminada de personal en mallas o armaduras (Iron Man, Viuda Negra, Ant Man, los Guardianes de la Galaxia, Hulk, Thor, etc.) además de más y mas secundarios, y que por otra parte puede pillar totalmente desprevenido al espectador no familiarizado con los filmes de esta productora y su trama, ya que básicamente esta película es para fans de estos superhéroes

martes, abril 30, 2019

DOBLES VIDAS (DOUBLES VIES)



 *** y 1/2
 
Sin levantar mucho la voz esta película francesa resulta un filme más estimulante y atractivo de lo que al principio pudiera parecer. Una comedia, si, pero con un insólito cierto poso intelectual en donde no faltan diálogos con reflexiones sobre la literatura, la fabulación, la influencia de las nuevas tecnologías en el habito de la lectura, los medios de comunicación, el mundo de las relaciones amorosas e interpersonales y algún otro tema candente de la vida contemporánea. Básicamente se realiza una reflexión sobre lo verdadero y lo falso, lo inventado y lo real con el mundo del negocio/arte de la literatura como telón de fondo y con cierta concomitancia con el mundo de la interpretación y la ficción audiovisual, todo ello mediante sus personajes principales los cuales se mueven cada uno con su propia y exclusiva inercia basada en diferentes circunstancias, motivaciones y sobre todo sus propias ideas y visión de la vida. Si, es cierto, todo esto puede sonar muy Woody Allen con algunos elementos del cine europeo más sesudo, pero la película va más allá de cualquier influencia para ofrecer una obra original y fresca que pese a resentirse en no pocos momentos consigue mantener la complicidad del espectador hasta sus instantes finales.

Leonard (Vincent Macaigne), un joven escritor tan talentoso como inseguro en su vida personal, Alain (Gillaume Canet), su editor, un exitoso pero honesto trepa que cree erróneamente tener atados todos los cabos de su vida, Valérie (Nora Hamzawi), la compañera de Leonard, una mujer volcada con su trabajo y que parece superada en su relación y Selena (Juliette Binoche), actriz esposa de Alain que está dispuesta a dar un vuelco su vida: todos ellos, unidos por relaciones de pareja y de amistad irán mostrando sus inquietudes y ensayando nuevos escenarios vitales que irremediablemente entrecruzados no tardarán en colisionar de diferentes maneras. Es este un filme tanto de emociones y sentimientos como de reflexiones cuya dialéctica puede aburrir a algunos espectadores o entusiasmar a otros. Pero lo irrefutables es que el trabajo actoral es enorme y el guión es una obra esforzada que trata de matizar todo lo que vemos por medio de personajes muy bien construidos y sobre todo tiene un  sentido del humor inteligente y crítico que se hecha bastante en falta en el cine actual. Punto flojo: una puesta en escena demasiado teatral. Pero por lo demás Dobles Vidas cumple como buena película.

jueves, abril 25, 2019

GRACIAS A DIOS (GRÂCE À DIEU)



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Sólo un director con oficio y extraordinario buen hacer como François Ozon podría firmar una película de denuncia necesaria y que cumple más que con creces con sus diferentes cometidos sin caer en el sensacionalismo ni en clichés innecesarios que lastrarían la credibilidad de su resultado final, porque principalmente la empresa de rodar este filme basado en hechos reales y que acusa con nombres y apellidos a cargos de la iglesia católica en Francia era ya algo arriesgado y que precisaba del máximo rigor especialmente a la hora de narrar hechos y de mostrar el discurrir de unos acontecimientos cuya resolución aún no ha llegado. Los casos de denuncias a partir de 2014 hacia los abusos sexuales cometidos por parte de un sacerdote de Lyon, el padre Preynart (interpretado en este filme por Bernard Verley)  a varios niños durante los años 80 ha sido un tema que ha sacudido a la opinión pública francesa en los últimos años y especialmente a la ciudad de Lyon, una localidad más bien conservadora donde la jerarquía eclesial tiene un amplio poder (de hecho, aunque Ozon rodó el filme en secreto ha habido presiones para que no se llegase a estrenar), y básicamente lo que trata de mostrar este filme, además de todo el afán de los damnificados -ahora adultos en diferentes circunstancias vitales- por sacar a la luz todos los casos y que se haga justicia sobre el pederasta, es la falta de colaboración del propio clero en la resolución del caso y su tendencia a proteger a Preynart. Pero la película no se pierde ni es sordideces ni en los vericuetos dramáticos previsibles cada vez se tocan estos temas (ni tan siquiera los aspectos policiales y periodísticos, que solo están tratados esquemáticamente) y en cambio ofrece una crónica pormenorizada del esfuerzo de un grupo de personas por conseguir que se haga justicia, con todas las imperfecciones, dificultades y contratiempos que un propósito colectivo siempre experimenta a lo largo del tiempo. En ese sentido la película apuesta por un verismo total ha costa de incluir todo tipo de circunstancias de una crónica real: personajes que desaparecen de la trama porque ya no tienen más que decir, situaciones inconclusas y preguntas que quedan en el aire, pero nada se resiente gracias a una enorme solidez narrativa.

La película tiene un protagonismo a tres bandas centrado en tres personajes que se turnan en su función de personaje central mientras que alrededor suyo van surgiendo otros que también atesoran importancia. Alexandre (Melvin Poupaud) un ejecutivo cuarentañero católico prácticante y padre de feliz familia numerosa decide denunciar los abusos que el sacerdote Bernard Preynart le infringió en su infancia durante campamentos de verano al enterarse que sigue trabajando con niños al mismo tiempo que por primera vez cuanta a su familia que sufrió abusos por parte del cura. Esa salida a la luz algo que él había ocultado durante más de 30 años es compartido por François (Denis Menochet), quien se entera casualmente de los movimientos de Alexandre y decide iniciar una asociación de damnificados, y por Emmanuel (Swann Artaud) un joven al que los abusos de Preynart le han afectado considerablemente desde entonces. Junto con otros afectados como el médico Gilles (Éric Caravaca) y el apoyo de las familias de todos, los tres hombres emprenderán una lucha titánica entorpecida por los intereses y la hipocresía de la jerarquía eclesial lyonesa encabezada por el cardenal Barbarin (François Marthournet) y varias dificultades personales y relacionales entre los miembros del colectivo, todos ellos con problemas, percepciones y matizaciones sobre las experiencias bastante dispares que la película muestra magníficamente. Siguen haciendo falta películas así.




lunes, abril 22, 2019

MIA Y EL LEON BLANCO (MIA ET LE LION BLANC)




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Curioso esfuerzo dentro del cine francés mediante el cual se ha conseguido una película familiar con vocación internacional (rodada en África y en inglés) con un reparto internacional y con mensaje. Gilles de Maistre dirige con oficio una película de modestas pretensiones que consigue encantar y conmover al tiempo que echa un rapapolvos a la especie humana por su condición de depredadora. Es cierto que la historia de amistad entre un niño y un animal salvaje es algo cien mil veces visto, pero precisamente por eso el que una historia de este tipo no resulte manida y previsible resulta una virtud que esta película, aunque sin estridencias, ha sabido aprovechar. La película nos habla de los esfuerzos de Mia (Daniah de Villiers, una jovencísima actriz sudafricana con enorme talento) la hija de los propietarios de un criadero de leones por salvar la vida de Guapo, su joven león blanco, un ejemplar nacido en cautividad en la granja de sus progenitores cuyo destino al de igual del de el resto felinos del recinto será servir de blanco para safaris de turistas. Empeñada en seguir tratando a un león casi adulto como su entrañable mascota, la adolescente Mia será capaz de luchar contra los convencionalismos de la relación entre los humanos y los animales salvajes mientras trata de salvar a su amigo al tiempo que la relación con su familia experimentará cambios especialmente cuando el desencanto se apodere de ella cuando descubra la verdadera razón del negocio de su padre.

Con una muy lograda fotografía realzada por bellos parajes sudafricanos, una de las virtudes del filme es que en todo momento vemos animales reales (incluido el león blanco en sus diferentes edades) y todo está tratado sin sensiblería, pese a manidas concesiones del melodrama más comercial. El guión tal vez resulte simple y sin excesiva originalidad, pero no hay que olvidar que este es un filme especialmente dirigido a niños y adolescentes y cumple más que con creces con su función y sin dejar de ser interesante para el público adulto al que va dirigido principalmente su mensaje de la rapiña a la fauna del continente africano. Un ejemplo de cine denuncia para todos los públicos.           

martes, abril 16, 2019

DUMBO




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Disney sigue ahí venga y dale con las adaptaciones a imagen real de su inagotable catálogo de clásicos universales de la animación, una jugada que además de la estrategia mercadotécnica que la ha generado demuestra tanto falta de ideas originales como una voluntad de autohomenajearse, algo perfectamente legítimo para la compañía pero que empieza a ser cansino. Esta vez le ha tocado el turno a un clásico de los primeros años de los largometrajes (principios de los 40) como es Dumbo una entrañable historia de superación y aceptación al diferente que viene ni pintada en los tiempos que vivimos y que tampoco desentona nada en la filmografía del director elegido, Tim Burton, quien repite para Disney después de su peculiar pastiche de Alicia en el país de las Maravillas (2013) y vuelve al tema de los personajes con peculariedades incomprendidos y marginados. Hay que decir que aquí Burton no se toma las libertades del filme de Alicia y aunque ofrece una versión más o menos libre con respecto a aquel filme de 1941, el espíritu inocente del Dumbo original, aquel pequeño elefante blanco de burlas por sus largas orejas que conseguía volar gracias a ellas, se respira por los cuatro costados aunque la historia esta significativamente alterada y puesta al día en cuanto a su mensaje y con un enfoque menos fantasioso y en cierto modo más adulto que aquel filme basado en una cuento para niños escrito por Helen Aberson-Mayer que nunca fue publicado aunque consiguió ser vendido a Disney en 1939.

Aunque como película de entretenimiento dirigida principalmente al público infantil y no exenta de chicha y de buen cine Dumbo cumple perfectamente las expectativas, no consigue ser una película con verdadero relieve dentro de sus pretensiones ni tampoco se nota mucho la mano maestra de un Tim Burton que desde hace bastantes años ya no es el mismo, no obstante esto no impide que estemos ante una película entrañable en el más puro estilo Disney con bastantes mas matices que la historia original y sobre todo un acabado formal una vez más de chapó tal y como se espera de Burton, en el que juegan un papel fundamental una fotografía muy vintage (la historia se desarrolla en los años 10) y con enorme encanto obra de Ben Davies, una escenografía y unos efectos visuales espectaculares (los vuelos de Dumbo no defraudan, de veras), y una estupenda partitura a cargo, como no, del gran Danny Elfman. Este nuevo Dumbo, excelentemente creado por odenador (como todo el resto animales del film) consiguiendo una imagen enternecedora pero poco creíble, sigue siendo un elefantito despreciado por personal y público del circo donde trabaja y cuya inesperada habilidad consigue redimirle, pero ahora el mensaje varía: donde antes se rendía culto al éxito fácil (que en esta versión se critica con decisión) ahora se ensalza el triunfo de la fidelidad en los ideales y el valor del respeto a personas (y animales), manteniendo la oda a la amistad y al amor maternofilial de la película original. Nuevos personajes en esta adaptación firmada por Eheren Kruger irrumpen con significación, como son los niños hermanos Milly (Nico Parker) y Joe Farrier (Finley Hobbins) los mejores amigos de Dumbo hijos del artista circense lisiado Holt Farrier (Colin Farrell), otro personaje que encontrará su redención, el director del Circo Max Medici (Danny de Vito), el codicioso empresario V.A Vandevere (Michjael Keaton), quien curiosamente dirige un complejo recreativo que parece el reverso tenebroso de Disneyland o la altiva pero noble trapecista Colette Marchand (Eva Green). Ya no hay ningún ratón parlante (aunque se le homenajea) y ni asomo de aquellos cuervos afroamericanos y el final de la película es políticamente correcto aunque eso si más logrado que en el filme original. Y es que los tiempos cambian hasta para historias de toda la vida.

lunes, abril 08, 2019

DOLOR Y GLORIA



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Es extraño como un director como al que se le supone perspicacia y eficiencia fruto de años y años de experiencia como es Pedro Almodóvar desaprovecha- una vez más- una oportunidad de oro para hacer una obra magna a partir de un planteamiento de argumento con a priori muchos elementos interesantes. Parece que el director manchego no se encuentra especialmente cómodo cuando trata de abordar una historia con tintes autobiográficos a pesar de que el filme ha tratado de venderse como un testimonio del ajuste de cuentas de un Almodóvar veterano con su pasado; en realidad Dolor y Gloria sólo traspone la figura del propio director de una manera superficial para contar un correctamente llevada historia de reconciliación con acontecimientos pretéritos y de reflexión sobre lo que pudo ser y no fue con el trasfondo del sufrimiento interior de la conciencia. Sin embargo, en ningún momento se llega a cotas de gran cine y todo el elemento dramático de una historia que pretende ser trascendente y cruda se queda siempre a medio gas. El recital interpretativo que da Antonio Banderas en el papel de Salvador Mallo, un director de cine en decadencia profesional, física, personal y emocional y que se supone que está inspirado en la figura del propio Almodóvar, no es suficiente y la película no deja de ser un buen trabajo cinematográfico pero sin ningún aliciente verdaderamente especial.      

Si en algún aspecto la película triunfa es en la conceptualización del personaje de Salvador, un hombre que conoció momentos profesionales y personales mucho mejores y que con casi 60 años y con un cúmulo de enfermedades y dolencias físicas que le hacen temer por su propia vida decide encarar su pasado- algo que se le presenta de forma fortuita pero que él no duda en aprovechar- tratándose de reencontrar físicamente o mediante recuerdos con los que marcaron su vida. El miedo a encarar el presente sin embrago será grande pero no menos será el vértigo que sentirá al rememorar hachos claves de su vida. La utilización del flashback es bastante acertada- algo ya muy habitual en el director- siendo las imágenes de la infancia de Salvador en una aldea extremeña de lo más atractivo del filme si bien se cae de nuevo tontamente en manidos tics del director que impiden que estas escenas sean delicatessen: es de mencionar el buen trabajo que hace el joven Asier Flores como el pequeño Salvador mientras que una previsible Penélope Cruz interpreta a la madre del niño. De nuevo, las interpretaciones vuelven a ser el fuerte en un film de Almodóvar con unos estupendos Nora Navas, Pedro Casablanc, Raúl Arévalo, Leonardo Sbaraglia en una breve pero intensa intervención como un antiguo amor de Salvador, el descubrimiento de César Vicente en un papel de las secuencias extremeñas cansinamente almodovariano,  y sobre todo una excelente Julieta Serrano como la anciana madre del protagonista (otro personaje clave) y un Asier Etxeandia que realiza su mejor interpretación hasta la fecha como Alberto Crespo, un actor amigo de Salvador, aún mas derrotado que él, que será su inesperado guía y cómplice en su remeomorandum vital. Pero en definitiva, más de lo mismo dentro de la brillantez (e irregularidad) sostenida de Almodóvar en donde cada vez sobran mas recursos reiterados como el trampantojo metacinematográfico (que ya vimos en otra película suya) y alguna supuesta innovación como las escenas de animación médicas, aunque como siempre brille la fotografía de José Luis Alcaine y la música de Alberto Iglesias. Porque para bien o para mal, Pedro Almodóvar siempre será demasiado previsible.      

lunes, abril 01, 2019

NOSOTROS (US)



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Hacer un filme de terror que resulte original es cada vez más complicado y por ello son encomiables los esfuerzos de muchos directores en conseguir una buena película dentro de un género que siempre tiene tendencia a ofrecer más de lo mismo y encapsularse en su propio listado de códigos y recursos. Hace un par de años Jordan Peele, un director debutante pero con bagaje televisivo como actor de comedia, logró con Déjame Salir una cinta de horror original y sugerente gracias a cierto comentario social y una perversa ironía dentro de la misma y en esta ocasión ha reincidido en el género y en las pretensiones de incluir una crítica sociopolítica en una película que pese a sus buenos momentos no llega al nivel de su predecesora. El realizador mulato (aunque escorado a su herencia afroamericana), eso si, demuestra tener oficio y una excepcional destreza dentro del fantaterror algo que desde luego se agradece en unos últimos tiempos en los que casi exclusivamente nos llegan mediocres títulos terroríficos de pretensiones meramente comerciales.

La versátil Lupita Nyong´o es la principal baza con la que cuenta Us con una excelente doble interpretación - en realidad como prácticamente todo el resto del reparto aunque su caso es más notable- y es ella quien lleva principalmente el peso de la sobrecogedora historia que se nos narra aunque los demás intérpretes (incluso los más jóvenes) bordan un nivel excepcional. Las pretendidamente apacibles vacaciones de una familia afroamericana de clase media en un complejo playero en California dan paso a una turbadora pesadilla cuando una noche aparecen cuatro individuos vestidos con monos rojos y con comportamientos extraños y silentes que resultan ser idénticos a la familia de la protagonista Adelaine, quien ha vivido traumada por un extraño suceso de su infancia y que en ese momento parece volver a ella y de una manera amenazadora. La película explora de una manera muy peculiar el mito del doppelgänger incluyendo un trasfondo de las siempre bizarras leyendas urbanas norteamericanas y por supuesto una clara referencia a la situación social de muchos colectivos en EEUU proponiendo una resolución inquietante y pretendidamente aleccionante. Utilizando muy bien el suspense la película cumple su función de turbar y crear un ambiente psicológicamente siniestro al mismo tiempo que conseguir la atención constante del espectador pero algunos tics de slasher y otras licencias del terror mainstream no consiguen una gran historia y la película a medida que avanza va adoleciendo de más y más lagunas. Con todo el espectador amante del terror con fundamento encontrará una buena película y los degustadores de historias con mensaje puede que no se sientan defraudados.     

martes, marzo 26, 2019

MULA (MULE)



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Tiene Casi 90 años y aún sigue en activo haciendo buenas películas. Clint Eastwood ha afirmado varias veces en los últimos años que su retiro esta cerca, pero con periodicidad casi anual sigue citándose con la cartelera demostrando que su momento más dulce le ha llegado en la vejez, aunque sus últimos filmes ya no lleguen a la categoría de obra maestra tal como lo consiguió con joyas filmadas en este siglo  como Million Dolllar Baby (2004) o Gran Torino (2008). Esta sugerente Mule es en ese sentido un filme más que correcto y hecho con oficio pero que no será especialmente memorable en la filmografía del director-actor. Clint vuelve además a ponerse delante de la cámara sin ocultar las evidencias de su avanzada edad haciendo una reflexión sobre el rol de los mayores en una sociedad con cada vez menos valores y sin olvidar una regañina a todos aquellos (mayores o no) que anteponen sus intereses a los de los demás. En definitiva, un Clint Eastwood nuevamente crepuscular y ahora con plena consciencia de su senectud con una interesante aunque poco sorprendente historia bajo el brazo.



De nuevo con estructura de western, la historia nos presenta a Earl, un octogenario laborioso y apreciado en su comunidad pero también arrogante y distante con su familia, al que una precaria situación económica le lleva a aceptar el empleo de transportista (mula) de narcotraficantes del Cartel de Sinaloa. Earl cumple con dedicación su trabajo demostrando que aún puede ser útil y pese a ser consciente de lo ilegal y poco ético de su cometido; pronto los problemas aparecerán. Un buen reparto de secundarios que incluye a Bradley Cooper, Michael Peña, Laurence Fishburne, Andy Garcia y una excelente Dianne Wiest en el papel de la descreída exmujer del protagonista, arropa a Eastwood en un filme con buenas intenciones pero resultados irregulares, lo que no impide que una vez más el realizador californiano haya vuelto a demostrar su profesionalidad y buen hacer totalmente inalterados por el paso del tiempo   






jueves, marzo 21, 2019

MAYA






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Mia Hansen-Love es una joven directora francesa de origen nórdico que pese a ser aún no muy conocida fiera de su país ha firmado ya unas cuantas películas interesantes (se estrenó como directora en 2007 con 26 años tras estar inicialmente dedicada a la interpretación) en donde destaca El padre de mis hijos (2009) y tiene una pequeña legión de seguidores en Francia. Su último filme Maya sin embargo no ha supuesto su consagración definitiva ya que este esforzado drama intercultural localizado en su mayor parte en la región de Goa en la India pese a su interesante premisa y su acierto a la hora de plasmar el choque emocional del regreso al pasado con encuentro inesperado de un elemento de esperanza no consigue dar forma a una historia memorable dejándose por el camino intentos de progresión dramática solamente esbozados que desarrollados hubiesen dado más empaque al relato.

Gabriel (Roman Kolinka) un joven periodista francés regresa a Francia tras ser liberado del secuestro que sufrió por parte un grupo terrorista en Siria. Sin conseguir adaptarse en sus primeros meses de libertad y viendo como todo lo de su vida anterior se derrumba (algo que estaba a punto de ocurrir antes de su cautiverio), decide viajar a la India, país donde pasó gran parte de su infancia, en donde se reencuentra con amigos de su pasado en un nuevo entorno radicalmente diferente al París que le estaba provocando tanta ansiedad. Con varios propósitos fallidos y una nueva sensación de desarraigo, la estancia en Goa encontrará una dimensión para Gabriel cuando entabla amistad con Maya (Aarshi Banerje) la hija veinteañera de unos conocidos que también desea mejorar su existencia. Pese a lo sugerente de la historia, el plano psicológico de los personajes flojea y es muy difícil encontrar empatía en un personaje tan complejo y a priori goloso como el de Gabriel pese al buen trabajo interpretativo de Roman Kolinka, del mismo modo que el personaje de Maya, interpretado con madurez y aplomo por la joven Aarshi Banerje, consigue transmitir toda la humanidad deseada. Sin embargo, la química entre los dos protagonistas funciona muy bien y su dialéctica en muchos momentos es brillante, aunque la resolución de al historia, bastante desmañada, no consiga culminarla. Se nota que la directora también pasó parte de su vida en la India por el tratamiento nada turístico que hace de Goa- bonitas imágenes de la zona- y su sensibilidad para captar el curioso exotismo de algunas imágenes, pero se hecha en falta un enfoque más verista y testimonial. Pero si nos quedamos con el esfuerzo que se hace por contar una historia de relaciones humanas en situación límite, la película funciona perfectamente.