lunes, febrero 23, 2026

NO HAY OTRA OPCIÓN (어쩔수가없다)

 



***

La sombra de un filme tan redondo e internacionalmente exitoso como fue la surcoreana Parásitos (2019) se percibe en cierto modo en esta película compatriota de aquella, así como ciertas premisas de series televisivas de Corea del Sur como El Juego del Calamar: humor negro, planteamientos extremos, anti héroes, cierto tremendismo salido de madre. No obstante, esta película de uno de los mejores y más internacionales realizadores coreanos del momento, Chan-wook Park (Stoker, Decision to Leave), aunque interesante resulta irregular, larga y con elementos sobrantes y en ese sentido se encuentra a bastante distancia de Parásitos. Una vez más el cine occidental (y más concretamente el independiente norteamericano) parece ser la guía en este filme de hecho basado en una novela de Donald Westlake, The Ax, que Costa Gavras ya llevó a las pantallas en 2005 y cuyo principal atractivo sea tal vez la crítica encarnizada a la cultura del éxito y a las grandes corporaciones, algo que al película cumple con creces siempre desde una óptica ácida, grandguiñolesca y algo truculenta.

Un ejecutivo de la industria papelera de mediana edad (Byung-hun Lee), casado y con dos hijos menores y con una vida plácida en una lujosa vivienda unifamiliar es despedido de su empresa junto con otros muchos trabajadores y altos cargos. Con todos su modo de vida derrumbándose (aceptación de empleos precarios, la casa vendida, su mujer que no trabajaba en busca de empleo, renuncia a las clases de violonchelo de su hija superdotada) nuestro protagonista, Man-su, no se resigna a caer en la mediocridad y busca con desesperación un nuevo alto empleo en una solvente compañía, pero al darse cuenta que hay otros muchos candidatos cualificados para ese puesto (algunos compañeros de su antigua empresa) urde un bizarro plan para cargarse a todos ellos. Aquí entonces comienza una comedia negra en el más estricto sentido de la palabra con retorcidos planes criminales, algo de sangre, situaciones patéticamente divertidas, pinceladas de dramedia familiar y algún giro de guion interesante. Pese a todo, a la película le falta solidez, convicción y además resulta bastante larga y a veces reiterativa. No se puede reprochar anda a la soberbia dirección de un animal cinematográfico como Chan-wook Park ni a las muy solvnetes interpretaciones, en especial la de Byung-hun Lee como un ser patéticamente desquiciado con elementos de antiheroe tarantiniano o coeniano y del John Ripley de Highsmith. No resultará plato de todos los gustos, pero seguro que convencerá bastante a los seguidores de la ficción oriental más excéntrica y con mensaje.