martes, junio 03, 2008

El aparatito de Lumiere - -ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO (BEFORE THE DEVIL KNOWS YOU´RE DEAD)


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Es una pena que esta extraordinaria película, que esta siendo de lo mejor del año, este pasando con mas pena que gloria por las pantallas, aunque la crítica parece coincidir en sus múltiples excelencias. Sydney Lumet, legendario y octogenario director con algunos clásicos inmortales en su vastísima filmografía, del calibre de 12 hombres sin piedad (1957), ha venido desarrollando sin interrupción desde aquella su opera prima un filmografía muy variada y con títulos excelentes como Serpico (1973) o Veredicto Final (1982); en los 90, ya sin mostrar el brillo de épocas anteriores, algún titulo interesante como La noche cae sobre Manhattan (1997) o más tarde su, hasta el momento última, Declaradme culpable (2006) evidenciaba que a pesar de no estar tan en plena forma como en sus mejores días, Lumet seguía siendo en su vejez algo más que un maestro del séptimo arte. Pero es que en esta ocasión de ha ido más allá: el mítico director ha filmado uno de los mejores trabajos de su carrera.

Este filme de largo título es una magistral mixtura de cruel drama humano y thriller en donde el director de Philadelphia muestra una desenvoltura propia de cineastas más jóvenes, y echado mano de un recurso tan en boga en el cine de calidad de los últimos años como es el del puzzle temporal, ofrece un filme emotivo, intenso e interesante de principio a fin. Un espectáculo narrativo de fuerza devastadora que hace pensar y reflexionar en todo momento al espectador, más allá de lo que se ve en la película.

El excelente guión de Kelly Masterson presenta una serie de personajes de una misma familia divididos inconscientemente en dos bandos: por una parte, los que viven una vida apacible y sin sobresaltos, como son los ancianos patriarcas del clan Hanson, Charles (Albert Finney) y su esposa Nanette (Rosemary Harris), mientras que al otro lado se encuentran dos de los hijos, Andy (Philip Seymour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke), el primero un profesional cualificado y aparentemente honrado, pero desorientado por su adicción a las drogas, y el segundo un joven irresponsable y dejado, amargado por su divorcio y sus problemas económicos. Andy y Hank, no parecen haber seguido la educación moral que les dieron sus padres; su comportamiento como personas incluye la hipocresía (Andy), y la falta total de criterio (Hank), y no dudarán en solucionar conjuntamente sus respectivos problemas de una manera tan terrible como atracar la joyería regentada por sus propios padres. Sentimientos de culpa varios, pasos en falso y concatenaciones lógicas de situaciones pintan un fresco en donde se pone en evidencia las fatales consecuencias de la falta de moral y la ambición por ir por libre sin tener en cuenta a los demás.

Una puesta en escena impecable y un sorprendente juego de planos, en donde en diferentes momento una misma escena filmada desde diferentes ángulos, sirve para ofrecernos la misma historia desde el punto de vista de Charles, Andy y Hank. Y por si fuera poco, las interpretaciones son excelentes; Albert Finney esta soberbio, como siempre, Hoffman borda su papel con una intensidad dramática desgarradora, y Hawke logra hacer uno de los mejores papeles de su carrera. Una película desasosegante, algo incómoda y dura, pero con el poder de atracción que solo las obras maestras atesoran.

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