lunes, octubre 09, 2006

EL REY ARTURO: LA CONSTRUCCIÓN DE UN MITO (II)


En el siglo XII, las leyendas del Rey y Arturo de Inglaterra eran inmensamente populares en Gran Bretaña y Francia, y gracias a la difusión de los romances escritos en francés por Wace y en anglosajón por Layamon no tardarían en penetrar en el resto de Europa como modélicas historias de caballerías, siguiendo el modelo que, como vimos en el capítulo anterior, trazó Geoffrey de Monmouth. Ya entonces no se sabía a ciencia cierta si Arturo existió o no, pues mito y fantasía estaban totalmente fusionados, pero la leyenda de Arturo iba creciendo y ganando en fantasía y épica merced a las aportaciones que sucesivos autores iban haciendo sobre el tema arturiano.



La decisiva aportación francobretona a la leyenda artúrica: romance y fantasía


Aunque Monmouth fue el autor que estableció las bases del mito del Rey Arturo, fue el francés Chrétien de Troyes el autor que dio cuerpo y configuración literaria de calidad a dichos mitos, hacia 1165, 10 años después de que Wace escribiese la primera aproximación escrita en lengua francesa de la que se tiene constancia escrita. Troyes tomó todos los elementos de los Roman de Brut de Wace (que eran los manejados por Monmouth mas la Mesa Redonda) e introdujo nuevos elementos provenientes de las narraciones bretonas sobre la saga artúrica, ya que la leyenda de Arturo gozaba de una gran popularidad en la región francesa que a nivel de romances y temas recurridos por juglares y trovadores –la cultura del romance cortés era mayor en Francia que en las islas- superando incluso a Gran Bretaña.


En Bretaña, en la Alta Edad Media existían los llamados Lais bretones, cuentos escritos en la lengua madre de Bretaña, el bretón, de origen céltico, sobre temas heroicos, fantásticos o de fábula moral. Aunque no se ha conservado ningún Lai en bretón, si se conservan traducciones francesas efectuadas en el S.XII, como las de la poetisa anglonormanda María de Francia, que pese a residir en Inglaterra, como buena normanda escribía en francés. En los Lais bretones traducidos de esta autora y de otros poetas franceses que tradujeron estas narraciones de tipo popular no se narra ninguna leyenda arturiana pero si se hacen alusiones del tipo “En tiempos de Arturo”, lo que indica que en toda Francia las leyendas de Arturo eran sobradamente conocidas a mediados del XII, y no solo en Bretaña. Sin ir mas lejos, los primeros escritos de María de Francia datan de 1150 (cinco años antes de la versión de Wace) y ya se hace mención a Arturo y, según algunos autores, se deja de entrever la existencia de la Mesa Redonda, que oficialmente hizo su aparición en el Roman de Brut de Wace. Es evidente que tanto la Mesa Redonda, la orden de los caballeros de Arturo, la caracterización individual de muchos de sus caballeros y muchos de los que autores posteriores franceses como Troyes harán mención (Tristán, Lancelot), fueron creaciones de la tradición oral de los Lais bretones. Es fácil de deducir que estos Lais provenían de las leyendas británicas que emigrantes galeses y escoceses introdujeron en Bretaña, como vimos ene. capítulo anterior. En Bretaña estas historias, entre los siglos VIII-X tomaron una nueva dimensión al introducirse el concepto caballeresco y de amor cortés que una vez entrando en la Baja Edad Media se fue reforzando. Lo más curioso es que la nueva configuración bretona “rebotó” a las islas británicas y ya antes de La Historia Regnum Britaniae de Monmouth la idea que se tenía de la leyenda de Arturo era la francobretona. De esa idea, como ya vimos, tomó el eclesiástico inglés su Arturo, si bien es muy posible que el le “hiciese” Rey, ya que en las escasas narraciones británicas (galesas) sobre Arturo, en su mayoría influidas por la reinvención francesa no se menciona la condición de realeza del personaje. Lo que es mas dudoso es el origen bretón de la Mesa Redonda, muy posiblemente inventada por Wace.

Entre las aportaciones francobretonas más significativas, que fueron recogidas también por Chrétien de Troyes en sus escritos artúricos (comenzados a escribir hacia 1165), figuran dos de los caballeros más importantes de ciclos según la concepción popular, Lancelot y Tristán. Existen Lais conservadas de origen anterior al Siglo XII sobre estos personajes, aunque en el primer caso este caballero es llamado Lanval por María de Francia (el nombre de Lancelot fue otorgado por Troyes, galizando un nombre de origen celticobretón), quien protagoniza un Lai romántico-fantástico que tiene lugar en un bosque en donde Lanval se encuentra con un hada, recordando ciertos pasajes de narraciones artúricas posteriores. Lanval es protagonista de otro Lai en donde tiene un idilio con la esposa de Arturo, pero finalmente la rechaza por que tenía un asunto con una ninfa en la isla de Avalon. Nótese como los Lais habían introducido el elemento mágico en la saga arturiana, algo que no estaba presente en la saga galesa sobre el personaje. Lo fantástico es pues la otra gran aportación bretona a la saga, en conexión con el mundo fantástico celta. Lo celta y mitológico, pues obtuvo mayor aceptación en Bretaña que en Gran Bretaña, incluida la concepción mágica de la mujer con profusión de hadas y etéreas doncellas. Se transgreden las leyes de la naturaleza y entra en juego lo prodigioso y maravilloso. No obstante, es muy curioso que Monmouth, que construyó su Aruro de las fuentes galesas y bretonas existentes (ya practicamente fusionadas en el siglo XII), reduzca lo fantástico a la existencia de la isla mágica de Avalon, ya mencionada en algunos Lais.



Poco más se dice de Lanval-Lancelot en los Lais traducidos por María de Francia. Muy posiblemente este personaje nació de la imaginación bretona. De Tristán, en cambio, es el Lai de Chevrefol, la primera fuente escrita de la inmortal historia de Tristán e Isolda. Aunque, como en todos los cuentos bretones, la acción y los personajes de indudable origen británico son trasladaos al continente, la mención a reino de Cornualles nos señala un origen en las islas de la historia muy antiguo, que autores posteriores recogerán con mayor detalle. Tanto en las historias de Lanval como Tristán no se tiene lugar la aparición física de Arturo; en el primero este se menciona ya aparece su esposa (sin nombre) y en el segundo el mítico monarca ni se cita, aunque es posible que a juzgar por la inclusión que hizo Troyes de este personaje en el mundo artúrico, si que estuviese conectado en dicho mundo en la mente de literatos, juglares y el pueblo llano.

Por último, es evidente que las traducciones al francés de nombres de personajes y lugares han influido totalmente en al terminología anglosajona del universo artúrico. Ya Wace llamaba a Guanhumara Guinevere y a Caerleon Camelot, convirtiendo el lugar galés real en un lugar fantástico situado indeterminadamente en el sur de Inglaterra. No obstante, Chrétien de Troyes aún introduciría nuevas traducciones que hoy son comúnmente aceptadas en el mundo anglosajón.


La conexión mitológica en Gales

Aunque el S.XII, la saga artúrica era ya un romance caballeresco situado en la Edad Media y que guarda no pocas conexiones con las leyendas carolingias (obtenidas en Francia), es cierto que, como hemos dicho antes todo el espíritu de las aventuras, aunque de una forma muy poco desarrollada, estaba ya en las leyendas de origen galés, pertencientes al Cíclo de la Cymri, que circulaban por toda la isla de Gran Bretaña y que pasaron a Bretaña (en Irlanda no entraron). También es cierto que la propia saga en Gales, en los siglos VIII, IX se enriqueció de aportaciones bretonas muchas también de origen céltico, pero muchos investigadores confirman la existencia de un ciclo de leyendas sobre Arturo caudillo guerrero y no rey que son en muchos casos una derivación de deidades y héroes de la mitología galesa de la época celta anterior a Jesucristo. Así pues, es muy difícil a veces discernir el Arturo personaje real con el Arturo mítico reinventado en Gales y que dio origen a la leyenda literaria.

Según el indólogo Heinrich Zimmer en el S.XI en Gales ya se conocía la Mesa Redonda, venida de la tradición bretona, un siglo antes de que Wace la mencionase por primera vez. La deidad celta Artaius se confundiría además con el dux bellorum Arturo en una mezcla de mito y escaso conocimiento de la realidad que dio como origen las primitivas leyendas artúricas galesas, aceptadas como parte de la mitología de este país británico, aunque, en las pocas historias que se conservan escritas, hay escasos elementos fantásticos y estos no se repetirán en versiones futuras.

En concordancia con la historia de Arturo, se conserva una genealogía de su familia y cinco relatos en Gales. Arturo-Artaius procedía de una casa liderada por liderada por un tal Anlawdd cuya nieta era Igerna, que desposó con Uther Ben, futuro Uther Pendragon. Parece ser que hay documentación histórica de un guerrero britón llamado Uther, pero no tendría ninguna relación con el verdadero Arturo. Arturo, según la tradición galesa que tomaría Monmouth, fue el hijo de Igerna y Uther. Una hermana de Arturo, Gwyar, de la que solo se conoce el nombre ya que no hay narraciones obre ella, fue la madre de tres sobrinos y servidores guerreros de Arturo: Gwalchmai (Halcón de Mayo, en galés) futuro Gawain, Medrawt (futuro Mordred) y Gawlchaved (Halcón de Verano, Galahad). Estos personajes serían tomados por Monmouth como caballeros de Arturo y Layamon posteriormente anglizaría sus nombres, además de cambiase parentescos en versiones posteriores. Los personajes de la casa de Arturo galesa según expertos tienen equivalencias con deidades irlandesas (algo habitual en la mitología galesa) y en ocasiones se confunden y mezclan con otros personajes de las leyendas del país.

Las historias -traducidas al inglés en épocas posteriores- que quedan del Artaius-Arturo galés en la mayor parte de las veces no vuelven a aparecer en versiones posteriores. En estas historias se citan gran número de personajes sin equivalencia en tratamientos posteriores (Kilhwich, Olwen), pero otros muchos serían retomados de Monmouth o Troyes: a parte de los tres citados antes, Kai, Bedwyr (Bedivere) y Gwrhyr (Gareth), descritos como criados de Arturo algunos con poderes sobrenaturales. Hay mas guerreros al servicio de Arturo, entre ellos Owain, cuya historia es el origen de la conocida de Gawain y el Caballero Verde, fundiéndose entonces dos personajes galeses en uno para da origen al legendario caballero, aunque también hay ciertas conexiones de su historia con la de Lancelot según Maria de Francia (La Dama de la Fuente). A Owain en esta historia se le menciona como “El Caballero del León”. Otros personajes artúricos galeses que no tuvieron continuidad en las versiones posteriores son Kymon, Yspaddaden, Kilhwich, Olwen. Solo Gawain aparece en algún Lai de Bretaña, con el nombre de Gauvain, como en el de Tristán e Isolda.

El caso de Perceval, uno de los caballeros más importantes del Rey Arturo según la imaginación popular, merece ser considerado a parte. Su origen es también galés, pero muy posterior a las leyendas que emparentan a Artús con el dios Artaius, concretamente su historia surgió en el XII y es por ese motivo que su primera aparición posterior a la tradición exclusiva de Gales fuese a finales de ese siglo en la obra de Chrétien de Troyes. Existió en Gales el Cuento de Peredur, personaje este claro antecedente del joven Perceval: un campesino adolescente huérfano de padre que se unirá a Arturo y sus caballeros progresando desde su estado rústico y semisalvaje a la flor y nata de la caballería. Todo eso aparece ya en el Peredur, así como toda la historia que popularmente se atribuye al héroe, la del Santo Grial, aunque no parece ningún Grial o cosa parecida. Si aparece en cambio el castillo maravilloso, el Rey pescador y la prueba de las preguntas que el joven debía realizar. Y claro esta, Arturo (ya considerado en el XII como rey) y alguno de sus caballeros.

Y, finalmente, hay que mencionar que desde muy antiguo en Gran Bretaña existía la leyenda celta de Myrddin el loco (el futuro Merlín), deidad que en Gales fue objeto de culto lo mismo que en Inglaterra y a la que se atribuía en el ciclo artúrico primitivo el papel de el Dios sol, aunque escamente mencionado. Más rica es su aparición en poemas de códices galeses del siglo VI, que hablan de un humano profeta, no relacionado con Artús o personajes de su ciclo galés. De Merlín profundizaremos en capítulos posteriores


Chértien de Troyes: la leyenda del Graal

Troyes fue el poeta francés que popularizó en todo el mundo la leyenda del Rey Arturo. El autor, recogiendo principalmente la tradición bretona sobre el personaje y su mundo mas otras fuentes y además de algún añadido propio. Sus poemas sobre Arturo datan de entre 1165 y 1180 y en obras suyas como Erec se recoge algún pasaje arturiano. Troyes consolidó los nombres y caracteres de Lancelot y Perceval (Peredur), omite a Merlín (que en esa época estaba totalmente asociado a los mitos del Rey Arturo) pese a que el elemento fantástico es reforzado, crea fabulosas aventuras para los caballeros (Lancelot, Yvain (Gawain-Owain), Bedivere, Tristán) aunque no menciona el total de 12 que componían, refuerza el concepto de amor cortés especialmente en el tema del adulterio de Lancelot con Guinevere, narra la caída de Camelot, llama a la espada Caliburn Excalibur y sobre todo creará el mito artúrico por excelencia: El Graal (Grial).

El Comte del Graal, es el poema donde aparece este objeto, que las versiones posteriores cambiarían de significado hasta desnaturalizar totalmente la historia artúrica en un contexto cristiano que presidirá la saga. El autor francés toma casi al pie de la letra el cuento de Peredur introduciendo un “objeto maravilloso”, el “Graal “, que Chrétien no llega a describir lo que es ya que dejó el poema inacabado por su repentina muerte. Este “Graal” junto con varias armas y candelabros son presentados a Perceval quien no debe preguntar por ellos. El Graal no es descrito en ningún momento como el cáliz de Cristo en la Ultima Cena. Según estudiosos, la misteriosa palabra proviene del vocablo celta graaus, objeto maravilloso.

Los poemas de Troyes fueron traducidos rápidamente al inglés, popularizándose una nueva concepción de los caballeros de la Mesa Redonda. La descripción de la muerte del rey parece situarla, como ya se percibía en al tradición, en la localidad de Glastonbury, aunque a lo largo de la historia muchos lugares de Inglaterra, Escocia, Gales e incluso Bretaña se disputarán ser escenarios artúricos. De hecho, ya en el siglo XIII se aseguraba haber descubierto las (falsas) tumbas de Arturo y Ginebra en Glastonbury .

Autores franceses (Boron) e ingleses prosiguieron el tema artúrico en el siglo XIII, sin excesivas aportaciones y siguiendo los ídeales caballerescos y trovadorescos. No obstante la culminación de los mitos y leyendas del Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda estaba aún por llegar.

CONTINUARÁ

1 comentario:

  1. Anónimo11:29 a. m.

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