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Puede que esta nueva película de Almodóvar no aporte mucho, ni temática, ni estilística ni cinematográficamente a su dilatada filmografía, pero por lo menos hace constatar que el veterano cineasta manchego ha evolucionado y se ha adaptado bastante bien a los requerimientos del cine y la narrativa en la época actual, aunque esto no sea suficiente para filmar una gran película, como es en el caso que nos ocupa. Como ya hizo en Dolor y Gloria (2021) el director nos presenta un alter ego como protagonista o en este caso mejor dicho eje catalizador, aunque este personaje interpretado por un entonado Leonardo Sbaraglia esté a años luz en todos los sentidos del que encarnase Antonio Banderas incluida su conexión con el propio Pedro Almodóvar: aquí Raúl Durán además de ser un cineasta bastante más joven que el de Calzada de Calatrava es el narrador de una historia dentro de otra historia y ese es su rol principal, dejando el verdadero protagonismo a su creación en el guion que él escribe y que nosotros vemos hecho ya película, la también directora de cine Elsa (Barbara Lennie) cuya historia, paralela a la de Raúl,de alguna manera converge en la historia y circunstancias de Raúl y en la de las personas que le rodean. Esta estrategia narrativa, nada novedosa en realidad tanto en el cine como en otros medios pero grata y siempre interesante, discurre de manera correcta en este filme pero sin ninguna sorpresa ni situación de relieve; podía esperarse más pero es que desde hace tiempo Almodóvar ya no sorprende tanto. Ha conseguido un melodrama sutil y con buenos momentos pero incluso por debajo de sus últimos filmes, lo cual no quita que sea un filme interesante aunque no provoque entusiasmo.
El recurso semiautobiográfico, esta vez de carácter autorreflexivo sobre el paso del tiempo y la dificultad por mantener las relaciones humanas en su estado óptimo (amor, amistad) no se encuentra tan bien desarrollado como en Dolor y Gloria y da la sensación de que todo está demasiado apresurado mientras que la relación y la combinación entre entre las dos historias funciona de manera más bien previsible. Las secuencias de la historia de Elsa atesoran eso si los mejores momentos del filme con una Barbara Lennie que encarna a una mujer ansiosa por salir de la mediocridad profesional y convertirse en una gran cineasta mientras todas las personas de su alrededor inmediato- su pareja Bonifacio (Patrick Criado), sus amigas Patricia (Vicky Luengo) y Natalia (Milena Smit)- caen en crisis por una u otra razón al tiempo que la propia Elsa también entra en caída. Barbara Lennie está muy bien en este filme en donde como suele ser habitual en el cine de Almodóvar las interpretaciones son de kilates y suyo es el mejor trabajo en la cinta junto con el de Aitana Sanchez Gijón como Mónica, amiga y asistente personal de Raúl: no tiene muchos minutos en este filme pero están muy bien aprovechados como un personaje nexo de unión entre la ficción inventada por el personaje de Sbaraglia y la realidad. Pedro Almodóvar va a cumplir 76 años y poco más se le puede exigir ya. Está sabiendo madurar dignamente y esto muy pocos cineastas o creadores pueden decir, por lo que pese a no ser ninguna obra redonda esta película tiene su valor.

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