jueves, marzo 05, 2026

HASTA LA MONTAÑA (BERGERS)

 


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Esta agradable y visualmente atractiva producción canadiense tiene muy buenas intenciones y en bastantes momentos funciona correctamente, pero no consigue despegar ni llega a ser una película memorable durante todo su metraje. Su carácter de fábula contemporánea en donde jóvenes de ciudad con aparentemente la vida resuelta y profesiones más o menos exitosas van a vivir del pastoreo en plena montaña con la oportuna crítica social a los parámetros de la vida actual y la exposición de como las contradicciones de esta afectan a lo que debía ser una actividad y vida idílica es lo más atractivo de esta historia, en donde tampoco tampoco falta la nuestra de larealidad de una vida -la campestre- en realidad muy dura y llena de dificultades. Rodada en francés (es un filme de Quebec) en paisajes de los Alpes franceses, Bergers es una película que entretiene y se deja ver pero que con un guión muy mínimo no consigue emocionar, y eso que sus intérpretes se esfuerzan y su fotografía resulta sugerente y a veces grandiosa en sus paisajes montañosos naturales.

Un joven publicista de Montreal llamado Mathyas (Felix-Antoine Duval) deja atrás todo y viaja hasta la Provenza francesa para dedicarse al pastoreo de ovejas en plena montaña, sin tener ninguna experiencia en el asunto. Al principio todo es muy difícil -especialmente su inicial situación de soledad- pero pronto irá cogiendo experiencia aunque los problemas seguirán surgiendo por doquier. Su amiga Élise (Soléne Rigot), una funcionaria desencantada, terminará acompañándole en su aventura compartiendo dificultades, esperanzas y relación sentimental. El sabor de boca que deja esta película es grato, pero sin estridencias. El hecho de que se trata de la propia historia real de Mathyas Lefeubre, quien basándose en su propia novela autobiográfica ha coescrito el guión junto con la directora Sophie Deraspe, ha de tenerse muy en cuenta: que haya personas con una historia así es digno de elogio, y si lo cuentan, más todavía.

martes, marzo 03, 2026

LOS MISERABLES. EL ORIGEN (JEAN VALJEAN)

 


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La inmortal novela de Victor Hugo, Los Miserables (1862) esta metida hasta el tuétano en la cultura francesa, es habitual que de vez en cuando se revise allí en cualquier medio este clásico literario del romanticismo teñido de realismo (significativa mixtura para la época en la que las dos grandes tradiciones culturales decimonónicas se fusionaron) Las adaptaciones cinematográficas, televisivas y teatrales de la extensa novela han sido numerosas y no solo desde Francia- lo del musical ha terminado desvirtuando algo la significación de la historia- y en esta ocasión se ha querido hacer algo un tanto diferente, a priori poco fértil más que arriesgado, pero que ha terminado siendo una propuesta fundamentada y con sustancia: contar de manera expandida los primeros capítulos de Los Miserables centrándose en la caída y primer intento de ascensión de su protagonista, Jean Valjean, presentado aquí de una insólita manera como un antihéroe con pocos principios pero con sus primeros conatos de ascenso moral gracias a su relación con el bondadoso (y astuto) obispo Myriel: Es decir, un estudio psicológico del joven Valjean que resulta muy entonado y sugerente en un filme que apuesta por la parquedad de diálogos, la fuerza de las imágenes, un look de periodo intencionadamente tosco y naturalista y un cierto aire de clásico europeo de arte y ensayo de antaño con ecos de Pasolini o Buñuel.

El director Eric Besnard hace un trabajo muy digno que no traiciona el espíritu de la novela de Victor Hugo pese a el tono aparentemente poco amable de una historia donde Valjean es más amoral y canalla que nunca. En donde los trabajos forzados del campesino y los otros convictos son representados tal vez de la manera más cruda y salvaje que hemos visto en cualquier adaptación de los Miserables, y en donde los personajes secundarios como el obispo, su hermana y su ama de llaves aparecen expuestos de una manera muy poco agradable, siendo el personaje del clérigo la clave en esta historia como guía moral del protagonista proponiéndole retos intencionados para su evolución de exreo forzado a un ser mínimamente respetable. Puede que toda esa intencionalidad introspectiva y su ambientación minimalista -en donde los paisajes campestres y naturales cumplen un papel fundamental- no resulten del gusto de un público amplio y que su cierto embarullameinto narrativo alargándolo todo hasta la exasperación reste muchos enteros al filme, pero este ha sido un experimento que aunque con algunos fallos ha salido bien y es de agradecer. Las interpretaciones de Grégory Gadebois (Jean Valjean) y Bernard Campan (el obispo) son muy buenas y se adueñan del filme. Otra forma de releer un clásico inmortal aunque sin muchos alardes.