domingo, marzo 15, 2026

HOPPERS

 


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A estas alturas huelga decir que todos los años Pixar cumple con su cita de estrenos (a veces dos pelis en un año) y es quien estructura -ya bien sea desde el prisma de Hollywood o incluso internacionalmente- la oferta de cine de animación, cometido que en realidad quien lo cumple es su compañía madre, Disney, ya que esta sin la colaboración de la empresa fundada a finales de los 80 por John Lasseter sigue lanzando sus filmes, ya la mayoría también con animación por ordenador. Es por ello que en la ya extensísima filmografía de Pixar además de obras maestras y filmes que ya son clásicos de la animación se pueden encontrar filmes meramente pasables e incluso algunos mediocres, pero el gran mérito es que siempre el nivel es alto, aunque la calidad -y por que no decirlo, la repercusión comercial- haya bajado algo en los últimos años. Hoppers, su último trabajo, no es una película memorable pero es una buena película y demuestra el oficio y la profesionalidad de los responsables de la productora aunque su modus operandi sea básicamente aplicar casi la misma fórmula a sus historias, pero bueno, estamos hablando de cine dirigido al público infantil. En esta ocasión nos encontramos con una historia con mensaje medioambiental y de convivencia contada con animales entre su condición real y antropomorfizada bajo una premisa de ficción científica desatada. Una localidad norteamericana con un humedal- ecosistema en donde habitan diferentes especies animales (sobre todo castores) es el escenario principal, un plan para destruir dicho ecosistema por el candidato a alcalde sin escrúpulos de turno es el McGuffin, y una joven de 19 años que ha transferido su mente a un castor robot gracias a un sofisticado sistema tecnológico ideado por la universidad de la ficticia ciudad de Villacastor, es la protagonista. La historia, bonita, con cierto encanto pero sin mucha originalidad, se deja ver y hace de la película un producto bastante aceptable, que gustará a los más pequeños e interesará a los mayores.

La protagonista, Mabel, una universitaria de 19 años, cumple su función- crucial en un filme de este tipo- de ser un personaje con personalidad y carismático y por cierto algo alejado de los modelos más manidos de los protagonistas -masculinos o femeninos- del cine animado. Una activista ecologista, enfrentada con un alcaldable villano de opereta, cuyo amor por los animales de su entorno la lleva a literalmente infiltrarse en sus vidas gracias fingiendo ser una castora que debe de convencer a los castores del lugar para que vuelvan a habitar el lago del bosque local e impedir así que se construya una autovía en dicho entorno natural. La premisa ci-fi, inspirada en claramente en Avatar, lógicamente funciona de manera paródica en una historia comediática y llena de humor exagerado con sus consabidas dosis de ternura, acción y algún momento muy conseguido. Desde el punto de vista técnico, la cinta se queda en un estado más bien discreto pero con bastantes logros sobre todo en el diseño de los paisajes y la espectacularidad de algunas secuencias sobre todo a partir de la segunda mitad del filme. Muy conseguida la interacción y la comunicación entre los personajes humanos y los animales a base de un curios recurso en la imagen y la caracterización de estos y muy oportuno y conveniente el mensaje de entendimiento y de convivencia entre especies y entre diferentes. Pixar cumple de nuevo cen un director que se estrena en esta función en la compañía, Daniel Chong, y se seguirá esperando como casi siempre un nuevo conejo que salga de su chistera, aunque como se dice muchas veces, sea siempre el mismo conejo. Pero bienvenidos sean sus filmes.