jueves, marzo 27, 2008

JUAN PIQUER SIMÓN, FANTASÍA MÁS ALLÁ DEL CINE ESPAÑOL

Perteneciente al club de los malditos que en un momento dado quisieron salirse de la norma intrínseca obligatoria en la cultura española, Juan Piquer Simón (Valencia, 1935), no pasará a la historia como un gran director de cine, pero sin duda alguna su impronta siempre será advertida en el cine español. Director de cine fantástico y de terror, rodó en la España postfranquista de los 70 y 80 con el ajustado presupuesto disponible en la industria cinematográfica española de aquel entonces títulos fantásticos (algunos en coproducción con pequeñas compañías británicas o americanas) que pese a sus defectos muchas de ellas son consideradas películas de culto por parte de cinéfilos y amantes del género fantástico. Un incomprendido y maltratado artesano del séptimo arte que luchó contra viento y marea por hacer cine de género en un momento del cine ibérico en que ni había medios ni voluntad de llevar a cabo semejante cosa. Antes de De La Iglesia, Plaza, Balagueró o Fresnadillo, el estuvo allí, y su legado al mando del fantástico español nunca será reconocido lo suficiente.


Cuando en los 90 y los 2000 el género cinematográfico fantástico parece haber alcanzado un status casi de normalidad en cuanto a producción, distribución e incluso en la calidad del producto, merece la pena recordar que no siempre fue así. En décadas pasadas, era prácticamente una misión imposible hacer cine de este tipo en nuestro país debido a razones de presupuesto (se necesitaban efectos especiales con que el cine europeo no podía contar), comerciales (las películas españolas mas taquilleras eran siempre las comedias, que competían con producciones americanas comerciales como podrían ser filmes fantásticos) y culturales (en España este género era un tabú y había por delante otros intereses temáticos). En los primeros años del franquismo algún loco maravilloso como Edgar Neville se atrevió (La torre de los siete jorobados, ), sin que su esfuerzo cundiese; ya en el tradofranquismo, a finales de los 60, directores transgresores quisieron despojarse de los prejuicios temáticos del cine en el régimen y dirigieron su mirada -con distancias- al modus operandi anglosajón a la hora de manufacturar cine de género fantástico de bajo presupuesto, y así osados personajes como los primeros Vicente Aranda y Javier Aguirre, León Klimovsky, y sobre todo Jesús Franco, ofrecieron raciones de licántropos, posesiones, zombies y vampiros no pocas veces introduciendo de tapadillo señoras en cueros, por aquello del fin de la censura. No obstante, esa tendencia a fusionar lo fantaterrorífico con el erotismo aperturista y de ofrecer productos similares a los del terror anglosajón con la Hammer como principal referencia, no contribuía precisamente a la producción de filmes fantásticos para todos los públicos. A mediados los 70, con la explosión de la ciencia ficción y del terror para todos los públicos con filmes tan taquilleros como La Guerra de las Galaxias y Tiburón, muchos se preguntaban ¿por qué en España no se hacen películas así?, y la respuesta ya emergía espontáneamente: es que no valemos para esto. Mejor dicho, no teníamos los medios. Pero alguien a mediados de los 70 se atrevió, y con lo puesto y con muy poca ayuda, pudo hacer lo que quería.

Juan Piquer Simón fue ese hombre, un cineasta de debut tardío en el largometraje que apostó por el fantástico producido en España con una precariedad absoluta de medios pero con una voluntad de hierro que logró superar dificultades artísticas y presupuestarias para ofrecer películas de no demasiada valía cinematográfica pero, que duda cabe, verdaderamente innovadoras y transgresoras pare el cine hispano de los 70 y 80. En los 90, la evolución de la industria cinematográfica española y la crisis de la modesta productora que fundó en 1972 hicieron que su ritmo de trabajo decayese hasta retirarse prácticamente del mundo de la dirección. No obstante, su figura sigue provocando admiración entre los amantes del cine fantástico en España y continúa recibiendo homenajes y reconocimientos por lo ancho y largo de la geografía española, y es que no es para menos: Juan Piquer Simón representa el instinto de supervivencia del artesano en medio de la industrialización, el director español que pretendió imitar los parámetros del cine de género anglosajón utilizando sus modestos materiales, no consiguiendo ni con mucho los mismos resultados, pero ofreciendo ejemplares productos de voluntariosa artesanía, que incluso llegaron a traspasar las fronteras ibéricas, corroborando que el género fantástico es cinematográficamente un lenguaje internacional

Nacido en Valencia en 1935, tras estudiar Bellas Artes y Decoración, en 1957 se inscribe en el instituto de Investigaciones y experiencias Cinematográficas de Madrid. En 1958 se convierte en unos de los primeros cámaras de la recién nacida TVE y un año después crea la productora de anuncios publicitarios Cinedinter, cuya producción estaba totalmente circunscrita al mundo del cine, ya que al publicidad en televisión era prácticamente inexistente. Tras varios anuncios para el medio y una formación en cinematografía publicitaria en diversas ciudades europeas, Piquer quiso dirigir a principios de los 60 un primer largometraje, pero no conseguiría hasta años después el carné de director. En 1964 rueda su primer documental, España Violenta, sobre diversos acontecimientos trágicos par la población civil en la Guerra Civil española, pero la censura franquista prohibió su distribución. Ese mismo año rodará un segundo documental, Vida y Paz.


Hasta principios de los 70, no se tiene demasiada constancia de la actividad profesional de Piquer Simón (al margen de la publicidad), por lo que es de suponer que el realizador tuvo muchas dificultades para consolidar su carrera durante mucho tiempo. 1972 será un año clave ya que crea la Productora Almena Films y los Estudios Piquér, decidido a pasar a la producción de ficción cinematografica en un momento en el que el cine español vivía una situación de incertidumbre ante el esperado e inminente cambio de régimen y como eso afectaría al devenir de la industria cinematográfica. El deseo de Piquer Simón como director era insólito: quería dirigir películas fantásticas y de aventuras en España. En mente de todos estaban los cutres intentos de cine de género hispánico con el western rodado en Almería o Esplugues con capital español, italiano o alemán o los esforzados intentos de Jesús (Jess) Franco por manufacturar terror perfectamente exportable al mercado anglosajón pero que no pasaba de la serie B mas indigente. La industria cinematográfica española, en la transición a la democracia, tenía otras aspiraciones mas ambiciosas que hacer pelis de aventuras, como eran filmes de contenido político y social acordes con al nueva situación política o de adecentar su producción con las ambiciosas obras de los directores españoles mas dotados (Saura, Erice, las producciones de Querejeta, o nuevas caras como Garci o Colomo). Había nuevas ideas y un nuevo enfoque artístico y comercial que podía superar la época de la españolada, y naturalmente, un género como el fantástico, que nunca había pintado nada en el cine español y que no era nada relevante en el europeo en aquel momento en cuanto a calidad se refería, no tenía absolutamente nada que hacer.

Almena Films no nació solo como productora de películas, sino como una empresa de efectos especiales para el séptimo arte, siendo una de las pioneras en ese campo. No obstante, lo primero que hizo la compañía fue meterse en la arriesgada tarea de producir una película de aventuras y efectos especiales, algo como ya hemos visto muy poco habitual en la España de 1976. Piquer simón quiso hacer una película para todos los públicos, al estilo de los filmes con muñequillos de Ray Harryhaussen como Simbad y la princesa o Jasón y Los Argonautas, y para ello tomó como punto de partida, al igual que aquellas producciones, una historia de dominio público, como podía ser cualquier obra de Julio Verne. Que mejor novela del maestro francés de la literatura de evasión para llevara a cabo un muestrario de efectos especiales que Viaje al centro de la tierra.

La adaptación del inmortal clásico verniano (la primera de las tres que Simón realizó sobre el escritor galo) será la primera loca aventura de las muchas que a lo largo de más de 20 años emprenderá el director valenciano. Con un equipo técnico voluntarioso y dispuesto a hacer lo mejor que podía unos efectos especiales artesanales y rudimentarios, Viaje al centro de la tierra fue hasta la fecha la película española con más efectos especiales y la producción de aventuras mas costosa del cine español, aunque claro está, su vocación era ser no una superproducción a lo yanki, sino un filme familiar escapista y entretenido sin grandes ambiciones de taquilla. No era la primera vez que esa obra de Julio Verne se llevaba a la gran pantalla, ya antes había habido versiones como la de 1959 de Henry Levin, sin duda la mejor. Piquer Simón estaba convencido que este tipo de películas debían de tener distribución internacional, y se esforzó por que VCT y el resto de sus filmes la tuviesen gracias a al distribuidora que creó en 1977, Internacional Film Distribución, rodándose en inglés y con un reparto internacional. Estos último aspectos se solventarían ya bien mediante la contratación de figuras internacionales (aunque era difícil que intérpretes con status de estrellas accediesen a tomar parte en un filme de relativamente escaso presupuesto) o actores españoles con dominio o que se defendiesen en al lengua de Shakespeare. Para VCT, el papel protagonista del Profesor Otto Linderbrock fue para el versátil actor británico Kenneth More, un secundario de lujo de la escena inglesa y cuya participación en el film podía ser un atractivo para el público. El resto del reparto, por temas de presupuesto, hubo que buscarlo en casa, con la dificultad añadida de que debían de rodar en inglés. Dos jóvenes actores y un mercenario de los repartos de los spaghetti western completaban la terna protagonista: la sex symbol habitual del cine del destape Ivonne Sentís (Grauben), un jovencísimo y desconocido Pep Munné (Axel), y el pistolero de Almería City Frank Braña (Hans). Un habitual del cine de cutreterror rodado en inglés con Jesús Franco o Klimovsy, el norteamericano afincado en España Jack Taylor, también intervenía en la película.

Esta versión de VCT, estrenada en 1977, se tomaba bastantes libertades con el texto original, aunque en general trataba de conservar su espíritu. A parte de incluir un personaje femenino en el equipo de exploración que viajaba al interior de nuestro planeta, tal y como había hecho la versión de Levin de 1959, se añadieron varias aventuras y monstruos prehistóricos a los que presentaba el libro; de esa manera pudimos ver una jauría de monstruosas tortugas gigantes o incluso un gigantesco simio que recordaba al mítico King Kong. Las criaturas fueron rodadas con muñecos stop motion o con personas disfrazadas, como en el caso del gorila. Otra variación significativa con respecto a la fuente original fue la aparición de unos científicos clónicos procedentes del siglo XX interpretados por Jack Taylor en las runas de la Atlántida a las que llegan los protagonistas. Aunque el filme se lanzó con una relativamente fuerte campaña de marketing para ser una película española, aunque su éxito fue discreto entre el público y la crítica la dilapidó acusándola de pretender hacer cine americano con presupuestos típicos españoles. No se valoró en la justa medida el esfuerzo por crear escenarios espectaculares, como el de las setas gigantes y de muchos paisajes subterráneos, o los adelantos en los efectos especiales de animación de los monstruos. De todas formas, nada quita a Viaje al Centro de la Tierra de Juan Piquer Simón de ser la primera producción fantástica de serie B digna del cine español capaz de competir con cintas similares de otros países europeos (otra cosa era EEUU). Logró estrenarse en diferentes países a finales de los 70, entre ellos USA (con el título de Where time began) y en 1979 se repuso en las salas comerciales españolas con el fin de paliar la no muy suficiente distribución que la película tuvo en su estreno, logrando más éxito que dos años antes.


En 1979 Almena Films produce el primer filme no dirigido por Piquér Simón, Escalofrío, cinta de terror dirigida por Carlos Puerto con un pequeñísimo presupuesto. Esta película, sobre el tema de los ritos satánicos, tuvo secuencias dirigidas por sin acreditar por Piquer Simón. En 1979, el valenciano vuelve a la dirección con un proyecto aún más ambicioso que su anterior filme: ni más ni menos que una película de ciencia ficción y superhéroes con una total orientación al mercado internacional. Era la época del triunfo en taquilla de Superman de Richard Donner, y Piquer Simón quiso aprovechar el tirón del tema de los superhéroes y también el de la ciencia ficción, que ya tenía un seguimiento masivo merced al fenómeno Star Wars (1977). Supersonic Man fue el superhéroe creado para la ocasión por Piquér Simón, un alienígena enviado a al tierra y enfundado en un traje muy similar al de Superman, solo que con los colores de la malla y la capa invertidos (roja y azul, respectivamente), y con una máscara azul de luchador libre mexicano. La película se concibió como una coproducción con Italia y USA, pero al final todo el capital fue español, aunque logró rodarse parte en Nueva York, además de en Alicante y en Madrid.

Supersonic Man contaba la historia de Kronos, también conocido como Supersonic Man, un extraterrestre con superpoderes similares a los de Superman (vuelo incluido) que llega a al tierra para protegerla de un científico, el Dr. Guilk, que quiere dominar el mundo. En la película, un compendio d elementos de Star Wars y Superman, figuran naves surcando el espacio bastante bien rodadas para ser una producción española de finales de los 70. Tampoco salieron mal las escenas del vuelo del héroe, aunque el hecho de que se hiciesen sobre fotografías panorámicas de la ciudad de Nueva York resultase, visto hoy día un tanto cantoso. En ese sentido, como era de esperar, este filme estaba en las antípodas de Superman, aunque se utilizase el innovador sistema Front Projection, insólito en el cine español de entonces. Supersonic Man, fue la película con mas caros efectos especiales del cine español de al época y resultó una experiencia bastante difícil para Piquer Simón. Al final el resultado fue una película de ciencia ficción bastante cutre con unos efectos especiales que pese al esfuerzo no estaban a la altura de las mejores producciones que se habían hecho hasta la época en el género. Decididamente, la industria cinematográfica española aún no estaba capacitada para hacer películas de ese tipo. Tampoco ayudó demasiado un infantil argumento y algunos efectos especiales de poco fuste como el ridículo malvado robot. El reparto fue circunstancial ya que estaba condicionado por las restricciones presupuestarias y por el hecho de estar el filme rodado en inglés: esto será una constante el los restantes filmes de Piquer que se irá acrecentando con el tiempo. El papel del superhéroe lo interpretaron dos actores, el italiano Antonio Cantafora (acreditado como Michael Coby) como Paul, la personalidad secreta del héroe, y el norteamericano Richard Yesteran, que encarnó a Tarzán en olvidables subtítulos, como Supersonic Man. El resto del reparto era en su mayoría español y sin ningún actor de valía contrastada, a excepción de Jose María Caffarell, o el norteamericano Cameron Mitchell. Supersonic Man se estrenó sin demasiado éxito en España en verano de 1979, y en enero de 1980 llegó al circuito de los cines de Serie B norteamericanos. Afortunadamente, su horrorosa banda sonora Disco Music no tuvo mucha difusión.


Juan Piquer Simón, aunque no salió decepcionado de la costosa aventura superheróica, quiso volver a las aventuras exóticas de Viaje al centro de la tierra, más fáciles y gratificantes de rodar, y en 1980 prepara una nueva adaptación de Julio Verne, concretamente de Escuela de Robinsones, una novela no de las mas conocidas del escritor pero perfecta para el tipo de cine que le gustaba hacer, llena de criaturas prehistóricas y paisajes salvajes y sugerentes. Este filme consiguió dotarse de un presupuesto relativamente elevado (82 millones de pesetas) merced al régimen de coproducción con Reino unido y EEUU, países donde el director había conseguido un status de director de culto en la serie B. La versión se tituló Misterio en la Isla de los Monstruos, y el director se aseguró de que la película tuviese una distribución de película española con ambiciones y fuese, por fin, un éxito en taquilla. Lo primero, lo consiguió con creces, los segundo, ya no tanto. La película se rodó en Asturias, Canarias, Zaragoza, Madrid y Puerto Rico y contó con el reparto mas atractivo de la filmografía del director hasta la fecha, encabezado por estrellas británicas del calibre de Peter Cushing y Terence Stamp, aunque sus roles en realidad fuesen secundarios (si hubiesen actuado mas tiempo, el presupuesto se hubiera disparado). El resto del reparto era realmente curioso: una joven Ana Obregón, por entonces una de las actrices españolas más prometedoras del momento (y con bastante crédito en el panorama internacional), el actor británico de reparto especializado en comedia David Hatton, Frank Braña, Paul Naschy, Blanca Estrada, y en el papel protagonista el mayor error en la carrera de Piquer Simón: el inepto aspirante a actor angloespañol Ian Sera, que intervendrá otras cuatro películas del director y cuya carrera interpretativa se interrumpió a mediados de los 80. Este inexpresivo jovenzuelo galán fue uno de los muchos actores primerizos o semiamateurs que en los 80 Piquér introducirá en sus filmes, y cuya trayectoria artística no se extenderá más allá de estos, como el caso del guineano Gasphar Ipua.

Misterio en la isla de los Monstruos fue concebida como una producción de aventuras con un fuerte componente de comedia (servido principalmente por el histriónico David Hatton) dirigida al público infantil y adolescente. La historia contaba las tribulaciones del joven rico e irresponsable Jeff Morgan (Ian Sera), y su preceptor Mr. Artelett (David Hatton), que naufragan en una isla africana comprada por el tío de Jeff, William Kolderup (Peter Cushing). Allí salvan de una tribu caníbal a otro nativo, Carefinatu (Gasphar Ipua) y conocen a una atractiva naufraga francesa que reside allí desde hace tiempo, Dominique (Blanca Estrada), mientras se enfrentan a monstruos antediluvianos que residen en la isla. Piquer trabajo con el mago español de los efectos especiales Emilio Ruiz del Río, y dotó a la película de vistosos ingenios mecánicos (catapultas, trampas) utilizados por los protagonistas y creíbles criaturas, algunas de ellas muy logradas como los hombres-pez, aunque otras, como el tiranosaurio (encarando por una persona en su interior) no tanto. También es de recibo la pegadiza musiquilla de Alfonso Agullo, Alejandro Monroy y Carlos Villa, cuyo tema principal tuvo su versión con letra (aunque no aparece en el filme) orientada al público infantil e interpretada por el grupo Regaliz. MEIM fue hasta la fecha la mejor película de Piquer Simón, y aunque no fuese más que una cinta barata de aventuras con efectos pobres e interpretaciones desiguales, resulta una película simpática de ver incluso mas de 25 años después. Fue la primera película de Piquer Simón servidor vio en el cine, en 1981, con 6 años. Tuvo una importante difusión internacional gracias a que la 20th Century Fox adquirió los derechos para su distribución y logró la mejor taquilla del director hasta la fecha, pero no fue suficiente para rentabilizar la fuerte inversión económica y supuso un nuevo fiasco económico. La crítica se dividió, siendo mayoría los que opinaban que los intentos de Piquer Simón por emular el cine de aventuras anglosajón seguían siendo ridículos. Pese a todo, el director siempre se ha sentido satisfecho de esta película.


Piquer Simón, a trancas y barrancas, se estaba ganado crédito en el cine español y en varios países sus cintas eran conocidas, pero principalmente entre seguidores acérrimos del género fantástico. Pero la industria cinematográfica y la crítica española no acababan ver del todo ese “empecinamiento” en el cine de efectos especiales en un panorama tan limitado entonces como el cine español, aunque en aquellos primeros ochenta el género fantástico arrasaba en taquillas en cuanto a producciones hollywoodienses se refería. En 1982, el realizador decide seguir las adaptaciones de Julio Verne que relativamente tan buenos resultados le estaban dando y acomete una versión Un capitán de quince años que se titularía Los Diablos del mar. Sin monstruos ni efectos especiales complicados pero con al misma esencia verniana de aventuras marinas y en parajes exóticos, el filme fue bastante mas barato que su antecesor, pero el resultado, desgraciadamente, no cumplió las expectativas ni artística ni comercialmente.

Aunque contó básicamente con el mismo equipo técnico que en MEIM, se nota el menor presupuesto y sobre todo el contar con un reparto de poca enjundia, en gran parte semiprofesional y lleno de nombres fantasma que realmente resulta imposible de seguir la pista e identificar quien era quien en el filme en la mayoría de los casos. Repetían con el director Ian Sera, Frank Braña y Gasphar Ipua; como caras conocidas encontramos a la norteamericana afincada en España Patty Shepard, el icono del cine de género español de los 70 Aldo Sambrell y una joven Flavia Zarzo. El argumento se toma algunas libertades con la novela de Julio Verne, principalmente minimizando el protagonismo del joven grumete metido a capitán de navío Dick Sands en favor de una mayor importancia de todo el reparto. Así mismo, se cambió el grupo de esclavos africanos huidos que son recogidos y auxiliados en la goleta Pilgrim por una premisa también típicamente verniana: seis jóvenes náufragos de diferentes países europeos. Se conservaba la trama del barco en donde toda la tripulación había fallecido atacada por una ballena, obligando al adolescente grumete a llevar las riendas del navío, cuya nueva tripulación se compone ahora de los náufragos rescatados, la familia del armador que viajaba en el barco y el inquietante cocinero, único superviviente de la tripulación inicial. La aventura llega a su culminación cuando en tierra firme africana, los protagonistas tienen que huir de las maquinaciones de unos cazadores de esclavos y sortear los peligros de la jungla. Con bastantes aportaciones en cuanto a escenas de acción con respecto al texto orinal y un esfuerzo de diseño de producción para que las Azores pareciesen una isla africana, al película adolece de interpretaciones mediocres y muy poco fuste general para ser un filme de aventuras exóticas (no olvidemos que estamos en al época de En busca del Arca Perdida, cuya influencia se percibe también en este filme). Fue un fracaso de taquilla, aunque también hay que tener en cuenta que se distribuyó bastante mal. Internacionalmente apenas tuvo repercusión en su estreno


Con Los Diablos del Mar, Piquer cerró su trilogía de Julio Verne. Ese mismo 1982, trata de resarcirse del fracaso de su última película y rueda su primer trabajo de terror y también su primer film no apto para todos los públicos: Mil gritos tiene la noche. Hay que señalar que por entonces la credibilidad del director estaba bastante en entre dicho por parte de la crítica. El nuevo filme de Piquer se inscribía dentro de la línea del gore basto a lo Viernes 13, estilo que ya había aparecido en una cinta producida por el director,Mas allá del terror (1980) de Tomás Aznar. Mil gritos tiene la noche contaba la historia de una serie de macabros asesinatos cometidos en una comunidad norteamericana, cuyos autores pretenden confeccionar un puzzle humano con las víctimas. El prestigio del valenciano en el mundo de las pequeñas compañías cinematográficas americanas de cine de género era tal que logro que el filme fuese una coproducción con EEUU y Puerto Rico rodada en gran aprte Boston y con actores norteamericanos en sus papeles principales, aunque ninguno fuese una gran estrella del momento (Linda Day George, Christopher George y Paul L. Smith son los mas conocidos). Entre los Intérpretes españoles que intervinieron en la cinta en roles secundarios se encintraban los habituales Fran Braña y Ian Sera. MGTN apenas tuvo éxito en España, pero en otros países hizo buenas taquillas y en USA, con el título de Pieces, se estrenó en 97 salas, con 720.000 dólares de la época de recaudación.

Aunque como película de terror es irregular, MGTN no defrauda en absoluto a los amantes del terror de vísceras y esta tan bien dirigida o incluso mejor que muchas películas americanas del género. No se escatimó en imágenes espeluznantes ni en momentos de verdadero espanto. El éxito internacional del filme hacía presagiar que el futuro del director (de ya cerca de 50 años) estaba en USA y en su circuito de pequeñas productoras independientes de cine de terror, pero tal vez por pillarle ya maduro, Juan Piquer prefirió seguir en España, decisión desacertada. Con todo, MGTN, con el tiempo se ha convertido en un filme gore de culto internacional. Es para muchos el mejor trabajo de Juan Piquer Simón.


En 1983-1984, Piquer Simón dirigió dos títulos, dos de los más flojos de su carrera y que pasaron por los salas fugazmente: Los nuevos extraterrestres (1983) y Guerra Sucia (1984). La primera producida íntegramente en nuestro país y la segunda en coproducción con Francia, evidenciaban que el cine fantástico ya no era viable en España y menos para una productora tan pequeña como Almena Films. Los nuevos extraterrestres era una especie de mezcla entre E.T y Alien, con un niño que “adopta”, aun extraterrestre perdido con pinta de oso hormiguero, al que pone de nombre Trompy. Malamente ternurista y rodada a salto de mata con un presupuesto bajísimo, es la película menos querida por el propio Piquer Simón, quien quiso hacer un filme de terror pero la delegación francesa de la producción se lo impidió imponiendo el tratamiento a lo E.T. Según el propio director la película estuvo de lider de ventas de vídeo en varios países europeos, pese a todo. La mayoría de los actores del reparto anglosajonizaron sus nombres para la (deficiente) distribución internacional, entre ellos la excelente actriz Concha Cuetos, que firmó como Connie Cheston.

Posteriormente, comenzarán años difíciles para el director, en parte por la cancelación de varios proyectos, bastante ambiciosos a priori. Juan Piquer Simón iba a ser el primer director en llevar al cine a El Capitán Trueno, el más famoso héroe de cómic español. En 1985 Víctor Mora ya había escrito un guión adaptando su propio cómic y Piquer tenía apalabrada la colaboración con una pequeña productora norteamericana para llevar a cabo una coproducción hispanoestadounidense, que iba a ser rodada en Galicia y Marruecos. No obstante, al ver que el presupuesto iba a ser prohibitivo, el proyecto se suspendió. Michael Paré, el insulso protagonista de Calles de Fuego y El Experimento Philadelphia, iba a encarnar al capitán. Menos mal. También se frustraron por esas fechas otras adaptaciones de clásicos de al ficción ibérica como el Guerrero del antifaz o La Saga de los Aznar.


Los años 1985-1987 se encuentran en blanco en al carrera de Juan Piquer Simón, quien comienza a ser consciente de la escasa la viabilidad de realizar cine fantástico y de terror en España. Tal vez por ello, en 1988 se traslada a EEUU para su primera aventura americana seria, aunque eso si, con bastante participación española y un presupuesto modesto. Slugs, muerte viscosa era una cinta de terror sobre unas babosas asesinas que atacan a los habitantes de una población norteamericana. Estaba basada en una novela de Shawn Hudson y en su producción se encontraba Francesca De Laurentiis, hija de Dino De Laurentiis. En el reparto estaba encabezado por actores norteamericanos, aunque también había españoles como Concha Cuetos, Alicia Moro o Emilio Linder, antiguo modelo publicitario y actor habitual del cine de Piquer Simón. El filme ganó el Goya a los mejores efectos especiales, pero obtuvo una taquilla muy discreta.


En los 90, Piquer Simón, ya con más pena que gloria, siguió con el género fantaterrorífico, aunque ya sus películas no aguantasen más de dos semanas en cartel o directamente fuesen al videoclub. Internacionalmente su estrella se apaga, pero comienza a ser venerado por los amantes del cine fantástico y de terror y sus viejas películas se convierten estrella de videoclubes y de cine televisivo de tarde. En 1990 el valenciano se atreve con al obra del mismísimo H.P Lovecraft, con La Mansión de los Cthulhu , una coproducción con el reino unido cuyo reparto encabeza el gran actor británico Frank Finlay. Aunque no es una gran película, tuvo una cierta aceptación en el extranjero, mientras que en España, estrenada un año mas tarde que en el resto del mundo, pasó desapercibida en parte por una mínima distribución. Piquer Simón siempre se ha quejado y con razón de que los distribuidores en España han hecho lo que han querido con sus películas. En ese mismo 1990, rueda La Grieta película de fantasía submarina en la línea de la exitosa por aquellos días Abyss. La trama presentaba a una expedición de de marineros de la OTAN dispuesta a rescatar un submarino perdido en el mar de Noruega, pero al llegar a una cueva submarina se encontraran con seres monstruosos obra de la experimentación genética. Los efectos especiales y criaturas del británico residente en Andalucía Colin Arthur, creador de los seres de La Historia Interminable de Wolgfang Paterson, recibieron un Goya. El nortemericano Jack Scalia encabezaba el reparto, en donde se encontraban Ray Wise, Emilio Linder, Tony Isbert y el mismísimo Pocholo Martinez Bordiu. Como película fantástica, hay que decir que La Grieta no funciona en ningún momento

En 1994, tras participar en el guión del filme de ciencia ficción Nexus 2431, del veterano José María Forqué (coproducción europea que iba a ser dirigida por el propio Simón), dirige La Isla del Diablo, muy pobre film de aventuras que pone de relieve la pérdida de facultades cinematográficas del director. En 1996, rueda Manoa, la ciudad del oro, basada en una obra de Emilio Salgari. Piquer Seguía empeñado en rodar cine de aventuras artesanalmente y con actores de medio pelo, y el resultado es una producción francamente ridícula. Este es su último filme como director hasta la fecha.

En los últimos 10 años sus incursiones en el séptimo arte no han sido muy numerosas, estando circunscritas al ámbito del guión como El escarabajo de oro (1997), o en el diseño de producción de películas como Bracula Condemor (con el inefable Chiquito de la Calzada) o la serie de televisión Arroz y Tartana (2003) basada en la novela de Blasco Ibáñez. Tal vez Juan Piquer Simón haya sido un adelantado a su tiempo, si hubiese nacido 20 o 30 años después hubiese tenido sus comienzos en un panorama cinematográfico español más avanzado y su carrera hubiese transitado por otros derroteros mas exitosos. El culto que su obra recibe, imperfecta y artísticamente deficitaria pero en no pocas ocasiones apasionada y encantadora; quijotesca y osada en un entorno hostil; y sobre todo, tan increiblemente orientada como la propia temática fantástica de sus filmes; es totalmente merecido

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