lunes, abril 30, 2012

DEMOSTENES, EL PODER DE LA PALABRA



El griego Demóstenes (Atenas 384 AC – Calauria 322 AC) fue uno de los mayores animales políticos de la historia y prácticamente el padre de la oratoria moderna. Su vida, historia y trayectoria han traspasado las fronteras del tiempo y su figura quedará como la de un auténtico modelo clásico del político profesional, dotado en cantidades excelsas del manejo maestro un arma que a lo largo de los siglos será una de los principales fundamentos y herramientas de la actividad política: la oratoria. Su apasionante vida y obra estuvo marcada por no solo por su singular triple condición de político-redactor de discursos-jurista, sino por estar enmarcada en una época tan convulsa en la antigua Grecia como fue la violenta expansión macedónica y las guerras que acarreó, que llevó a cabo el que fue su gran antagonista, Filipo II de Macedonia. Siempre ha llamado la atención como un poderoso rey con ínfulas imperiales y habilidoso estratega militar de enorme ambición estuvo en jaque por obra y gracia de un “simple” estadista y hombre de leyes que poco entendía de campañas militares pero que tenía sobrada sapiencia en leyes, política y humanismo y que sobre todo poseía un arma poderosísima: el sentido común. Una muestra de cómo la razón puede luchar e imponerse contra la fuerza bruta, aunque al final nuestro personaje sucumbió ante las acciones del sucesor de Filipo en el trono macedónico, Alejandro Magno. Esta es la historia de uno de los políticos más influyentes de todos los tiempos, Demóstenes.             

Demóstenes nació en Atenas el 834 antes de Cristo. Siempre amó a su ciudad, amor que motivo toda su carrera profesional y le llevó al objetivo vital de defenderla en tiempos de zozobra política y militar y ante la amenaza de la expansión de Macedonia. Era hijo de un rico armero también llamado Demóstenes. Cuando Demóstenes tenía siete años ya era huérfano de padre y madre aunque había heredado la fortuna de estos. Tres tutores se encargaron de su educación posterior, Áfobo, Demofonte y Terípides, quienes intentaron robar al pequeño Demóstenes todo lo que podían de la herencia. En 366 AC, a los 18 años, Demóstenes demandó a sus tutores por apropiación ilegal de su patrimonio (le habían dejado la casa familiar y poco más), pero tras varios años y varios juicios solo pudo recuperar una pequeña parte de este. No obstante, en ese periodo de tiempo (hasta 362 AC) pudo escribir sus primeros discursos de defensa y esto hizo que empezase a interesarse por las leyes además de debutar como preparador de discursos (contra sus oponentes) y fomentar en los tribunales su carácter de orador de cara. Se dice que en su infancia Demóstenes padeció tartamudeo y problemas de pronunciación de algunos fonemas, pero lo pudo corregir. Ese dato históricamente no está comprobado. Lo que si es cierto es que pese a todo y gracias a sus tres tutores, Demóstenes recibió  una rica educación en diferentes materias. Parece ser que por aquella época, el adolescente Demóstenes admiraba al orador y militar ateniense Calístrato y también que contrató a Iseo, otro gran orador, como maestro de retórica. No se sabe si el maestro de Iseo, Isócrates, lo fue también de Demóstenes. Pese a todo, al principio Demóstenes no se sentía satisfecho de sus habilidades oratorias ni tampoco sus oyentes encontraban atractivo el estilo del joven orador, lleno de frases largas, pero un tal Eunomo, en la Academia de Atenas, le dijo que su estilo discursivo se parecía al de Pericles. Con todo, Demóstenes tal vez decidió contar con los servicios del magisterio de Isaeo y otros para mejorar su técnica oratoria.

El joven Demóstenes, como consecuencia del largo pleito contra sus tres tutores, encontró su vocación en las leyes y en la política ya que no fueron pocas las veces en las que el ateniense se pasó por la Academia de Atenas. Así mismo, empezó a interesarse por la vida política y por la defensa de los ciudadanos de Atenas. Con poco más de 20 años comenzó su trayectoria como logógrafo (redactor de discursos de defensa de los acusados en los juicios, que en Atenas eran leídos por estos pero escritos por juristas) y synergoros (abogado) Las defensas de Demóstenes, tanto las escritas como las declamadas, se empiezan a hacer famosas en Atenas por su claridad de ideas y su habilidad en al utilización de argumentos de una manera humanista y con un completo estudio de la psicología del defendido. Demóstenes sabía adaptarse magistralmente al status personal, jurídico y económico de su defendido, algo que también suscitó muchas admiraciones y poco a poco se ganó un nombre dentro del género casi literario de la oratoria judicial, que en Atenas era casi un arte debido a las peculiares características de los juicios atenienses.  El hecho de que como logógrafo Demóstenes trabajase de manera anónima le permitía defender los intereses de clientes con intereses contrapuestos e incluso rivales, lo que muchas veces le llevó a acusaciones de traición y chivatazos. Demóstenes posiblemente también diese esos primeros años como jurista clases de retórica a varios pupilos para ganarse la vida, pero eso no está demostrado.       

Ejerciendo aún sus profesiones relacionadas con las leyes, Demóstenes en 363 AC asumió el mando de un trirreme, como todos los ciudadanos atenienses de cierta condición social, y eso le obligaba a armar y mantener dicha embarcación y enrolar a la tripulación e instruirla. Su condición de armador le dio bastante publicidad en su polis y esto le ayudó a  entrar en la arena política. No se tiene excesiva certeza, pero al parecer Demóstenes se casó una al menos una vez, con una mujer cuyo nombre se desconoce y tuvo una hija que murió joven y sin casarse. Así mismo, muchos de sus rivales en años posteriores (como Esquines) le acusaron de pederastia y de amores ilícitos con adolescentes o supuestos discípulos como Aristarco, que fue acusado del asesinato de un rival de Demóstenes, con lo cual el orador se vio además implicado, pero todo este asunto aún permanece dudoso para la Historia.  En el periodo 355-351 AC comenzó a implicarse seriamente en la vida pública y en la política, aunque no abandonó su oficio de abogado (si bien dejó de redactar discursos de defensa). Comenzó a escribir textos contra personalidades que actuaban contra la ley, como los discursos Contra Andotrión y Contra Leptines en los cuales atacó a dos evasores de impuestos, o como Contra Timocrátes y Contra Aristócrates en los cuales denunció prácticas de corrupción. En aquella época la vida política de la polis ateniense estaba viciada por las a menudo burdas e infundadas acusaciones de corrupción que se lanzaban los rivales políticos, lo cual irritaba a Demóstenes y le llevó a la defensa de una práctica judicial en su ciudad más justa y menos burda, ya que el procedimiento judicial ateniense, donde un jurado emitía veredicto sin apenas conocer pruebas, se había convertido poco más que en un espectáculo popular en donde en la práctica toda la ciudadanía ostentaba el poder judicial mediante los jurados y sentenciaba según su apetencia y según las falsedades de los acusadores. Esto obviamente se mostraba como algo totalmente ineficaz sobre todo en los casos de corrupción real, lo que llevó a Demóstenes a la defensa del Aerópago como el más alto tribunal en los casos de responsabilidad civil criminal. Así mismo, se dio cuenta de que Atenas dependía mucho de las alianzas con otras ciudades-estado griegas y del poder de su armada, momento en el cual escribió y dio su primer discurso político, Sobre la armada  (354 AC) en el que defendió el refuerzo de la flota ateniense. Años más tarde, defendió la alianza de Atenas con Megalopolis contra Esparta y Tebas y el apoyo de Atenas a demócratas de Rodas,  en respuesta a la agresiva política ateniense sobre ciudades más o menos pacíficas como Megalópolis o Rodas. Para los Megalopolitas (352 AC) y  Sobre la Libertad de los Rodenses (351 AC) son los discursos que ilustran ese ideario y se oponen abiertamente a la política exterior propagada por el estadista Eubulo, con el cual nuestro jurista y política se encontraba inicialmente alineado. Demóstenes en consecuencia se distanció de la fracción de Eubulo y empezó a tener sus primeros apoyos políticos a sus ideas, si bien en aquellos años no habían conseguido calar en la sociedad ateniense.   

Filipo II
Clave en la trayectoria de Demóstenes, como hemos dicho, fue su encarnizada enemistad con Filipo II (382 AC-336 AC), rey de Macedonia. Filipo era un gran estadista y estratega cuyo sueño era reinar sobre todo el mundo helénico. Para ello hizo inicialmente que Macedonia se inmiscuyese en las rivalidades entre las diferentes ciudades-estado, como Atenas y Tebas, esperando que la rivalidad entre ellas creciese y así atacarlas más fácilmente. Demóstenes advirtió esto pronto y postuló que   si el mundo helenístico debía unirse  Atenas debía estar a la cabeza dada su superioridad política, intelectual y artística demostrada a lo largo del los siglos. Los atenienses no parecían darle excesiva importancia al intervencionismo macedonio hasta que ya fue demasiado tarde y pese a que Atenas se encontraba en guerra con macedonia desde 357 AC, cuando Filipo pretendió conquistar Anfípolis y Pidna. Cinco años mas tarde, Demóstenes declaró que Filipo era un auténtico peligro para Atenas y para todas las ciudades griegas. Filipo iba ganando batallas y conquistando territorios a lo largo y ancho de Grecia y esto según Demóstenes era algo alarmante para Atenas: la victoria de los macedonios frente a Focis en la batalla de los campos de azafrán en 352 AC encendió en Demóstenes todas las alarmas por el temor de que Atenas fuese conquistada por Filipo. Es entonces cuando Demóstenes escribe lal primera de sus famosas diatribas contra Filipo, las Filípicas. En la Primera Filípica (351-350 AC) exhortó a sus compatriotas atenienses a la resistencia ante Filipo y a la defensa de su propia libertad y autonomía (“Para un pueblo libre no puede haber mayor coacción que la vergüenza de su propia posición) El político y orador se convirtió durante varios años en el mayor azote verbal de Filipo en Atenas, pero pese a tener apoyos no todos en su ciudad compartían su opinión. En 349 AC Demóstenes compuso las Olintíacas, en las cuales criticó a los atenienses su falta de apoyo a Olinto, ciudad que estaba siendo sitiada por Filipo y posteriormente conquistada (348 AC) sin que Atenas prestase ayuda alguna. Filipo además instó a un levantamiento contra Atenas por parte de la isla de Eubea, cercana a Atenas. Cuando Atenas, muy debilitada y asustada ante las victorias militares macedonias, decidió firmar la paz con Filipo en Pela, la capital de Macedona, enviando a una embajada en la que se encontraba Demóstenes, el monarca macedonio había marchado para atacar a los aliados de Atenas. Demóstenes propuso a sus compañeros de embajada ir a buscar a Filipo done se encontrase, pero estos prefirieron quedarse a esperar en Pela. La firma de la paz fue finalmente y en consecuencia muy favorable para los intereses de Filipo, para indignación de Demóstenes y sus partidarios, ya que entre otras cosas había logrado conquistar Tracia. El orador acusó a sus colaboradores en la misión diplomática, Esquines y Filócrates de poco más que bajarse los pantalones con la firma del tratado que dio origen a la llamada Paz de Filócrates (347-345 AC). Filipo puso fin a ese periodo de paz con campañas y subsiguiente conquista de Focis, ciudad que nuevamente no encontró apoyo de Atenas. Los Macedonios aumentaron considerablemente su poder en consecuencia de esto y Demóstenes escribió su discurso Sobre la Paz (346 AC), en el cual aceptaba la nueva situación como postura pragmática para evitar la indeseada guerra.          

En 344 AC Demóstenes fracasó en una gira diplomática ateniense por el Peloponeso tratando de convencer a sus habitantes sobre la inconveniencia de aliarse con Macedonia. Demóstenes escribió su Segunda Filípica (344 AC) contra el rey macedonio y se despachó contra Esquines (partidario de las alianzas con Macedonia) y su acusación de alta traición en Sobre la Falsa Embajada (343 AC). En 342 AC, ante el imparable avance macedonio, Atenas quiso reanudar la paz pero una intrusión militar ateniense en aguas de Tracia dirigiéndose a Quersoneso, conquistada por Macedonia, enojó a Filipo pero Demóstenes en su Sobre Quersoneso  pidió prudencia a los atenienses. No obstante, en la Tercera Filípica (342 AC) y aún no habiendo ninguna agresión grave a Atenas cercana en el tiempo Demóstenes dejó claro que Atenas debía parar a Filipo (“es mejor morir mil veces que pagar tributo a Filipo”) en el que es considerado su mejor discurso. En toda Atenas empezó a crecer el sentimiento antifilípico y Demóstenes, gracias a esta filípica, pudo convertir a su ciudad en el principal enemigo del rey de Macedonia. Algo había cambiado en Atenas y Demóstenes tenía mucha culpa de ello.  

Comienza entonces un periodo de alianzas contra Macedonia. Demóstenes consigue que Bizancio y Abidos se vuelvan contra Filipo y el monarca consigue que la Asamblea de los Estados, controlada por Macedonia, denuncie la situación. Esto lleva a la declaración de guerra entre las facciones por ateniense y pro macedonia en el 340 AC, que estalló a todos los efectos en el 339 AC con la campaña de los miembros del Congreso Anfitriónico (entre los cuales no se encontraba Atenas) frente a Locris que aunque fracasó en un primer momento en 338 AC consiguió conquistar gran parte de lo que le quedaba de Grecia, derrotando a los locrianos y entrando en varias ciudades. Demóstenes, no obstante, no tardó en conseguir la alianza de Atenas con otras ciudades, incluida la poderosa Tebas. La alianza  Atenas-Tebas puso nervioso a Filipo en la medida en que empezaron a conseguir victorias en batallas menores. No obstante, la victoria de Filipo en la batalla de Queronea envalentonó de nuevo al monarca macedonio por la conquista de ambas ciudades, siendo su odio hacia Demóstenes-que combatió en aquella batalla- proverbial, aunque las hostilidades entre Macedonia y Atenas cesaron durante un tiempo ya que Filipo prefirió centrarse en su campaña contra los persas. Esquines y los partidarios atenienses de Macedonia aprovecharon esta derrota para atacar a Demóstenes pese a que su popularidad en su ciudad era ya muy grande. En 336 AC Filipo fue asesinado en la boda de su hija y el trono de Macedonia pasó a su hijo Alejandro, de 20 años de edad y para la historia será Alejandro Magno. Atenas y Tebas pensaron que el cambio de poder podría propiciar liberarse del yugo macedonio. El estadista se burló del fallecido rey ante una estatua suya lo que encendió la cólera de Alejandro, que ahora tenía hacia Demóstenes el mismo odio que profesaba su padre y dirigió sus miradas al sojuzgamiento de cualquier bastión de resistencia antimacedónica en Atenas o Tebas.. El nuevo rey de Macedonia además reforzó el ejército de su padre y volvió a intensificar las campañas militares: al poco de llegar al trono logró entrar en Tebas y avanzaba con paso decidido hacia Atenas con intención de sofocar a los anti macedónicos, que eran mayoría en ambas ciudades. En Atenas sus habitantes pidieron clemencia y Alejandro decidió no castigarles. En 335 AC con la ayuda de Darío III de Persia, Atenas y Tebas se vuelven a rebelar, y Alejandro responde atacando Tebas y pese a no hacer lo mismo en Atenas, obligó a los atenienses anti macedónicos a abandonar la ciudad, aunque al final el monarca reconsideró su decisión. 

Aquellos años, aunque la popularidad y la admiración que Demóstenes suscitaba en Atenas era grande, sus detractores pro macedónicos con Esquines a la cabeza no dejaron ni un momento de atacarle. Fue significativo el caso de la corona de oro con la que se pretendió honrar en 336 AC a Demóstenes por sus servicios a Atenas por iniciativa del orador Cesifonte. Esquines, celoso de Demóstenes, acusó a Cesifonte de irregularidades legales y  Demóstenes respondió con el discurso Sobre la Corona en el cual atacó a los defensores de Macedonia en Atenas y justificó todas sus acciones públicas hasta el momento, además proclamar su lealtad hacia Atenas y defender a Cesifonte. Este discurso es uno de los más imponentes y estudiados del autor. En 324 AC Demóstenes se vio involucrado en el caso  de Arpalos, que puso seriamente en entredicho la honorabilidad de su figura. Arpalos, ministro de finanzas de Alejandro, desertó de Macedonia y pidió asilo político en Atenas, que le fue concedido pese a las reticencias de Demóstenes. Arpalos llevó a Atenas una importante parte del tesoro macedonio y Demóstenes y otros decidieron encarcelar a Arpalos haciendo que el tesoro estuviese bajo control de la Acrópolis ateniense por medio de un comité presidido por el propio Demóstenes. Al contar al suma, solo había la mitad del dinero declarado por Arpalos, pero el comité decidió no hacerlo público. Arpalos consiguió huir y el Aerópago acuso a varias personalidades de haber robado el dinero faltante, entre ellos Demóstenes, a quien se acusaba de apropiarse de 20 talentos. Demóstenes fue encarcelado por esto (no se sabe si en realidad se apropió o no del dinero) pero no tardó en escapar. Se exilió y mas tarde regresó a Atenas en loor de multitudes, aunque sus enemigos pro macedónicos aún trataban de diezmar su credibilidad.

Alejandro Magno
Alejandro Magno fallece en 323 AC y Demóstenes vuelve a animar a los atenienses a rebelarse contra Macedonia. Atenas se confrontará militarmente contra las tropas de Antípatro, el sucesor de Alejandro, sufriendo una severa derrota. Antípatro entonces exigió la entrega de todos los atenienses que habían participado o instigado la sublevación, y la ecclesia ateniense condenó a muerte a los principales ideólogos anti macedonios entre los que lógicamente se encontraba Demóstenes. El estadista huyó en 322 AC a la isla de Calauria y allí se refugió en el templo de Poseidón. Un agente de Antípatro le descubrió y tras declarar que iba a escribir una carta de despedida a su familia y amigos, aspiro el veneno que había ocultado en su pluma y murió ante el altar (Arquias, el enviado de Antípatro, no se atrevió a violar el templo). Los restos del orador, político y estadista descansaron durante cuarenta años en Calauria y después fueron trasladados a Atenas, donde se le erigió una estatua  

Demóstenes, además de ser considerado a lo largo de la historia como un animal político (pese a las críticas por su supuesta falta de pragmatismo y sus predicciones un tanto erradas de los acontecimientos)  fue tanto para sus contemporáneos como para los estudiosos de su vida y obra un auténtico maestro de la oratoria: tanto hablando como escribiendo era preciso, sobrio y sin ambages, sabía seleccionar y omitir los hechos (sobre todo en los textos judiciales), estructuraba bien los argumentos otorgándoles un ritmo adecuado y sobre todo confiaba en el triunfo de su propio punto de vista frente al de su rival.  Su influencia en todos los oradores posteriores será sencillamente total. Pese a la sobriedad y falta de efectismos retóricos de su estilo, sus discursos siempre tuvieren enorme valor literario y artístico por su prosa imponente. Además, Demóstenes introdujo en al oratoria varias técnicas de lo que llamamos ahora comunicación no verbal, como el movimiento de las manos. Su obra, recogida en gran parte (se conservan 61 textos atribuidos a él), influyó en autores clásicos como Cicerón y fue estudiada con ahínco en la Edad Media y el Renacimiento, siendo admirada por autores de diferentes épocas como Nietzsche, cuya influencia en el estilo literario de su obra ensayística es notable.  

Fue Demóstenes el más brillante orador de la antigua Grecia y uno de los más grandes estadistas de la historia. Su visión de la justicia y la política, pese a las diferencias temporales, debería ser revisada por los políticos actuales para ver si aprenden de una vez algo, algo tan básico como el sentido humanístico y pragmático en la vida política y en la visión de estado. Una figura indispensable. 

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