lunes, marzo 27, 2023

LOS REYES DEL MUNDO

 


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La Concha de Oro del Zinemaldia de Donostia de 2022 se la llevó esta cinta colombiana, un esforzado trabajo cinematográfico y narrativo que desde la cónica social trata de presentar una cruel fábula sobre el destino de los más desfavorecidos y la imposibilidad de librarse del estigma de la marginalidad. No es la primera vez que un país como Colombia lega una película como esta, filmada con jóvenes actores no profesionales casi interpretándose a ellos mismos en el cruel entorno de la pobreza de los barrios colombianos donde la subsistencia es casi una aventura, pero tal vez este sea hasta el momento el mejor filme de este tipo que se haya hecho jamás hasta la fecha; no solo se queda en el realismo sino que avanza en un simbolismo formal  de tono poético mediante el cual traza un mensaje global aplicable a realidades similares en diferentes partes del globo (no solo en Latinoamérica) y convierte una historia aparentemente anecdótica en toda una epopeya y sobre todo un viaje de maduración (y desencanto). Un magistral trabajo el de la directora y coguionista Laura Mora que sin duda será recordado en años venideros como un clásico del cine hispanoamericano.

Los Reyes del Mundo se estructura como una road movie que ilustra un viaje a la ilusión, el de cinco adolescentes de la calle que abandonan Medellín en busca de un “tesoro” en forma de las tierras que ha heredado en una aldea de la Colombia profunda el líder del quinteto, Rá (Carlos Andrés Castañeda). A este le acompañan Sere (Davidson Flores), Nano (Brahian Acevedo), Winny (Cristian Campaña) y Culebro (Cristian David Duque), todos chavales huérfanos criados en un entorno callejero hostil y violento que ven en la huida al campo una adquisición de libertad que en la ciudad llena de peligros les era negada pero no tardarán en darse cuenta de que las cosas será, igual de difíciles o incluso peores en un retrato bastante pesimista de la Colombia actual, a lo que se une que su condición de marginales y perdedores siempre es para  ellos un prejuicio, una condición o c una necesidad de la que les es imposible librarse por diferentes razones. Un excepcional trabajo interpretativo el de estos muchachos cuya naturalidad y espontaneidad esta fuera de toda duda- el filme está hablado mayormente en el argot callejero medellinense, casi incomprensible y por ello el filme está subtitulado- regalando además momentos dramáticos de primer orden. Movidos siempre por ideales de camaradería y lealtad y relación casi familiar pero al mismo tiempo marcados por la violencia y la amenaza siempre persistente de la muerte, los chicos intentan encontrar el mejor lado posible en los lugares y con la gente que se topan y lo cierto es que en ocasiones acaban encontrándolo, pero la tragedia, el odio y la codicia que rodean otros muchos de los ambientes  a los que acceden termina dando al traste esa búsqueda de la felicidad y de la esperanza, esto último representado en el filme con un curioso símbolo.

Cruel, conmovedora, pero también alegre a su modo esta película muestra que la realidad también puede ser apasionante y épica pese a que muestre su lado más trágico. Un peliculón con mayúsculas que pone de manifiesto que las realidades sociales más desfavorecidas y en lugares históricamente menos afortunados pueden ser un hervidero de maravillosas historias.    

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