sábado, febrero 12, 2011

MATERIAL EGB AÑOS 70-80: THE GREATEST HITS


 
Los rotuladores Carioca, las pinturillas Pastidecor y Lapiz-Hito, la plastilina Jovi, los bolis Bic, los lápices Alpino, los estuches y plumiers de Pelikan. No había escolar en las décadas de los 70 y 80 que no los conociese y que no hubiese tenido la oportunidad de tenerlos en sus manos en las aulas o en casa haciendo los deberes. Estos productos de material escolar fueron el pan nuestro de cada día de unas cuantas generaciones de niños y niñas escolares hispánicos que crecieron durante las décadas de los 70 y 80 fruto del Baby Boom español desde finales de los 60 hasta bien entrados los 70. El carácter de cotidianidad de este material y el hecho de ser fabricado y distribuido masivamente por empresas que se especializaron en el lucrativo negocio de la “máquina y herramienta” escolar, terminó por convertir a estos productos en auténticos standards de la cultura infantil, universalmente conocidos por sus pequeños consumidores y también por padres, comerciantes y profesionales de la enseñanza. Unos auténticos tótems, vamos.

Fuimos muchos los que pintamos con Plastidecor o con ceras Manley, los que teníamos las entrañables carteras de correas o cremalleras, o los que pegábamos con cola blanca o pegamento Imedio. El paso del tiempo y el auge de la nostalgia ochentera han convertido a estos objetos en venerados iconos pop, relativamente fáciles de encontrar en muchas páginas de venta por internet como preciadas antigüedades. He aquí un muestrario de los materiales escolares más populares en España durante las décadas de los 70 y 80.


Las carteras, todo en maletas en miniatura   

Las carteras del cole en los años 70 y 80 eran sin duda (y lo siguen siendo) el elemento diferenciador y característico del niño o niña en edad escolar. En aquellas décadas el modelo más de mochila, aunque existía, no era el más popular (aunque tal vez sí en la enseñanza secundaría), lo que se estilaban eran las carteras, eso, carteras: maletas en miniatura con asa y dos cierres de hebilla o de correa. Muchas eran de cuero, otras de otro material sintético. Debido al motrollón de modelos que existían y que llegaron a comercializarse, es imposible hablar de una marca o modelo que -como en el caso del resto de productos que presentamos aquí- fuese con diferencia la más utilizada o la única. Eso sí, la marca más popular era sin duda las míticas carteras Perona, empresa pionera en la implantación de combinaciones en algunas carteras cual cajas fuertes y en el lanzamiento de carteras con alarma (como si dentro alguien llevase lingotes de oro…)     


Los motivos decorativos y conceptos de las carteras eran también muy variados: dibujos de animalitos en las edades más tempranas, tonos rosas y dibujitos ñoñis de niñas de la Casa de la Pradera para las pequeñas féminas (la omnipresente y célebre línea Mary May era especialmente vomitiva), coches y aviones para ellos, escenas deportivas, grecas y filigranas, y, como no, merchandising  de series de TV, películas, franquicias multimedia (como Hello Kitty, que hizo su aparición en Europa a principios de los 80 o la Disney), personajes de dibujos animados, de cómic (Snoopy fue todo un divo del material escolar) y eventos como Juegos Olímpicos o campeonatos deportivos internacionales como el mundial de futbol (Naranjito, esa leyenda).  ¿Y dentro que se llevaba? Pues a parte de los libros de texto, los cuadernillos de problemas de Rubio, cuadernos cuadriculados o milimetrados en espiral (a ser posible marca Centauro o si no la de aquel logo del vikingo bizarro de cuyo nombre ni me acuerdo) y el inevitable bocadillo o bollo para el recreo, uno se podía encontrar lo que a continuación se describe. 


Rotuladores Carioca, tú pinta hasta que revienten (o se gasten)

Los rotuladores de colores (“rotus” en el argot escolar o incluso “reguladores” o “retus”) eran un preciado objeto entre los colegiales de los 80 aunque no se utilizase mucho, ya que los profes preferían que la chiquillada pintase dibujos con pinturillas o lápices de colores. Por otra parte, su utilización no era cómoda para los menesteres artísticos ya que si se apretaban mucho solía romperse su punta de fieltro o ya en casos extremos perforaba hasta el folio. Pero tener toda una amplia  gama cromática de rotus era sin duda toda una señal de distinción en las aulas.

 
 
La marca más consumida en los 70 y 80 fue sin duda Carioca, de la empresa Universal. Se vendían en cajas de cartón o estuches de plástico transparente con diferente número de rotuladores (y por lo tanto de colores, de 6 hasta 36) y aunque existentes hoy en día, su sola mención evoca un símbolo de la era de la  EGB. La mascota de sus cajas, el sheriff Carioca Jo, es una imagen clavada en al retina de treintañeros y cuarentañeros.     


Lápices de colores Alpino, el glamour del estuche



Utilizar lápices de colores para las clases de plástica o de dibujo era un lujazo en cuanto a la calidad final del dibujo en cuestión si lo comparamos con los pedacitos de plástico que dejaban en el papel las Plastidecor o lo que manchaban las pinturas de cera. La mejor y mas popular marca de lápices de colorines era la mítica Alpino, cuya fábrica en la provincia de Barcelona cerró en 2006. Los “alpino” venían en cajas de cartón de diferentes tamaños y número de lápices, y no era raro encontrarlos todos alineados en una de las hojas de los hoy vintage estuches de cremallera. Había cajas de hasta 36 colores. La imagen de las cajas, el cervatillo corriendo por el supuesto paisaje de loso Alpes junto con el lápiz señal es todo un icono


Los dos Bolígrafos Bic, la extraña pareja

 
A partir de 3º curso (el primer curso del Ciclo Medio de la vieja EGB) era cuando la chavalería empezaba a utilizar el bolígrafo en detrimento del lápiz, hasta entonces cosa de mayores. Los más usados, sin duda los Bic, la empresa boligrafera española por excelencia. El azul, el rojo (para resaltar) o incluso el negro, pero casi siempre en su versión de cuerpo transparente, el Bic Cristal. Porque Bic tenía dos modelos de boli ordinario, sumamente popularizados por un célebre anuncio televisivo: el Bic Naranja, que escribía fino, y el Bic Cristal, que escribía normal. El Naranja era con diferencia bastante menos utilizado que el Cristal en el mundo escolar de antaño, tal vez por lo birria de su trazo.


Pinturas de colores Plastidecor, coloreando sin enguarrarse    

Bueno, bueno, cuantas memorias hacen retrotraer las “pinturillas” por excelencia. Fabricadas por Conté y siempre en sus cajas blancas de cartón con su arco iris dibujado y sus (parcialmente falsas) propiedades escritas en la parte de atrás de la caja (no ensucian, no se rompen, se pueden borrar) posiblemente no exista ningún ser huamno que hoy tenga entre 30 y 45 años que no las haya utilizado. Es cierto que las tan cacareadas y publicitadas excelencias de estas pinturas plásticas realmente cómodas y eficaces para dibujar eran algo engañufla: se rompían a la primera, se borraban haciendo un esfuerzo sobrehumano (y siempre quedaba algo de color en la hoja) y posiblemente no te ensuciabas, pero te ponían perdido el estuche, la cartera, o cualquier objeto textil donde se encontrasen durante un tiempo prolongado.
 

Pero es necesario hacer honor a las Plastidecor. Es cierto que tendían fácilmente al desgaste, pero aún así duraban bastante (y eso que al sacarlas punta también se desgastaban cosa mala) y todo el mundo recuerda aquel semi alucinógeno aroma que desprendían. La comercialización más común eran las cajas de 12 pinturas, pero también existían las de 18 y 24, esta última con una gama cromática con la que muchos tuvieron contacto por primera vez (la mítica pinturilla de color carne), aunque era relativamente difícil de conseguir.    


Los estuches y plumiers, cuanto más mejor


En la década de los 70 reinaron los (hoy casposos) estuches de cremallera, ya bien en su modesta y rudimentaria versión bolsa-barrita (con todos los bolis, lápices y gomas de borrar ahí desperdigados) o bien los cuadrados o rectangulares en donde el material iba cuidadosamente introducido y guardado mediante solapas y aros varios. Estos estuches tuvieron su tirón hasta más o menos la primera mitad de los 80, perfeccionando su apariencia y prestaciones como el hecho de llevar ya incorporado el material de escritura (muchas veces incluidas reglas, escuadras, plantillas absurdas e incluso compases, además de bolis, lápices, gomas y sacapuntas) o tener varios pisos, pero no pudieron evitar el auge de los pesados plumieres de plástico, que para muchos eran todo un lujo. Algunos plumieres a veces eran harto difíciles de abrir y si se caían al suelo, siempre algo de su estructura se rompía. Los más solicitados eran los de la marca Pelikan, aunque también fabricaba Perona. Tanto en los estuches como en los plumiers, lo que más valoraba la chavalería era el número y la variedad de cosas que venían allí    


Pinturas de cera Manley, los crímenes de la caja de ceras


En las clases de dibujo eran las pinturas favoritas. Cierto que ensuciaban horrores, que eran engorrosas y que la sola rotura de una de ellas podía ocasionar serios desmanes higiénicos en ropa, manos, suelos, etc, pero su éxito fue enorme. Eran las míticas pinturas de cera Manley, as cuales aún resisten firmes al paso del tiempo. Eran “las ceras” por excelencia (yo no conocí ninguna otra marca de pinturas de cera o al menos no me acuerdo de ellas) y con ellas uno se sentía como todo un artista bohemio. Los famosos dibujos de siluetas de colores sobre fondo negro (efecto “cuasi mágico” que te enseñaban mediante el engorroso procedimiento de las franjas de colores cubiertas de negro) eran el principal hito artístico que se lograba con estas pinturas envueltas en papelillo dorado y dispuestas en las características cajas moradas, amarillas y blancas.   


El pegamento Imedio y otras cosas de pegar

El pegamento escolar por excelencia en la época de la EGB fue el pegamento Imedio en su versión “banda azul” metido el tubito en su caja azul y blanca. Este pegamento transparente se caracterizaba por la facilidad con al que llenaba las manos de los escolares de molesto pegote solidificado. Su olor era de los que no se olvidan, como también la leyenda (que al final resultó ser cierta) de que uno se podía colocar con ellos y terminar como el yonki colgao del barrio.


Pero el popular Imedio no estuvo solo; también se empleaba en menor medida el Supergen, un pegamento pegatodo que resultaba excesivamente caro para el uso escolar y sobre todo la cola blanca o “cola de carpintero”, que no ensuciaba tanto y que era más fácil de utilizar, aunque lo que era pegar, papeles y poco más. 


Pinturas de colores Lapiz Hito, los petit suisse de las pinturillas

 
Las punturillas de plástico Lapiz- Hito, fabricadas por Jovi (los de las plastilinas) fueron populares, sí, pero ¿Qué sentido tenían? Más pequeñas que las Plastidecor, rompibles solo con la mirada, más limitadas a la hora de pintar en definitiva que otras pinturas…Si realizando analogías con otros objetos de consumo infantil de la época,  las Plastidecor fueron los como yogures de sabores en pinturas, las Lapiz-Hito serían algo así como los petit suisse. Siguen existiendo, no te lopierdas, aunque el supuesto oso de sus cajas haya cambaido de diseño

 
Plastilina Jovi, ¿forja de aristas contemporáneos?


 Jovi, empresa especializada en productos de “educación artística” tuvo como producto estrella sus célebres pastillas de plastilina, todo un must en la educación preescolar y el ciclo inicial de la EGB en los 70 y 80. Esta casa - aún existente-  tenía prácticamente el monopolio en cuanto a la producción de plastilina durante esos años, ya que por ejemplo los yankis de Play Doh fabricaban una plastilina de textura diferente  ala Jovi solo para el mercado lúdico y jueguetero, nada de escolar. Ya que esto no era algo que las familias de los alumnos compraban, los colegios eran los que se hacían de generosos contingentes de plastilina Jovi. Fue la primera aproximación de muchos y muchas a la escultura o la creación en tres dimensiones, aunque luego la mayor aprte no volviese tan siquiera a oler tales menesteres.



Y nos hemos dejado en el tintero: Las gomas Milan, los cuadernos de caligrafía y de matemáticas Rubio, los lápices Staedler, los cuadernos Centauro…Esto es lo que pase con las recopilaciones, que al final no hay espacio o tiempo para todo.    

jueves, febrero 10, 2011

El aparatito de Lumiere - 127 HORAS (127 HOURS)




***
 
Como suele suceder, cuando un director obtiene un éxito de público importante con una película ya demás consigue el oscar a la mejor película, el estreno de su siguiente filme siempre esta lleno de expectación, y si además se trata de un director generalmente alabado por la crítica y con la etiqueta de “de culto”, pues la expectación es aún mayor. Esto es lo que ocurre con la nueva película de Danny Boyle tras el éxito obtenido por Slumdog Millionaire (2008). Una vez más, el director británico -que en los 90 fue junto con Tarantino el hombre de moda en los círculos cinéfilos- se encuentra con una buena colección de nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood, aunque este 127 Horas no sea una película tan brillante como aquella epopeya social-cuento de hadas indio. Esta vez Boyle ha decidido contar una increíble historia real, la de un joven norteamericano aficionado a la espeleología y la montaña llamado Aron Ralston, que en 2003 se quedó atrapado en un cañón del desierto de      Utah, aprisionado por una roca que cayó justo encima de su brazo. Fueron 127 las horas que pasó en el interior de la sima con su brazo atrapado y con escasez de víveres hasta que tomo una decisión realmente cruda para poder salir de allí, algo que parecía totalmente imposible. Todo el calvario de Aron -psicológico y físico-  trata de reflejarse en los 93 minutos de esta película, que abarcan toda la estancia del joven en el cañón, más él como llegó y el cómo salió de la situación. Danny Boyle consigue que no se trate de una película de supervivencia más, ya que logra dar a la historia un extraño toque de crónica extravagante y con un punto kafkiano, la mejor manera para narrar un drama de estas características en una situación en al cual el protagonista flirtea con la muerte por una maldita casualidad que le arroja a una situación patéticamente angustiosa. En ese sentido, Danny Boyle ha conseguido una película original y poco previsible y esos son sus puntos fuertes. Por lo demás, lo complicado del material de partida termina por dejar a medio gas la película.

Aunque siempre esta la duda de si todo lo que nos cuentan es real o exagerado (el guión, escrito por el propio Boyle y Simon Beaufoy se basa en un libro escrito por el propio Ralston sobre su experiencia), no hay que desdeñar un guión muy bien presentado y que se refuerza en muchos y variados recursos dramáticos y cinematográficos (flashbacks, representaciones oníricas, soliloquios, imposibles planos detalle, montaje “de autor”, imagen múltiple, detalles simbolico-poéticos) así como cierto sentido del humor servido por el carácter del propio personaje de Aron Ralston. Boyle imprime su sello con un montaje taquicardiaco insólitamente insertado en una película de escasísimos escenarios y con efectos especiales rebuscados unidos a una apabullante fotografía con impresionantes paisajes desérticos de Utah y travellings espectaculares, especialmente al comienzo de la película. James Franco, que interpreta a Ralston, el único personaje con importancia, esta genial en su omnipresencia - no podía ser de otro modo- en la cinta: a Colin Firth y Javier Bardem les ha salido un serio competidor en el Oscar al mejor actor.  Es necesario mencionar que la escena en la cual Aron lleva a cabo su decisión salomónica para salir de su aprisionamiento no es apta para sensibles ni para personas con el estómago delicado. Aunque lo extraño del planteamiento de la peli puede que no sea del gusto de todo el mundo y que la historia en sí no llegue a ser todo lo épica que podía haber sido por su tendencia (innecesaria) a meterse en detalles anecdóticos, merece la pena ser vista. 

sábado, febrero 05, 2011

Mis 50 discos que te cagas (18): LED ZEPPELIN – LED ZEPPELIN IV (1971)


 
 Cuando Led Zeppelin editó su cuarto LP en noviembre de 1971, eran ya la banda de rock más grande del planeta, superando a los mismísimos Rolling Stones, aunque poco más tarde grupos del cada vez más de moda rock progresivo como Pink Floyd o Genesis pondrían fin a su reinado. Pero lo cierto es que el supercuarteto de Hard Rock liderado por Jimmy Page dominó el panorama del rock brutal y desaforado ente 1969 y 1972 con su oportuna mezcla de blues, rock progresivo, folk y alguna pequeña pizca de psicodelia que hacía enloquecer a la audiencia en sus conciertos. Tras tres discos pura delicatessen en donde sentaron las bases del moderno rock duro y abrieron paso al Heavy Metal, el cuarto trabajo de Led Zeppelin no pudo ser comercialmente otra cosa más que un éxito. Pero artísticamente fue también uno de los más brillantes hallazgos de la historia del Rock, un disco atemporal e imperecedero que incluso hoy en día sigue influyendo a jóvenes bandas de hard, Heavy, rock and roll, Rock Urbano, e incluso  punk. Ocho cortes para la historia y cuatro músicos y compositores en estado de gracia.

En realidad este disco, pese a ser conocido comúnmente como Led Zeppelin IV, no tiene nombre, aunque el número puesto en el título de manera oficiosa trata de seguir la lógica de los tres álbumes anteriores, llamados Led Zeppelin, Led Zeppelin II y Led Zeppelin III. Ni tan siquiera el nombre del grupo viene en la portada y la contraportada, por no aparecer no aparece ni tan siquiera el número de serie del LP. Esto trajo muchas discusiones con la compañía Atlantic Records, pero al final esta accedió a la descabellada idea, concebida como una reacción ante las malas (e injustas) críticas obtenidas por el grupo con su disco anterior. Cuatro símbolos en la carpeta interior trataron de hacer las veces de rúnico título del álbum, razón por la que hoy en día al disco también de le conoce como Four Symbols, además del Cuarto Álbum. Grabado en su mayor parte  en una vieja mansión  victoriana, el cuarto álbum de los Led Zep es un compendio de todas las virtudes y grandezas que mostraron en sus más de 10 años de vida como banda, y por ello es el mejor disco para iniciarse en la obra del mejor grupo de hard rock de la historia. El LP se abre con un auténtica inyección de adrenalina en forma de sucio blues rock, Black Dog, con Robert Plant falseteando, mascullando y vocalizando como solo él sabía mientras los dibujos de la guitarra de Page aparecen, desaparecen y progresan cual truenos y relámpagos. Pero si de guitarreo hablamos, es imposible no referirse al ya inmortal Rock And Roll, uno de los clásicos de la banda, pastiche actualizado de rock de los cincuenta puesto a mil revoluciones por minuto con un exuberante Plant y un infernal tempo bailable; un tema más o menos festivo de similares pretensiones que el boogy hard de Misty Mountain Hop

Este es tal vez el disco de Led Zeppelin con mayor equilibrio entre lo eléctrico y lo acústico (una de las sempiternas señas de identidad del grupo), con paisajes bucólicos y folkies como Going to California  y auténticos marasmos de guitarra acústica y mandolina como la exuberante, céltica y vocal The Battle of Evermore (con Sandy Denny de Fairport Convention poniendo voces), frente al poderío de Rock And Roll, Black Dog  o Four Sticks. Claro que también hay temas que se mueven insólitamente entre ambos extremos, como When the Levee Breaks, un blues clásico de Memphis Minnie y Joel McCoy convertido en un inquietante hard rock progresivo con efluvios country, y, como no, Stairway to Heaven, la canción de Led Zeppelin por excelencia: una sinfonía rock de ocho minutos justos mil veces versioneada con la inolvidable introducción del flautín de John Paul Jones, la preciosa guitarra acústica de Jimmy Page marcando el tempo de la parte más folk del tema (y la mejor), y el éxtasis heavy final. La verdad es que sobran presentaciones para esta canción.

Este cuarto álbum de Led Zeppelin demostró que Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham eran cuatro músicos de bandera  y toda una garantía tanto en el estudio como en el escenario. Con la banda en la cúspide, a partir de entonces el grupo apenas evolucionaría y año tras año se verá abocado a una cierta inercia pese a hacer LPs tan magistrales como Houses of the Holy (1973) o Physical Graffiti (1975), pero ya a partir de la segunda mitad de los 70 el pistón empieza a bajarse considerablemente hasta su disolución final en 1980 tras la muerte de John Bonham. No obstante, Led Zeppelin IV, justifica por si solo el legado y la leyenda de Led Zeppelin.        

 
FICHA TÉCNICA

Géneros: Hard Rock, Folk Rock, Blues Rock
Publicación: noviembre 1971
Sello original: Atlantic
Producción: Jimmy Page
Duración: 42:25
Músicos:
Jimmy Page: guitarra eléctrica, guitarra acústica, mandolina
Robert Plant: voz, harmónica
John Paul Jones: bajo, sintetizador, teclados, mandolina, flautas
John Bonham: batería, percusión
Sandy Denny: voz en The Battle of Evermore
Ian Stewart: piano en Rock and Roll
 
Track listing

1- Black Dog
2- Rock and Roll
3- The Battle of Evermore
4- Stairway to Heaven
5- Misty Mountain Hop
6- Four Sticks
7- Going to California
8- When the Levee Breaks

miércoles, febrero 02, 2011

El aparatito de Lumiere - MONSTERS


 

**

Una escasamente convincente producción independiente británica de ciencia-ficción que intentando fusionar el cine de género con el drama, la crónica realista y social y el romance, hace aguas por muchos sitios. Aunque se trata de una película que trata de huir de los tópicos del cine de invasiones extraterrestres (esa es precisamente la premisa del filme) utilizando un lenguaje y una factura realistas en donde hay sitio a la crítica de la desidia y la falta de humanismo en la sociedad actual, el resultado es el de un filme bastante irregular que desaprovecha un arranque prometedor y un escenario muy sugerente (la selva mexicana) en una road movie (a pié, eso si) en donde asistimos a la huída de los dos personajes principales en busca de su supervivencia, escapando de  un entorno “infectado” dominado por los extraterrestres invasores (una especie de pulpos gigantes muy bien conseguidos) hacia el lugar que les garantizará la libertad, que no es otro que la frontera con EEUU. El ácido paralelismo de este aspecto con el papel de USA como garante de la seguridad mundial, es  tal vez lo más destacable en esta película.

Los desconocidos Scoot McNairy y Withney Able son los protagonistas absolutos de esta cinta donde interpretan a un hombre y una mujer de intereses muy opuestos ante la situación límite en la que viven pero también marcados por temas personales. La relación entre estos dos personajes esta chapuceramente tratada y no llega a ser creíble en ningún momento lastrando todo el devenir de una película que podía ser algo más. Buena fotografía, efectos especiales aceptables (escalofriantes apariciones de los alienígenas), pero un mejunje de géneros y de códigos cinematográficos que resulta desorientador y cansino.   

domingo, enero 30, 2011

LOS PRIMEROS ENSAYOS DE WALT DISNEY (ANTES DE MICKEY)


 
En 1929 fue cuando Walt Disney creó a Mickey Mouse y consiguió en consecuencia relanzar su compañía de producción de dibujos animados, Walt Disney Productions, por entonces al borde de la quiebra. Pero, ¿Qué hizo antes?, ¿Cómo fueron sus comienzos en el mundo de la animación?, ¿Como fundo su propia productora en 1923?  Uno de los pioneros del cine de dibujos animados en el primer tercio del siglo XX, estaba claro que Walt  Disney estaba destinado a ser durante dicho siglo el gran mago de la animación y el gran creador de sueños del mundo infantil. Pero sus primeros pasos no fueron nada fáciles


Crear y poner en marcha una empresa es un trabajo duro y no siempre exitoso. Eso lo saben hasta los más afortunados empresarios, industriales y hombres de negocios. Muchas veces se parte de la escasez y se finaliza en la opulencia, y de eso saben mucho los denominados “hombres hechos a si mismos”. Walter Elias Disney (Chicago, 1901 – Burbank, 1966), conocido para la historia como Walt Disney, fue sin duda uno de esos self made men, un visionario que percibió en el por entonces incipiente mundo del dibujo animado en los años 10 del siglo XX un potencial realmente inconmensurable. Su amor por su trabajo y por contar historias al público menudo (un nicho que comenzaba a ser importante en el no menos balbuceante mundo del séptimo arte), le llevó a crear una compañía productora cinematográfica especializada en los cartoons que ya en los años 30 se convirtió en la punta de lanza del género en lo que a producción, público, éxito, taquilla, calidad y crítica se refiere…y casi un siglo después, Walt Disney Company sigue siguiendo uno de los principales emporios universales del entretenimiento. Como les gusta decir a los biógrafos de Walt Disney, todo empezó en 1929 con un ratoncillo; pero bastantes años antes, Disney ya se había metido de lleno en el mundo de los dibujos animados y del cine, fundando junto con su hermano Roy su propia productora en 1923, no sin antes haber dado sus primeros pasos como animador y dibujante en otras.          

Walt Disney y Ubbe Iwerks
 

El dibujante de anuncios

Walt Disney, nacido en 5 de diciembre de 1901, provenía de una familia con ancestros irlandeses y alemanes. Solo pasó los cuatro primeros años de su vida en Chicago, ya que en 1905 su familia se mudó a Marceline, Missouri, donde su padre, Elias, se hizo cargo de una granja. Se cuenta que allí el pequeño Walt comenzó a aficionarse por el dibujo y por los animales. En 1911, los Disney (sin los dos hijos mayores, que se marcharon de casa en los años de Missouri), se trasladan a Kansas City. En dicha ciudad, Walt conoció a un compañero de clase en la Escuela Primaria de Benton, Walter Pfeiffer, cuya familia se dedicaba al teatro aficionado y al vodevil, además de ser amantes del por entonces llamado “cinematógrafo” inculcando al joven Disney la atracción por el mundo del espectáculo. Por entonces los Disney, que habían pasado ciertas penurias económicas en Chicago y en el entorno rural de Missouri, comenzaban a prosperar gracias al negocio paterno de distribución y venta de periódicos, al que el pequeño Walt se incorporó en su infancia como paper boy o repartidor de diarios. A los 14 años, en 1915, Disney se matriculó en el Kansas City Art Institute para desarrollar su afición por el dibujo.


 Walt Disney siguió el ejemplo de sus hermanos mayores, y en 1917, con 16 años aún no cumplidos, se marchó a otra ciudad, concretamente a su Chicago natal, localidad que por otra parte apenas recordaba. Al poco tiempo sus padres y su hermana menor Ruth se instalarían allí también. Allí compaginó sus estudios secundarios con los trabajos en una fábrica de mermelada y en la oficina de correos local. En la Escuela Secundaria McKinley, Walt siguió recibiendo clases de dibujo que le llevaron poco después al Chicago Art Institute, en cuyo boletín debutó como caricaturista. Ese mismo año decidió alistarse como voluntario en el ejército norteamericano que combatía en Europa en la I Guerra Mundial, pero fue rechazado por no tener aún la edad reglamentaria. Patriota que era él, quiso estar en la contienda a toda costa y entonces decidió inscribirse como voluntario en la Cruz Roja, ya que esta permitía a chicos de su edad (16 años) alistarse. Fue destinado a Francia como conductor de ambulancias (que él decoraba con sus dibujos), pero no pudo permanecer ni un año ya que el 11 de noviembre de 1918 se firmó el armisticio. En 1919, el aún adolescente Walt Disney, de nuevo en Chicago, comprendió que su vida académica había concluido, era hora de buscar un currelo (aunque el había trabajado desde su infancia). Volvió a Kansas City con la intención de convertirse en actor o dibujante para periódicos, pero no consiguió encontrar trabajo en dichos empleos. Gracias a su hermano mayor Roy (1893-1971)- su futuro socio-, que residía en Kansas, consiguió un trabajo de dibujante la agencia gráfica de Pesmen-Rubin que se dedicaba al dibujo publicitario principalmente. Allí se dedicó a dibujar anuncios para la prensa y carteles de cine y aprendió a depurar su estilo, aunque nunca fue un gran dibujante. Si que lo era otro joven trabajador de la agencia, Ubbe Iwerks (1901-1971)- también conocido como Ub Iwerks- que se convirtió en amigo entrañable de Walt. En enero de 1920 el contrato de Disney e Iwerks con Pesmen-Rubin expiró y los dos muchachos de 18 años decidieron crear su propia compañía de dibujo publicitario gracias a un préstamo de 250 dólares de Flora Disney, la madre de Walt. La empresa se llamó Iwerks-Disney Commercial Artists y tuvo una vida muy corta: a mediados de 1920, los dos chavales  se encontraban en una pequeña productora de Kansas dedicada a la realización de anuncios en cinematógrafo, la Kansas City Film Ad Company. De esa manera, Walt Disney pudo cumplir su sueño de trabajar, aunque sea subsidiariamente, en el mundo del espectáculo. Allí el jovencísimo dibujante conoció de primera mano una técnica que literalmente cambió su vida.    


Los dibujos se mueven

La Kansas City Film Ad realizaba rudimentarios dibujo animados para algunos de sus anuncios pensados para ser exhibidos en salas de cine. Por entonces, la animación cinematográfica era algo lógicamente en pañales y era desconocida para gran parte del público, incluidos los niños. En los años 10 y principios de los 20, Felix the cat creado por el pionero Pat Sullivan en 1919, era el prácticamente único personaje de dibujos animados popular; antes de él gente como Windsor McCay había realizado en la época de la Gran Guerra los primeros cortos de dibujos animados concebidos para ser exhibidos ante una audiencia. Disney quedó fascinado por la incipiente técnica y con una cámara prestada por su patrón decidió experimentar en su casa con los dibujos animados. Viendo que la animación por recortables con la que trabaja en la KCAC era limitada, decidió investigar en la animación por celofanes -con la que trabajaba Pat Sullivan- inspirado en un manual sobre elaboración de dibujos animados escrito por Edwin G. Lutz. Así, en 1921, con 19 años, Disney decidió abandonar KCAC y fundar una compañía de producción dibujos animados publicitarios Laugh-o-Grams Films, a la que se unieron compañeros de su antigua empresa y que contó con un capital inical de 15.000 dolares. De ese modo, Walt Disney creó los Laugh-o-Grams (algo así como Risagramas), cortos que hoy en día no se sabe muy bien si eran anuncios o pequeños sketches humorísticos ya que se han perdido todos. Lo que si se sabe es que en uno de ellos mezcló imagen real con dibujos (algo que ya se había hecho antes en los toons animados), concretamente su propia mano dibujando. Los Laugh-O-Grams se exhibieron en un conocido cine-teatro de Kansas City y obtuvieron gran éxito en la ciudad y localidades limítrofes.   
 Escena de una Alice Comedy 



En 1922, Walt Disney inaugura el estudio de la compañía, en el que trabajan un buen número de animadores, entre ellos los hermanos Fred y  Hugh Harman, el futuro animador de la Warner y la Metro Rudolf Issing y Ubbe Iwerks. Aquel año, la productora decidió dejar la publicidad y se lanzó a la producción de cortometrajes de animación dirigidos al público infantil basados en cuentos tradicionales, así realizó adaptaciones de Caperucita Roja, Los músicos de Bremen, Ricitos de Oro y los tres osos o Jack y las Habichuelas. Se pueden considerar a estos cortos como los primeros trabajos de Disney propiamente dichos pese a no estar fundada aún la Walt Disney Productions. La mayor parte de ellos se encuentran perdidos. A principios  de 1923, Disney decide crear un cortometraje en donde la imagen real tuviese casi el mismo peso que la animada y nace Alice´s Wonderland, no inspirada en la novela de Lewis Caroll a pesar de su nombre y protagonizada por la niña Virginia Davies en el papel de Alice, una cría que conoce a animales animados en un estudio de animación. El corto no pudo distribuirse ya que  la Laugh-O-Grams, incapaz de asumir los gastos generados por su ampliación, cerró la persiana poco después. Kansas era una ciudad pequeña y provinciana sin futuro para la industria cinematográfica, era necesario trasladarse al mejunje del tema, que estaba ya Hollywood: a mediados de 1923 el joven Walt Disney estaba ya en la meca de los estudios de cine de EEUU con la intención de trabajar en una productora de dibujos animados o encontrar distribución para nuevos cortometrajes   


Niñas de verdad, animales dibujados

En su llegada a Hollywood, Walt contó con la ayuda de su hermano Roy, quien vivía allí y le prestó dinero con la intención de participar en la posible creación de una nueva productora propia. La intención de los hermanos Disney era continuar con la producción de peliculitas en donde se combinase la imagen real y los dibujos animados protagonizados por el personaje de Alice. A finales de aquel año, decide enviar un copión de una nueva película de Alice, la primera rodada en Hollywood y por cuenta y riesgo de los hermanos Disney, a la distribuidora neoyorquina Margaret Winkler, que se había especializado en distribuir dibujos animados por todo EEUU (entre los de El Gato Felix). A Miss Winkler le gusta el corto y accede a producir y distribuir por todo el país las nuevas Alice Comedies. Nace así el Disney Brother´s Studio, constituido con capital de los dos hermanos y al que se une Ub Iwerks en 1924. Los Disney consiguieron también que la pequeña Virginia Gini Davies se trasladase a Hollywood desde Kansas con su familia para encarnar a Alice. 
 

En total, Disney dirigió 57 de las conocidas entre el público de entonces como Alice Comedies entre 1923 y 1927. Eran filmes donde la susodicha niña Alice (Alicia para el público de habla hispana unos años después) vivía aventurillas principalmente junto con el gato Julius (Mochales en la versión castellana) y otros personajes animados, como el ratón Ike, una especie de primer boceto de lo que sería después Mickey Mouse. Los argumentos de las peliculitas iban desde aventuras en la selva, luchas contra fantasmas, historias basadas en cuentos de toda la vida y aventuras con peligros a lo serial de entonces. Algunos de los títulos más conocidos de esta serie- de la que se conservan casi todos los filmes- son Alice the pacemaker, Alice´s spooky adventure o Alice solves the puzzle. Solo obtuvieron un éxito mediano entre el público, pero que duda cabe que resultaron revolucionarios para la época. Hay que señalar que en esos cortos debutó un personaje que, al contrarió que el resto de los que figuraban en la serie, continuó año tras año en el universo Disney: el villano Pete, un gato (al principio un oso) de armas tomar. El personaje de Alice (claro precedente del estereotipo de niñita rubia y repelente que popularizase en los años 30 Shirley Temple) fue encarnado por otras tres actrices infantiles a parte de Gini Davies.   

Alice the whaler (1927)

 
El conejo de la discordia

En 1925, Walt Disney se casó con su empleada Lillian Bounds. En 1927 Charles Mintz, marido de Margaret Winkler, se había hecho con el control de la compañía de su mujer y exigió a Walt Disney cortos de dibujos animados sin imagen real y sin niñitas monas, proponiendo a Disney que la nueva estrella de sus cortometrajes sea un conejo antropomórfico. Así nació Oswald, The Lucky Rabbit (Oswald, el conejo de la suerte, conocido en España como el conejo Blas), creado gráficamente por Ubbe Iwerks, quien era bastante mejor dibujante que Disney. El conejo, creado en blanco y negro ya que el dibujo animado en color aún no se había inventado, era un conejito de piel negra, cara blanca y aspecto muy simple con dos ovoides negros como ojos que mas tarde se convertirán en las pupilas de unos enormes e indefinidos ojos. En sus primeros cortos vestía únicamente un calzón que en muchos carteles de las películas era rojo: Oswald era un claro primer prototipo del primitivo Mickey Mouse. Charles Mintz hizo que Disney firmase un contrato con Universal Studios, una gran compañía distribuiría entonces los cortos de Oswald, producidos por Mintz y su cuñado George Winkler. Disney perdía así el control absoluto sobre su propia productora - ahora más o menos dependiente de Universa y de Mintzl- y sobre sus propios filmes animados, un hecho que le producirá un contratiempo. Curiosamente, el primer corto de Oswald, Poor Papa, de 1927, fue rechazado por la Universal ya que el personaje le pareció de apariencia paupérrima y penosa, por lo que a partir del siguiente cortometraje, el conejo tuvo una apariencia más infantil y jovial. En total Disney dirigió 26 peliculitas del conejo Oswald entre 1927 y 1928, 12 de ellas perdidas completamente y solo siete conservadas en su totalidad.    




 Oswald el conejo puede ser considerado el primer personaje animado de Disney por derecho propio  ya que si bien el gato Julius le precedió, este no alcanzó nunca popularidad y solo esporádicamente fue protagonista de algunos cortos. Oswald en cambio obtuvo cierta repercusión con sus delirantes historietas trufadas de humor surrealista, accidentes y catástrofes, animales mecánicos, flirteos con conejitas y pesadillas divertidamente grotescas. Disney estaba revolucionando los códigos del lenguaje del cartoon y estos elementos perdurarán en el mundo de la animación años tras año. Pero las cosas ni iban bien ni para Disney ni para la Universal: Mintz hacía trabajar como un negro a Disney y a sus animadores por cuatro perras y al final la cosa no salía rentable. En primavera de 1928 Walt pidió a Mintz aumentar el presupuesto de los cortometrajes, pero este se negó en rotundo anunciándole además que tenía pensado reducirle el sueldo. También le comunicó que tenía intención de crear su propio estudio de animación y que los derechos sobre Oswald le pertenecían, además de que la mayoría de los animadores del estudio de los hermanos Disney tenían relación contractual con él y se irían a su nueva productora si Disney no aceptaba las condiciones. Ante esto, el director y animador decidió abandonar cualquier relación laboral con el productor, postura que también tomaron los fieles empleados de Disney Ub Iwerks y Les Clark, quienes decidieron no firmar con Mintz. Como consecuencia, los Disney y otros pocos profesionales, se encontraban en la calle mientras que Charles Mintz deseaba continuar con los dibujos animados del conejo bajo la supervisión de otro director. Obviamente, esta fue una errónea decisión. Mintz, que trasladó la producción a Nueva York, donde residía, no fue capaz de crear dibujos animados al ritmo que la distribuidora, Universal, le requería y en 1929 cedió los derechos a la compañía, quien puso la serie en manos de Walter Lantz, futuro creador de El Pájaro Loco. El personaje vivió hasta 1943 con un aspecto bien diferente del ideado por Iwerks y repercusión menguante. La  Disney Company no recuperó los derechos del personaje hasta….2006.

El conejo Oswald en Rival Romeos (1928)

  
Ha nacido un ratón

A finales de 1928, Walt Disney crea por fin sus propios estudios en Hollywood, Walt Disney Productions. Junto a él esta su más cercano colaborador en toda su trayectoria profesional hasta el momento, Ub Iwerks. Había que crear un nuevo personaje como sujeto de los nuevos cortometrajes animados que la empresa quería producir, ya que no se podía hacer nada sobre Oswald. Era necesario crear un muñeco por lo menos tan carismático como el conejito, y entonces Disney se acordó de un ratón que había adoptado como mascota cuando trabajaba en Kansas City. Según cuentan las crónicas, eso se le ocurrió en el viaje en tren de regreso de Nueva York después de una asqueante entrevista con Mintz. Walt realizó algunos bocetos de un ratón humanizado y se los entregó a Iwerks para que crease la apariencia definitiva del que iba a ser el primer personaje la compañía refundada. El ratón de marras no era muy diferente a Oswald (con las orejas mas cortas), y Disney decidió llamarle Mortimer, pero a Lillian, su esposa, no le pareció un nombre adecuado para una ratón “supuestamente simpático” y le propuso a su marido el nombre de Mickey, que además conservaba la coincidencia de la inicial de su nombre con el de su especie animal-apellido (Mouse): había nacido un icono del siglo XX. Aquel año Disney hizo dos cortos animados con Mickey Mouse como protagonista que no tuvieron distribución, hasta que decidió hacer un cortometraje sonoro con el ratón al que él mismo dobló la voz: Steamboat Willie. Fue un rotundo éxito. Lo que vino después, es de todos conocido.   


martes, enero 25, 2011

El aparatito de Lumiere - MÁS ALLÁ DE LA VIDA (HEREAFTER)




*** y 1/2

En los últimos años, un estreno de Clint Eastwood se convierte en todo un acontecimiento entre cinéfilos. Con un ritmo de rodaje endiablado, del viejo director y actor (semirretirado en esta última faceta) ya no cabe duda de que vive en su madurez su mejor momento como realizador con obras maestras del calibre de Mistic River (2003), Million Dollar Baby (2004) o Gran Torino (2008) y es por ello que cada nueva película suya estrenada cause expectación. En esta ocasión, Eastwood vuelve a estar ayudado por el ínclito Steven Spielberg en calidad de productor, como ya lo hiciera en su díptico sobre la II Guerra Mundial Banderas de nuestros padres-Cartas desde Iwo Jima y los millones del presupuesto se hacen notar en una película muy interesante aunque por debajo del nivel exhibido por el director en sus mejores películas de la década de 2000. En esta ocasión, Clint Eastwood filma una superproducción de corte más o menos fantástico -aunque el drama se impone en todo momento- que de primeras plantea algo tan sugerente y atractivo como el vislumbrar que hay más allá de la vida, es decir, el más allá. Pero al igual que ocurriese con Million Dollar Baby al final la premisa argumental es tan solo un despiste y la película versa principalmente sobre otros temas y termina yéndose por otros derroteros. Este efecto no esta tan bien conseguido como en la película antes citada, y lo que durante todo el metraje va presentándose como una historia sólida, arrebatadora y muy bien contada termina de manera rápida e inadecuada aunque el final no puede ser más acertado a al hora de mostrar el mensaje real de la película. Verdaderamente, Eastwood sabe tratar grandes tremas humanos y en esta película vuelve a demostrarlo aunque tal vez la resolución final tenga deficiencias, y sabe como engañar inteligentemente al espectador y ofrecerle momentos temáticos variadísimos dentro de una misma historia, que en este caso son tres que se entrecruzan. Sin su guionista habitual en los últimos tiempos Paul Haggis, ahora es Peter Morgan quien filma el logrado guión de este filme.

Más allá de la vida se desarrolla en tres países diferentes y con tres personajes principales que viven en cada uno de ellos y tres historias diferentes que convergen finalmente, con el tema de la comunicación con el después de la muerte como nexo común. Por una parte, Marie (Cécile De France) una joven y famosa periodista francesa que tras vivir en carne viva el pavoroso tsunami del Índico de 2004, experimenta un contacto con el más allá al estar unos instantes clínicamente muerta, Marcus (los gemelos Frankie y George McClaren), un niño británico de extracción social baja que desea comunicarse con Jason, su hermano gemelo recientemente muerto (los gemelos Frankie y George McClaren, otra vez), y finalmente George Lonegan (Matt Damon), un americano con la facultad de poder comunicarse con difuntos una vez entra en contacto físico con sus familiares. La obsesión de Marie por plasmar su experiencia en un libro y su afán por conocer todo lo relacionado con la vida después de la muerte y la obsesión del pequeño Marcus por hablar con su hermano muerto contrastan con la frustración de Lonnegan con su don, del que una vez vivió y ahora solo quiere desprenderse de él y vivir su propia vida. Más allá (valga la redundancia) de el McGuffin  del tema de lo que se encuentra después de la muerte y de algunos tímidos coqueteos con la resolución final del enigma planteado (que no llega a producirse en ningún momento) mediante fugaces imágenes turbadoras, esta claro que Estawood ha pretendido dirigir un drama entre existencial y cotidiano que de alguna manera ilustra la preocupación del ser humano de cualquier edad, sexo, país, religión y clase social con la muerte, y que se resuelve de manera amable y lógica, aunque el devenir final del filme pueda resultar impostado e incluso algo pasteloso. Ese es el gran fallo de la película, el resolverse de una manera un tanto obvia y que puede no ser correctamente interpretada, ya que se nota que el mensaje final trata de ser definitivo y claro, y un servidor no ve que esto se haya cumplido de manera nítida.  

Por otra parte, que vamos a decir a estas alturas de las habilidades de Clint Eastwood como director: que clase, versatilidad en registros, habilidad con el trabajo de actores, gusto, y dominio del lenguaje cinematográfico, además de mostrarse como un narrador fuera de serie. Las escenas iniciales del tsunami son verosímiles y totalmente sobrecogedoras, con un muy buen uso de los efectos especiales informáticos. Tal vez, de lo mejor de la película. Una película que sin ser una obra maestra, tiene clase de sobra para gustar al espectador más exigente.  

lunes, enero 24, 2011

Mis 50 discos que te cagas (17): JANIS JOPLIN – PEARL (1971)

 

El 4 de octubre de 1970 Janis Joplin fue hallada muerta en un motel de Los Angeles donde se hospedaba hacía tiempo por el productor Paul A. Rothchild. El día anterior había estado en el estudio Sunset Sound Recorders oyendo la sección instrumental de un tema que le quedaba por grabar de su segundo disco en solitario, con la intención de añadir las voces al día siguiente. Obviamente, Janis Joplin, la primera  cantante solista femenina de Rock considerada por la crítica al mismo nivel que los más grandes del género del momento, no pudo completar la canción y su LP Pearl quedó entonces ligeramente inacabado, a parte de que otros temas para dicho disco no terminó de grabarlos con su voz en su totalidad. El disco se publicó finalmente en enero de 1971 y se convirtió en el primer gran LP póstumo de la historia del Rock convirtiendo a la cantante muerta por sobredosis de heroína y alcohol a los 27 años en todo un mito. Janis era todo un torrente sobre el escenario y en el estudio, una presencia tan apabullante como autodestructiva fue su desgraciada vida, marcada por el abuso del alcohol y las drogas, una conducta bohemia y desnortada, y el desprecio de mucha gente en su infancia y adolescencia. Tras dos discos con el grupo de Blues Rock psicodélico Big Brother and The Holding Company entre 1967 y 1968 (el segundo, Cheap Thrills es todo un clásico) y un primer álbum en solitario en1969, Janis Joplin se convirtió en la gran dama del hippioso Blues Rock americano con su voz rasgada y aguardentosa pero exuberante. Su prematura muerte, unida a la de  Jimi Hendrix, que falleció poco antes, mostró el reverso oscuro del sueño del rock, pero también marcó el inicio de la leyenda de tal vez la más grande vocalista femenina de la historia del rock, y en ese sentido, Pearl, su obra maestra, es todo un catalogo de su grandeza.

Pearl tuvo que ser completado instrumentalmente tras la muerte de Joplin pero eso no siempre fue posible, por ejemplo, el tema Mercedes Benz se quedó en una demo de menos de 2 minutos que finalmente se dejó a capella con la voz sin instrumentos que grabó Janis, y aún así se ha convertido en un tema mítico bastante versionado. Tampoco pudo completarse Buried Alive in the Blues que se presentó como un instrumental al no poder incluirse la voz de Janis.  Pero el disco en su totalidad no ofrece ninguna sensación de inacabado y hoy por hoy es una genuina muestra del blues rock americano en su estado más puro, salvaje, genuino y sin ambages, es decir, lo que representaba Janis Joplin. Desde el rítmico y desquiciado primer corte que abre el disco, el rítmico Move Over – la única canción de Pearl, en su totalidad escrita por Joplin- la vocalista muestra la versatilidad diabólica de su garganta privilegiada perfectamente arropada por un grupo de músicos californianos altamente competentes bien dirigidos por Paul A. Rothchild, el productor de The Doors. La emoción y las fuertes sensaciones dominan el espíritu de un disco directo e inmediato con joyas del calibre de Cry Baby  y su mítico grito inicial de la Joplin en un blues clásico, añejo e intimista (versión de Garmet Mimms) pero vitalista como el solo; sin duda alguna uno de los mejores temas de la cantante, con sus alucinantes fragmentos casi hablados envueltos en un torrente de blues-vendaval. No obstante, el clímax en Pearl llega de la mano de Me and Bobby McGee, escrita por Kriss Kistopherson, delicioso medio tiempo in crescendo de aire country con una excelente interpretación vocal de Janis que es ya todo un must del rock de los 70.  Y los momentos de gloria se suceden: Get It While You Can y su efectivo tono entre soul y jazz con hendrixiano solo de guitarra de John Till o el potente R&B místico de Half Moon, son solo muestras de los niveles a los que podían llegar el carisma artístico y la garganta de Janis Joplin, la primera voz en la historia de la música popular capaz de dirigir y modelar a su antojo la interpretación  a todo un grupo de músicos.

Poco importa que muchos de los temas de Pearl sean versiones de otros artistas, se puede decir claramente que se trata de canciones de Janis Joplin, la voz blanca más negra que ha habido siempre. Janis Joplin, alcohólica, drogata, excéntrica, atormentada, triste, extravagante, desesperada. Este disco demuestra claramente quien fue ella y lo enormemente emocionante, arrebatadora y total que fue la música de la reina blanca del blues


FICHA TÉCNICA

Géneros: Blues Rock
Publicación: enero 1971
Sello original: Columbia
Producción: Paul A. Rothchild
Duración: 34:10
Músicos:
Janis Joplin: voz
Richard Bell: piano
John Till: guitarra
Ken Pearson: organo
Bobbye Hall: conga, percusión
Brad Campbell: bajo
Clark Pierson: batería, coros
Bobby Womack: guitarra acústica
Phil Badella: coros
Sandra Crouch: pandereta


Track listing

1- Move Over
2- Cry Baby
3- A Woman Left Lonely
4- Half Moon
5- Buried Alive in the Blues
6- My Baby
7- Me and Bobby McGee
8- Mercedes Benz
9- Trust Me
10- Get It While You Can