martes, agosto 26, 2014

El Aparatito Lumiere GABRIELLE



 
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Pese a no ser nada del otro jueves, llama la atención por su honestidad este pequeño filme quebequés filmado con mimo por Louise Archambault con un material y premisa de partida bastante difícil pero de la que ha sacado enorme provecho. Ciertamente, la temática de las personas con discapacidad intelectual en el cine siempre es algo que debe de ser cogido con alfileres y en ese sentido y siendo el espectro de propósitos y resultados verdaderamente amplio en este campo, la pregunta que cabía hacerse antes de ver esta película es como se podía convencer al espectador con una película en donde gran parte del reparto son personas con discapacidad intelectual reales sin ninguna experiencia interpretativa anterior y en donde el verismo y la credibilidad tratan de imponerse en todo momento.  La respuesta es sencillamente volcando toda la película en su protagonista, la joven de 22 años Gabrielle (Gabrielle Marion-Rivard) y en sus circunstancias vitales en un mundo al que trata de abrirse paso reclamando su autonomía a pesar de estar aquejada del síndrome de Williams, una enfermedad que conlleva un retraso mental leve. Usando como pretexto la habilidad musical como cantantes de Gabrielle y sus compañeros de residencia también deficientes y el hecho de que la coral que forman es la vía de expresión de muchas de sus habilidades, la película trata de hacer un honesto retrato de las ansias de superación social y personal de Gabrielle y de su novio Martin (Alexandre Landry), quienes quieren vivir a toda costa una relación amorosa pese a las cortapisas que pone la madre de Martin y las propias dudas de Gabrielle, tutelada por su hermana mayor de la que toma como referencia a la hora de tratar de vivir como una persona “normal”.
La película no abusa de sensiblería ni de efectismos sentimentales ni tampoco tiene una mirada paternalista ni compasiva sobre sus protagonistas, lo que es un gran cierto.  El hecho de que la protagonista y bastantes actores sean discapacitados intelectuales reales -que actúan estupendamente se supone que prácticamente interpretándose a ellos mismos- es un aliciente que la película utiliza espléndidamente en especial en todo lo concerniente al evento musical en la que el coro de la residencia va a participar al final de al película y en el que pone todo su empeño. Así mismo Gabrielle Marion-Rivard resulta todo un descubrimiento por su realista y conmovedora interpretación (que no será muy alejada de su experiencia real), una chica deficiente con ganas de abrirse al mundo, demostrar su valía y sobre todo poder vivir su amor y sexualidad. Una beuna y diferente película que conviene no perderse.

domingo, agosto 24, 2014

HAL ASHBY, EL GENIO ANACORETA DE HOLLYWOOD (I)





Fue el director Hal Ashby (1929-1988) uno de los mas genuinos exponentes de la época del “Renacimiento de Hollywood”, aquella maravillosa camada de realizadores que desde 1968 hasta 1980 revolucionaron la meca del cine con un planteamiento totalmente autoral y una perspectiva del arte cinematográfico basada en el mejor cine europeo de después de la II Guerra Mundial y en donde dieron sus primeros pasos gente como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Michael Cimino, Terrence Malick , Steven Spielberg o George Lucas. Y fue sin duda uno de los directores más brillantes, originales y mejor dotados dicho movimiento -claramente identificado con el espíritu revolucionario y contestatario que se vivió en EEUU desde finales de los 60 y en buena parte de los 70- pero jamás llegó a la altura de Coppola, Spielberg o Scorsese y su carrera tras unos brillantes años 70 se hundió definitivamente en la década siguiente. El director de filmes clásicos de la segunda mitad del siglo XX tan originales en su época y tan estimulantes como Harold y Maude, Shampoo, Bienvenido Mr. Chance o El Regreso - títulos que ejemplifican el espíritu de aquel nuevo Hollywood transgresor y dispuesto a romper barreras de los 70- fue un personaje controvertido: huraño, maniático, adicto al trabajo y mujeriego, de trato bastante difícil con superiores y algunos colegas dentro de la industria del cine, un outsider social de inspiración hippy que además fue un hombre política y socialmente concienciado con un discurso de izquierdas. Pero su principal obstáculo a la  hora de lograr una carrera artística sólida fue su adicción a las drogas desde finales de los 60, algo que precipito su caída artística y le provocó serios problemas de salud que le llevaron a la muerte en 1988 tras haber dirigido trece largometrajes. Gran innovador en el arte del montaje cinematográfico (comenzó en el cine precisamente como editor y de forma casual), función de la que se ocupaba personalmente en sus películas de forma obsesivo-compulsiva y durante largo tiempo, Ashby ha dejado como persona cierta leyenda negra y su figura hoy a día de hoy ha caído injustamente en un cierto olvido y son mas sus problemas personales y de drogas y su errático comportamiento lo que se recuerda de él en la actualidad en los círculos cinéfilos, lo que ha obviado una carrera cinematográfica con títulos esenciales amados por los aficionados al séptimo arte que aún sigue suscitando un enorme interés.  
 
Con la actriz Ruth Gordon en el rodaje de Harold y Maude

William Hal Ashby nació el 2 de septiembre de 1929 en Ogden, Utah, en el seno de una familia mormona en el que él era el menor de cuatro hermanos. Su padre, James Thomas, regía una explotación lechera y su madre, Eilleen, trabajaba en casa. Este matrimonio resultó desastroso y la familia Ashby en consecuencia, disfuncional. Los padres de Hal Ashby se divorciaron cuando este tenía 6 años y en 1941 cuando Ashby Contaba con 12 años el padre se suicidó tras perder su negocio. El joven Hal desde el colegio fue un niño rebelde e indisciplinado que dejó los estudios cuando fue expulsado del instituto a principios de los 40. Se casó por primera vez en 1946 a los 17 años divorciándose a los pocos meses y desde que abandonó las aulas ejerció varios oficios hasta 1950, año en que decidió emigrar a California aunque sin perspectiva de ejercer allí ningún trabajo, simplemente para dedicarse al vagabundeo. No obstante, al poco de llegar a California y tras pasar penurias económicas y llegar literalmente a sentir hambre (su madre, con la que se llevaba a matar, le denegó cualquier ayuda), Hal Ashby consiguió encontrar un empleo en la industria cinematográfica. A Ashby desde su infancia le encantaba el cine como espectador pero nunca se había planteado trabajar en el. Vió que la industria de Hollywood, fabrica de sueños con sede en California, podía ser un salida y por ello pidió en la oficina de empleo un trabajo como operador de sala en un estudio, una ocupación que entonces  no requería de grandes conocimientos técnicos ni de formación cinematográfica. Fue entonces cuando a los 21 años Hal Ashby fue contratado como operador en Universal. Tras casarse y volverse a divorciar, Ashby pasó a la pequeña productora Republic en 1951 como aprendiz de montador y dos años después fue contratado por Disney como ayudante de montaje para pasar en 1956 ejerciendo tal función a Metro Goldwyn Mayer donde conoció a un joven botones del estudio con dotes de actor llamado Jack Nicholson con el que pronto trabó una gran amistad. 

Hal Ashby trabajó como ayudante de montaje para MGM hasta 1965, año en que fue ascendido a montador-editor. Durante esos años, Ashby logró una posición económica más o menos desahogada pero no olvidó sus humildes orígenes ni sus pasadas estrecheces económicas comprendiendo empáticamente a los más desfavorecidos. En aquella época, Hal Ashby comenzó a militar en el movimiento por los derechos civiles y donó dinero para los agricultores en huelga. Apoyó logísticamente a líderes campesinos y participó en multitud de manifestaciones, declarándose contrario a la intervención americana en la Guerra de Vietnam. No obstante, no le hizo ascos a los lujos y ya a principios de los 60 cuando su cuenta corriente comenzó a crecer se hizo con un Cadillac descapotable. Tras trabajar para directores como William Wyler (Horizontes de grandeza, 1958) y George Stevens  (La historia más grande jamás contada, 1965) al haber ejercido de ayudante para su montador Robert Swink, Ashby se estrena como editor en Los seres queridos (1965) dirigida por Tony Richardson. A este filme siguieron El rey del juego (1965), ¡Que vienen los rusos, que vienen los rusos! (1966), En el calor de la noche (1967) y El caso Thomas Crown (1968), todas ellas dirigidas por su principal valedor cinematográfico Norman Jewison. Con estos filmes Ashby comienza a ser considerado el mejor (y mas innovador) montador norteamericano del momento gracias al excelente ritmo narrativo que imprimía a estas películas mediante sus montajes (sin el trabajo de Ashby, estos filmes de Jewison no hubiesen sido lo que son) algo que lograba mediante un trabajo febril y obsesivo en el que invertía largas horas continuas, a veces incluso un día completo. Ashby memorizaba cada toma y sabía en que momento del metraje debía situarse esta para dar al filme el lustre narrativo y visual adecuado. El futuro director nunca descansaba ni dormía ni comía durante sus interminables sesiones de montaje y fumaba y bebía en exceso durante aquellas hasta tener problemas con el alcohol, dejando de beber en 1966. Aún así su salud no era la más óptima y aquel año comienza a consumir marihuana, sustancia que no abandonaría hasta casi 20 años más tarde. Con ¡Que vienen los rusos, que vienen los rusos!  consiguió su primera nominación al oscar al mejor montaje en 1966 y un año después lo consigue con En el calor de la noche.  

Tras el Oscar, en los planes de Hal Ashby se encontraba el convertirse en director y él consideraba que el montaje era uno de los mejores entrenamientos para ello. En mitad de su febril ritmo de trabajo y ya comenzada su adicción a ciertas sustancias, Hal Ashby contagiado por la fiebre hippy de California decide convertirse en “uno de ellos” dejando crecer su cabello y su barba y vistiendo anchas camisas, vaqueros gastados, collares, sandalias y gafas de cristal rosa, además de descuidar su aspecto físico en cuanto a limpieza del pelo y de la dentadura. Tenía cerca de 40 años pero su mentalidad era la de un hippy veinteañero vegetariano, que fumaba maría a mansalva todo el día y le gustaba la música rock especialmente los Rolling Stones. Sus mujeres y amantes en aquel tiempo no le aguantaban y le dejaban enseguida. Ashby, al igual que Mike Nichols, Arthur Penn, Dennis Hopper, Peter Bodganovich o Bob Rafelson,quería convertirse en un director con libertad creativa total, algo que ya estaban consiguiendo los anteriormente citados dentro de una industria cinematográfica norteamericana que estaba cambiando. Como esta nueva generación de directores del nuevo Hollywood de los 70, Ashby no solo quería ser autor, sino la máxima referencia en las películas que el dirigiese, por encima de los intérpretes: en otras palabras, el quería ser la estrella.

La oportunidad de debutar como director llegó para Ashby en 1970 cuando Norman Jewison le propuso dirigir la adaptación de la novela The Lanlord de Kristin Hunter, cuyo guión había comprado pero no encontraba tiempo para dirigirla. Producida por la Mirisch Company con un pequeño presupuesto y sin actores conocidos, The Landlord (El Casero) fue estrenada en mayo de 1970. Protagonizada por Beau Bridges, Lee Grant, Diana Sands y Lou Gosset Jr. esta comedia-drama contaba la historia de un joven blanco de buena familia que compra una manzana de un conflictivo y empobrecido barrio de  Brooklyn con la intención de construirse una residencia de lujo ante la hostilidad de los vecinos de dicho barrio, que llegan a convencerle de lo injusto de su indecisión hasta el punto de ayudarles a mejorar el barrio e involucrarse en su día y día además de empezar relaciones con dos vecinas afroamericanas no sin dificultades. Esta historia con claro mensaje social no obtuvo excesiva repercusión en taquilla pero obtuvo muy buenas críticas en donde se ensalzaba principalmente en saber retratar nuevas situaciones que se estaban viviendo en EEUU recién comenzados los 70 (matrimonios interraciales, luchas por los mas desfavorecidos) Sin embargo Jewison en su rol de productor y Ashby discutieron por el final del filme y dejaron de hablarse. El de Utah comenzaba entonces su carrera como director ya sin el tutelaje de su mentor.     


Al poco tiempo  Ashby, que se había casado con la actriz Joan Marshall, ya tenía otro proyecto entre manos, la comedia negra-romántica Harold y Maude (Harold and Maude, 1971) a partir de un guión escrito por un limpiador de piscinas llamado Colin Higgins a quien The Landlord le había encantado. El filme estrenado en diciembre de 1971 sorprendió a propios y extraños con su insólita premisa: un joven veinteañero obsesionado por la muerte y por quitarse la vida se enamora de una animosa octogenaria con enormes ganas de vivir que le contagia su pasión vital, algo de lo que él carece completamente. El filme, con un tono entre tierno y surrealista y unas interpretaciones de lujo en especial la de la veterana Ruth Gordon en el papel de la anciana Maude sigue sorprendiendo por su atrevida factura como cruce comedia negra-esperpéntica y comedia romántica -son especialmente memorables las ocho secuencias tragicómicas en las que el joven Harold (interpretado por Bud Cort) lleva sus truculentos “suicidios” a los que sobrevive imposiblemente- pero en el momento de su estreno llamó la atención por narrar una increíble historia de amor entre un joven y una viejecita, algo que desconcertó al público y a parte de la crítica. No obstante lo arriesgado del material la productora Paramount Pictures apostó decididamente por una comedia tan original y aceptó algunas decisiones de Ashby en la producción como la de colocar al propio Higgins -que al principio quería dirigir el filme- y a su amigo Charles Mulvehill como productores, pero comercialmente la película fue un fracaso y además obtuvo malas críticas centradas en lo repulsivo que era que un chaval se liara con una vieja; al final el filme solo estuvo en cartelera en EEUU poco más de una semana.  Ashby y Mulvehill, quienes al igual que Paramount tenían grandes esperanzas comerciales en Harold and Maude, terminaron enormemente decepcionados hasta el punto de disolver su recién creada compañía independiente, Dumb Fuck Films. Sin embargo, a partir de mediados de los 70, Harold and Maude experimentó una revalorización por parte de crítica y cinéfilos que la terminaron en convertir en película de culto, estatus que aún conserva en la actualidad. Considerada hoy como una de las mejores comedias de los 70 y como uno de los films más revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX, Harold y Maude merece un lugar preeminente en la filmografía del Renacimiento de Hollywood de los 70 en especial todo lo relacionado con la interacción intergeneracional de los puntos de vista de un joven criado en las cuitas y tribulaciones existenciales de los 60 (Guerra del Vietnam, lucha contra la autoridad) y una mujer que vivió dos guerras mundiales. Su memorable banda sonora formada por temas de Cat Stevens ha contribuido decisivamente a la estima actual al filme, en especial los dos que se escribieron exclusivamente para el filme, Don´t Be Shy y sobre todo If You Want to Sing Out, sing Out que suena en momentos clave de la película.

Tras el fracaso de Harold and Maude y el primer divorcio con su esposa Joan, Hal Ashby, quien nunca firmó un guión ni tuvo intención de hacerlo, fue contactado por Robert Towne - prestigioso revisor de guiones de que había hecho cosas tan oscuras y anónimas como colaborar sin acreditar en el guión de El Padrino (1971) o ejercer de asesor en Bonnie and Clyde (1967) y que terminará convirtiéndose en una figura crucial como guionista en la generación del Nuevo Hollywood- que le pasó un guión a instancias del productor Gerald Ayres adaptación de la novela de Darryl Ponicsan The Last Detail con el fin de que dirigiese su versión cinematográfica. Tras algunas reticencias iniciales- Ashby tenía un proyecto en mente con la MGM-  el director accede a dirigir la película con un pequeño presupuesto (los grandes estudios tampoco querían entregar a una persona tan extraña e inconstante como Ashby una gran producción). El guión de Towne sin embargo inquietaba a Columbia Pictures: se trataba de una historia de rebeldía militar protagonizada por tres marines, dos veteranos que deben escoltar a un tercer jovencísimo marinero a una prisión militar por hurto terminan por cogerle cariño al joven condenado y los tres se lo pasan pipa en el largo viaje hacia la prisión naval de Portsmouth, New Hampshire incluyendo patinaje en el Rockefeller Center en Nueva York y la perdida de virginidad del muchacho en Boston. El guión mostraba dos marines veteranos despreciando a sus superiores y mostrando una actitud bastante amoral que incluía un enorme repertorio de tacos en el guión, algo que en la novela original no aparecía, y bastante sexo, algo que tampoco era habitual en el cine de los grandes estudios hollywoodienses. En ese sentido Towne apenas modificó el guión para desesperación de la productora aunque había cambiado el final de la novela de Ponicsan significativamente: los dos marines veteranos no desertaban y al final entregan al joven marinero Meadows a la autoridad militar para ser condenado.


Para El Último Deber (The Last Detail, 1973) Ashby tuvo que esperar año y medio para iniciar el rodaje ya que su amigo Jack Nicholson que encarnaba al oficial de primera clase Billy “Badass” Buddusky aún no había terminado el rodaje de The King of Marvin Gardens y tuvo que lidiar con la desconfianza de la productora hacia su persona y hacia Robert Towne.  Finalmente, el reparto principal se completó con Otis Young como el marine afroamericano Richard “Mull” Mullhall (inicialmente fue contratado Rupert Crosse, pero a este se le diagnosticó cáncer) y Randy Quaid como el joven marinero Larry Meadows.  El realizador, asqueado con los productores que trataban de imponer su criterio a un aspirante a autor como él, tomo peculiares decisiones en el rodaje como dejar que los actores improvisasen y aportasen continuas ideas en sus papeles dándoles libertad absoluta (modus operandi que se repetirá en otras películas suyas) algo que entusiasmó a todos los intérpretes en especial a Nicholson que siempre admiró a Hal Ashby. Tras un eterno proceso de montaje en el que participó un desquiciado y cada vez más porrero Ashby junto con el montador oficial Robert C. Jones, El Último Deber se estrenó en diciembre de 1973 con meses de retraso debido a disputas para eliminar la palabra “fuck” en unas cuantas escenas, algo que finalmente no se llevó a cabo. Pese que en un principio tuvo una exhibición limitada en EEUU debido a su contenido, el hecho de que fuera presentada en Cannes ganando la Palma de Oro al mejor actor para Jack Nicholson modificó el tratamiento de Columbia con el filme estrenándolo en más salas a partir de la primavera de 1974. Aunque la taquilla fue una vez más decepcionante, las críticas en todo el mundo  fueron excelentes ensalzando el realismo de la comedia-drama, el naturalismo de situaciones y diálogos y la interpretación de un gran y por entonces escasamente conocido Jack Nicholson que enseñó sus credenciales como maravilloso actor. The Last Detail, road movie atípica, sórdida e irónica, mezcla de ternura y provocación, es en su combinación de drama, violencia, comedia, sexo, diálogos ingeniosos y apología de conductas rebeldes un claro antecedente del cine de Quentin Tarantino y una película reivindicable. Obtuvo tres nominaciones al oscar (mejor actor para Nicholson, mejor actor de reparto para Randy Quaid y mejor guión adaptado para Robert Towne) y dos nominaciones para los Globos de Oro. Hal Ashby, pese a lo problemático que resultaba para la industria norteamericana del cine, se estaba estableciendo como un director a tener en cuenta.    

El gran éxito comercial le llegó a Hal Ashby con su siguiente película tras The Last Detail, Shampoo (1975). El filme fue un proyecto gestado a principios de los 70 por una de las figuras más carismáticas e influyentes del Nuevo Hollywood, el actor y productor Warren Beatty que con Bonnie and Clyde (1967) había sentado uno de los pilares de los nuevos cineastas americanos dispuestos a controlar su propia carrera por encima de los estudios y productoras. El avispado Beatty ya tenía el guión de Robert Towne (basado en un argumento del productor) terminado y casi todo el reparto y personal técnico apalabrado cuando contrató a Hal Ashby para dirigir Shampoo y éste, con deseos de dirigir un éxito en taquilla tras sus fracasos en sus dos primeras películas y frustrado por no haber conseguido dirigir Alguien voló sobre el nido del cuco y Hair finalmente filmadas por el checo Milos Forman, aceptó inmediatamente aunque a sabiendas de que Warren Beatty iba a imponer su criterio en todo momento. Shampoo es una comedia irónica de alto contenido sexual para la época con un cierto mensaje moral pese a alabar (aparentemente) las bondades del amor libre y criticar la hipocresía de la burguesía conservadora norteamericana respecto al sexo a finales de los 60. Cuenta una historia situada en el periodo de un día en la víspera de la elección de Richard Nixon como presidente de EEUU, en donde asistimos a las tribulaciones de George Roundy (Warren Beatty) peluquero estrella de un lujoso salón de belleza que se hace pasar por homosexual mientras tiene relaciones sexuales con todo tipo de mujeres y aspira a tener su propio salón. Pasando la noche en un hotel, George se reencuentra con varias de sus amiguitas en una orgía con consecuencias imprevisibles. La película pese a su atrevimiento a mediados de los 70 fue el primer éxito en taquilla de Hal Ashby y contó con el aplauso unánime de la crítica que alabó una película verdaderamente fresca, transgresora y sin prejuicios sublimada con unos diálogos geniales y sorprendentes muchos de ellos de contenido erótico. Julie Christie, Goldie Hawn, Lee Grant, Jack Warden y Tony Bill secundaron con antológicas interpretaciones a Beatty en esta inteligente comedia que si bien no supuso el mejor filme de Hal Ashby hasta el momento- El Último Deber era mejor- si demostró la versatilidad del cineasta para adaptarse a proyectos de mayor presupuesto y de encargo, aunque fuese muy a su pesar.


Shampoo, cuarto filme más taquillero de 1975, consiguió el Oscar a la mejor actriz secundaria para Lee Grant siendo la primera vez que un filme de Hal Ashby gana un Oscar y obtuvo varias nominaciones tanto a los Oscar como a los Globos de Oro. El realizador, que tuvo varios líos de faldas durante el rodaje hasta “arrejuntarse” con la ex de Jack Nicholson Mimi Machu, pese a sentir que Shampoo era más una película de Warren Beatty que suya propia, se veía a él mismo en un buen momento de forma (pese a no cuidar nada su salud con sus toxicomanías) y poco después de terminar el rodaje de dicho filme ya tenía un nuevo proyecto entre manos.      


CONTINUARÁ



FILMOGRAFÍA COMPLETA

The Landlord (El Casero) (1970)
Harold and Maude (Harold y Maude) (1971)
The Last Detail (El Último Deber) (1973)
Shampoo (1975)
Bound for Glory (Esta Tierra Es Mi Tierra) (1976)
Coming Home (El Regreso) (1978)
Being There (Bienvenido, Mr.Chance) (1979)
Second-Hand Hearts (1981)
Lookin´to Get Out (1982)
Let´s Spend the Night Together (1982)
Solo Trans (1982) (vídeo) (1984)
The Slugger´s Wife (1985)
8 Million Ways to Die (8 Millones de Maneras de Morir) (1986)

jueves, agosto 21, 2014

El Aparatito Lumiere BEGIN AGAIN / CHEF



BEGIN AGAIN



***  y 1/2

En 2006 el director irlandés John Carney sorprendió gratamente con Once, pequeña obra maestra que a medio camino entre la ficción y el documental reinventaba el cine musical con una historia de amor sin desarrollo convencional pero muy sugerente gracias al empleo de las canciones como medio de expresión de los personajes y como mecanismo para narrar la historia. Aunque este curioso y hábil director independiente no ha podido disfrutar desde entonces de una carrera exitosa tal y como se le había aventurado, parece que con Begin Again, la primera aventura americana de Carney, se ha roto el maleficio. Heredando claramente la fórmula de Once en cuanto a hacer un filme musical alternativo en donde la música cumple un papel totalmente protagonista pero alejándose del drama social verista de aquella y adentrándose en terrenos de la comedia romántica de corte Indie, Begin Again resulta un filme sugestivo, exuberante y muy interesante de seguir gracias a su tono de fábula moral (que no moralina) que atesora momentos de enorme intensidad emocional combinada con distensión de comedia, apuntes naturalistas, crítica a la industria musical y el espectáculo y un mensaje de esperanza y de superación personal tal vez un poco manido pero honesto y efectivo.

El trasfondo amargo de los dos protagonistas, que a trancas y barrancas tratan de acabar con sus tribulaciones emocionales, amorosas y humanas por medio de la música logra un efecto dramático muy efectivo que logra pronto la complicidad del espectador y en ese sentido los elementos de comedia no hacen sino potenciar lo poderoso de una historia que envuelve hasta el final del metraje, aunque eso sí no siempre con misma intensidad. El personaje de Dan, un productor discográfico en horas bajas profesionales y personales que encuentra su tabla de salvación en una joven cantante y compositora a la que se propone apadrinar pese a las dificultades, es el verdadero catalizador de la trama y la eficiente y desgarrada interpretación de Mark Ruffalo consigue trasmitir ese caos de sentimientos que es el personaje, un ser en busca desesperada de la redención. Keira Knightley por su parte está sublime (y encantadora) como el otro vértice de la historia, Greta, una joven británica perdida en Nueva York tras romper con su pareja, un cantante de éxito con el que componía varias de las canciones de este que opta por mandar al cuerno la relación tras haber alcanzado la gloria en el show bussiness.  Con la música como vía de expresión en los casos tanto de Dan como de Greta y desde diferentes ángulos de visión- el desde el mecenazgo y asesoramiento artístico a su admirado pigmalión, ella desde el deseo de expresarse mediante la música en medio de un mundo que le ha defraudado- los dos personajes lucharán por conseguir su ideal, materializado por el objetivo de Greta de grabar un disco y siempre con enormes dificultades superadas con imaginación y espíritu de sacrificio. Y en todo momento, estupendas canciones originales de pop rock de autor compuestas en realidad por Simon Carmondy (New Radicals) e interpretadas por la propia Knightley- todo un hallazgo musical- en su mayoría y por Adam Levine, cantante de Maroon Five que interpreta a Steve, el esquivo novio músico de Greta. Begin Again no es una obra maestra, pero es un filme que demuestra que la música y el cine son dos lenguajes que cuando se combinan sabiamente y sin el piloto automático del cine musical convencional pueden producir pequeñas maravillas.  

 


CHEF


 
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Bienintencionado pero fallido ejercicio de comedia de personajes con trasfondo temático -en este caso, el mundo de la gastronomía y los restaurantes- que bajo una engañosa etiqueta de cine independiente esconde una clara orientación mainstream hollywoodiense con desfile de estrellas en el reparto incluido. El actor y realizador Jon Favreau (saga Iron Man, Cowboys and Aliens) abandona el cine-espectáculo de efectos especiales para volver a sus inicios con películas como Made (2001) pero se nota un desmedido afán por hacer una película mas o menos taquillera y por agradar con un producto aséptico para grandes audiencias disfrazado de cierta incorrección política y echando mano de referencias contemporáneas en boga como las redes sociales de internet y toda la cultura de la información viral masiva generada alrededor de ellas. Ese este último aspecto, pese a ser tratado algo tópicamente, el que resulta más sugerente de entre todo el conglomerado de un filme que no logra convencer con una típica historia de caída y ascenso bastante poco original y con un sentido del humor generalmente ramplón y soso.

Jon Favreau interpreta Carl Casper, el prestigioso chef de un no menos prestigioso restaurante neoyorkino extremadamente receloso de su trabajo y con una situación familiar mejorable que tras un incidente con un crítico de restaurantes captado por un móvil y colgado en internet abandona su puesto y decide montar en Florida un negocio itinerante de comida rápida en una furgoneta que resulta inesperadamente exitoso. Con contados momentos en donde se impone la lucidez dentro del campo de la comedia con tintes dramáticos (la relación paternofilial del protagonista con su hijo se antoja repetitiva y pedante), la película avanza a trompicones al principio, se detiene en nimiedades y farragosidades narrativas en la segunda parte para al final ofrecer una historia sin espíritu ni chicha eso si dignificada por inteprtetaciones de buen nivel empezando por el propio Favreau, tal vez demasiado omnipresente delante de la cámara. En el largo reparto nos encontramos- a veces en papeles anecdóticos- a gente como Dustin Hoffman, John Leguizamo, Robert Downey Jr., Scarlett Johansson o Sofia Vergara, que interpreta a la ex del protagonista, sin que ninguno logre aportar ningún momento estimulante en un filme mas bien olvidable.

domingo, agosto 10, 2014

El Aparatito Lumiere VIOLETTE



 

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Esforzada y al final verdaderamente efectiva cinta biográfica que trata de hacer justicia a una escasamente conocida escritora del siglo XX como Violette Leduc (1907-1972) una mujer inestable y atormentada cuya vida y obra estuvieron a la sombra de su admirada (y amada) Simone de Beauvior así como su condición de hija ilegítima y su extraño e infantil temperamento le hicieron llevar una vida frustrada y sentimentalmente fracasada, reflejando su vida en su obra más conocida, La Bastarda. Este biopic dirigido de manera honesta y realista por Martin Provost no trata de ser una obra amable (ni tan siquiera con la propia biografiada) pero en todo momento ensalza la figura de Leduc de la mejor manera posible: tratando de contar la verdad, o al menos eso se pretende. En esta difícil empresa, ha contado con la inestimable aportación de la actriz Emmanuelle Devos, quien realiza una desgarradora interpretación de la escritora en todos sus matices.

Cuidadosamente ambientada en los años 40 y 50, Violette retrata magistralmente el mundillo literario francés de aquellos años marcado por el existencialismo, Sartre y Camus (mencionados pero sin aparición física en esta película) del que Violette Leduc fue hija un tanto rebelde. La lucha de Violette por salir de la mediocridad y de una existencia anodina marcada por una situación de pobreza en la postguerra, matrimonios fracasados, amores no correspondidos con personas de los dos sexos y un sentimiento constante de culpa es toda epopeya psicológica que la película muestra con éxito, especialmente en lo tocante a la rebeldía de una mujer brillante a al que en un primer momento la literatura no le produce la satisfacción (económica) deseada y que lucha contra la frustración con las armas que puede, entre ellas su propia vida y lo que para ella representa plasmada en hojas de papel. También es de mención una beuna representación de su relación con su maestra y amiga Simone de Beauvior (Sandrine Kiberlain) un amor imposible que traerá muchas preocupaciones a Violette. Un drama biográfico-psicológico muy bien planteado que pese a que su pausado ritmo no sea del agrado de algunos espectadores no hay que olvidar en ningún momento que es una de las mejores películas europeas de lo que llevamos de año.

martes, julio 29, 2014

El Aparatito Lumiere MARSELLA




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Este eficaz melodrama entre intimista y social muestra que el cine español puede jugar interesantes cartas a la hora de ofrecer una buena película sin necesidad ni de grandes alardes técnicos y ni de pretenciosidad impostada, mal endémico de muchas producciones españolas. Y es que el segundo largometraje de la realizadora eminentemente televisiva Belén Macías es un exquisito ejercicio de sobriedad narrativa aupada en una historia muy bien planteada y con altas dosis de emocionalidad muy bien dosificadas. Una historia con personajes principales en una situación límite que buscan un atisbo de esperanza pero en donde el destino parece querer jugarles una mala pasada de una forma absurda e inmerecida. Sara (María León) una joven andaluza afincada en Catalunya de 28 años de extracción humilde y con un pasado turbio ve como su vida pega un vuelco al conseguir que su hija legítima de diez años vuelva con ella tras habérsele sido retirada la custodia cuando esta tenía 4 años. De nuevos juntas, la inmadura y desnortada Sara y la pequeña e inteligente Claire (Noa Fontanals) viajan en coche hasta Marsella para reencontrarse con el olvidado padre francés de la criatura, dándose cuenta Sara que ella no esta hecha para tener una hija, y la niña de que echa en falta a al que considera su verdadera madre, Virginia (Goya Toledo), su madre adoptiva. Para complicarlo todo, Sara debe hacer un pequeño “negocio” secreto por encargo al llegar a Francia y Virginia decide reencontrarse con Claire en mitad del camino.

La película está hecha con sensibilidad y mucho tino a la hora de retratar unas relaciones personales difíciles y forzadas como son las que se establecen entre la despechada Sara y su hija Claire, pero además va más allá y ofrece un matizado melodrama de búsqueda de la felicidad tan real como la vida misma y sin ningún artificio dramático. Su estructura de road movie y la irrupción de personajes con mas peso en la historia que lo que pudiera parecer al principio (los dos camioneros interpretados por Eduard Fernández y Alex Monner) hacen de Marsella una película tan sencilla como exquisita. Y en todo ello tiene mucha culpa unas excelentes interpretaciones en donde estaca la naturalidad y credibilidad de la pequeña Noa Fontanals (y que además canta la canción de los créditos finales, en francés) y el buen hacer de María León, si bien esta chica debería variar alguna vez de registro ya que corre el riesgo de encasillarse en papeles de muchacha de barrio. Para amantes de emociones bien contadas y cine inmediato.   
 

miércoles, julio 23, 2014

El Aparatito Lumiere EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (DAWN OF THE PLANET OF THE APES)




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Después de un inicio algo decepcionante, está remontando el vuelo la saga reboot de la franquicia El Planeta de los Simios, aquella que a finales de los 60 y principios de los 70 basándose en una novela de Pierre Boule revolucionó el cine de ciencia ficción. Tres años después de El Origen del Planeta de los Simios conocemos las nuevas andanzas del inteligente chimpancé Cesar (Andy Serkis, que como el resto de actores que interpretan a los simios ha interpretado a su personaje por motion capture) que ha creado en un bosque a las afueras de San Francisco toda una comunidad de chimpancés, gorilas y orangutanes ya con inteligencia casi humana y capaces de comunicarse con lengua de signos e incluso de articular palabras viviendo como hombres primitivos mientras la raza humana agoniza por una pandemia que ha diezmado a la población y que trata de organizarse como puede en un entorno planetario devastado por las últimas guerras humanas. Con un tono mucho más moral y filosófico que su predecesora y poca concesión a golpes de efecto fáciles, la película convence por su buen pulso narrativo y por la sobriedad de una historia interesante (aunque predecible) trufada de cuestiones morales, antropológicas y sociológicas que viene a poner en duda- aunque de manera superficial- la relación de los eres humanos con la naturaleza y consigo mismos a veces utilizando a los simios como vehículo de expresión y otras a los propios humanos, así como algunas cuestiones antropológicas como el origen de las guerras y los conflictos marcados por el odio parecen tratar de explicarse aquí con el ejemplo de una nueva e inocente sociedad primitiva, la de los simios, que trata de abrirse camino en el planeta tierra. Pese a todo, siempre hay que tener presente que la película está planteada desde el más puro entretenimiento y en ese sentido el filme de Matt Reeves cumple con creces su cometido. 



Con una buena puesta en escena, una cuidada fotografía y un uso inteligente de los efectos especiales infográficos y del motion capture, El Amanecer… plantea el conflicto entre humanos y simios (que se supone desencadenará la aniquilación total de los primeros) como una lucha en donde los propios primates aprenderán a convivir con nuevos conceptos para ellos como el odio entre semejantes, el odio al diferente, la venganza, la tiranía y la guerra. El personaje de Cesar actúa como catalizador de las diferentes opiniones y sensaciones de los simios ante la intromisión de los humanos procedentes de la colonia de supervivientes de San Francisco en su territorio, con el vengativo e impulsivo simio Koba (Toby Kebbell) como antítesis de todo lo que defiende Cesar, aunque al final el resultado que se nos muestra del conflicto sea bastante tópico. Si en su primera mitad de metraje el filme se detiene tal vez demasiado y no muy convincentemente en mostrarnos los avatares de la sociedad de los simios y de las penurias de los humanos produciendo cierta sensación de reiteración, en la segunda mitad la película retoma vuelo y muestra sus mejores cartas avanzando hacia el desenlace con momentos de cierta épica. Es de mencionar lo bien que están rodadas y presentadas las escenas de guerra entre simios y humanos rodadas como escenas de películas bélicas al uso y sin la parafernalia visual y empacho de efectos de las escenas de acción del cine-espectáculo. Una buena opción de cine de verano, evasivo pero con mensaje.

martes, julio 22, 2014

MIS RETALES FOTOGRÁFICOS (XXVII)

Izaro (2013)

  
La entrada (2013)   



Caminos del bosque (2013)

Amenaza de lluvia (2013)

Pottokak (2013)

...you´ll find a pot of gold (2013)


jueves, julio 17, 2014

El aparatito Lumiere EL EXTRAORDINARIO VIAJE DE T.S. SPIVET (THE YOUNG AND PRODIGIOUS T.S. SPIVET)




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Con muy buen tino ha firmado Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, Amelie, Alien Resurrección, Micmacs) su última película, una inteligente adaptación de la curiosa novela infantil-experimento The Selected Works of T.S.Spivet  del norteamericano Reif Larsen que sin llegar a ofrecer una obra redonda consigue un filme sugerente y a ratos conmovedor. Con la siempre impecable y fastuosa factura formal que Jeunet imprime a sus películas, el director francés ha filmado en inglés esta coproducción franco-canadiense trufada de efectos digitales y en 3D varios pero sin renunciar a una esencia naturalista en su factura formal (más que en otras ocasiones) aunque eso sí echando mano de diferentes recursos visuales y conceptuales propios del cine fantástico para recordarnos que este es un cuento de hadas-fábula infantil para espectadores inteligentes, tanto niños como adultos. Aunque su protagonista sea un niño (impecablemente encarnado por Kyle Catlett) no es esta una peli muy recomendable para niños/as de corta edad, siendo los nueve o diez años como mínimo la edad recomendable para disfrutar en toda su plenitud de este trabajo, tan simpático y honesto como a veces irregular.

Estructurada como una road movie, la película esta narrada desde el punto de vista del pequeño Spivet, un niño de mente superdotada e interesado en las ciencias físicas que vive en una aislada granja de Montana ninguneado por sus padres (el un rudo granjero, ella una excéntrica entomóloga) y su hermana quinceañera bajo la sombra de su hermano muerto en accidente. La invención de un aparato de movimiento perpetuo le llevará a una fuga de casa para realizar un viaje a Washington con el fin de presentar su increíble invento en el Smithsonian Institute. En su largo recorrido del oeste al este de los EEUU Spivet conocerá diversos personajes, aprenderá de la absurda condición del mundo de los adultos y examinará tanto su inteligencia como sus sentimientos y su lugar en un mundo que cada vez le parece más extraño tanto desde su percepción de niño prodigio como desde la de niño a secas. Un viaje más iniciático e intimista de lo que parece contado con humor, ternura y un punto de amargura que puede que no sea plato de todos los gustos. La curiosa deconstrucción visual del intelecto de Spivet mostrada mediante animaciones, imágenes y secuencias descontextualizadas y otros recursos (en concordancia con la estructura del libro) es uno de los aspectos más llamativos de la película, en donde Jean-Pierre Jeunet sigue demostrando ser un director original y sorprendente aunque esta vez menos brillantey acomodado que otras veces. El retrato de diferentes paisajes y ambientes norteamericanos mostrados con una idealizada y manierista precisión con ecos de las ilustraciones de Norman Rockwell, el cine de John Ford y toda la iconografía clásica y típica del American Way of Life es otro aspecto que demuestra la increíble versatilidad del cineasta francés, que tampoco renuncia aquí a una de las influencias más singulares de su cine: el cómic francoblega. Un buen reparto anglosajón en donde se incluye a Helena Bonhan-Carter y Callum Keth Rennie como los padres del protagonista y a Judy Davies como la arribista mentora de Spivet en Washington cumple con creces,  así como nos encontramos algún rostro francés habitual de Jeunet como Dominique Pinon. Una película amable y con un sugerente mensaje lleno de valores que se postula como una buena opción de cine para una tarde veraniega.  

miércoles, julio 16, 2014

THE WATERBOYS, LOS SONIDOS UNIVERSALES DE MIKE SCOTT (y II)





1990-1991. El fin de la primera etapa folk rock y desbandada de Waterboys

Entre febrero y junio de 1990 The Waterboys graban Room to Roam en los estudios irlandeses de Spiddal House -fundados por la banda para la grabación de su álbum anterior Fisherman´s Blues- con la intención de seguir en la línea de mixtura de folk rock y pop rock alternativo de aquel exitoso trabajo. La formación de Waterboys que registró Room to Roam, publicado en octubre de 1990, incluía a todos los músicos que realizaron la gira de 1989, con lo que por primera vez el grupo había encontrado una estabilidad en cuanto a componentes…que resultó efímera y engañosa. El LP, que reforzó el virtuosismo de la parte instrumental (en gran parte gracias a las habilidades de Sharon Shannon al acordeón y Colin Blakey a las flautas) y la calidad de una producción más escorada a los cánones pop rock, obtuvo mejores ventas que Fisherman´s Blues llegando al nº 5 en las listas británicas y siendo el disco más vendido de Waterboys en todo el mundo, aunque la crítica manifestó que pese a ser un buen álbum era inferior a su glorioso predecesor. Waterboys ya tenían un público bastante fiel que esperó con ansia este disco y Mike Scott ya era considerado en el mundillo del rock como uno de los mejores compositores en activo, lo que propició el relativo éxito internacional de Room to Roam superando incluido el obtenido por Fisherman´s Blues en algunos países (en España, por ejemplo) aunque en EEUU, donde se esperaba que iba a superar las ventas de Fisherman´s Blues, fracasó.  

El álbum, de muy agradable escucha, demostraba que los Waterboys folkies (la Raggle Taggle band, la banda harapienta como ellos mismos se denominaban ahora) eran un colectivo musicalmente consolidado y que había encontrado la tecla perfecta de la fusión del folk celta y el rock, pero el nivel de calidad de las canciones bajó con respecto al disco anterior. No obstante, temas de entidad no faltan en un trabajo aún más ecléctico musicalmente que Fisherman´s Blues y también más escorado al rock.  Así, How Long Will I Love You, el primer sencillo, es un brillante medio tiempo de pop rock electro acústico e inspirada melodía mientras que otro corte como Further Up, Further In y A Man is In Love / Kaliope´s House es brillante folk rock emocional con encantadores arreglos tradicionales de violín y acordeón servidos por unos estupendos Steve Wickham y Sharon Shannon. El último tema, que también fue single, es una bonita balada celta estupendamente interpretada por Mike que obtuvo puestos importantes en listas europeas (lo mismo que How Long Will I Love You) pero que pasó desapercibida en el Reino Unido. Spring Comes to Spiddal una especie de fanfarria norteamericana a lo New Orleans y el popular tema tradicional irlandés The Raggle Taggle Gipsy (que dio nombre a la etapa folkie de la banda) son otros de los highlights de un álbum que tampoco renunció a temas mas experimentales y de rock alternativo (Islandman) y a las guitarras eléctricas, lo mismo que el aliento poético de las letras de Mike Scott aún perduraba. No obstante, la gira- concluida en verano de 1991- fue un fracaso por los abandonos de Steve Wickham poco después de la grabación del LP y de Shannon y Colin Blakey mas tarde, lo que obligó a reducir fechas y a retornar obligatoriamente –ya sin instrumentistas tradicionales- al rock. Lo cierto es que la orientación más eléctrica de algunos temas ya anunciaba que Scott y Anthony Thistlethwaite pretendían regresar al pop rock para un siguiente disco y esto no fue del gusto ni de Wickham ni de Shannon y Blakey que ya se veían fuera de la banda en poco tiempo. Scott,  Thistlethwaite y Trevor Hutchinson continuaron la gira que al final también vio la espantada del batería Noel Bridgeman, sustituido por Ken Blevis.

Ya a finales de 1990, y coincidiendo con la promoción de Room to Roam se reedito el single Fisherman´s Blues en países donde había pasado casi desapercibido originalmente (EEUU entre ellos) y con gran éxito, pero el buen momento de aclamación popular del grupo no se vio reflejado en su estabilidad interna y tras la gira Hutchinson abandona Waterboys dejando a los fundadores Mike y Anto Thistlethwaite como únicos miembros de la banda y este último con pocas ganas de seguir hasta que en diciembre de 1991 anuncia su salida. Mike sin embargo no renuncia a Waterboys y anuncia que en el futuro seguirá grabando con el nombre del grupo, que ya no existe como tal. Termina aquí la historia de The Waterboys como grupo aunque no como proyecto: Mike Scott hasta el momento actual continua con “el nombre de marca”, ya un pseudónimo de una carrera en solitario.


 A finales de 1991 se publica con gran éxito el primer LP recopilatorio de The Waterboys, The Best of The Waterboys 81-90 que propició la reedición en single del tema emblemático del grupo The Whole of the Moon superando en éxito a su primer lanzamiento en 1985 y llegando al nº 3 en UK además de recibir un premio Ivor Novello en mejor canción de 1991: Waterboys ven reconocidos logros anteriores en un momento incierto. Mike Scott entre tanto decide mudarse a Nueva York y prepara allí un nuevo LP de Waterboys con músicos de estudio norteamericanos y de nuevo una orientación eléctrica y rockista.


1992-1994. Aventura americana

Mike Scott, ya todo un reputado músico aunque aún no muy conocido entre grandes audiencias, sabe que tiene un público fiel y entregado admirador del componente emocional y lírico de su música mas allá de los diferentes estilos que ha cultivado y no desea defraudarle. Más solista y músico que nunca, publica en mayo de 1993 Dream Harder  el retorno del proyecto Waterboys después de tres años y dejando atrás el folk rock celta para adentrarse de nuevo en el rock, esta vez con ciertos elementos del Indie Rock -el rock alternativo norteamericano de los 90- (Pixies, Sonic Youth, Throwing Muses) el Nuevo Rock Americano (REM) e incluso el Hard Rock, dejando un tanto atrás la conexión británica alternativa, de capa caída a principios de los 90. Grabado en Nueva York con la ayuda del productor Bill Price y diferentes músicos de sesión en donde destacan Carla Azar (batería, bajo), Chris Bruce (guitarra), Thommy Price (bajo, batería) o el veterano Jim Keltner (batería), Dream Harder supuso también un retorno a la ampulosidad musical y el art rock alternativo de los Waterboys de la primera mitad de los 80 aunque bajo otro prisma que lo contemporaneizaba con algunas tendencias del rock de los 90. De nuevo hay prominencia de temas espirituales, filosóficos y religiosos así como una musicalización de un poema de Yeats (Love and Death). The Return of Pan y Glastonbury Song, los dos singles, muestran un rock elaborado y artístico con profusión a las guitarras aceradas y una inclinación a recursos étnicos (flautas griegas en el primer tema) y artys, así como ponen en relieve la preeminencia de la línea lírica de los temas, muy centrados en la melodía vocal para enfatizar unos textos de nuevo ricos y sugerentes recuperando de algún modo la sobrecarga emocional de la etapa de la Big Music. Otros temas como The New Life sin abandonar el melodrama musical se acercan más al hard rock mientras que Spiritual Life atesora un curioso aire oriental con sitar incluido.                  

Pese a contar con una producción cuidada y muy efectiva y mostrar a un Mike Scott en total estado de madurez como compositor, Dream Harder no se puede equiparar en brillantez a los tres primeros álbumes de Waterboys. La crítica británica y americana se dividió ante el LP pero oído hoy en día resulta un trabajo más que interesante aunque algo irregular. Dream Harder al igual que el anterior Room to Roam llegó al 5 en la lista de LPs británica pero obtuvo discretos resultados en EEUU (aunque mejores que el anterior disco). En Europa continental la crítica fue más comprensiva con el álbum y consiguió allí interesantes ventas. Pese a todo, Mike Scott no pudo ir de gira como Waterboys ya que le fue imposible montar una banda de directo. Desencantado, abandona EEUU en 1994 y decide grabar a partir de ahora con su propio nombre, enterrando el nombre de Waterboys durante un tiempo. En 1994 se publica un interesante álbum de rarezas, The Secret Life of The Waterboys 81-85 con 15 temas grabados en estudio o en directo en la primera etapa del grupo, la mayor parte descartes de sus primeros álbumes.

Paralelamente a la carrera de Mike Scott con Waterboys a principios de los 90, Karl Wallinger, el ex teclista de la banda, triunfaba en los circuitos alternativos con su proyecto nacido en 1986 World Party. En 1993 World Party coincidió en listas con Waterboys con su más célebre y aclamado LP Bang! (nº 2 en UK) que contenía el mayor éxito en singles del proyecto de Wallinger, Is it Like Today?, un tema acústico con ciertas reminiscencias scottianas que llegó al top 10 de los charts (Karl Wallinger con este álbum obtuvo mejores resultados en listas que cualquier disco de Mike Scott / Waterboys). Por otra parte Anthony Thistlethwaite comenzó en1993 una intermitente carrera en solitario con Aesop Wrote a Fable además de unirse a la banda irlandesa The Saw Doctors; Sharon Shannon inició en los 90 una reputada carrera como acordeonista y violinista de folk tradicional irlandés y Trevor Hutchinson triunfa desde 1997 como miembro del grupo de fusión celta Lúnasa.        


1995-1999. Mike Scott propiamente dicho

De nuevo en UK, en mayo de 1995 Mike publicó su primer LP bajo su nombre, Bring’ Em All In un trabajo preeminentemente acústico y sobrio en contraste con la riqueza instrumental de Dream Harder en donde el de Edimburgo refuerza su vena dylaniana y se asoma a los sonidos de James Taylor, Leonard Cohen, el Mark Knopfler más reposado, Neil Young y Elliot Murphy. Un disco de cantautor rockista acústico con ecos folkies británicos y americanos que entusiasma a los seguidores del músico y a la crítica pero que constituyó un fracaso comercial. Coproducido con el astuto Niko Bolas y con Mike tocando la mayor parte de los instrumentos con la aportación de escasos músicos de sesión (aunque solo Mike Scott figura como músico en los créditos) el álbum contiene temas de peso como el que titula al álbum- introspectivo y emocionante-, What Do You Want Me To Do -nuevo canto de reminiscencias religiosas- o la bella She´s So Beautiful, delicioso tema de amor. Ninguno de los singles- Bring’ Em All In y Building the City of Light- llego al top 40 en las listas de éxitos al contrario que los de Dream Harder, que fueron top 30 en el Reino Unido.

Scott solo pudo ir de por Gran Bretaña para presentar Bring’ Em All In, un álbum injustamente incomprendido. Pese a que su publico seguía siendo fiel y era un músico admirado parecía que la desaparición de la marca The Waterboys estaba haciendo mella en la repercusión de su música. En 1997 vuelve a grabar su segundo y último álbum oficial como Mike Scott en el sello Chrysalis, tras haber abandonado Ensign y Geffen. Still Burning (1997) de nuevo cuenta con Niko Bolas en la producción y en esta ocasión una orientación evidente al rock más mainstream con el fin de hacer un LP superventas o al menos revivir los mejores años de Waterboys. Para ello se contó con una legión de eficientes músicos de sesión todoterreno como Pino Palladino, Preston Heyman, Jim Keltner, Chris Bruce, Gavyn Wright o Ian McNabb además de los arreglos de cuerda de Nick Ingman. El álbum, eficaz y muy convincente manual de rock adulto y emocional, volvió sin embargo a ser un nuevo fracaso comercial. Aunque la estupenda Love Anyway se postulaba como una nueva The Whole of The Moon con su tono emocional y épico y su estilizado lirismo scottiano, no logró excesiva repercusión. Questions y Rare, Precious and Gone son otros de los temas notables del álbum. Mike le iba cogiendo gustillo a esto de rodar videclips con playback con el de Rare, Precious and Gone  rodado en el aeropuerto con Mike y su banda esperando a coger el vuelo. Aquel video solo costó 500 libras. 

Tras una gira en 1998, a finales de aquel año se publica una nueva recopilación The Whole of the Moon: The Music of Mike Scott and the Waterboys que incluye temas mayormente de Waterboys y algunos firmados como Mike Scott. Se incluye allí un tema inédito, Higher in Time, procedente de una de las últimas sesiones que Mike y Anto hicieron juntos. El fracaso de Still Burning provocó la rescisión del contrato de Mike con Chrysalis y llevó al músico a la decisión de rescatar el nombre de marca The Waterboys para su carrera musical. Era un hecho que los dos discos editados bajo el nombre de Mike Scott habían vendido bastante menos que los de Waterboys y el propio Scott comprobó como el nombre de su antiguo proyecto era más conocido que el suyo propio. Por ello The Waterboys resucita como marca o proyecto, pero no como grupo, ya que hasta día de hoy Mike Scott  además de ser el único propietario y usuario del nombre no ha utilizado prácticamente ninguna banda fija de músicos durante catorce años. Mike finalizó la década de los 90 colaborando con el gaitero y flautista gallego Carlos Nuñez en si disco Os Amores Libres (1999) poniendo su voz en una nueva versión de The Raggle Taggle Gipsy en lo que supuso un fugaz regreso de Scott a los sonidos tradicionales.


2000-2014. El regreso de The Waterboys con perfil bajo

En septiembre de 2000 Mike Scott publica siete años después un nuevo álbum con el nombre de The Waterboys, A Rock in the Weary Land un trabajo convincente pero del lo mas flojo publicado por Mike Scott. Extrañamente variado y con voluntad de modernizar el sonido de Scott, va desde el rock melodramático tratando de revisar la etapa de la Big Music en clave remozada de Brit Pop (A Rock in the Weary Land), postrock a lo Radiohead (Is She Concious?), rock de guitarras de inspiración cristiana (We are Jonah) o momentos de sinfonía rock con ramalazo hard y noise (Crown). Comercialmente el disco fue un fiasco poniendo a Mike Scott y Waterboys definitivamente fuera de la primera escena del rock internacional en las dos últimas décadas. La crítica, sin embargo, alabó la capacidad de Mike Scott por adaptarse a los cambios en la música aunque los resultados no fuesen cien por cien satisfactorios. Varios músicos colaboraron en el LP entre ellos los ex Waterboys Anthony Thistlethwaite y Kevin Wilkinson. Durante el periodo 2000-2001 Waterboys se va de gira y la nueva banda incluye al teclista Richard Naiff, que colaborará con Mike en la mayor parte de los discos futuros con Waterboys y de nuevo a Steve Wickham que vuelve a poner su violín al servicio de Mike Scott convirtiéndose en su brazo derecho musical hasta la actualidad.    
 
El sonido descrito por el propio Scott como Sonic Rock no fue del gusto de todos los seguidores de la banda; no obstante A Rock in the Weary Land puede ser considerado como el último LP de The Waterboys de cierta calidad. Comienza una etapa de capa caída con Mike Scott tratando de demostrar siempre sus dotes de gran músico, letrista y compositor pero con ideas flácidas y menguantes. En 2001 se edita un nuevo LP de rarezas, esta vez con temas descartados de las sesiones de Fisherman´s Blues bajo el título Too Close to Heaven (Fisherman´s Blues Part 2 en USA y con temas añadidos). En 2006 una edición de coleccionista del mítico álbum de 1988 publcia nuevos temas de esas sesiones y finalmente en 2013 una caja de siete CDs para conmemorar el 25 aniversario de Fisherman´s Blues reúne temas y temas de aquellos años. Consciente de que el rollo folk rock es el que ha identificado a The Waterboys en su periodo mas popular, Mike decide volver al género en el disco de 2003 Universal Hall que cuenta con al colaboración de Wickham en el estudio después de 13 años y con Mike tocando varios instrumentos entre ellos el órgano, el piano, el sintetizador y el harmonium. De nuevo con el recurso a temas espirituales e introspectivos, el álbum sin embargo esta muy lejos de las excelencias de Fisherman´s Blues o incluso Room to Roam aunque las habilidades compositivas melódicas de Scott aparecen de vez en cuando e incluso se atreve a marcarse un tema con reminiscencias dance electrónicas, Seek the Light. Este es además el primer LP de Mike Scott con el sello por el creado, Puck, y dicho sea de paso, es el disco de Scott que peor se vendió. Tras la publicación del álbum en directo Karma to Burn (1995) grabado en actuaciones en diferentes ciudades entre 2003 y 2004 y con temas clásicos como The Pan Within, Medicine Bow o Fisherman´s Blues, The Waterboys publica Book of Lightnin (2007) un disco de pop rock correcto que muestra la maestría del edimburgués como compositor pero que sin embargo no aporta nada nuevo musicalmente hablando. La canción que titula al LP, un tema de mas aproximación folk rock, es de lo más curioso y degustable del mismo. El álbum esta grabado por una nutrida lista de músicos en donde a parte de los habituales Naiff y Wickham se encuentran viejos conocidos de Mike como Roddy Lorimer o Chris Bruce.  Pese a ya no ser nada comercialmente, las giras internacionales de The Waterboys durante los 2000 -ya no tan masivas como antaño- seguían atrayendo a un buen contingente de público que vibraba con los himnos del grupo de los 80 y la figura de Mike Scott logra mantenerse en la estima y el entusiasmo de los buenos aficionados a la música. Con todo, Mike Scott y sus huestes se toman con calma estos últimos siete años.


En 2010 Mike Scott presenta el proyecto An Appointment with Mr.Yeats, un espectáculo musical en directo homenaje a la poesía de W.B.Yeats, un autor al que ya Scott había puesto música a varios de sus poemas en diferentes discos.  Scott adapta y musica otras muestras del poemario del escritor irlandés que interpretan en el escenario gente conocida en la escena irlandesa como Katie Kim o Joe Chester, además de Steve Wickham. El espectáculo se representó en Dublín del 15 al 20 de marzo con cinco actuaciones en las que se agotaron las entradas. En estos temas, Mike experimenta con sonidos y estilos (folk, nuevas músicas, psicodelia, dance pop, hard rock) dividiendo a la crítica. An Appointment with Mr.Yeats volvió a representarse en Dublín en noviembre de 2010 y se estrenó en Londres en febrero de 2011. El álbum banda sonora con los temas grabados en estudio se publicó en septiembre de 2011 y hasta el momento es el último LP bajo el nombre de The Waterboys. En 2013, Mike dedice conmemorar los 25 años de Fisherman´s Blues con una gira en donde se intrepreta el cancionero de aquel álbum con una banda que incluye de nuevo a Anto Thistlethwaite y a Trevor Hutchinson.


…you saw the whole of the moon!


Mike Scott con sus Waterboys no solo ha demostrado ser uno de los mejores músicos de rock surgidos en los últimos 30 años, ha dejado una obra que para si quisieran muchas estrellas y leyendas del rock: canciones robustas y casi perfectas dentro de una discografía muy variada en cuanto a estilos e influencias pero siempre con un mismo rasgo característico, el de una honda y honesta sensibilidad poética que convierte a muchas de sus canciones en una obras de arte tanto plásticas como literarias. Aunque ya no se encuentre en su mejor momento creativo, Mr. Scott sigue poseyendo ese enorme encanto de excéntrico gentleman bohemio capaz de liderar una banda de harapientos gitanos irlandeses como de subirse solemne al estrado para recitar emocionantes himnos existenciales, o poner un nudo en la garganta con trovas amorosas. Rockero épico, cantautor intimista y afectado, folkster celta pegado a la tierra y el mar, investigador de músicas y sonidos, poeta de mil matices, fabricante de canciones y emociones. Un pescador en tierra firme guitarra en ristre y gorra de vagabundo de principios del siglo XX que se cita con Yeats, George McDonald, Bob Dylan y Lou Reed en los verdes prados de Spiddal y en los campos de piedra de Insisheer bajo la mirada del dios Pan. Mike Scott, sin duda, ha visto toda luna.