domingo, febrero 24, 2019

CAFARNAÚM (CAPHARNAUM)



**** y 1/2  

Una de las funciones del medio cinematográfico- entre otras tantas- es la de servir de testimonio de la realidad, ya bien sea de forma ficcionada o documental, a la que se puede añadir el de poder ser un impulsor de cambio: esto último, siempre difícil, cada vez se hace necesario en un mundo tan globalizado como injusto y son testimonios como el que ofrece esta soberbia película los que pueden añadir su granito de arena. Con un presupuesto ajustado, sin actores profesionales y con protagonistas tanto infantiles como adultos sacados de los mismos entornos reales donde se ha rodado, esta producción libanesa nos enseña que otro tipo de cine es posible sobre todo a la hora de contar historias inspiradas en hechos reales que por desgracia ocurren frecuentemente en países del oriente medio (y en otras altitudes) con en Líbano. La directora y actriz Nadine Labaki muestra un pulso narrativo encomiable y una habilidad cinematográfica innata para conseguir que la angustiosa epopeya de supervivencia de un niño libanés de 12 años huido de casa y solo ante una realidad urbana angustiosa no solo conmueva sino que guste, haga reir, llorar, y en definitiva sea una historia poderosa y convincente. 

Zain, el pequeño protagonista, está interpretado casi de manera autobiográfica por el joven Zain Al Rafea, un niño refugiado sirio en Beirut que aquí encarna a un chaval libanés que tras un angustioso periplo tras huir de casa (que conforma casi toda la película en forma de flashback) decide demandar judicialmente a sus padres- dos seres que explotan y maltratan a sus hijos-  por haberle traído a un mundo deshumanizado y cruel. Este premisa inicial casi de cuento moral es solo un pequeño despiste para mostrarnos durante toda la película una historia de supervivencia en donde Zaim, sin referentes paternos y sin haber recibido cariño alguno, aprende a valerse por si mismo a través del mundo de los adultos, unos seres que le parecen crueles y destructivos. El encuentro con una joven emigrante ilegal etiope, Rahil   (Yordanos Shiferaw) y su hijito de un año, Jonas (Boluwatife Trasure Bankole), añadirá esperanza pero será muy efímero. La fortuita marcha de su casi madre adoptiva llevará a Zaim a comportarse casi como uno de sus denostados adultos teniendo que emplear no ya solo la picaresca sino casi el delito para subsistir aunque por otro lado su madurez adquirirá una dimensión positiva al hacerse cargo del pequeño Jonas en ausencia de su madre, siendo para él casi como un hijo.

El catálogo de situaciones desagradables en la película es amplio, un muestrario de la realidad de muchos países en Oriente Medio: tráfico de drogas, pobreza infantil, mendicidad, delincuencia juvenil, abusos sexuales, explotación de menores, mafias de trata de inmigrantes, matrimonios concertados en edad infantil…todo ante los ojos de un niño de 12 años en el límite de la pérdida de la inocencia y de su conservación como mecanismo de defensa ante una realidad cruel. Con un mensaje final que abre una pequeña puerta a la esperanza, Cafarnaún no se recrea ni en la truculencia ni en el sensacionalismo y busca la complicidad del espectador. Un merecido premio del jurado en el pasado festival de Cannes y su nominación al Oscar de mejor película en habla no inglesa de este año avalan las virtudes de una película necesaria y convincente.

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