lunes, octubre 19, 2026

WHALEFALL

 


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No ha casado nada mal una historia de supervivencia épica con un drama familiar en una película dominada por los efectos especiales (en este caso e insólitamente en los tiempos que corren, prácticos); unos ingredientes (junto con el suspense) a priori dispares que han hecho surgir un filme más que aceptable. Basada en una novela de Daniel Kraus, Whalefall consigue ser una peli más que entretenida y desasosegante en sus dramáticas y alucinantes secuencias de supervivencia solitaria y aceptablemente convincente en sus momentos de drama. La lucha de Jay (Austin Abrams. un chaval de 18 años, por sobrevivir en uno de los estómagos de un enorme cachalote tras ser tragado por el animal en una inmersión submarina y por lograr salir a la superficie antes de ser deglutido, es lo que básicamente vemos en el filme en lo que es toda una epopeya por salir con vida en un espacio y una situación increíbles e impensables para cualquier ser humano. Pero Jay, con poco oxígeno en sus bombonas de submarinismo, cansado, desesperado y muy mal herido se ha encontrado con esto tras tomar una arriesgada y para él vital decisión: buscar en el mar los restos de su padre (Josh Brolin) un experimentado marino fallecido un año atrás tras arrojarse en el mar por su desesperación ante su enfermedad terminal.

Los dos planos en los que funciona la película (el primero en el tiempo principal, el de la desesperada aventura de Jay en el cuerpo del cetáceo, y el segundo el de los flashbacks de la difícil convivencia del muchacho con su exigente y un tanto despótico padre) funcionan muy bien en su vertiente de metáforas de un mismo concepto, que es el del ansia por recuperar la esencia vital, el amor y la aceptación de una padre por una parte y la vida misma y el sentirse vivo por otra, conceptos mayormente superpuestos en toda la historia, notándose especialmente cuando nos damos cuenta que la lucha de Jay es principalmente la de recuperar a su padre, física e espiritualmente, algo a lo que responderá inesperadamente su jonasiana estancia en el interior del cachalote. Un guion muy bien escrito, la verdad, por el propio autor de la novela y el director Brian Duffield quien logra un trabajo bastante notable tras la cámara, aunque es cierto que el libreto en no pocas ocasiones cae en lo tópico sobre todo en algunas escenas familiares entre los dos actores protagonistas.

Mención aparte merecen todas las escenas en el interior de cachalote, rodadas en decorados construidos y con texturas gelatinosas emulando el interior de un cetáceo y con movimientos y palpitaciones logradas mayormente con mecanismos: es decir, a la antigua usanza de los 70 y 80 del siglo XX y todo perfectamente verista, aunque es cierto que ciertos momentos de esas secuencias pueden resultar poco creíbles. Eso si, al sensación de desesperación y la lucha sin cuartel del joven protagonista están muy bien conseguidas gracias al buen trabajo de Austin Abrams. Las sombras de Moby Dick y Pinocho, por supuesto, también pasan de refilón por esta película. Inteligente mixtura de entretenimiento y drama intenso que convencerá a diferentes públicos.