jueves, septiembre 12, 2019

QUIEN A HIERRO MATA



 
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Con Quien a hierro mata, Paco Plaza ha firmado su mejor película aunque se trate de un encargo en lugar de un proyecto personal con guión del propio realizador tal y como ocurrió en su última- y hasta la aparición de esta, mejor película- Verónica (2017). Un soberbio libreto de Juan Galiñanes y el inefable Jorge Gerricaechevarria consigue un thriller intenso pero asequible en donde el elemento psicológico (centrado en el protagonista) es el pivote en torno al cual gira la historia pero en modo alguno se trata del único ingrediente de una historia intrincada y solapada en varios elementos pero de ningún modo extremadamente compleja. Con este primer alejamiento del género fantástico y terrorífico en 20 años de carrera Plaza ya puede presumir de tener sus primeros  galones de excelente director de películas serias aunque este thriller en realidad debe al cine de horror clásico más de lo que aparenta: el espíritu de Dario Argento o de Stephen King planean en una historia realista de mafias y venganza donde también hallamos trazas de Scorsese, Coppola, Peckimpah y por supuesto de Hitchcock dentro de los tensos momentos de suspense de la película.

La premisa argumental es una muestra de cómo la creación de ficción española ha encontrado un inagotable filón en el mundo del narcotráfico gallego y todo su oscuro entramado. Porque este filme rodado y ambientado en Galicia y cofinanciado por la Xunta pretende dar sin ambages ni dobles falsas morales una visión atroz de cómo el mundo del tráfico de drogas en dicho territorio entre otros muchos efectos negativos hizo tambalear los cimientos morales de muchas personas durante un largo tiempo, y esto es precisamente en lo se basa el filme, más que en retratar el mundo mafioso en si: el drama moral de una persona corriente, Mario (inconmensurable como siempre Luis Tosar) jefe de enfermeros en una residencia de mayores que inesperadamente se reencuentra con el más horrible drama de su pasado cuando un viejo y enfermo capo narco, Antonio Padín (Xoan Cejudo, un tardío descubrimiento) llega a la residencia directo de la cárcel. Mario se convertirá en una persona diferente a la que él y todos sus allegado creían que era mostrando un nuevo rostro dentro de una pesadilla que proveniente del sórdido mundo del narcotráfico ha tomado control de su existencia, ilustrada por la relación con su nuevo y siniestro paciente. Amenazas, oscuros planes, chantajes, violencia y en definitiva el mal más absoluto se dan cita en una historia que muestra que como desde un contexto apacible y en apariencia funciona todo puede tornarse en un auténtico infierno (la evolución psicológica del protagonista está muy bien conseguida). Es reseñable el empleo de la violencia explícita en este filme y de diversas caras del crimen y del odio, por lo que esta cinta no se antoja para espectadores sensibles. La película además no da tregua al espectador con sus momentos de angustia máxima más sacados del cine de terror, como hemos dicho antes, que del cine negro. Estamos ante una de las mejores películas españolas del año.


domingo, septiembre 08, 2019

TU FOTOGRAFÍA (PHOTOGRAPH)






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Ritesh Batra, un cineasta indio de proyección internacional como ya demostró en El sentido de un final y Nosotros en la noche, ambas producciones norteamericanas de  2017 (aunque su obra maestra sigue siendo Lunchbox (2013) filmada en su país) se confirma con esta Tu fotografía como un gran narrador, especialmente como un excelente relator de crónicas cotidianas demostrando- al igual que hizo en The Lunchbox- que los sentimientos y las historias de amor son transculturales. Apuntándose de nuevo al costumbrismo y al retrato de la realidad social de la India actual, Batra nos muestra un melodrama amoroso tomando como base una relación imposible, un romance falso entre dos jóvenes indios de diferente extracción social que parece devenir en algo real pese a su origen impostado. Rafi (Nawazuddin Siddiqui), un fotógrafo de turistas que malvive de su trabajo y que duerme en un barracón con unos amigos quiere agradar a su abuela, la mujer que le crió y que va a visitarle a Bombay, diciéndole que tiene una prometida, ya para ello convence a una joven de familia con posición más acomodada a la que hizo una foto, Miloni (Sania Malhorta) que finja ser su novia. Rafi forzará encuentros con Miloni y su abuela, pero la muchacha, tímida, preocupada por sus estudios y bastante abrumada por la insistencia de sus padres de concertarla un matrimonio, no parece sentirse muy cómoda en su nuevo falso rol, al menos en un principio. Rafi, empeñado en salir de la pobreza por cualquier medio, y Miloni, que desea un futuro como mujer más libre y poder tomar las riendas de su vida dentro de la tradicional sociedad india no obstante encontrarán puntos en común en esa descabellada situación que al final podrían llevarles a algo nuevo.

Es obvio que el filme bebe de los estándares del drama occidental (se trata de una coproducción con Alemania y EEUU) a la hora de plantar una película que en realidad tiene la misma premisa que muchas producciones comerciales de Bollywood, pero aquí no solo no se siguen las pautas del cine indio sino tampoco del cine hollywoodiense mas comercial: se apuesta por los ropajes del cine europeo más intimista  a la hora de manofacturar una convincente mezcla entre el melodrama de sentimientos y la crónica más social enfocada esta vez a la realidad de un país cambiante y con muchas contradicciones como la India. Tal vez se echa en falta un mayor compromiso pero la película, aunque sin arriesgar demasiado, cumple sus propósitos.      

domingo, septiembre 01, 2019

LOLA Y SUS HERMANOS (LOLA ET SES FRÉRES)



       
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Ha sido un éxito de taquilla en Francia esta amable comedia sobre las relaciones familiares y las dificultades que muchas veces surgen en ellas. Lola (Ludovine Sagnier), una abogada de trentaitantos sensata y decidida pero negada para las relaciones sentimentales tiene que bregar no sólo con sus propios asuntos (una nueva pareja, sus ansias de maternidad) sino con sus dos hermanos mayores, los cuales siempre han sido para bien o para  mal una influencia para ella y que ahora se encuentran al igual que ella en momentos críticos en sus vidas que por supuesto terminarán afectándola. Benoit (Jean-Paul Rouve, también director de la película) se casa por tercera vez, pero su nueva esposa no es lo que parecía y además no termina de llevarse bien con el hermano mediano Pierre (José García), situaciones que terminan colapsándole. Pierre por su parte, divorciado, inmaduro e irresponsable se mete en un serio problema laboral que amenaza su estabilidad económica. Lola intenta ayudar a sus hermanos, pero estos no hacen sino complicar las cosas. En resumidas cuentas un  psicodrama familiar revestido de comedia costumbrista que pese a su muestrario de riñas y conflictos entre hermanos (y personales)  sabe sacar una sonrisa constante al espectador que seguramente se verá reflejado en muchas de sus situaciones.   

Si bien como comedia no aporta gran novedad, Lola y sus hermanos es un filme eficaz y muy bien planteado con un guión matizado e inteligente que apuesta por el entretenimiento con mensaje, ya que la película no se queda en lo anecdótico y va directo a la fibra del espectador y también a su conciencia gracias a una historia sencilla pero tan fuerte y real como la vida misma.  

viernes, agosto 30, 2019

ÉRASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD (ONCE UPON A TIME IN HOLLYWOOD)




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Últimamente a Quentin Tarantino la salen muy bien las cosas. Lo suyo no es solo oficio, es habilidad narrativa superlativa, un dominio del arte cinematográfico lo suficientemente grande para hacer de una película un completo festival de audacias de todo tipo, una sensacional dirección de actores y lo que tampoco debe olvidarse un privilegiado don para dar con el equilibrio perfecto entre calidad y comercialidad. A estas alturas y tras casi 30 años de carrera no vamos a descubrir la grandeza de Tarantino, que una vez más ha vuelto a dar en la diana aunque este filme no supere su glorioso díptico western (Django Desencadenado y Los Odiosos Ocho), algo muy difícil, y ni tan siquiera llegue a los Niveles de Malditos Bastardos. La idea de revisar los comienzos de lo que se llamo el Nuevo Hollywood- aquella época en los 70 en la cual los directores volvieron a tomar el mando de sus obras con carácter autoral y lanzó a gente como a Coppola, Scorsese, Hopper, Spielberg, Ashby y otros- en aquel emblemático 1969, hace hoy 50 años, ha sido un acierto: el realizador de Knoxville ha dado rienda suelta a toda su sapiencia cinematográfica y toda su mitomanía pop- focalizada precisamente en los 60 y 70- para rendir un curioso homenaje a todo el maremágnum que se podía concentrar en el Hollywood de finales de los 60 y que desencadenó en un cambio en la década siguiente a la hora de concebir la industria cinematográfica norteamericana que resultó tan estimulante como efímero. Tarantino plasma con total acierto aquellos disparatados mimbres: el auge y caída del movimiento hippy, el primer reinado de la televisión, la irrupción de subgéneros cinematográficos underground, el auge del cine serie B, la globalización en los gustos del público internacional, la era dorada del Spagetti Western, el conservadurismo de la era Nixon y su cruzada contra el progresismo…y con este telón de fondo se nos muestra una comedia negra de personajes desesperados y al límite cuya historia transcurre en un contexto histórico real como fue el trágico verano californiano de 1969 en donde el hippy psicópata iluminado Charles Manson y sus seguidores (“The Family”) perpetraron un horrible crimen que puso fin a muchos ideales de los 60. Con personajes reales compartiendo pantalla con los protagonistas ficticios, la película desde la tragicomedia y la crítica despiadada más que satirizar homenajea al mundo del cine y su influencia en la gente marcándose una digresión sobre los acontecimientos reales del tipo que presentaba en Malditos Bastardos y con un mensaje similar sobre el amor al cine. Pero la película no quiere quedarse solo en eso y plantea una crónica histórico-costumbrista en donde se hace una reflexión, tan cruel y burlesca como más o menos atinada dentro de su ironía, sobre el fracaso personal, que aquí se expone como la negación a asumir cambios.

Los dos actores protagonistas, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, están excelentes como dos extriunfadores convertidos en poco tiempo en perdedores y que tratan de huir de un futuro nada halagüeño cada uno a su manera y sin aparentemente contar con el otro aunque su vida profesional y personal haya estado unida durante bastante tiempo. DiCaprio es Rick Dalton, ex estrella de la TV en blanco y negro cuya carrera en la pequeña pantalla americana parece haber terminado y tiene que dirigir su carrera al denostado circuito europeo, y Pitt es doble de acción, Clff Booth, que teme que el declive profesional de Dalton le afecte a él, un hombre con una cuenta corriente más bien modesta en contraposición a su compañero. Dalton, bipolar y enloquecido, no parece dar pie con bolo en su nueva situación dentro de un Hollywood que ya no es como él lo recordaba, y Booth parece cagarla también en el momento más inoportuno: dos personajes patéticos en un entorno que para ellos y para el resto de personajes de al industria del entretenimiento que aparecen el filme parece volverse cada vez más surrealista, artificial y absurdo. Porque Tarantino deja claro que su amor por el cine menos convencional y de culto de cualquier época no está reñido con la crítica al contexto sociológico en el que nació y todas sus circunstancias, positivas y negativas. En este sentido, la disección que se hace de los últimos 60 en USA y sus concomitancias que afectaron al mundo del espectáculo es sencillamente magistral. Es cierto que como siempre Tarantino no se toma en serio nada y que su fijación por mostrar lo más recóndito de la cultura pop lleva a veces al atragantamiento y por que no, a la trampa para el espectador, pero ver como toda situación, personaje, giro de trama o simplemente escenarios de fondo (todo sea real o imaginario) es sencillamente deslumbrante, especialmente para el espectador cinéfilo.

Jamás Tarantino ha estado tan acertado a la hora de mover y poner en escena personajes, aunque la mayoría sean reales. Puede salir -y sale- algo espectacular de una película donde aparecen Bruce Lee, Roman Polanski, las componentes femeninas de The Mamas and The Papas,  Steve McQeen,  Connie Stevens o se cita a Sergio Corbucci y las series de TV El Avispón Verde o FBI.  Mención a parte merece el personaje de Sharon Tate, interpretado por una inspirada y simpática Margot Robbie, que además de ser el personaje femenino más importante aparece en el filme como el elemento catalizador de la historia, como fue por desgracia fundamental su papel en la vida real en el final del sueño de los 60 (curioso el trampantojo simbólico en  la escena en que Tate-Robbie observa a la verdadera Tate en la película La mansión de los siete placeres), por no hablar del rol pivotal que ejerce Manson y sus acólitos en la película: aunque el célebre asesino aparece solo brevemente interpretado por Damon Herriman, sus seguidores aparecen todos cada uno s con sus nombres y con mayor y menor protagonismo, siendo Squeaky Fromme (Dakota Fanning) la que más protagonismo tiene. Son especialmente inspiradas las escenas en el rancho Spahn, a medio camino entre el western crepuscular y el cine de terror. Genial. Al Pacino, Bruce Dern, Timothy Oliphant, Emile Hirsch, Kurt Russell, la joven y prometedora Margaret Qualley y Luke Perry en uno de sus últimos papeles son algunos de los rostros más notables en el reparto coral de una película que aunque no es perfecta  resulta un nuevo acierto tarantiniano en donde tampoco faltan sus habituales diálogos ingeniosos ni su violencia desatada esta vez un tanto más comedida dentro de lo que cabe. Como comedia funciona estupendamente (tiene escenas verdaderamente tronchantes) y como homenaje al séptimo arte, pues está todo dicho. ¡Viva el cine!                                     

 

lunes, agosto 26, 2019

LA VIRGEN DE AGOSTO


 
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Que bien que directores españoles jóvenes demuestren no ya sólo talento sino originalidad y capacidad para explorar formas narrativas poco convencionales con cierto afán experimentador y que además estas aventuras siempre arriesgadas finalicen en éxito rotundo. Porque Jonás Trueba es un director que se está ganando a pulso y por méritos propios un nombre en el panorama cinematográfico ibérico actual más allá del hecho de ser “hijo y sobrino de” y con su quinto y hasta la fecha mejor largometraje demuestra ser un nombre a tener en cuenta. Una película sin esquema planteamiento-nudo-desenlace, basada en los diálogos, en la escenificación de situaciones concretas y en mínimos arranques narrativos se revela como el vehículo perfecto para contar una historia psicológica y de sentimientos centrada en las vivencias de una joven. Y lo que se nos cuenta no es tampoco cualquier cosa, es ni más ni menos que la aventura de descubrirse a uno mismo y sus propios deseos y objetivos en la vida. Para ello, Trueba y la coguionista-actriz protagonista Itsaso Arana sitúan al personaje central (moldeado al parecer a partir de la propia Arana) en un contexto especial, que es el de Madrid en el mes de agosto, una ciudad casi fantasma donde muy pocos locales se quedan en la villa y corte y abundan turistas y castizas y anodinas verbenas madrileñas. En este curioso contexto, Eva, que acaba de cambiarse  de vivienda, intenta matar el tiempo veraniego y conoce a nuevas amigas, se reencuentra con conocidos a los que había perdidos la pista, intenta retomar la relación con una amiga con la que apenas se veía últimamente, se topa casualmente con su ex, conoce a un chico con el que podría comenzar algo y trata de probar nuevas experiencias. Muchas situaciones y emociones para una mujer que parece querer dejar atrás algo y no sabe como y que trata de encontrar un futuro lleno de esperanza donde ella cree que no había nada. Itsaso Arana se adueña de la función componiendo un personaje simbólico y con un poso poético aunque cargado de naturalismo y cotidianeidad, tal y como es la historia que se nos cuenta, una fábula urbana tan sugerente e identificable para muchos espectadores (especialmente treintañeros y cuarentañeros) como sutil en su simbología.

Trueba y Arana echan mano de Eric Rohmer y de ciertos aspectos de la Nouvelle Vogue para conseguir una película casi documental en donde los diálogos y la puesta en escena parecen improvisados por su naturalismo cuando en realidad todo está dispuesto perfectamente como un mecanismo de relojería para fascinar y conmover al espectador. Sólo con música diegética y un sonido directo con todo tipo de ruidos urbanitas de fondo, las vivencias de Eva pasan ante nosotros mostrando un proceso evolutivo emocional que finalmente lleva a una catarsis que define al personaje y sus objetivos. Un mensaje universalizable disfrazado de crónica generacional (aunque algunos puedan tildarla de tal) que muestra a las claras los propósitos del filme de establecer una visión clara de las relaciones y sentimientos humanos ante la incertidumbre. Un buen puñado de jóvenes y talentosos actores (Vito Sanz, Joe Manjón, Issabelle Stoffel, Mikele Urroz, María Herrador) ayudan a enaltecer un filme que es de lo mejor del cine español en lo que llevamos de año.      

domingo, agosto 25, 2019

EL CANTO DE LA SELVA (CHUVA É CANTORIA NA ALDEIA DOS MORTOS)





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No es muy habitual el cine antropológico en los últimos años en las salas comerciales, por ello se celebra la existencia de esta esforzada y honesta cinta brasileña, que resultó ganadora del Premio de Jurado en Cannes. Los jóvenes cineastas Renée Nader Messora, brasileña, y Joao Salaviaza, portugués -que además son pareja sentimental- han pretendido según sus propias palabras mostrar otras realidades y mundos que existen al margen del “mundo civilizado” y para ello han contado la crónica de los habitantes de una tribu indígena brasileña, los Krahô, centrada en los avatares de un joven miembro, Ihjac, quien se debate entre las responsabilidades que debe de cumplir con su familia y ancestros en su tribu y la aspiración a una vida sino mejor, al menos diferente, que él contempla en sus contadas visitas a la ciudad. El filme cuenta con Krahô auténticos que se interpretan a si mismos en su propio poblado y por ello la película fluctúa (con convicción) entre la ficción y el documental.

El Canto de la Selva atina en su propósito de mostrar- sin demasiadas estridencias y sin levantar demasiado la voz- la situación de los indígenas en el país carioca: las dificultades de su integración en la vida civil brasileña, las dificultades en su atención médica y de otras necesidades, la muchas veces forzada asimilación del consumismo de nuestra sociedad y otros aspectos algo menores que se expresan con realismo en esta película. No obstante, la inserción de un elemento mágico y espiritual, central en la trama no termina de llevarse bien aunque desde el punto de vista antropológico y documental está más que correctamente plasmado. Por otra parte el ritmo mortecino de la película y sus alargamientos narrativos innecesarios no ayudan a hacer de este un filme llevadero y comercial lo cual le resta se quiera o no bastantes puntos a la hora de conseguir un gran filme. No obstante su visión es obligada para todos aquellos que deseen ver un filme especial y diferente

martes, agosto 20, 2019

EL REY LEÓN (THE LION KING)




 
*** y 1/2

La comodidad y el ansia por un éxito rápido y seguro esta llevando a Walt Disney Pictures a una dinámica que puede resultar bastante peligrosa en cuanto a la evolución creativa de la compañía. Su tendencia en los últimos años de hacer adaptaciones en imagen real (o de animación realista como en este caso) de su explotadísimo aunque inmortal catálogo de clásicos del cine animado sólo muestra las ganas de llenarse el bolsillo de la Disney aunque, eso sí, en su afán de mimar hasta el última detalle sus productos ofrezca finalmente películas que aunque remakes son estupendos y notables trabajos cinematográficos. Este es el caso de la adaptación a animación por ordenador del largometraje de animación Disney de los 90 por excelencia, The Lion King (1994), tal vez la mejor película de la productora en los últimos 30 años en un periodo en que la productora renació en cuanto a aceptación de la crítica y del gran público de sus nuevos filmes de animación después de un periodo de crisis en los 80: este nuevo Rey León, pese a ser un calco del clásico con mínimas modificaciones, es por su sola una buena película que trata de mejorar no sólo visualmente (algo muy fácil de conseguir utilizando la mejor tecnología de animación en 3D, como hace estupendamente este filme) sino conceptualmente dando cierto tono realista y más o menos adulto a la historia y a la imagen sin dejar siendo una película principalmente dirigida a la infancia.

El director Jon Favreu repite con Disney tras la interesante experiencia de El Libro de la Selva (2016) con la circunstancia que en esta ocasión no hay ni un solo actor humano ni de carne y hueso, todo el elenco son animales salvajes africano infográficos realizados con una enorme meticulosidad y realismo. Aunque es muy relativo conocer donde se sitúa exactamente el mérito del director en una película de este tipo, la enorme complejidad de su elaboración que ha dado como resultado un espectáculo visual que rinde pleitesía a la belleza de la Sabana africana, su paisaje y todos sus habitantes, señala que ha habido un esfuerzo técnico francamente elogiable: en ese sentido se puede decir que esta película marca un hito en cuanto el cine de animación por el realismo de sus imágenes. Por lo demás, la historia conserva su épica, su mensaje de superación personal y su (un tanto cargante) oda al transcurso de la vida. La perfecta puesta en escena que parece combinar el documental de vida salvaje con las historias con animales parlantes (que no antropomorfos), obviando el hecho de que a veces resulta un poco estrambótico oír hablar a leones, jabalíes, o hienas casi reales, resulta muy adecuada para la naturaleza de la historia, un curioso y logrado pastiche de algunos esquemas de los dramas de Shakespeare que sigue resultando sugerente y vibrante para el público de todas las edades 25 años después. La historia de Simba, el hijo del rey león Mufasa que después de abandonar la corte siendo un cachorro y engañado por su pérfido tio Scar se entrega a una de despreocupaciones fuera del reino y después regresa ya adulto para redimirse y honrar la memoria de su padre, sigue teniendo atractivo y seguramente entusiasmará a una nueva generación de niños y niñas. Un reparto de voces originales donde predominan actores afroamericanos (Donald Glover, Afre Woddward, Chewitel Ejiofor, Beyoncé o James Earl Jones el único que repite como Mufasa) añade otro nuevo toque al producto mientras que el reencuentro con la partitura de Hans Zimmer (rearreglada para la ocasión) y las canciones de Elton John y Tim Rice (aunque se incluye algún tema nuevo o añadido en la versión de la obra musical) conecta con la nostalgia del filme original.
                                        

sábado, agosto 10, 2019

303





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La fusión de la road movie con el melodrama psicológico ha dado interesantes resultados en esta modesta pero eficaz producción alemana que pese a parecer estar dirigida a la generación millenial y a sus circunstancias generacionales vitales y amorosas en realidad plantea un mensaje intergeneracional y universal sobre las relaciones de pareja y sobre el destino y las casualidades/causalidades, lo que nos une y lo que nos separa. Una historia humanista al fin y al cabo trufada de ternura y buenos sentimientos con dos jóvenes protagonistas que destilan autenticidad en una relación más sinuosa y real que idílica pese a que la historia a veces pueda estar falta de credibilidad.

Una autocaravana es el escenario principal en el que se desarrolla la película en un curioso viaje iniciático que parte de Alemania y termina en Portugal atravesando Francia, Bélgica y España y todo en escenarios reales de dichos países con una cámara que capta todo el recorrido en carretera con una credibilidad y cotidianeidad increíble, tal y como cotidiana trata de ser la relación presentada entre Jan (Anton Spieker) y Jule (Mala Emde). Anton pretende viajar a Bilbao haciendo autostop para conocer su verdadero padre, un constructor de barcos y de paso hacer turismo por diversas localidades de los diferentes países que atravesará pero terminará haciendo el viaje exclusivamente en la autocaravana de Jule, una chica de su edad que quiere viajar a Portugal para reunirse con su novio. Tras un primer encuentro accidentado la relación entre los dos no parece nada cordial pero tras varias conversaciones ambos descubren que tienen los mismos pareceres sobre diversas cuestiones y sobre todo empezarán a configurarse una idea común sobre los límites entre la amistad y el amor. Comienza entonces un inusual y velado romance condicionado por varias circunstancias internas (de ellos mismos) y externas que es lo más llamativo del filme, apoyado por inteligentes y entretenidos diálogos con mayor y menor grado de fortuna. No obstante la película se muestra torpe para conseguir un ritmo narrativo coherente y por mantener el interés sobre lo que se nos cuenta, a veces supeditado a todo lo concerniente a sus protagonistas. Resulta muy curioso reconocer en el filme paisajes de Euskadi, Cantabria, Asturias aunque su aproximación sea meramente turística, pero en una película como esta donde las buenas intenciones planteadas con honestidad e inteligencia y poca tontería llo copan todo, esta y otras deficiencias son perdonables.

jueves, agosto 01, 2019

UN AMOR IMPOSIBLE (UN AMOUR IMPOSSIBLE)




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Hacer una película que cubre un amplio margen temporal es algo relativamente sencillo, pero cuando se busca centrarse en un determinado aspecto dramático y especialmente dentro del drama puro y duro la dificultad aumenta. Pero esta película, sin grandes alardes, consigue salir airosa en ese propósito y además se postula como una historia sólida y sugerente que trata de describir y poner en tela de juicio los muchas veces inexplicables mecanismos del amor especialmente desde la óptica de la mujer. Para ello se sirve de un personaje central, Rachel (Virgine Efira), cuya historia desde los años 50 a los 2000 es contada bajo el punto de vista de su hija Chantal quien al igual que su madre es también víctima de una relación de pareja y paterno-filial ambigua y tóxica  que termina condicionando el equilibrio emocional y la existencia de ambas mujeres, especialmente a Rachel. La figura de Phililippe (Neils Schneider) el hombre ideal que no resulta tal es pivotal en esta historia, aunque tal vez el personaje pudo haberse explotado más pero esto no resulta muy importante ya que Rachel es un personaje que literalmente se come la película con su profundidad psicológica y la estupenda interpretación de  Virgine Efira.    

Planteada como una crónica familiar temporal, el punto fuerte de la película es lo bien refleja el proceso evolutivo de su protagonista a la hora de asumir la extraña relación con un hombre a quien ama pero con quien no llega a casarse y de los altibajos de sus sentimientos que terminan influyendo en su propia existencia. No obstante, el filme pega un bajonazo cuando nace la pequeña Chantal (interpretada por varias actrices en sus diferentes edades con Jenny Beth como la Chantal adulta) y el drama familiar pasa a complejizarse con una más que interesante variante, esta vez en la relación padres-hijos, pero deficientemente desarrollada. No faltan momentos duros y diálogos certeros en un drama muy bien presentado que puede no gustar a todo el mundo pero que se agradece dentro de las siempre demasiado comerciales carteleras de verano.