sábado, enero 16, 2021

SALVAJE (UNHINGED)

 


*** y 1/2

Pese a los evidentes excesos de esta película se echaban en falta thrillers de relieve como este, una pequeña (en duración, relativamente) pero intensa película en donde utilizando una fracción de tiempo limitada como marco de la acción (no llega a 24 horas) se plantea una angustiosa historia de persecución y venganza edificada sobre una premisa tan kafkiana pero por desgracia tan posible que resulta lo más terrorífico del largometraje. Aunque se toman como referencia filmes clásicos en donde una víctima inocente es acosada por el violento/psicópata de turno (El Cabo del Terror, El Diablo Sobre Ruedas (sobre todo esta), y diferentes filmes de slasher) este filme pretende tener un tono netamente contemporáneo y para ello se imbuye en la crítica social a la sociedad actual de las prisas y la deshumanización y de la vida urbana acelerada que llevan en ocasiones a una violencia irracional. Efectivamente, Unhinged también se dedica a realizar un estudio psicológico de personas en situación emocional límite y como esto puede llevar al odio y la agresividad desbocada aunque, eso si, que nadie espere aquí un producto muy profundo en ese sentido. Con todo, la manera en la que se nos presenta un odio fruto de las frustraciones personales, la total falta de empatía, y el egoísmo más recalcitrante, es tan lograda como enormemente sobrecogedora.     

El filme, dirigido con enorme tino por Derrick Borte, utiliza el thriller comercial como medio de expresión de lo antes comentado y para ello recurre al siempre apasionante item de la persecución implacable usando el automóvil y el tránsito motorizado por la ciudad como vehículo (valga la redundancia). Por un lado se encuentra Rachel (Caren Pistorius) una joven divorciada en pleno proceso de asimilación de su nueva situación que como todas las mañanas tiene que llevar a su hijo en coche al colegio, y por otro a Tom Cooper (Russel Crowe) otro conductor con el que Rachel se encuentra en lacarretera y que pronto se manifiesta como un hombre peligroso y mentalmente inestable además de estar pasando también por una mala racha en su vida. Por una menudencia de carretera Tom la toma con Caren y las horas siguientes se convertirán en una pesadilla. Utilizando tanto la violencia sanguinolenta (a veces no muy necesaria) como el terror psicológico la película consigue transmitir una total sensación de angustia aunque la intensidad de esta a veces se resienta y sobre todo sabe manejar muy bien los tiempos narrativos sin golpes de efecto simples y alejándose de los tópicos del thriller comercial. Los actores principales están espléndidos con una Caren Pistorius que es todo un descubrimiento y un Russell Crowe genial aunque su actual exceso de peso a veces deje al espectador más impactado que el propio desarrollo de la película.  

domingo, enero 10, 2021

PERFUMES (LES PARFUMES)

 

 

**

Cuando la mezcla entre la comedia y el drama no sale a pedir de boca nos encontramos a menudos con películas que, por muy bienintencionadas que sean, además de no resultar convincentes en ninguna de sus dos vertientes se quedan a medio gas y con una sensación agridulce. Esto es lo que más o menos le ocurre a este correcto pero poco arriesgado filme francés que a pesar de su curiosa premisa argumental, su buena puesta en escena y su magnífica dirección de actores no consigue un valor cualitativo que le categorize como un trabajo de cierto relieve. Partiendo del siempre rico filón de la interacción entre dos personajes muy diferentes entre ellos y con trasfondos opuestos Perfumes no deja de ser una película agradable de ver pero sin llegar a emocionar al espectador tal y como se podría haber hecho  desde sus elementos más cercanos al drama,  y aunque atesora algún que otro buen momento su ritmo inadecuadamente lento y una trama que nunca parece despegar del todo terminan por pasar factura negativamente a la película.  

Emmanuelle Devos da vida a Anne Walberg, una profesional de elaboración de olores ambientales con un prodigioso sentido del olfato que trabaja para diferentes clientes y que vive acomodadamente pero que su sueño es volver a trabajar en la elaboración de perfumes, un cometido que la convirtió en una celebridad pero tuvo que dejar tiempo atrás. Cuando a su vida llega Guillaume (Grégory Montel) su nuevo chófer, su percepción sobre ella misma, sobre su vida y sobre sus aspiraciones comenzarán a cambiar: Guillaume, un hombre sencillo divorciado que ha tenido que aceptar el trabajo para conseguir la custodia de su hija, no parece entender al principio el extraño mundo de su patrona ni su extraña y poco sociable personalidad pero entre los dos comenzará a establecerse una alianza cuando ven que pueden ayudarse mutuamente. Como puede suponerse, la disparidad entre ambos personajes brinda aceptables momentos de comedia, pero en la historia hay una carencia de profundización en esa relación y eso hace que no solo no lleguemos a simpatizar con ambos en prácticamente ningún momento sino también que el transcurrir de la película sea un tanto decepcionante con unos acontecimientos que parecen quedar sin culminarse. Con todo, esta película demuestra que la comedia francesa tiene una variedad temática que parece inagotable.  

martes, enero 05, 2021

EL PADRE (THE FATHER)

 


*****

Anthony Hopkins haciendo una de las mejores interpretaciones de su larga carrera, o tal vez la mejor. Así de claro se puede decir. De nuevo en el Reino Unido, Hopkins encabeza este esforzado y verdaderamente sorprendente drama que transitando entre los psicológico, lo social y sobre todo en lo emocional nos regala enormes momentos de buen cine sustentados en las dos armas más poderosas de este medio: el guión y la interpretación. El actor galés es desde luego la fuerza y el alma de este soberbio trabajo que nos hace reflexionar sobre el drama de la vejez, especialmente cuando este estadio vital conlleva males tales como el deterioro cognitivo. La película acierta además al demostrárnoslo en primera persona, desde el punto de vista de su protagonista también llamado Anthony, un octogenario viudo cuya cada vez más acelerada pérdida de memoria pone en jaque a su preocupada hija Anne (Olivia Colman) y a su marido Paul (Rufus Sewell) y sobre todo supone una total tortura para él mismo. Salvo en algunos momentos que la trama se focaliza en Anne, casi todo lo vemos bajo los ojos de Anthony: la confusión de los rostros de las personas, su desubicación espacial, la duda en su algo ha sucedido o no. Esto se ha conseguido de manera magistral mediante recursos tales como la utilización de otros actores, la descoordinación narrativa-temporal intencionada y otros trampantojos que literalmente nos meten en la mente del protagonista produciendo un efecto que no puede ser más inquietante y hasta terrorífico.

Sobra decir que este es un filme duro y difícil y que precisa de muchas cosas por parte del espectador: entereza, perspicacia, empatía, sensibilidad y sobre todo entrega. Anthony Hopkins y el resto del elenco lo hacen todo muy fácil con sus estupendos trabajos, llegando a veces a unos niveles de dramatismo de grado supino que literalmente no dan respiro al espectador. El director Florian Zeller, dramaturgo metido a cineasta que con esta adaptación de su propia obra debuta como realizador, ha conseguido un espléndido trabajo en donde se nota enormemente su formación teatral ya que el espacio es prácticamente único en este filme. Una obra emotiva, emocionante y sobre todo muy original y arriesgada que pone de manifiesto que el cine aún nos depara muy agradables sorpresas.

domingo, enero 03, 2021

FOTO DE FAMILIA (PHOTO DE FAMILIE)

 

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Aunque llega a las carteleras españolas dos años de retraso es bien recibida esta eficaz comedia-drama francesa que se sumerge en el muchas veces complicado mundo de las relaciones familiares. El modo en que tres hermanos adultos tratan de reconducir inesperada y forzosamente la relación entre ellos (cada uno tiene sus complicados problemas) y con unos padres divorciados desde su infancia (y que de alguna manera desestructuraron la familia), a causa del compromiso de tener que estar al cuidado de su anciana abuela aquejada de demencia senil es la base de esta historia en donde se hace pese a todo una lectura optimista del poder de lo que une.  

Esta es principalmente una película de actores en la que un hábil reparto echa el resto para dibujar a unos personajes creíbles en sus defectos y contradicciones, a veces cayendo en la caricatura pero sin perder una sensación de verosimilitud y cotidianidad que hacen de ellos unos seres realmente entrañables para el espectador. Gabrielle (Venessa Paradis), es una cuarentañera divoriciada con un hijo de 12 años que trabaja como artista callejera sin que este trabajo convenza a su familia,  Elsa (Camille Cottin) tiene problemas con su matrimonio y no puede concebir uh hijo y Mao (Pierre Deladomchaps) es un joven desnortado y con problemas con la bebida; mientras que sus padres hacen su vida como pueden: el padre, Pierre (Jean Pierre Bacri)  seduciendo a mujeres más jóvenes que y la madre, Claudine (Chantal Lauby) trabajando como psicóloga con métodos mas bien extravagantes. La familia nunca fue tal desde el divorcio de los progenitores y el tener los hijos que cuidar a la abuela en no precisamente el mejor momento de sus respectivas vidas es visto por ellos como un gran problema a añadido, pero pronto verán que no es tal. Los vaivenes emocionales de los miembros de la familia catalizados alrededor de la figura de una abuela (Claudette Walker) que en su demencia-lucidez es capaz de contemplar las cosas tal como son, hacen avanzar la historia al tiempo que las circunstancias de cada uno evolucionan convergiendo gracias a una alianza a la que antes no fueron capaces de llegar. El mensaje esta claro, hay que buscar los lugares comunes. Aunque el filme en si no es nada del otro jueves, el estupendo trabajo de sus actores, las aristas de un guión muy bien hilvanado y sobre todo una perenne sensación de credibilidad hacen de él una pequeña delicia.   

jueves, diciembre 31, 2020

WONDER WOMAN 1984

 

 

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No es nada nuevo decir que el género de los superhéroes en el cine da de si lo que a y que rara vez es capaz dar algo de calidad, pero ya cansa la inercia de negocio rápido en la que se ha metido que ha llevado a que proyectos que en su día empezaron con cierta enjundia, caso de las adaptaciones a la pantalla de Wonder Woman por parte de Warner Bros, estén ya haciendo aguas a la primera de cambio con esta segunda entrega específica sobre el personaje creado en 1941 por William Moulton Marson tras una primera parte estrenada en 2017 bastante aceptable. De nuevo dirigida por Patty Jenkis, aquel esforzado trabajo de hace tres años en donde la acción en la I Guerra Mundial daba lugar casi a una peli de aventuras a la antigua usanza ha dado paso a un producto previsible, malamente comercial y lastrado por un guión infantil y repleto de clichés dentro del mundo de la acción superheroica. Jenkis se limita a imbuir como principal credencial del filme un exceso de acción desbocada y espectáculo visual merced a unos competentes efectos especiales: poco más hay de asidero, salvo quizás la presencia de una actriz que podría lucirse en papeles de mayor enjundia como es Gal Gadot. La bellísima intérprete israelí, que vuelve a ser Wonder Woman/Diana Prince, demuestra buenos recursos interpretativos que no deberían caer en saco roto.  

Por lo demás, poco hay que destacar en una película que ni tan siquiera alcanza con fluidez el propósito de los filmes de este género, que es el de entretener. Los Villanos son más que planos; Pedro Pascal que da vida a un Max Lord en plan empresario megalómano donaldtrumpiano con un poso más esperpéntico e infantil que caricaturesco mientras que Kirsten Wiig es Barbara Minerva/Cheetah, un personaje con una evolución demasiado deja vu de otras historias. Por no hablar del regreso-resurrección de Steve Trevor de nuevo encarnado por Chris Pine, un auténtico despropósito narrativo.  Por si fuera poco, el mensaje de la película, queriendo ser humanista y lleno de ética termina siendo malamente simplón y reaccionario (el climax final del filme es un nuevo despropósito) Si el presente comercial del cine es este tipo de películas, aviados estamos.   

 

viernes, diciembre 25, 2020

MARTIN EDEN

 


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Curioso el experimento narrativo que se ha marcado el cineasta italiano Pietro Marcello con una curiosa adaptación semi libre de la novela de Jack London de 1909 Martin Eden. Su singularidad reside no ya solo en el traslado de la acción de Estados Unidos a Italia sino en su extraño juego con el marco temporal supeditado a lo que se desea enfatizar en la narración reforzando aún más si cabe la condición de historia de ideas del relato original. Nos encontramos en una Italia que al principio parecen los años 60 del siglo XX, para luego pasar a los 80, retroceder a los 30, después al principio de dicho siglo y así con continuos saltos para adelante y atrás concluyendo  en el comienzo de la II Guerra Mundial y todo con los mismos personajes y con una historia lineal. Por muy bizarro que parece dicho procedimiento el resultado es sencillamente magistral en su afán experimental y no consigue ninguna incoherencia de magnitud y si un más que interesante espectáculo cinematográfico aumentado además por sus imágenes deslumbrantes y su cuidado montaje. El León de Oro del festival de Venecia de 2019 avala la excelencia de este filme. 

Aunque la novela original no se desarrollaba en Italia como hemos dicho antes, el país mediterráneo parece el marco ideal y casi único para esta historia (y sin apenas cambar el enfoque), poniendo en relieve de manera crítica ciertas contradicciones históricas y sociales en la Italia del siglo XX que el protagonista del relato cataliza sin desdeñar un claro y universal mensaje social. El marino casi analfabeto Martin Eden, aquí italiano e interpretado con enorme fuerza por Luca Marinelli, desea ascender intelectualmente (y socialmente) por su amor hacia Elena Orsini (Jessica Cressy) una joven de familia pudiente y de tradición intelectual y tras aprender a escribir correctamente decide convertirse en escritor y más tarde y sorpresivamente tornará  en una intelectual significado alcanzando el éxito y la fama pero también generando enemistades por sus ideas sobre el individuo y sobre la moral al tiempo que su relación con Elena parece resentirse. Su ritmo un tanto rápido que casi reduce la narración al cuento simplificado y su querencia por los diálogos, tanto sencillos como intrincados, son recursos que demuestran funcionar y hacen que el espectador siga correctamente una trama que a veces puede resultar algo incoherente y forzada principalmente por su atemporalidad histórica (un elemento que refuerza el carácter de fábula). Siguiendo a su manera la estela del costumbrismo y del neorrealismo italiano, este Martin Eden es un filme original y vistoso y se echaban de menos en las pantallas películas así.        


jueves, diciembre 17, 2020

NIEVA EN BENIDORM

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Isabel Coixet sigue sin hacer ninguna película mala. En su basta y variada filmografía hay obras maestras y filmes más irregulares, pero ninguno mediocre y su último trabajo, Nieva en Benidorm, pese a no ser de los más brillantes de su filmografía es un drama-comedia sólido y bien construido que cumple su función de ofrecer una historia cautivadora y de tocar la fibra sensible del espectador con las vivencias de un personaje principal singular y muy bien construido, algo que es una tónica en la directora catalana. Es cierto que de nuevo el cierto minimalismo narrativo de Coixet resulta no muy oportuno en no pocas ocasiones y en esta película esto se nota más que en otras de la realizadora, pero el filme no deja en ningún momento de ser degustable. La búsqueda de la felicidad de un hombre desorientado y en crisis en un entorno muy extraño para el y (para prácticamente todo el mundo) como es la ciudad de Benidorm, paradigma en la actualidad del turismo ibérico y mediterráneo más decadente, es una curiosa epopeya en donde se mezcla el drama psicológico existencial con una extraña y supuesta historia de amor, la comedia negra y unas gotas de thriller. El genial actor británico Timothy Spall con su excelente composición del recién jubilado británico Peter Riordan llevo el peso de la película: un hombre confuso por los inesperados acontecimientos que casi fortuitamente se encuentra en un entorno extraño e incomprensible en donde su estado de ánimo, sus sentimientos y sus pensamientos van variando por momentos como el tiempo atmosférico en Benidorm, una metáfora que Coixet utiliza acertadamente aunque no siempre el espectador capta las segundas intenciones en ese propósito.   

El recurso de la descontextualización espacial de los personajes es algo que bien tratado suele dar buenos resultados y en ese sentido el buen trabajo interpretativo de Spall ayuda bastante. Peter, un trabajador de banca de Manchester, honesto y honrado del que poco llegamos a saber en lo relativo a su historia de fondo, llega a Benidorm- destino habitual del turismo británico- y al que le han invitado inesperadamente a jubilarse llega en plena crisis personal a Benidorm- destino habitual del turismo británico- de visita a instancias de su hermano Daniel quien reside allí desde hace años llevando varios negocios; pero una vez en la localidad alicantina no encuentra a su hermano, quien ha desparecido misteriosamente. Daniel conoce entonces a Alex (Sarita Choundhury) una misteriosa y atractiva mujer de mediana edad que trabaja en club-cabaret y que casi representa la belleza marchita y decadente de Benidorm, un entorno que en esta película aparece en todo su esplendor bizarro de refugio de maduros de todos lugares dispuestos al más rancio desfase (y ridículo), espectáculos casposos, aberraciones urbanísticas a pie de playa y en definitiva un panorama decadente en el que Peter se siente perdido y en contacto con sentimientos y sensaciones que no sabe si tiene o algún día tuvo. El viraje hacia la intriga en varios momentos del filme (y que va desencadenando su desenlace) es en realidad un recurso más en donde se presentan diálogos humanistas jugosos al estilo Coixet y situaciones fortuitas que en realidad son el eje de la historia. Puede que algunas incursiones en el conjunto como el fervor religioso de alguno de los personajes o el enigmático papel de Ana Torrent resulten un tanto desconcertantes y poco aportantes al conjunto del filme, pero la solidez como película termina imponiéndose. Además de los citados intérpretes intervienen Carmen Machi y Pedro Casablanca con personajes de curiosa simbología que además realizan un homenaje a Sylvia Plath. Isabel Coixet sigue en forma.      

martes, diciembre 08, 2020

EL VERANO QUE VIVIMOS

 


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Sin resultar excesivamente original en su mixtura de melodrama de amor y thriller con ambos elementos situados en diferentes coordenadas temporales El verano que vivimos, segundo largometraje de Carlos Sedes, es una película con muchos puntos de interés y en ocasiones deslumbrante principalmente por su acabado formal (excelente fotografía con vistosos paisajes de los viñedos jerezanos) y su narrativa apasionante y muy bien estructurada, aunque en ocasiones peque de previsible. Las disputas amorosas en medio de luchas por el éxito personal son siempre una buena materia prima para historias que aspiran al más alto nivel y en este sentido el filme no esconde sus cartas desde el primer momento aunque el tema central sea el del discernimiento de una historia de amor sucedida en el pasado cuyos protagonistas supuestamente ya no están presentes. Una joven periodista gallega Isabel (Guiomar Puerto) que en 1998, fascinada por unas esquelas dedicadas a una misma persona que cada años desde tiempo atrás llegan al periódico al que acaba de entrar a trabajar acompañadas de unas apasionadas cartas de amor, decide investigar sobre el autor de las mismas, un tal Gonzalo Medina, y Lucía, la mujer a las que están dedicadas, el supuesto amor de Gonzalo. Sus pesquisas la llevarán a 40 años atrás, en 1958, a un viñedo jerezano en donde Gonzalo (Javier Rey), un joven y prometedor arquitecto valenciano va a construir una magna bodega para almacenar de los vinos del propietario del viñedo, su amigo Hernán (Pablo Molinero), de cuya prometida Lucía (Blanca Suárez) Javier queda pronto prendado.

Aunque la mayor parte del metraje lo ocupan las escenas ambientadas en la Andalucía de finales de los 50, los saltos temporales y espaciales son frecuentes en esta película sin que se pierda la unidad de la historia en ningún momento (y pese a que alguna escena de transición pueda resultar gratuita). El mundo vinícola de Jerez de la Frontera, el ansia de poder de los señoritos vinateros, la rudeza machista de la época en un entorno en donde para mucho conseguir poder era aspirar precisamente a poseerlo todo, los conflictos familiares y sentimentales dentro del prisma intolerante de la sociedad franquista aparecen muy bien reflejados en al película con el  personaje de Hernán como catalizador de la ambición total frente al idealismo mundano de Javier, un hombre sensible pero también con ambiciones cuyo amor imposible llevará a desagradables desenlaces incluyendo un enfrentamiento con su amigo. Pese a que la historia de amor pueda resultar previsible en cuanto a que reproduce esquemas mil veces vistos esta no resulta en absoluto ni maniquea ni empalagosa sino más bien sugerente, emotiva y excelentemente descrita. No obstante, da la sensación de que la historia de Isabel en los 90 avanza muy deslavazadamente y solamente al final de la película cuando las dos historias confluyen y los círculos se cierran se logra una culminación a la altura de las expectativas. La maravillosa música de Federico Jusid (que incluye una canción con Alejandro Sanz), la poderosa fotografía de Jacobo Martínez  y un eficaz reparto realzan un filme que gustará a un público amplio.

domingo, diciembre 06, 2020

BABY

 

****                                                                                                 

Juanma Bajo Ulloa a principios de los 90 era uno de los directores españoles más prometedores con dos primeros filmes que obtuvieron enorme reconocimiento por la crítica y hoy día son dos obras de culto: Alas de Mariposa (1991) y La Madre Muerta (1993), pero tras un filme muy diferente a los que había hecho hasta entonces y que resulto la película española más taquillera hasta el momento, la un tanto histriónica comedia Airbag (1997) desencuentros con la industria cinematográfica hicieron que su actividad se mermara  y sus largometrajes se espaciaran cada vez más en el tiempo dando la sensación de que el realizador vitoriano había sido un gran bluff. Pero en 2020 su sexto largometraje de ficción en casi 30 años devuelve aquellas grandes expectativas que como director intimista con cierto punto poético oscuro y como excepcional narrador se forjó hace mucho tiempo atrás, pudiéndose considerar su mejor trabajo hasta el momento. Un filme arriesgado y con vocación casi experimental, sin ningún diálogo y con una puesta en escena diferente que bebe del cine fantástico y del de terror sin adscribirse a esos géneros, Baby es cine en estado puro que juega con la  metanarrativa de su guión y nos acerca a escenarios de cuento de hadas siniestro jugando con lo inquietante, el suspense, el surrealismo y sobre todo con el poder de las imágenes con una excepcional fotografía, sin olvidar el papel fundamental que cumple la soberbia banda sonora de Bingen Mendizabal y Koldo Uriarte. No ha conseguido el gasteizarra una obra maestra absoluta a causa de no poco momentos cargantes y un poco gratuitos pero su afán experimental a la hora de conseguir una gran película se puede decir que ha sido más que exitoso.

Rodada en Vitoria-Gasteiz y otras localizaciones de Álava con un no muy extenso reparto internacional, Bajo Ulloa captó durante varios años algunas imágenes de la naturaleza, paisaje y animales que aparecen en este filme a modo de piezas de collage bien insertadas la mayoría de las veces y otras no tanto pero con un efecto final por lo general de enorme poder sugestivo. Esta claro que era harto difícil el combinar las imágenes sin personajes de supuesta intencionalidad simbólica con la importancia de actuación de las actrices (todas mujeres) en un filme de estas características donde la expresión corporal en diferentes acciones  y situaciones es esencial y no pocas veces muchas escenas esconden dobles sentidos y un equívoco trasfondo de los personajes. La historia se plantea con una estructura muy simple (pero al mismo tiempo muy confusa y laberíntica) donde tenemos a una joven toxicómana residente en Vitoria (interpretada por la británica Rosie Day) que da a luz en su cochambroso piso y pocos días después ante la imposibilidad de poder cuidar al bebé y ansiosa por conseguir dinero para droga decide vender al niño. Las compradoras son tres mujeres que aparentemente forman una familia compuesta por una abuela excéntrica e inquietante (la norteamericana Harriet Ransom Harris), una hija de comportamiento y aspecto extraño y desequilibrado (la hispanobritánica Natalia Tena) y una nieta de unos 12 años con una curiosa tendencia a disfrazarse (la española Mafalda Carbonell, pequeña gran actriz); no obstante pronto la protagonista se arrepiente de su decisión y decide acudir al siniestro caserón familiar donde viven las compradoras del bebé (al que han acostado en una cuna hecha con ramas) para tratar de recuperarlo escondida entre las sombras de la residencia. Es perceptible que aquí hay elementos de los cuentos de los hermanos Grimm en cuanto la oscuridad de una historia en donde el mal se percibe entre tangible y onírico-fantasioso y en donde el realismo apenas se disipa en un muestrario de imágenes bizarras, vestuarios extravagantes y un surrealismo a veces fascinante y otras pedante y gratuito. También es notable la presencia de elementos de Tim Burton, el David Lynch más excesivo e incluso algún apunte buñueliano, fuentes que Bajo Ulloa moldea con corrección aunque el personalismo y la originalidad tratan de imponerse en todo momento.

El reparto funciona a la perfección con un estupendo trabajo de las actrices a la hora de transmitir sensaciones y emociones sin diálogos aunque lo confuso de algunos personajes (el de la joven rubia) a veces da una sensación de estrambote que hace que no lleguen al espectador. Destaca sobre todo Rosie Day como la protagonista, una muchacha que no cejará en su objetivo en una misión más kafkianamente imposible de lo que parecía en un principio y en donde se enfrentará a ella misma y su miseria personal y a diferentes juegos de apariencias (los cuales también pueden fatigar al espectador, por cierto). Con el bebé como elemento simbólico de cierto sentido religioso (otro tema que la película toca dentro del tratamiento bizarro del conjunto) y otros símbolos (el chupete de nácar) que resultan más equívocos, puede que esta película -que no será en absoluto plato para todos los gustos- precise de más de una visión para ser correctamente apreciada, pero una vez que se ve se tiene la certeza de estar ante una estupenda y valiente película que pone de manifiesto que el medio cinematográfico aún puede darnos inesperadas sorpresas