domingo, noviembre 03, 2024

ANORA

 



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La Palma de Oro del último Cannes se la llevó este curioso y estimulante filme independiente estadounidense cuyas principales cartas de presentación son su honestidad y su inteligencia a la hora de plantear una historia. Sean Baker, director que ya entusiasmó con su The Florida Project (2017) se está revelando como un excelente cronista del lado oscuro del sueño americano y de sus protagonistas demás claro está de un muy hábil y excelente cineasta que al memos por ahora no piensa en renunciar de su condición de director indie con producciones como esta llenas de nombres desconocidos para el gran público pero al fin que y al cabo resultan películas extraordinarias que por si fuera poco pueden congregar a un amplio contingente de público más allá de los consumidores habituales de cine independiente americano. Este octavo filme suyo probablemente marque un antes y un después en su ya dilatada y poco conocida carrera, no en vano se trata de su mejor trabajo: una especie de retorcido y engañoso cuento de hadas que desde el más estricto realismo social empieza como un drama amoroso (vamos, romántico, como siempre se dice) para tornarse después en una comedia alocada y terminar siendo ya un dramón de categoría. Sólo un director muy dotado puede permitirse filigranas estilístico-narrativas de ese calibre y en ese sentido Sean Baker demuestra ser un magnífico narrador que a su modo “engaña” y despista al espectador pero al mismo tiempo mantiene con él una total complicidad haciéndole participe de una historia que con su sustrato amargo y socialmente marginal puede desesperar y entristecer pero muy al contrario lo que hace en ciertos momentos es divertir y también conmover a base de un punto de ternura, aportado principalmente por la situación y las circunstancias a las que se enfrenta su protagonista.

Tratar temas como la prostitución en clubes de Nueva York o el poder de las peligrosas mafias rusas en EEUU es algo que resulta áspero, pero su genial tratamiento en este filme consigue disipar cualquier polémica o sensacionalismo impostado al tiempo que la patina de realismo social (que ya imbuyó el director en cines anteriores suyos) hace que lejos de tomarse a chirigota muchos momentos de comedia (a veces con un tono engañosamente gamberro) todo lo que se nos muestra resulta serio o incluso inquietante. Anora “Annie” (Mikey Madison) es una chica de 23 años que ejerce la prostitución en un club de Brighton Beach, un barrio neoyorquino con una alta cifra de población de origen ruso; poco sabemos de ella y de su familia a parte que ella se muere por salir de su modesta condición económica y de la prostitución; una noche la muchacha conoce a Vanya (Mark Eydelshtein) un joven cliente de 21 años que resulta ser el hijo de una importante familia de capos de la mafia rusa, ambos sienten fascinación el uno por el otro, él le incorpora en su irresponsable y politoxicómano círculo de amistades juveniles hasta que poco después un día en Las Vegas llegan a casarse. Lo que para Annie parecía el comienzo de una nueva vida de lujo en en una enorme mansión además de permitirle abandonar su anterior ocupación pronto se tornará en una pesadilla cuando sepa que la familia de Vanya no aprueba el enlace y que los socios, matones y hentchmen de su padre, rusos y armenios, harán todo lo posible para apartar al inmaduro, consentido e irresponsable niño rico de Anora, sobrepasada por la situación.

Resulta una simplificación bastante burda el tratar de reducir este filme a una comedia de enredos o un filme sobre mafias, Anora es una película que ofreciendo un anti Pretty Woman trata de reflejar algunas realidades poco edificantes de la actualidad (las contradicciones de la prostitución, el consumo de drogas, la falta de perspectiva y valores de un sector de la juventud, la cultura del dinero fácil, la hipocresía social) tratando de hacer pensar al espectador además de conmoverle en algunos momentos, especialmente en lo más amargos tragos (aunque algunos a primera vista resulten más bien cómicos) de Annie, una joven que en su inocencia cree haber salido de la mediocridad y se ha metido en realidad en un buen berenjenal por confiar en la persona equivocada: Mikey Madison es un descubrimiento total, mueva ella sola gran parte de la película y desde luego que esta chavala puede llegar a ser una gran actriz. El resto del reparto también está estupendo, con una buena nómina de actores rusos y armenios que se adueñan del segmento más de comedia de la cinta, destacando Karren Karagulian, Vache Tovmasyan y Yura Borisov. Mark Eydelshtein, una especie de Timothée Chalamet ruso, también está sensacional en su descacharrante rol de cabezaloca y detestable joven heredero. Todo funciona como un tiro en esta película que no debería pasar desapercibida en cartelera y de hecho tengo el convencimiento particular de que no lo va a hacer.


domingo, octubre 27, 2024

RITA

 


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El debut en la dirección de la actriz Paz Vega no solo ha sido satisfactorio si no que también podría decirse que la intérprete andaluza puede tener un interesante futuro detrás de las cámaras. Rita es un interesante ejercicio que plantea el cine denuncia desde el recuerdo nostálgico que atraviesa la crónica histórica española situando la narración en 1984, una época en la que la aún joven nueva democracia española seguía arrastrando males endémicos de la sociedad de la dictadura y en la que la emancipación real de la mujer daba sus primeros pasos reales en el contexto de una recién aprobada ley de divorcio. Pero el principal atractivo (y acierto) del filme es situar esta historia de vejación y maltrato a una mujer en un barrio obrero sevillano bajo el punto de vista de una niña, la Rita del título, una pequeña de siete años que trata de vivir feliz el comienzo del verano del 84 junto con sus padres y Lolo, su hermanito de 5 años mientras con su inocencia es testigo del maltrato psicológico de su padre hacia su madre. Sofía Allepuz, pequeña gran actriz, está excelente como una cría que vive, disfruta, sufre y observa todo con meticulosidad en un barrio cuya modestia parece lastrar definitivamente las vidas y aspiraciones de su habitantes: un enorme trabajo el de la chiquilla, lleno de vitalidad y de ternura, que entronca con algunas memorables interpretaciones infantiles del cine español como la Ana Torrent de El Espíritu de la Colmena o Cría Cuervos y que consigue una total credibilidad como foco de la película y narradora indirecta, un metáfora de lo que era entonces una aún inocente sociedad española postfranquista y el estatus de la mujer en aquellos primeros 80 con aún muchas cosas por hacer. En general, las interpretaciones infantiles en esta película son para quitarse el sombrero, con un Alejandro Escamilla de cinco años también excepcional.

El rol de la madre, encarnado por la propia Paz Vega (que es además guionista de la película) es sin embargo el rol clave, un ama de casa que trata de sacar adelante su familia cuya libertad y felicidad se ven condicionas por un marido irascible y despótico (Roberto Álamo) que la desprecia y la pone en ridículo continuamente mientras que Rita y Lolo, que sienten cariño por los dos y que ese verano sueñan con pasarlo en la playa, lo observan todo extrañados y consternados, aunque Rita trata de evadirse de cualquier forma que su curiosidad e imaginación le permita dentro de su barrio y con sus vecinos. Paz Vega demuestra tener buena mano para el cine costumbrista y se le nota que trata con mimo y cuidado todo lo concerniente al mundo de aquel barrio Sevillano similar al que ella creció trazando historias para personajes secundarios, por mínimas que sean y tratando de recrear lo más fielmente posible aquella atmósfera urbana y obrera de la vida de muchos barrios españoles en la primera mitad de los 80. Puede que en ocasiones el guion de pasos en falso o que haya algunos elementos o detalles innecesarios pero en general Rita es una película sugerente y honesta que sabe conjugar diversos propósitos y que consigue transmitir claramente su denuncia la poderosa perspectiva de la mirada infantil.

jueves, octubre 24, 2024

LOS DESTELLOS

 


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Pilar Palomero sigue sumando buenos filmes en su aún breve filmografía tras Las niñas (2020) y La maternal (2022) con este muy bien presentado drama intimista centrado en las temáticas de los últimos días de una persona, los cuidados paliativos y el duelo. No es este un filme muy ambicioso en su cometido discursivo sino más bien pretende ser un melodrama que toque la fibra del espectador presentado una situación que además de ser poco explotada en el cine aún supone un tabú y una fuente de incomodad para mucha gente. El proceso de vivir los últimos días por parte de un enfermo terminal que sabe cual será su destino es material muy delicado que la directora y guionista, sin estridencias pero con un gran aplomo y sobre todo con un demostrado oficio de narradora cinematográfica que sabe como contar historias con el equilibrio justo entre el costumbrismo, el intimismo y la fuerza dramática, sabe llevar a muy buen puerto. Narrar la historia desde la perspectiva de una tercera persona que desde hace tiempo ya no tiene a penas vínculos afectivos o personales con el moribundo es un claro acierto que hace del relato aún más rico e interesante.

Hay que destacar que Los Destellos es ante todo una película actoral en donde el papel protagonista encarnado por Patricia López Arnáiz es el rostro y la voz de todos los sentimientos reflejados en la película mientras que Antonio de la Torre pone el contrapunto y el argumento como la persona enferma: Isabel, una mujer de mediana edad divorciada con una hija universitaria y feliz con su nueva pareja accede a cuidar a su ex marido Ramón, enfermo terminal con un mal que no se especifica en la historia. Mientras Ramón, muy debilitado físicamente, parece vivir con naturalidad y cierta buena actitud sus últimos días, Isabel, que no esperaba verse en esa situación que además le ha devuelto su pasado con su ex, vive con una extraña mezcla de angustia y desconcierto esos días, sus silencios y sus reacciones muestran de alguna manera su para ella insólita situación que le hace encarar casi en primera persona la relación entre vida-muerte. El trabajo de López Arnaiz es enorme en la medida en que con gestos, actitudes y sin necesariamente exteriorizar pensamientos o sentimientos consigue transmitirlos plenamente, como también es de diez el estupendo y currado rol de Antonio de la Torre cambio físico incluido en un difícil papel: un actor que nos está acostumbrando a interpretaciones sublimes y de acto octanaje emocional. Y ya puestos, no hay que obviar el buen hacer de la joven Marina Guerola como una hija luchadora e incomprendida en medio de todo. Hacen falta más películas como esta.

jueves, octubre 17, 2024

LA INFILTRADA

 


**** y 1/2

Bastantes años después del fin de ETA las obras de ficción sobre la actividad de la banda van floreciendo lo cual es un indicativo de la adquisición de normalidad con respecto a una situación pasada que durante bastantes años fue insostenible y angustiosa. Una historia real es lo que ha dado base al nuevo largometraje- el quinto- de Arantxa Echevarría, la increíble crónica de una joven policía nacional que durante 8 años en la década de los 90 del siglo XX estuvo infiltrada en los ambientes de la llamada izquierda abertzale, concretamente en Donostia, colaborando decisivamente en la desarticulación del comando Donosti: El axioma “más increíble que la ficción” ha movido la narración de esta sólida película que apostando por recursos del thriller y la ficción policial pero sin olvidar de modo alguno el drama (social, por el contexto socio político de la historia, y psicológico, por las vivencias y dificultades internas y externas de su protagonista) y por supuesto el cine político consigue una historia mayúsucla y mucho más que interesante que refuerza la buena posición que esta adquiriendo Echevarría dentro del cine español. La realizadora bilbaina se esta revelando como una directora fuera de serie con muchos argumentos cinematográficos y demostrando ser además una eminente narradora a la que parece que no hay género que se le resista -aunque en la comedia, como la que cultivó en su anterior filme Políticamente Incorrectos estrenada también en 2024, aún le falte tino- y que sabe como hacer películas muy degustables por el público. La Inflitrada es por el momento su mejor película y tal vez también sea hasta día de hoy la mejor película de ficción que se ha hecho sobre ETA.

El papel de la agente de la Policía Nacional conocida en esta película como Mónica Marín que durante 1997-1998 vivió en la capital guipuzcoana como Arantza Berradre, (supuestamente una joven riojana antimilitarista que pretendía colaborar con la causa abertzale) esta bordado por Carolina Yuste, una estupenda actriz que ya aspira con este filme a su nominación al Goya: una joven en una situación compleja y al límite que a sabiendas que su vida corre serio peligro no duda en ser muy convincentemente otra persona adentrándose en una situación a veces kafkiana, delirante, contradictoria que de alguna manera y para el espectador muestra la situación demente y enrevesada de aquellos años. Al otro lado, el comisario Ángel Salcedo (Luis Tosar, grande como siempre) observa y controla a su pupila de la que muy pocos saben su misión dentro del cuerpo de una manera entre cínica, dominante, esperanzada, déspota y paternalista esperando que su actividad de sus frutos pero abroncándola vehementemente de vez en cuando ante cualquier error. El elemento humano de los personajes, por supuesto especialmente en el de Arantza, es el que predomina en el devenir de toda la película por más que la narración esté estructurada como una intriga policial en donde no faltan elementos de suspense y de tensión excelentemente resueltos: miembros de ETA de todo tipo y pelaje presentados en el filme algunos como luchadores convencidos pero cargados de debilidades como Kepa Etxebarria (Iñigo Gastesi) u otros como déspotas como Sergio Polo (Diego Anido, excelente en un registro inquietantemente siniestro), policías dispuestos a cualquier cosa por hacer cumplir su trabajo aunque sea violando principios morales, la situación en vilo de las familias en los dos lados. La película triunfa dondequiera que pone su atención y énfasis, señal de que se trata de una excelente obra, y esto incluye recreaciones de atentados (el de Gregorio Ordóñez), escenas de persecuciones y detenciones, momentos más melodramáticos, alivios de comedia- que los hay y muy bien resueltos- y una buena recreación de la época filmada con convincente realismo. La Infiltrada es una de las mejores películas españolas de 2024 y muestra una vez más la madurez que está adquiriendo el cine español.

lunes, octubre 07, 2024

ALAS BLANCAS (WHITE BIRD: A WONDER STORY)

 


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El cine orientado al público adolescente no tiene por que ser comercial, de evasión, de acción, de fantasía, de comedia o en el peor de los casos idiota. A la largo de la historia del cine se han hecho y se siguen haciendo filmes dirigidos a una franja de edad entre los 12-17 años con estupendas historias con didactismo, pedagogía y afán aleccionador. Es el caso de la cinta que nos ocupa, una cuidada producción ambientada en la ocupación francesa en la II Guerra Mundial dirigida por el prolífico, todoterreno y muchas veces entonado Marc Foster (Monsters´s Ball, Cometas en el Cielo, World War Z) quien adapta una novela gráfica de R.J. Palacio, autora de la también llevada al cine Wonder y de la que esta historia es un spin off-secuela-precuela al centrarse el el personaje de la abuela de uno de los personajes secundarios de aquella, el bully Julian Albans (de nuevo interpretado por Bryce Gheisar) el chaval que atormentaba al deforme Auggie, ahora un adolescente que no se encuentra bien en el colegio de donde ha llegado rebotado y al que su abuela (una excelente Helen Mirren) una afamada artista plástica de origen francés tratará de redimir contando la historia de su adolescencia durante el infame periodo de la contienda bélica,cuya narración conforma el grueso de esta emotiva y amable película pese a su previsible crudeza. El mantener la esperanza en las situaciones más adversas, la no discriminación del diferente, el valor de la amistad, la razón y la sensibilidad frente a la fuerza bruta, la lucha contra el fanatismo y la intolerancia, el poder de la ayuda y la solidaridad y el triunfo del amor sobre la guerra son algunas de las enseñanzas del filme ilustradas a través de la historia de la joven Sara Blum (Ariella Glaser) una quinceañera judía que de una vida feliz con sus padres en una bonita casa campestre en el norte de Francia pasa al horror más absoluto con la ocupación nazi. En plena persecución a los judíos, Sara, una niña soñadora y con habilidades artísticas, se verá separada de sus progenitores y tendrá que refugiarse en el granero de la familia de un compañero de clase, Julien (Orlando Schwerdt) también despreciado por sus compañeros por su cojera debida a la polio. Entre ambos jóvenes, ambos en el ojo de mira por sus condiciones de judía y “lisiado” se establecerá una total conexión en una horrible situación límite. El símbolo del pájaro que vuela libre, será el vínculo emocional entre ambos. Sobra decir que este elemento poético cumple un papel fundamental en la historia y lejos de lo sensiblero o del empalago se encuentra estupendamente representado y presente en lo momentos más cruciales del relato.

La ambientación de época de la película es esforzada y bastante conseguida, tal vez algo minimalista si la comparamos con producciones ambientadas en esa época pero muy efectiva. El romance adolescente y el melodrama se encuentran muy bien insertados en el tono bélico y dramático general pese a algunas fallas de ritmo y un guión a veces algo desdibujado, pero la película cumple su función aleccionadora en todo momento. Algunos elementos más o menos simbólicos pueden resultar un tanto forzados (la presencia y ataque de los lobos) pero algunos otros momentos-homenaje, como el que se realiza a Charles Chaplin, son de recibo. Los jóvenes intérpretes, especialmente Ariella Glaser, están muy, muy bien y sus actuaciones aportan todo el sentido a la película. Muy recomendable para ver con niños y adolescentes para que tengan presente ciertos aspectos históricos que nunca han de repetirse. Por que en ese sentido el mensaje de la película es claro: las guerras, el odio, sobran.

lunes, septiembre 30, 2024

LA VIRGEN ROJA

 


**** y 1/2

Esta película constituye la mejor plasmación en ficción hasta el momento de la increíble y alucinante historia de Aurora Rodríguez Carballeira (1879-1955) y su hija Hildegart Rodríguez (1914-1933), una historia no lo suficientemente conocida incluso en España pero de la que una vez terminado el Franquismo ha habido sobre y basados en ella bastantes estudios, novelas, artículos e incluso algún filme como Mi hija Hildegart (1977) de Fernando Fernán Gómez. Tenía que ser una directora hábil, arriesgada y desde luego con mucha capacidad como Paula Ortíz la que haya llevado como es debido y con la intensidad merecida un relato en donde se cruzan el ansia de conocimiento, el papel de la intelectualidad en las primeras décadas del siglo XX, el afán de superación de la mujer en una época aún oscura, el delirio por lograr el ser humano perfecto, la posesividad de una madre al borde de la locura, la construcción de una hija hecha a medida, la incandescente situación política de la España de la II República...La Vigen Roja, apelativo por la que se llegó a conocer a la propia Hildegart termina siendo una película envolvente y fascinante donde más allá de la mera crónica histórica recursos poéticos y alegóricos y florituras narrativas propias de orfebre de la imagen y la narración culminan una obra que dista muy poco de ser una obra maestra. Concebida (por un pade que se mantuvo en el anonimato y resultó ser un sacerdote) y educada por su culta progenitora según teorías eugenéticas, niña prodigio que a los dos años sabía leer, hablante de varios idioma en su infancia, licenciada en Derecho a los 16 años, cono conocimientos de filosofía, medicina y sexualidad y militante de izquierdas inicialmente afiliada al PSOE partido en el que trato de influir sobre todo en lo concerniente al papel de las mujeres en la política y en la sociedad, Hildegart Rodríguez Carballeira fue diseñada por su obsesiva madre para ser la mujer del futuro pero siendo para Aurora poco más que su obra, una especie de “estatua de carne” tal y como ella la definió,la relación entre ambas mujeres, entre la creadora y la creación fue tensa, inquietante y tumultuosa con un trágico final. Se requería para esta historia dos actrices capaces de mostrar esa desasosegante interacción entre la rivalidad, la rebeldía filial, el delirio perfeccionista y la sombra imposible de la perfección humana y Najwa Nimri como Aurora- sencillamente sensacional- y Alba Planas como Hildegart- un descubrimiento que dota al insólito personaje de losmatices requeridos- cumplen más que de sobra.

El filme, con un magistral guion de Eduard Sola y Clara Roquet, se centra más en el personaje de Aurora como un Pigmalión feminista, intelectual y progresista del siglo XX que termina perdiendo el control de su creación ya que la adolescente Hildegart se rebela no solo contra el estricto control materno sino contra ciertos aspectos del pensamiento liberal de su madre que ella matiza, contra la mediocridad de lae ctividad política y se atreve incluso ir más allá que su madre en la lucha por los derechos de los mujeres, todo ello bajo una visión de una joven que pese a que lucha por llevar a la práctica todos su conocimientos sobre sexo (aunque paradójicamente nunca lo practicó), política y organización social, no se siente como una muchacha de su edad y lucha por ser aceptada y por encontrar el amor -en la película, en la figura del oven militante socialista Abel Velilla (Patrick Criado)- tratando de acabar con el yugo intelectual más que emocional que supone su madre. En el plano más psicológico y filosófico de la historia la película atina y triunfa gracias a imaginativos recursos como las imágenes símbolo (la estatua de mármol que se va desgajando), la hipérbole escénica (una desfile y celebración de la proclamación de la República rodado como un grand guiñol, una de las mejores escenas del filme), el inteligente apunte anacrónico (la fiesta a la que acuden Hildegart y Abel, más propia de bares y discos de finales del XX o principios del XXI) o apuntes más liricistas como el improbable vestido rojo que lució Hildegart en su no documentada escapada nocturna con su supuesto amado. Todo funciona como un reloj en esta película, muy bien ambientada en los años 30 pese a las comentadas licencias y que cuenta con una puesta en escena cuidada y meticulosa y sabe muy bien contextualizar el trasfondo social, político e intelectual de la España de la época pero sobre todo triunfa como un relato oscuro, desesperado (pero para nada sórdido) y fascinante. Poco importa a estas alturas el hecho evidente de que muchos pasajes que se nos muestran sean conjeturas o creaciones del propio guión o que la verdadera Hildegart apenas se parezca físicamente a la encantadora Alba Planas. El trabajo de Najwa Nimri como la madre desquiciada y ambiciosa pero sumamente inteligente es, insistimos, sensacional y ya apunta al Goya. Una de las mejores películas españolas del año que merece ser vista cuanto antes.


lunes, septiembre 23, 2024

TREASURE

 


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Sin mucho bombo se ha estrenado esta pequeña pero enormemente sugerente y efectiva producción alemana aunque rodada en inglés y en polaco que en torno al recuerdo doloroso, la reconciliación con el pasado, la búsqueda de las raíces y la identidad y las relaciones paternofililiales traza una historia muy poderosa en el límite entre el drama y la comedia. Basada en el libro autobiográfico de la escritora y periodista australiana Lily Brett Too Many Men , Treasure cuenta por tanto una historia real que nos lleva una vez más a un contexto muchas veces abarcado en el mundo del cine, el del holocausto nazi, esta vez en Polonia y visto desde principios de los años 90, ya que en esa época se ambienta el filme. Una periodista musical treintañera estadounidense de origen polaco, Ruth (Lena Dunham, también productora de la cinta) llega a Varsovia en 1991, recién caído el Muro, junto con su padre, Edek (Stephen Fry) criado en Polonia hasta el fin de la II Guerra Mundial y superviviente del Holocausto con toda su familia asesinada. Ruth quiere principalmente conocer los lugares en los que vivió su padre, incluida la vivienda de su infancia la cual aún está en pie, pero Edek, un hombre mayor aparentemente jovial, prefiere que su retoña vea otros atractivos turísticos de la ciudad ya que el impacto emocional por volver a Varsovia parece afectarle e incluso Ruth sospecha lugares de doloroso recuerdo de la época de la guerra y la ocupación que su padre le enseña no son los reales. Finalmente llegarán a la casa de la infancia de Edek y aquel edificio que encuentran destartalado y habitado por una familia que vive en el umbral de la pobreza provocará una catarsis en ambos que cambiará su sentido de la estancia en Polonia. La directora y guionista germana Julia Von Heinz dirige con tino y habilidad esta película que sabe convencer al espectador con su juego emocional y su soberbio sentido de la narración dotando a los momentos más dramáticos una humanidad muy medida y un sentido de la esperanza que hacen de una historia con no pocas aristas no muy agradables una pequeña delicia acicalada con un inteligente sentido del humor. Resulta muy curioso como un excelente actor británico todoterreno como Stephen Fry interpretando a un polaco judío no solo consigue una total credibilidad sino que hace que no resulte nada extraño y en cambio muy oportuno el dotar de humor inglés a su personaje. Una muy buena interpretación la suya como lo es también la de Lena Dunham (Erasé una vez en Hollywood), una joven actriz norteamericana que cada vez apunta más alto.

Esta película maneja muy bien, la ternura, la anécdota costumbrista y las historias paralelas (véase la relación de Ruth con su ex marido) insertándolas en el verdadero tema central de la historia, la del reencuentro con el pasado. Buscar las raíces a veces no es tarea grata y rememorar tragedias pretéritas no es un plato de buen gusto como bien demuestran los protagonistas, pero en momentos dados pueden ser necesarios. La película muestra que no se debe tener miedo a todo ello. Muy recomendable para aquellos que disfruten con la riqueza los entendimientos intergeneracionales, la película se deja ver en todo momento aunque no sea un melodrama o comedia dramática perfectas y demuestra una vez más que hay que seguir conociendo la historia de Europa para no cometer errores pasados, una intención didáctica que también es de agradecer.

martes, septiembre 17, 2024

EL 47

 



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Una mirada a la historia reciente de España y Catalunya tan evocadora como aleccionadora es lo que aporta esta excelente cinta que constituye el cuarto largometraje del cada vez más consolidado Marcel Barrena (Segundo Orígen, Cien Metros, Mediterráneo) con la ciudad de Barcelona y más concretamente uno de sus barrios, el periférico y obrero Torre Baró, típico asentamiento de origen chabolista de inmigrantes en las grandes urbes españolas en los 50 y 60, no sólo como telón de fondo sino como protagonista colectivo. La lucha pacífica que se llevó a cabo en 1978 por dotar al empobrecido y alejado barrio en la ladera de una montaña de una parada de autobús para evitar la marginalización de sus habitantes, casi todos de origen andaluz y extremeño, es lo que se cuenta de manera sencilla pero muy matizada y delicada en una película que bebe claramente del cine de Ken Loach en su orientación social pero también y sobre todo trata de cumplir una función didáctica en su afán por mostrar un pequeño retazo de historia contemporánea que sin duda influyó decisivamente en la configuración actual de la ciudad de Barcelona – a partir de los 80 una urbe moderna y cosmopolita que culminó con la celebración de unos Juegos Olímpicos- y en muchas otras ciudades de la península con similares asentamientos en donde a partir de los 50 del siglo XX llegaron gentes del sur de España en busca de una vida mejor: ese propósito no sólo se cumple con creces sino que nos regala una película fascinante y emocionante en donde los héroes son gente sencilla y humilde que simplemente buscaba una situación mejor y un futuro halagüeño para sus nievas generaciones. El caso del autobús 47 tuvo un nombre, y fue el del autobusero extemeño Manolo Vital, que consiguió una importante mejora para su Torre Baró al lograr que el bus que conducía tuviese parada en el asentamiento. Eduard Fernández, que da vida a este héroe ciudadano fallecido en 2010, esta simplemente sensacional; su interpretación huele a Goya y confirma el estado de gracia del actor catalán, uno de lso mejores intérpretes españoles de la actualidad, quien además tiene pendiente a la hora de escribir estas líneas algún estreno relevante. Un trabajo de diez el suyo.

No sería justo sin embargo deseñar el mérito de un cast más bien coral en donde brillan entre otros Clara Segura como Carmen, la esposa catalana nativa de Manolo, antigua monja; Zoe Bonafonte como Joana la hija de Vital y personaje clave como representante de una nueva generación del barrio que quería integrarse en la prosperidad de la ciudad; Oscar de la Fuente como Antonio y Salva Reina como Felipín, dos vecinos andaluces de Torre Baró; David Verdaguer como el concejal Narcis Serra y Carlos Cabezas como otro personaje clave en la historia, el doctorando universitario Pasqual Maragall, colaborador de Manolo Vital en su lucha. La reivindicación de Manolo no fue fácil tal y como se refleja en el filme: incomprensión de sus compañores en el transporte urbano y una enorme crisis en el mismo, la a vreces escasa colaboración inicial de los vecinos y los problemas que esto le acarreó a nuestro protagonista, la actitud chulesca de las fuerzas del orden que aún tenían estructura franquista en aquel 1978 (los tristemente célebres “grises”) y sobre todo el total desprecio y rechazo de las instituciones municipales, que aún veían los barrios del extrarradio como un nido de ciudadanos pobres y de segunda sin apenas derechos. La película sabe templar los rítmos, poner las escenas más desgarradoras donde se debe (el incendio), cambiar de escenarios y de contextos (el barrio, el ayuntamiento, el entorno urbano del centro barcelonés, las cocheras de los buses) y hacer del relato una historia de personajes cada uno con sus circunstancias sin perder de vista ni un momento la centralidad de Manolo y su familia, y todo lo culmina con unos momentos épicos y para nada impostados, aunque el epílogo del filme pueda parecer un poco excesivo por su sentimentalismo. Con dosis de melodrama, costumbrismo y vocación antropológica – es clara además la reivindicación de la figura histórica de los emigrantes en la Catalunya del siglo XX- El 47 es una estupenda película que pone de manifiesto que en España la media de calidad de nuestro cine está aumentando.




martes, septiembre 10, 2024

VOLVERÉIS

 


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Ha resultado curiosa la coincidencia en cartelera de dos películas del mayor y y del menor del clan Trueba, el padre Fernando y el hijo Jonás. Mientras que el senior se ha estrellado con la reacción crítica de Isla Perdida el junior le ha ganado esta vez a su progenitor con la que es su mejor película hasta la fecha y que lo consolida por fin como un cineasta a tener en cuenta a la estela de su padre y de su tío David. El cineasta madrileño ha conseguido encontrar un estilo propio con filmes casi corales repletos de personajes, preponderancia de diálogos, reflexiones filosóficas y humanísticas en boca de sus actores, costumbrismo situacional unas veces en el melodrama otras en la comedia o ambas cosas, cierto experimentalismo y sobre todo un retratismo de su generación (nacidos a finales de los 70 y principios de los 80) que constituye su fuerte y un atractivo añadido. Sin olvidar que al igual que su padre bebe estupendamente del manierismo cinematográfico y en eso sentido no deja de recordar a Fernando, quien tienen su significativo momento en esta película como actor. En Volveréis además de todo esto y como ya hizo de otro modo en las notables Quien lo impide y Tenéis que ir a verla se marca un experimento metacinematográfico entre lo formal y el simple juego (que no broma) convirtiendo la narración y en un curioso entrar-salir de la ficción y la realidad por medio del propio lenguaje del cine y del hecho de rodar películas. Tampoco resulta baladí que dos de sus actores fetiche como son su pareja -también directora- Itsaso Arana y Vito Sanz sean los protagonistas de la cinta además de coguionistas de ella y que sus personajes, Ale y Alex se dediquen al cine. Un acierto como esta presentado este elemento que refuerza el poder narrativo y discursivo de una historia que en realidad es mínima -como en muchas de las películas anteriores del director- y no deja de ser una anécdota. Una vez más, los diálogos, las situaciones, las sensaciones y los personajes se hacen con el control del filme y nos regalan una obra que son ser perfecta del todo resulta fascinante y degustable por los amantes del buen cine. Si La Virgen de Agosto, la mejor película de Jonás Trueba hasta la fecha marcó la pauta, aquí aparece todo mucho más estilzado, perfeccionada y en definitiva maduro.

Entre la comedia y el drama el filme tiene un planteamiento de partida claro: la ruptura de una pareja y todo lo que conlleva. A partir de allí, Trueba, Arana y Sanz discurren sobre el origen del amor y del afecto, la fidelidad, la soledad, la manera de afrontar cambios importantes en la vida, la amistad, los comportamientos humanos preestablecidos, la relación con la familia, las convenciones sociales… Alex y Ale viven en conjunto o cada uno de ellos por separado una epopeya personal y vital ante su nueva situación que intentan afrontar- aunque sea solo de cara a la galería ante familia y amistades- de la mejor manera posible pero en realidad no resulta tan fácil. El hecho de que quieran organizar una fiesta de ruptura es algo que cada personaje a la que se lo cuentan (esto constituye en realidad la base de la película) se tomará de manera diferente y provocará cambios y reflexiones en la joven pareja. Volveréis de todas formas no e quiere quedar en una historia generacional y con sus variadas referencias cinematográficas (Truffat, el cual es homenajeado), filosóficas (Kierkegaard) y sus préstamos estilísticos en Godard o Woody Allen constotuye un filme reflexivo para cualquier edad pero siempre sin perder su tono amable y asequible. La pareja protagonista está excepcional, sobre todo Itsaso Arana, y el reparto secundario de carácter coral cumple con unos entonados entre otros Jon Viar, Anrés Gertrudix, Francesco Carril; Ana Risueño y Fernando Trueba en el papel del padre de Alejandra, director de cine al igual que su hija y al que se le ocurre la idea que constituye el detonante de la narración (al parecer una idea real del propio Trueba padre). En fin, una pequeña delicia que es de lo mejor del cine español en este 2024.