jueves, diciembre 06, 2012

DETECTIVE FICTION SPOOF (y II) Relato de ficción (una parodia de novela negra)



II

La vida de un hombre se divide en dos partes: antes y después de que hayas cometido el gran error de tu vida. Yo mismo he llegado a esa conclusión no se como porque que yo sepa no he cometido ningún error que pueda ser calificado como el error de mi vida. Pero siempre he tenido un miedo terrible a cometerlo y que me vida tenga un después de. Y ya se sabe que los después de son más catastróficos que los antes de aunque lo que hayas hecho en el medio sea algo bueno, con lo que si la lías parda ya puedes estar perdido para el resto de tus días. Algo me decía aquella noche un día después de recibir la visita de Marge Dugan que el gran error de mi vida estaba a punto de cometerse. Me gustaría saber si las mujeres también están predestinadas a cometer el gran error de su vida y después arruinarla, pero intuyo que no necesariamente y cuando cometen el error es siempre a costa de un hombre y ellas siempre salen beneficiadas. Maldita sea, vaya si lo se. A veces hubiese preferido que mi madre hubiese dado a luz a una niña y ahora yo sería Frances Prewitt, una prostituta de tres al cuarto (el único oficio en el que una mujer no engaña a un hombre)

Esa misma mañana yo había concertado una cita con el socio de Dugan, un tal Moses Edelstein. Cual fue mi sorpresa cuando llegué a la puerta de su residencia hacia las ocho de la noche una multitud de policías, fotógrafos de prensa y gentes rodeaban al cadáver de Edelstein. Esto no entraba en mis cálculos en cuanto que yo pretendía preguntar cuatro tonterías a aquel ricachón y después visitar a Marjorie, cuya casa propiedad de los Dugan se encontraba junto a la de Edelstein, y hablar con ella largo y tendido sobre el asunto en su dormitorio. Incluso había confeccionado aquella mañana una lista de posibles enemigos de los Dugan que resultó ser una auténtica chapuza porque pese a que incluí en ella a buenos elementos del hampa de NYC ninguno tenía ninguna razón para extorsionar ni amenazar a su hija (y tampoco para cargarse a su socio) básicamente porque todos estaban muertos; yo mismo me los fui cargando año tras año desde que empecé este maldito negocio. Lógicamente quedaban aún muchos grandes delincuentes haciendo de las suyas por la ciudad pero que quieren que les diga, ni me he molestado en conocerlos, bastante he tenido con devanarme los sesos sobre lo divino y lo humano cada noche después de cada caso mal de infidelidades matrimoniales mal resuelto.          
A Edelstein le habían disparado al salir de su casa sobre las 7:30 PM, eso era lo que decía la policía. Su muerte tenía relación clara con las amenazas a Marjorie Dugan y estaba claro de que alguien trataba de meterla miedo. Quienquiera que fuese, si solo pretendía atemorizarla había ido demasiado lejos. Lo de los anónimos era mucho más limpio y discreto, no se por que diablos no siguieron ese camino. Yo me había citado con Marjorie en su domicilio a las 9:00 PM, pero esa calamidad iba a arruinarme la cita, intuí.
- ¿Tiene idea de quien ha podido hacer esto, Prewitt?- me preguntó el comisario  Ballpen en la escena del crimen mientras se llevaban el cadáver del maldito ju…de Edelstein.
- No cabe duda que alguien que trata de hacerse con el dinero de los Dugan y está extorsionando a su hija, comisario. Y espero que no me pise el caso como la última vez.
- Lo que tenía que haberle pisado es el juanete, Prewitt. Por cierto, ¿Qué hay del dinero que me debe?
- ¿Se refiere a lo del póker? Yo no pago a tramposos a menos, que ya sabe…
- Si, que abandone este caso y le deje a usted hacer el ridículo como de costumbre
El comisario soltaba una retahíla de palabras irritantes que cercenaban la poca dignidad que me quedaba después de que hace un año me presentó a una tal Eve que resultó ser un tal Steve y yo no lo noté durante dos meses.    
- Deje de hablar con rintintín, comisario y vaya al grano, ¿me va a dejar vía libre para el caso?
- Yo no hablo con perros, y además mi favorita es Lassie. Ya se ve que usted tiene contacto con ese chucho y no con la diva canina; esta visto que usted prefiere el género femenino al masculino por mucho que trata de flirtear con una rica heredera. 
Preferí no hacer ningún caso a las provocaciones del comisario Ballpen y decidí que lo más sensato sería seguir con el caso hiciese lo que hiciese la policía. No tenía prisa por ver el cadáver de Edelstein en la morgue, eso podía esperar hasta mañana por la mañana. Tenía que ver a Marjorie Dugan, que además de todo lo que podía ofrecer en una noche podía darme pistas sobre la muerte del socio de su difunto padre. De todas formas, con la muerte de este tipo el asunto se había complicado sobremanera y estaba claro esto no iba ser coser y cantar sino otro jodido caso en donde los asesinatos se iban a suceder a la velocidad de la luz y el asesino podía ser  hasta el jodido muchacho que vende los periódicos. A veces hubiese preferido quedarme en el ejército; seguro que en Corea los fiambres de los amarillos no dan tantos problemas como los de los supuestos ciudadanos respetables de Nueva York.

Eran más de las nueve cuando llegué a la residencia Dugan, el lujoso habitáculo de un familia de ricachones donde solo quedaba su hija soltera sin otro oficio que dedicarse a las causas benéficas con la herencia familiar y a tocarme las narices con casos que seguro que no se resuelven nunca y me dejarán- una vez más- en mal lugar. Toqué a la puerta y Marjorie me abrió  embutida en una especie de albornoz negro o vestido de noche, no se muy bien lo que era. No parecía especialmente preocupada e intuí que aún no sabía nada de la muerte de Moses Edelstein. Parecía una especie de maniquí de tienda andante por sus movimientos sincopados y artificiales cuando me servía una copa de ginebra. Asemejaba estar sonámbula o estar siendo manejada por las cuerdas de un marionetista. Al principio cuando hablaba mascullaba como en sueños y movía la boca como Charlie McCarthy manejado por Edgar Bergen y hasta que no tomó el primer sorbo de gin no pareció volver a su ser. Solo me faltaba que fuese una borracha impenitente, pero pronto entendí que aquellos no eran más que sucios y manidos trucos de mujer que ya tengo mas vistos que la izada de bandera el 4 de julio. También consideré que la estupidez de andar con tacones en su casa pertenecía a la larga lista de tretas femeninas para despistar a detectives privados mujeriegos, aunque por otra parte yo deseaba ser retado por esa hermosa mujer, pero todos esos prolegómenos siempre me han resultado fastidiosos.      
Rehusé a sentarme en uno de los aparentemente confortables sillones de la residencia ya que parecería un estúpido senador entrado en años en lugar de un detective hard bolided con todas las de la ley y preferí permanecer de pié aún mis ganas de orinar, eso sí dando vueltas como un maldito perro enjaulado tratando de disimular mi incontinencia cada vez que estoy ante una mujer y dando la impresión de ser un tipo interesante que anda de aquí para allá cada vez que interroga a una víctima o a un testigo. A veces hubiese preferido ser un jodido invertido para no verme en esas situaciones.  
- Ya me he enterado de la muerte de Edelstein, Señor Prewitt. Ha sido una lástima, pero eso ya se venía venir, el también estaba amenazado- dijo Marjorie con la copa de ginebra en la mano mientras apoyaba su sensual cuerpo en el borde de una mesa y se daba unos aires de mujer fatal inéditos en ella antes.
- Llámeme Frank. Dice que Edelstein estaba amenazado; ¿Cómo es que no me había dicho nada antes, Marge?- dije mientras trataba de mirar de reojo al hall para ver si el WC estaba cerca y podía irme corriendo allí en un descuido de Marjorie.
- Pensé que eso no le interesaría, Frank. A fin de cuentas, yo soy la única que le intereso en todo este asunto, ¿no?- la pelirroja se acercó a mi acariciándome y repentinamente se me quitaron las ganas de orinar-  ni tan siquiera me ha preguntado de que murió mi padre.
- Los periódicos lo decían claro: un accidente de equitación.
Marge se alejó ligeramente de mí. De cerca era aún más bonita, sus ojos azules brillaban como los dos malditos zafiros herencia de mi abuela que empeñé el otro día para pagar el alquiler de mi apartamento en la Quinta Avenida, y sus labios carnosos parecían querer tragarme entero. De todas formas, su pestilente olor a alcohol me decía que nada bueno podía ocurrir a partir de ese momento. Se volvió para servirse otra copa.    
- Yo puse un cable en la pista para que el caballo de mi padre tropezase y cayese. Y yo  disparé al socio de mi padre hace unas horas- la pelirroja dio un sorbo a su vaso de ginebra- Debería haberme estado vigilado, Frank, desde que salí de su oficina. 

He de reconocer que ese fue el momento más humillante de toda mi carrera. Aún no entiendo como se me pudo haber caído del bolsillo de la gabardina mi fotografía dedicada de Judy Gartland como Dorothy. Marjorie la miró tirada en el suelo, pero afortunadamente no hizo ningún comentario al respecto.  
- Si, yo maté a mi padre. Nunca fue un buen padre, ni una buena persona, como usted sabe. Solo se ocupaba de sus negocios y nunca se ocupó de mi pobre madre ni de mí. El no merecía disponer de toda esa fortuna que hizo expropiando tierras a humildes granjeros y explotando a humildes trabajadores
- Marge, ¿es usted comunista?- dije mientras trataba de ocultar disimuladamente la fotografía con el pie. Todo esto me estaba resultando embarazoso, no solo era una asesina si no que también podía ser una rojilla, otra razón para no hacer el amor con ella e irme a casa con dos palmos de narices  
- No nada de eso, simplemente hice justicia. Pero Edelstein siempre sospechó que yo maté a mi padre y últimamente me chantajeaba amenazándome con acusarme de su asesinato, además de acosarme como mujer. Tenía que quitármelo de en medio como fuese y además podría quedarme también con su participación en la estúpida compañía de concentrado de tomate. Un crimen por celos podía ser una excusa, el maduro y rico pretendiente judío de una joven también amada por un detective de pacotilla con incontinencia y pasión por Judy Gartland. Por no hablar de lo que sabe todo Nueva York de sus desastrosas partidas de póker y sus citas con una tal Eve-Steve. El detective mató al pretendiente y extorsionador de su amada con su revolver- y acto seguido la muy zorra sacó mi revolver de su albornoz, vestido de noche o lo que fuese. Metí la mano en el bolsillo y saqué una pistola de juguete con una flecha con ventosa en el cañón, esa furcia irlandesa me dio el cambiazo el día anterior en mi despacho.  A veces hubiese preferido terminar a la hora que debiera mi jornada laboral y no recibir visitas jodidamente nefastas como la de Marge día anterior- Balística determinará que fueron sus balas, Frank. 
    
Pero al diablo con todo, nos besamos apasionadamente mientras yo recogía mi pistola y la guardaba en el bolsillo de mi gabardina. La verdad es que besaba estupendamente y ya no parecía importarle lo de la foto.  
- Vayamos a comer algo al Joe´s, Frank- me dijo
- Mejor a otro sitio
- ¿No me vas a detener?
- Olvidémonos de esto. Tenemos dinero suficiente para hacer un crucero de placer por el Atlántico. Nadie va a sospechar de ti como asesina de Edelstein y seguro que los imbéciles de la fiscalía darán el caso cerrado dentro de nada ante la falta de pruebas y testigos. Tú dices que Edelstein era el que te chantajeaba y mandaba los anónimos y yo me cojo la baja ya bien sea por incontinencia o por problemas de colon. Nos podemos casar en el barco, incluso. Por cierto, estuvo muy bien al jugarreta de la pistola de juguete, eres una chica muy lista.    
- Si quieres, podrías “matarme” con nueva pistola.
- ¿La de juguete?
-No me refería a esa pero si te hace ilusión dispararme con la pistola de juguete…
Una chica traviesa, pensé. Llevé mi mano al bolsillo agarré la pistola, dí al gatillo…y era la de verdad. Tras el disparo, Marge Dugan yacía en el suelo de su casa con un disparo en el abdomen. Decididamente, aquellos fueron los dos peores días de mi vida.



EPÍLOGO

Es lamentable comprobar como la policía y el sistema judicial nortemericano en 1952 se puede tragar la estupidez de que una mujer se puede suicidar con un tiro en el abdomen. Pero todo el jodido mundo se creyó que Marjorie Dugan, heredera del imperio Dugan´s Concentrated Tomato Soap Ltd. se suicidó ante el acoso económico – por deudas contraídas por su padre, Arnold Dugan-  y pasional por parte del socio del Sr. Dugan, Moses Edelstein, a quien la propia Marjorie había asesinado unas horas antes con la pistola que había robado al detective Frank Perwitt el día anterior. Según la prensa Perwitt, indignado, acudió al domicilio de Marge Dugan a recuperar su revolver y encontró el cuerpo sin vida de la mujer. Cuando he leído esto en el periódico esta mañana se me ha quitado todo un peso encima: no decían anda de la foto de Dorothy de El Mago de Oz dedicada a Frank Perwitt que habían encontrado en el suelo y que podía haberme metido en un compromiso, al parecer entendieron- así lo he averiguado- que pertenecía a la propia Dugan ya que la dedicatoria estaba cubierta de sangre. Tampoco se molestarán en utilizarla como evidencia, un policía la quemó, no soportaba a la Gartland.   

He de confesar que esta vez me salvé por los pelos. No se si me veré en una de estas otra vez, pero eso es lo que tiene llegar a la jodida segunda parte de tu vida, que a pesar de que hayas cometido el error más grave de tu existencia no siempre esa segunda parte puede ser mala por eso. Por lo menos, te aseguras que no la pifiarás una segunda vez. Eso sí, me quedé sin cobrar mis malditos honorarios y me temo que tendré que empeñar algo de valor otra vez aunque, maldita sea, ya no se si me queda nada verdaderamente valioso.  A veces hubiese preferido no ser real y ser uno de esos jodidos  detectives de las novelas policíacas, ellos siempre tienen más suerte.


NOTA: rayosc no se responsabiliza ni comparte la mayor parte de  las opiniones de Mr. Prewitt

martes, diciembre 04, 2012

El Aparatito Lumiere LA VIDA DE PI (LIFE OF PI)



 
**** y1/2

Con unas buenas dosis de sentido del riesgo y una curiosa pero inteligente jugada al tratar de fusionar un cine de autor de corte intelectual con el cine-espectáculo para todos los públicos, el dotado cineasta taiwanés Ang Lee (Comer, Beber, Amar; Sentido y Sensibilidad; Tigre y Dragón, Brokeback Mountain) firma una sorprendente y visualmente espectacular película (especialmente recomendable en su versión 3D) que desde luego resulta una delicatessen, lastrada tal vez algo por su exceso de pretensiones y su un tanto vago tono de discurso panarreligioso. Basada en una novela del francocanadiense Yann Martel, la historia con su tono new age y poético y el hecho de estar ambientada en su mayor parte en una barca naufragada en mitad alta mar, parecía de muy difícil adaptación al cine, pero Ange Lee y el guionista David Magee han salido airosos del reto utilizando buenos recursos narrativos y dotando a la película de una naturaleza eminentemente visual pese a estar supeditada a un discurso poético-filosófico-teológico que en palabras puede resultar farragoso. Y es que Life of Pi  no escatima ni regatea nada en mostrar bellas imágenes tanto en paisajes, en animales, en la naturaleza o en sencillas escenas cotidianas gracias principalmente a una preciosa fotografía entre pictórica y tecnológica que consigue con ínfulas oníricas y de irrealidad para mostrar precisamente una historia imposible y casi irreal entre los límites de la realidad y la fantasía, algo así como la plasmación de un sueño expresado de una manera poética y con cierta parquedad descriptiva.  En ese sentido, las secuencias desarrolladas en el mar (centrales en la historia) son de una belleza enorme.

Con actores debutantes - como en el caso de su protagonista- o poco conocidos (salvo Gerard Depardieu en un pequeño papel), la película es un pequeño tratado de la búsqueda del propio yo, de la búsqueda de Dios y de la búsqueda del bien disfrazado de una pequeña epopeya-fábula semi fantástica entre el cuento de hadas y la crónica de aventuras al estilo más clásico. Pi (el joven debutante Suraj Sharma), el protagonista de la historia, es un adolescente indio cuya increíble historia vivida en los años 70 es recordada en nuestros días por un Pi adulto (Irrfan Khan) que considera que el episodio que vivió en su juventud fue fundamental para su concepción del mundo y la vida. El joven Pi, criado en la India postcolonial, perdió a su familia en un naufragó a bordo de un navío japonés cuando estos se disponían a abandonar la India para hallar una mejor vida en Canadá. Confinado en un bote salvavidas junto con varios animales que transportaba el barco procedentes del zoo de su familia, Pi tendrá que sobrevivir y aprender a convivir con un feroz tigre de Bengala en una lucha sin cuartel por la supervivencia en el entorno más surrealista que pueda concebirse. Un extraño viaje iniciático el que vive el protagonista en donde pondrá a prueba todos los conocimientos, vivencias y reflexiones de su infancia marcada por una búsqueda incesante de la esencia de la vida a través de tres religiones: el Hinduismo, el Cristianismo y el Islam.

A favor de la película esta el hecho de que apuesta por una narración sencilla y ágil que en ningún momento se hace pesada y que pese a lo “trascendental” del tema se hace incluso entretenida y en sus momentos clave apasionante, gracias al poder de sus maravillosas imágenes, unos efectos digitales de gran belleza y un montaje muy bien elaborado. La película no cae en el empacho de pretensiones cuando muestra su vertiente más poética y sabe administrar muy bien la emotividad sin caer en la sensiblería y un cierto tono místico-Nueva Era sin caer en lo panfletario o en una versión historiada de un libro de auto ayuda. Es digno de mencionar lo bien que se ha rodado el filme con varios animales salvajes- en especial el tigre Richard Parker- combinando animales reales con algún momento de criaturas digitales, así como la música del gran Mychael Danna, la espectacular fotografía de Claudio Miranda y la excelente interpretación del joven Suraj Sharma, realmente magistral. Una película diferente, emotiva y muy sugerente, que pese a que pueda generar división de opiniones es ya de lo mejorcito de este 2012 a punto de concluir.


lunes, diciembre 03, 2012

DETECTIVE FICTION SPOOF (I) Relato de ficción (una parodia de novela negra)




 
I

Eran las siete y media de la tarde. Ya estaba empezando a guardar los papeles en el cajón de la mesa dispuesto a dar por terminad en breve otra maldita, insustancial y desierta jornada de trabajo. Ni una maldita visita, ni una maldita llamada telefónica, ni tan siquiera el maldito grito de algún borracho pasando por la calle. Ni tampoco el ruido de un maldito coche. Tal vez debería de haberme dado cuenta antes de escribir esto que la ventana de mi oficina daba a un callejón sin salida que lógicamente impedía que cualquier automóvil lo cruzase sin pegarse un castañazo contra el muro. Yo ya lo probé un día en una persecución y mi antiguo Lincoln Continental terminó yaciendo en un desguace de Albany. Yo conseguí librarme, pero maldita sea, a veces hubiese preferido quedarme entre los amasijos del coche.
Adelaine, mi secretaria, marchaba ya. Tocó la puerta con sus irritantes tres golpecitos matemáticos y acto seguido la abrió sin yo ni siquiera darle permiso.  Esta muchacha siempre me ha resultado realmente irritante
- Me voy ya señor, mi novio me va a llevar al cine a ver La Reina de Africa  - ¿Desea algo?- dijo irritantemente
- No, simplemente que te vayas de un maldita vez- contesté francamente irritado
-Parece irritado, ¿le ocurre algo?- me preguntó la estúpida
-Si, que me parece que tengo el estomago irritado. Es esta maldita comida que sirven en el Joe´s. Hasta mañana, Adelaine.

He de confesar que no siento ningún afecto por Adelaine ni por supuesto ningún tipo de atracción por ella. No es mi tipo ni nunca lo será, y si lo fuese tampoco sentiría ningún tipo de atracción por ella. Y si algún día sintiese algún tipo de atracción por ella no sentiría ningún afecto, no es mi tipo. Pero pensándolo bien, si me sintiese atraído por ella sería mi tipo y entonces puede que sintiese algún afecto pero aunque lo sintiese, puede que no fuese mi tipo, después de todo y sentiría afecto hacia ella por….no sé. ¡Diablos! ¡Estoy desvariando! Debe ser lo mal que me sienta la maldita comida que sirven en el Joe´s

Me quedé solo en mi despacho. Bajé la persiana y antes de abandonar aquel cuchitril cuyo alquiler me causaba- y me sigue causando- bastantes preocupaciones  me serví una copa del whisky que tomé prestado a un cliente hace un mes. El ya no lo necesitaba más, puedo jurarlo. La verdad es que a fin de cuentas era un whisky excelente. De repente llamaron a la puerta. No podía ser de nuevo me secretaria, pensé, ella ya se habría alejado de la  manzana lo mas rápido que hubiese podido, pero tras el cristal translucido de la puerta se adivinaba la silueta inconfundible de una mujer.
 Permití entrar. La puerta se abrió y apareció ante mí una auténtica muñeca. Pelirroja, ojos azules, cerca de ventisiete años, unos labios carnosos de ensueño, nariz a lo Rita Hayworth, un cuerpo exuberante. Llevaba un abrigo verde cubriendo un vestido del mismo color y un gorro marrón oscuro. La verdad es que en días así uno se alegra de no salir del trabajo a la hora correspondiente y ser un misántropo reflexivo con tendencia a hacer minutos y horas extra en el despacho pensando sobre este apestoso mundo. De haberme ido antes, aquella joven jamás hubiese hecho acto de aparición.
-Supuse que estaba aún aquí, he visto la luz de la ventana encendida. Es usted Frank Prewitt, si no me equivoco- la muchacha exhibía demasiada seguridad para tratarse de un mujer joven en apuros. Maldita liberación de la mujer   
-Así es. ¿Que es lo que desea?
- He oído que es usted el mejor detective de Nueva York
- Muchas gracias, pero ¿Qué es lo que desea?
- A decir verdad, esto que le he dicho no lo he oído nunca, pero me pareció el más barato. ¿Me ayudará, verdad?
- Es usted demasiado joven y guapa para estar sorda. ¿No me ha oído preguntarle que es lo que quiere?
Yo estaba demasiado obnubilado por la belleza de la muchacha como para enfadarme. En otro contexto hubiese sacado mi revolver y hubiese pegado un par de tiros a todo aquel que hubiese acudido de esa guisa desconcertante y por así decirlo, irritante. No me importó que se sentase frente a mi mesa sin pedirme permiso.   
- Se trata de que he recibido amenazas y anónimos- la joven empezó a sollozar-  Algunos hombres me están extorsionando, pretenden mi dinero, dejado en herencia por mis padres fallecidos. ¡Me amenazan de muerte, e incluso temo que me secuestren, señor Prewitt!
- Calmese, cálmese, señorita…
- Dugan. Marjorie Dugan. ¿Le dice algo ese apellido?
Por supuesto que me decía algo ese apellido. La chica me explicó que era la hija del difunto Arnold Dugan, un jodido irlandés millonario fabricante de concentrado de salsa de tomate que fue compañero de armas mío en la guerra en Europa. El era capitán y yo teniente cuando desembarcamos en Normandía con las bombas explotando detrás nuestro. Tres años después de terminar la guerra Dugan enviudó pero para entonces ya estaba empezando a manejar una fortuna con sus fábricas y hasta la fecha había sido uno de los hombres más ricos de Nueva York. Durante todo ese tiempo le había visto tres o cuatro veces pero no intercambiamos ninguna palabra y había muerto hacía ya año y medio. En la guerra se comportó como un auténtico cerdo. Maldita sea, a veces hubiese preferido quedarme con la tapa de los sesos al aire en esa asquerosa playa francesa en lugar de tener que aguantar a toda la gentuza que he tenido que tratar después. Marjorie, por lo que yo sabía era su única hija y estaba soltera. No es mi estilo mezclar el placer con los negocios es una frase que no tiene ningún significado para mí, por lo que accedí a investigar el caso de las amenazas solo por el hecho de que Marjorie era el tipo de una mujer por la que un hombre hubiese subido y bajado el Empire State cien veces a la pita coja, y yo estaba dispuesto a subir a su dormitorio las veces que hiciese falta. Si hubiese sido otro pariente del puñetero Arnold Dugan el que estuviese aquel día en mi despacho no hubiese tomado el caso ni por cincuenta botellas de whisky gratis.


                                                           CONTINUARÁ

lunes, noviembre 26, 2012

El Aparatito Lumiere LA PARTE DE LOS ANGELES (THE ANGEL´S SHARE)



 
** y 1/2

Es una buena noticia constatar que en esta época de crisis haya películas que reflejando los incómodos avatares de estos últimos tiempos dejen cierto poso para la esperanza. Esta dualidad entre el drama de los problemas sociales y una visión resolutiva positiva en realidad ha sido una constante en la obra del veterano director de The Angel´s Share, Ken Loach, que en esta ocasión ha escogido la comedia como vehículo narrativo sin abandonar el tono inmediato, naturalista, comprometido y un tanto agridulce de su larga filmografía. Aunque no es la primera vez que Loach se asoma a la comedia en esta ocasión el realizador británico se encuentra poco inspirado a la hora de dar consistencia e interés auténtico a un relato simpático y bien planteado pero muy irregularmente trazado, pese a los esfuerzos de su en otras ocasiones más brillante guionista habitual Paul Laverty.

Escocia es el escenario de en donde transcurre la historia de un grupo de jóvenes de escasos recursos con delitos más o menos menores (agresiones brutales, hurtos) que participan en un programa de cumplimiento de pena mediante trabajo comunitario en Glasgow. Robbie (Paul Brannigan), uno de estos muchachos, tiene antecedentes por peleas y agresión, acaba de ser padre y es odiado por la (un tanto bestia) familia de su pareja; intentando enderezar su torcida vida descubre por medio de Harry (John Henshaw) el responsable del programa de trabajo comunitario, el lucrativo mundo de la cata de whisky y las subastas de botellas de este licor donde se mueven grandes sumas de dinero. Un plan urdido junto con tres de sus compañeros del programa -con  el whisky por medio- tratará de obtener sustanciosos dividendos a los cuatro jóvenes que en la curiosa aventurilla lucharán contra sus miedos y el mal concepto que ellos tienen de si mismos. Unas intenciones loables, sencillas e incluso simpáticas las de este filme pero que en su desarrollo consigue entusiasmar en ningún momento. Si bien el plantel de semi desconocidos intérpretes está correcto, la combinación de ambientes, escenarios y contextos bien diferentes es perfectamente creíble (como no se podía esperar menos en Ken Loach) y los momentos de comedia costumbrista están muy bien insertados en un escenario de drama realista, la película no hace demasiados esfuerzos para ser memorable y se deja llevar por una liviandad bastante inadecuada fruto de un guión algo desmañado. Al final el sabor de boca es un pelín insatisfactorio si tenemos en cuanta la entidad de su director, aunque puede que los seguidores más acérrimos de Ken Loach esta película les satisfaga. ¿Recomendable? Cada uno, según su criterio 

miércoles, noviembre 21, 2012

El Apartito Lumiere EN LA CASA (DANS LA MAISON)



 ****

El  mundo de la enseñanza últimamente está bastante presente en el mundo del cine y ofreciendo además muy buenos filmes, aunque en casos como el de esta película francesa que nos ocupa no podemos hablar simplemente de un film sobre profesores de secundaria y las relaciones con sus alumnos, sino de un inusual drama-thriller con un peculiar juego narrativo que de alguna manera rinde homenaje a la creación literaria dentro de los peculiares márgenes que el medio cinematográfico puede ofrecer a tal propósito. Este intento del realizador galo François Ozon de ofrecer un thriller psicológico extraño, rebuscado y con cierto trasfondo experimental de juego narrativo se ha saldado con un rotundo éxito: la más que interesante dialéctica entre la mentalidad de un adolescente excéntrico e inadaptado y su aparentemente cuerdo y equilibrado profesor de lengua y literatura en un complejo y a veces inquietante escenario emocional donde se dan cita el voyeurismo, la envidia, la lucha contra la mediocridad, la rebeldía juvenil y la creación literaria, es un espectáculo alucinante que es difícil que no deje indiferente a nadie.

Dans La Maison, basada libremente en El Chico de la Última Fila, una obra teatral del español Juan Mayorga, cuenta la historia de Claude (Ernst Umhauer), un estudiante de secundaria de 16 años que cada día entrega su profesor de lengua Germain (Fabrice Luchini) una serie de redacciones que muestran a la clara su obsesión diaria: Claude,  ansiando la vida familiar “perfecta” (según su criterio) de su compañero de clase Rapha (Bastien Ughetto) decide pasar el mayor tiempo posible en la casa donde este vive con sus padres con la excusa de ayudar a su amigo con las matemáticas. Los escritos de Claude reflejan una atracción de Claude hacia Esther (Emmanuelle Seigner), la atractiva madre de Rapha, además de un verdadero complejo sentimiento de amor-odio hacia todo lo que rodea esa familia y lo que es más inquietante una posición vicaria de omnipotente espectador-narrador-actor que fascina a su profesor. Ambos, Germain y Claude, terminarán enganchándose cual yonkis a ese un tanto ilícito y prohibido juego que hace incluso tambalear los sólidos principios morales del profesor al tiempo que una relación de maestro-discípulo tejida desde una complejidad enfermiza y perversa comienza a surgir y arrasar con todo a su paso, incluida la vida matrimonial de Germain. Con las fronteras entre la realidad y la ficción y la verdad y la mentira en continuo desdibujamiento, la película narrativamente es una delicia que muestra el poder de la fabulación como alteradora de la realidad tangible. Unos propósitos bastante ambiciosos los de esta película, pero que los cumple con creces.       

Si hay algo que se le pueda reprochar a En la casa es su cierto seguidismo en ocasiones a los cánones del thriller americano así como que Fabrice Luchini recuerde a veces demasiado a Woody Allen en un papel que combina lo dramático y lo cómico, pero en general la película avanza bien y sin fisuras hasta completar una historia envolvente y enganchante que tiene su aquel. Los dos jóvenes intérpretes están sensacionales cada uno en sus bien diferenciados y antagónicos roles, que asemejan a las dos caras de la misma moneda. Una película ambigua y apasionante que homenaje tanto a los autores como a los espectadores (en general) con un mensaje sobre la moral humana bastante negativo pero desgraciadamente real en muchos casos. Cien por cien recomendable


sábado, noviembre 17, 2012

LEWIS CARROLL IN WONDERLAND: CIRCUNSTANCIAS, MITOS, ENIGMAS Y PARADOJAS DE UN GENIO (y II)




 ¿Quién arrancó las páginas?

La vida y semblanza de Lewis Carroll ha sido descrita a lo largo del tiempo por bastantes biógrafos y críticos como “absurda”  y propia de una personalidad infantil: básicamente, se ha hablado de un sujeto inmaduro, obsesionado con los cuentos, canciones y entretenimientos de los niños, incapaz de mantener relaciones con  mujeres adultas y con una lógica de la vida bastante ridícula y extravagante (esto último esta basado burda y únicamente en sus disertaciones sobre el absurdo expuestas en obras como los dos libros de Alice y en otros escritos, y no en episodios reales de su vida). Parece como sí personajes como el Mad Hatter de Alicia fuesen trasuntos reales del propio Carroll o incluso el escritor hubiese vivido perpetuamente en un Wonderland existente solo en su mente, pero nada de esto parece ser cierto. Como también son infundadas las acusaciones que se le han hecho tras su muerte de pedófilo, principalmente por sus fotografías de niñas desnudas y por la amistad que mantuvo con la pequeña Alice Lidell, de la que se llegó a decir que estaba enamorado y que incluso pidió a su familia matrimonio cuando esta apenas contaba con once años de edad. Todas estas afirmaciones forman parte del llamado “mito de Carroll”, un conjunto de creencias sobre el escritor y matemático que durante años se han mantenido como ciertas pero que desde finales del siglo XX se han dido desmontando y demostrando su falsedad. La supuesta pedofilia de Lewis Carroll y su presunta extraña relación con Alice Liddell y con otras niñas siempre han sido por su sensacionalismo el material más jugoso, polémico y explotado de todos los mitos relacionados con el escritor y de hecho la imaginación siempre ha corrido rauda y veloz en este tema concreto por un simple afán morboso alimentado por  historiadas y un tanto inquietantes fotografías de niñas y jovencitas en poses manieristas, dedicatorias en versos acrósticos y diarios con páginas perdidas.

Alice Liddell (foto de Carroll)
Una cosa es cierta: se desconocen por diferentes motivos bastantes detalles de la vida de Lewis Carroll, y esto lógicamente ha abierto para biógrafos y estudiosos la caja de las especulaciones. Así mismo, hacia 1863 Lewis Carroll rompió relaciones con los Liddell sin que se haya sabido nunca el motivo exacto. Pese a que el escritor dejó constancia de sus vivencias en diarios escritos durante varios años, como hemos dicho antes los registros de ciertos años se encuentran parcialmente perdidos: faltan cuatro volúmenes completos del periodo de juventud de 1853-1863 y en más de una decena de otros diarios completos de ese periodo varias hojas fueron arrancadas. Se desconocen los motivos exactos de esas ausencias, pérdidas, eliminaciones o lo que sea en un periodo en el cual Charles Lutwige Dodgson compartió felices momentos con al familia Lidell, comenzó su carrera literaria, sufrió crisis espirituales derivadas de un ejercicio eclesiástico con escasa convicción y comenzó a concebir el universo de Wonderland.  Aunque es posible que esas crisis filosófico-religiosas tengan algo que ver con la eliminación de algunas páginas esto no está demostrado, así mismo la desaparición completa de volúmenes que abarcaban varios meses es absurdo determinar que fue deliberada ya que su extravío ha podido ser perfectamente accidental. En todo caso, siempre se ha especulado si esos registros diarios perdidos tenían alguna relación con cierta atracción amorosa que Carroll hubiese tenido con Alice Lidell, pero no hay nada que lo demuestre. Varios autores han especulado con que la página perdida correspondiente al 27 de junio de 1863 corresponde al día en el que el escritor de 31 años pidió a los Liddell la mano de su hija de 11, una concepción que se ha extendido enormemente durante el siglo XX hasta el punto de ser considerada por muchos por cierta. No hay nada sin embargo que apoye dicha teoría, que dicho sea de paso ha servido para explicar el aún misterioso fin de la amistad de Lewis Carroll con los Liddell. 


A Long Tail

En 1996 se descubrió un escrito en los archivos de la familia Dodgson, atribuido a una mano diferente a la Carroll, que resumía aparentemente el contenido de algunas páginas de diarios perdidas correspondientes a junio de 1863: allí se decía que la Señora Liddell había advertido a Carroll que circulaban rumores de una relación con la institutriz de la familia y con Ina (Lorina Jr.), la hija mayor. Todo esto es muy probable ya que, pese a lo que popularmente se cree, Carroll fue un Don Juan al que se atribuyen romances con mujeres casadas algo que escandalizó a la opinión pública victoriana y que de alguna manera también avergonzaba internamente al propio autor que apenas dejó constancia de estos affaires en sus diarios, probablemente atormentado por su torturado cristianismo y por su condición de clérigo. Es muy posible que estos rumores (no se sabe si ciertos o no) fuesen una de las causas del fin de la amistad de Carroll con la familia del Decano de Church Christ, así como también se ha especulado que entre las causas se encuentre un flirteo del escritor hacia Lorina Liddell Sr, pero en todo caso este documento no demuestra en absoluto que Alice fuese la causa de dicha ruptura.                   

Foto de Beatrice Hatch por Lewis Carroll coloreada (1873)
La supuesta pedofilia de Lewis Carroll no solo nunca ha sido demostrada sino que posiblemente nunca existió. El argumento de las fotografías de desnudos de niñas siempre ha sido el más defendido entre los partidarios de tal afirmación, pero el desnudo artístico, incluso el infantil, era una tendencia aceptada en la sociedad inglesa victoriana especialmente entre los círculos artísticos más innovadores y eran muy habituales las tarjetas artísticas con fotografías de niñas desnudas en la segunda mitad del siglo XIX. También es evidente por diferentes testimonios que contrariamente a lo que se piensa Carroll si estaba interesado en las mujeres adultas, tal y como hemos visto, manteniendo durante su vida varias relaciones amorosas con mujeres tanto solteras como casadas aunque nunca las propusiese matrimonio (a las solteras, claro) por motivos que se desconocen exactamente aunque tal vez incluyesen el célebre tartamudeo ocasional del autor. Con todo, tras su muerte su familia se encargó de ocultar esos affaires dando la impresión de que Carroll no había mantenido ninguna relación amorosa con ninguna mujer. Y otra cosa es cierta: Lewis Carroll adoraba a los niños y niñas, hasta al extremo de considerar a estos como pequeños amigos. Al artista le encantaba divertir y entretener a hijos de amigos y vecinos con sus juegos, chistes, representaciones y adivinanzas, así como disfrutaba dando clases de lógica y matemáticas a los niños retándoles con enigmas y acertijos numéricos que desarrollasen su inteligencia pero nunca ha habido constancia de que tuviese atracción sexual ni amorosa hacia ningún infante. Su amistad con Alice Liddell fue muy grande como fácil se puede deducir contemplando fotografías y leyendo dedicatorias del autor.   
 
El mundo de Mr. Dodgson

Carroll construyó un mundo literario hecho de paradojas lógicas, matemática absurda, mucha imaginación y un desbordante vitalismo. Ese mundo de juegos de palabras (como en el poema Jabberwocky), seres imposibles, realidades alternativas, espejos deformantes, realidades que son sueños y sueños que son realidades solo pudo surgir de una mente genial y en cierto modo enigmática y contradictoria como fue la de Lewis Carroll, un genio excéntrico e incomprendido que construyó el País de las Maravillas con el afecto que le tenía a los niños y el desprecio hacia que mantenía hacia muchos aspectos del mundo de los adultos como la hipocresía, la vanidad, el dogmatismo o el autoritarismo. El, que paradójicamente fue un conservador, no aceptó nunca las reglas de una sociedad británica del siglo XIX que a menudo limitaban el papel del artista o el científico. En los números encontró la respuesta a muchas preguntas absurdas y en su imaginación la vía de escape hacia un mundo más gratificante y maravilloso. Desde el momento en el que Alicia siguió a un conejo blanco Lewis Carroll nos dejó de alguna manera una realidad diferente a la hay que asomarse al menos una vez en la vida aunque que no siempre sea fácil de entender. Así fue también la propia existencia de Lewis Carroll, algo de difícil comprensión pero sin duda magníficamente genial.  

miércoles, noviembre 14, 2012

El Aparatito Lumiere - SKYFALL



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El cincuenta aniversario de la primea adaptación cinematográfica de James Bond 007 se ha querido celebrar por todo lo alto con el filme de la serie con mayor presupuesto y un supuesto regreso a las esencias del famoso héroe cinematográfico-literario; a ello añadimos un director de lujo como es Sam Mendes, un villano de postín como Javier Bardem y un redimensionamiento más humano del protagonista más una agresiva campaña de marketing: evidentemente, se busca el impacto en taquilla y esta nueva entrega cinematográfica de 007 no se ha andado con rodeos aunque el resultado a fin de cuentas sea tan predecible como siempre. Eso sí, como película de intriga, espionaje y acción cumple con creces gracias a una puesta en escena magna que recuerda a los mejores momentos clásicos de la larga saga y buenos instantes de más que correcto cine de intriga bajo el prisma de la mera evasión. Pese a todo, los que dicen que se trata del mejor filme de la serie Bond tal vez exageren bastante.

Una vez más, el agente 007 que interpreta Daniel Craig por tercera vez trata de mostrar un lado más humano y accesible que el de los Bond anteriores con una historia en donde el personaje se las vuelve a ver canutas, se enfrenta a sus superiores del MI6 británico, está a punto de ser retirado del servicio a “Su Graciosa Majestad” y nos descubre parte de su pasado…pero no son más que recursos casi cliché en un guión irregular aunque con buenos momentos propio de un filme comercial. En esta ocasión Bond se imbuye oportunamente dentro del mundo del ciberterrorismo luchando contra Silva, el inquietante y misterioso capo de una organización criminal que pretende sacar a la luz todos los trapos sucios del servicio de Inteligencia británico cargándose de paso  a muchos de sus agentes y funcionarios incluidos Bond y su jefa M (Judi Dench) que en esta ocasión ostenta un rol clave en la trama y permite a Dench lucirse más de lo habitual en toda la saga aunque de manera más bien impostada y limitada. Al final la película da menos que lo que promete y si no fuese por la fenomenal actuación de Bardem posiblemente se iría a pique: las escenas en las que el actor madrileño interviene son de lo mejorcito del filme, su presencia realmente intensifica los momentos y el tempo de la película postulándose como uno de los mejores villanos que ha habido en toda la serie 007. Un diez por él. Y de Daniel Craig, pues no se que decir: tan cara de palo como siempre.

Aunque la película flojea cuando trata de ser dramática, los fans de siempre de James Bond disfrutarán seguro de una bien compuesta película de su héroe con guiños a películas anteriores de la saga (el aniversario obligaba) y con un finale ambientado en Escocia que resulta vistoso y eficaz y en donde interviene el gran Albert Finney en un papel que tiene todo la pinta de que estaba pensado para Sean Connery. 50 años después y pese la reiteración de la fórmula, el cambio generacional del público y la evolución de los tiempos, James Bond sigue ahí: todo un caso a estudiar.         

domingo, noviembre 11, 2012

LEWIS CARROLL IN WONDERLAND: CIRCUNSTANCIAS, MITOS, ENIGMAS Y PARADOJAS DE UN GENIO (I)




 Un desconocido célebre

Mucho se ha escrito sobre el escritor, matemático, inventor, pionero de la fotografía y clérigo anglicano británico Lewis Carroll (1832-1898), el célebre autor de Alice in Wonderland (Alicia en el País de las Maravillas) Diversas biografías y estudios sobre su vida y obra le han tildado de excéntrico, inmaduro, enfermizo…y hasta pedófilo. Se ha demostrado últimamente que muchas de estas atribuciones son incorrectas, infundadas y hasta falsas, indudablemente influidas por el singular impacto popular e intelectual de sus surrealistas e insólitos escritos que a lo largo de tres siglos (y que sin duda han marcado el devenir de la literatura universal) de un modo u otro han provocado que la concepción de su vida haya sido vista como una prolongación de ese mundo absurdo y con las normas subvertidas que describió en sus dos libros sobre Alicia o en otras obras como The Hunting of the Snark.  Pero, ¿conoció alguien realmente a un hombre llamado Charles Lutwidge Dodgson? ¿Cuánto de mito y de realidad hay en la que  muchos hacen pasar por su verdadera biografía? ¿Quién fue realmente Alice Liddell, la niña hija de unos amigos que supuestamente inspiró el personaje de Alicia? ¿Como fue exactamente la relación de Dodgson con sus vecinos los Liddell y en especial con sus tres hijas? ¿Fue  Lewis Carroll un ser hipócrita y malvado, seductor y corruptor de menores? 

No cabe duda de una cosa: que Lewis Carroll fue un hombre enormemente crítico con su tiempo y con las convenciones de la sociedad victoriana. Tal vez este inconformismo y esta rebeldía, no tan inocente como pudiera parecer a simple vista, sumieron a su figura incluso después de su muerte en un cierto desprecio por parte de algunos críticos y estudiosos. Y no cabe duda también que Charles Lutwige Dodgson fue un hombre enormemente contradictorio, paradójico y desconcertante, algo que sin duda ha influido en el retrato que de él nos ha dejado la historia. No es intención de este artículo hacer un estudio exhaustivo de la figura de Lewis Carroll, sino una aproximación a su biografía desgranado aspectos clave de ella que influyeron en su obra y desmontando algunos de los mitos que sobre su vida han circulado.


Extraño genio en Oxford

Lewis Carroll con Alice Liddell (hacia 1862)
Charles Lutwidge Dodgson nació el 27 de enero de 1832 en Daresbury, en el condado de Cheshire en Inglaterra. En su familia había una fuerte tradición de militares y eclesiásticos anglicanos (su bisabuelo Charles Dodgson llegó a ser obispo de Elphin a finales del siglo XVIII), aunque el padre de Carroll inauguró una nueva vertiente en los Dodgson que fue la académica al obtener una beca como matemático, pero prefirió dedicarse al sacerdocio como vicario. Charles Lutwidge fue el tercero de once hermanos y a los once años se mudó con toda su familia a Croft-on-Tees  en el norte de Yorkshire. Charles fue un niño muy precoz que aprendió pronto a leer y a interesarse por lecturas bastante avanzadas para su edad, al mismo tiempo que al igual que su padre mostraba un enorme talento para los números. Sufría de tartamudeo desde una edad muy temprana, algo que apenas logró corregir en su edad adulta, además de sufrir una fiebre que le dejó sordo de un oído y una tos ferina que le dejó secuelas respiratorias de por vida. Su padre, el Reverendo Dodgson, fue un hombre muy conservador dentro de incluso de la iglesia anglicana y cercano a los movimientos mas reaccionarios de la misma, un aspecto que el joven Charles no compartía. Charles Dodgson Sr. llegó a ser Archidiácono de Richmond, localidad en la cual Charles estudió primaria hasta los 14 años para después matricularse en la prestigiosa Rugby School donde mostró su talento innato para las matemáticas. No obstante, sus problemas de tartamudez le lastraron su socialización tanto en el entorno académico como en cotidiano, algo que de un modo u otro influiría en sus relaciones personales a lo largo de su vida.   

Ingresó en Oxford en 1850 para estudiar Ciencias Exactas y tras una brillante trayectoria académica se gradúa con Honores en la Facultad de Matemáticas además de conseguir un Bachiller en Artes en 1854. Dodgson permanecerá a partir de ese momento y hasta su muerte en la Facultad Christ Church (donde había estudiado) como lector de Matemáticas, una ocupación que al principio no le satisfacía.   
 Pese a su problema de tartamudez y sus dificultades de salud, Lewis Carroll no tuvo problemas en su faceta de profesor de matemáticas como en la de diácono (se ordenó en 1861, una ocupación que en realidad no fue excesivamente importante en su vida), y además pudo tener una vida social plena pese a sus dificultades de comunicación. Es falso que prefiriese –como se ha llegado a escribir- la compañía de los niños a la de los adultos ya que entre otras cosas en sus clases, en sus sermones y en discursos públicos Charles Dodgson no tartamudeaba siempre, ni tan siquiera era constante ese defecto en el habla cuando hablaba con cualquier persona, ya sea niño o adulto, aunque no cabe duda que  Dodgson se sentía avergonzado de esa condición y temía que en cualquier momento hiciese el ridículo a causa de ella. Es muy posible que este factor influyese en el hecho de que hasta su muerte el escritor y artista permaneciese soltero.    


Burlón, jovial y escéptico

Charles Dodgson comenzó su carrera literaria en su adolescencia cuando escribió algunos poemas, relatos y obras de marionetas que no se publicarían hasta bien entrada la década de 1850 en algunas revistas locales. Curiosamente en 1855 puso en circulación el que puede ser considerado uno de los primeros fanzines de la historia, Mischmasch, una autopublicación para sus familiares que duró hasta 1862.  Entre 1854 y 1856 su obra temprana tuvo difusión nacional en diversas revistas de importancia como The Comic Times o The Whitby Gazette  obteniendo excelentes críticas tanto de sus relatos satíricos como de sus poemas. En 1856, con 24 años,  firma por primera vez como Lewis Carroll, un pseudónimo procedente de sus nombres de pila invertidos con anglicismos más o menos equivalentes a las traducciones latinas de los mismos. Por aquel tiempo, el joven Lewis Carroll, residente en Oxford, era admirado también por sus habilidades para entretener a los invitados en fiestas con sus chistes, sus dotes para la mímica y su maña para inventar historias y juegos para los niños hijos de sus amigos. Pese a sus aparentes limitaciones comunicativas, Carroll estableció un círculo de amistades y contactos bastante amplio que iba desde el mundo académico de Oxford hasta el artístico y literario. Fue amigo del artista y crítico de arte John Ruskin, del pintor Dante Gabriel Rosetti y del autor de cuentos de hadas escocés George McDonald, entre muchos otros. Carroll se llevaba mejor con la gente del mundo artístico-literario que con la del mundo universitario intelectual y religioso, que a menudo criticaba en sus escritos. Es sabida su aversión al conservadurismo de la Iglesia Anglicana con la que mantuvo una extraña relación de amor-odio que aún es un enigma. Carroll comenzó una carrera como clérigo -siguiendo la tradición familiar- ya en sus años de estudiante (los residentes en la Facultad Chist Church de Oxford debían ordenarse), pero tras ser ordenado diácono tardíamente cuando ya había finalizado sus estudios, rechazó ordenarse pastor anglicano contra las reglas de la facultad, algo que de todas formas se le permitió excepcionalmente gracias a su amistad con uno de sus amigos más influyentes en su vida: el decano Henry Liddell. Caroll además nunca se consideró (no se sabe exactamente por que) un ferviente cristiano, algo que le atormentaba internamente y que sin duda fue determinante para que no tomase la carrera del sacerdocio. Pese a que Dodgson era un hombre conservador, no aprobaba muchas restricciones del cristianismo y del anglicanismo en particular, aunque nunca se ha sabido en que grado exactamente. Lo que si es cierto es que  Lewis Carroll fue seguidor de corrientes filosófico-religiosas muy en boga en la sociedad victoriana como la Teosofía, algo que es posible que le alejase de una visión tradicional del cristianismo, así como estaba interesado en otras religiones y en extraños pensamientos filosóficos poco bien vistos en la sociedad victoriana. Pese a todo, Carroll no se mostró nunca explícitamente crítico con el tema religioso en toda su obra, al contrario que como con otros ámbitos. 

Carroll junto con Lorina Lidell (a la izquierda) y Harry, Loina Jr., Alice y Edith, hacia 1857
A pesar de la visión muchas veces negativa que el escritor y profesor tenía de la figura del “pomposo y pedante profesor académico”, Carroll logró hacer buenas migas con el nuevo Decano de Chist Church, Henry Liddell, que llegó a la facultad en 1856, así como con su esposa Lorina y sus cuatro hijos, un varón y tres niñas. La amistad de Carroll con las niñas Liddell, como bien es sabido, fue fundamental para el nacimiento de la obra maestra del autor, Alicia en el País de las Maravillas. Siempre se ha creído de una manera un tanto errónea que la pequeña de las hermanas Liddell, Alice (1852-1934) inspiró al personaje de Alicia, principalmente por la coincidencia con el nombre, pero esto no es cierto. La relación de Lewis Carroll con las tres hermanas Liddell (Lorina y Edith eran las hermanas mayores de Alice) históricamente siempre ha estado abierto a conjeturas: ¿atracción de Carroll hacia los niños, ¿pederastia?, ¿pidió en matrimonio Carroll a  la pequeña Alice cuando esta tenía 11 años?. Mucho se ha conjeturado sobre esto y lo cierto es que las pruebas, como veremos más adelante, han terminado por debilitar cuando no descartar tales acusaciones. Una cosa si que es cierta: durante el periodo desde el que los Liddell se instalaron en Oxford hasta la publicación de Alice in Wonderland en 1865, Lewis Carroll vivió tal vez la etapa más feliz de su vida como así reflejan sus diarios, aunque los registros correspondientes a los años 1858-1862 se hayan periodo y esto haya dado lugar a varias conjeturas.


Una niña llamada Alice

Alice Liddel en 1858
Los biógrafos del escritor y los estudiosos de su obra siempre han dejado constancia de una idílica imagen asociada a la vida de Carroll: los paseos en barca del artista con las niñas Lidell en las aguas del lago Isis (también incluyó al principio a Harry, el hijo mayor, pero las niñas eran su debilidad) en los cuales inventaría historias fantásticas y fabulosas que llevarían inevitablemente al absurdo mundo de Wonderland. Carroll también trabó amistad en aquellos años con otros niños y niñas a los que dedicaría sus obras como dedicó Alice a la pequeña de los Liddell, aunque tal y como dejó constancia el propio autor, el personaje ficticio no estaba inspirado en la verdadera Alice. Por esos años, Lewis Carroll se convirtió también en un consumado maestro y en cierto modo pionero de un arte que estaba dando sus primeros pasos: la fotografía. Desde 1856 hasta 1880 el polifacético Carroll se convirtió en un admirado maestro del nuevo arte fotográfico especializándose en el retrato, una modalidad del la que se puede considerar un influyente pionero ya que la imbuyó de un notable sentido artístico con influencias manieristas y prerrafaelitas (Carroll era un gran admirador de ese movimiento pictórico además de ser amigo de Rossetti y otros prerrafaelitas) y de alguna manera creó una suerte de “retrato victoriano”. Carroll hizo fotografías artísticas de hombres, mujeres, niños, niñas, animales, paisajes, estatuas, composiciones fantásticas y casi siempre al aire libre. Sus fotografías infantiles (de niñas mayormente) han sido motivo de controversia ya que se ha dicho que son pruebas bastante evidentes de su pedofilia. En efecto, Carroll realizó fotos de niñas desnudas o con escasa vestimenta, pero esto muchos autores y biógrafos del escritor han sostenido que era por motivos meramente estéticos, ya que a Carroll le fascinaba el cuerpo infantil pero sin ningún deseo sexual. Son bastante célebres los retratos de Alice Liddell, en especial el de Alice vestida de mendiga (1858), todo un clásico en la historia del retrato fotográfico artístico. Estos retratos infantiles, entre tiernos e  inquietantes, no dejan indiferente al espectador. Se cree que Lewis Carroll tomó más de 3000 fotografías de las cuales han sobrevivido algo menos de 1000, entre ellas retratos de celebridades como Dante Gabriel Rossetti o Alfred Tennyson.               

Fotografía de 1875 por Lewis Carroll
1862 fue el año en el cual se cree que Lewis Carroll empezó a dar forma a la Alicia literaria a partir de un cuento que el escritor contó a las Liddell y que la pequeña Alice, por entonces de 10 años, pidió al “Tío Charles” que transcribiera en hojas de papel. No fue hasta 1864 cuando Carroll completó el primer manuscrito de una novelita titulada Alice´s Adventures in the Underground (Las Aventuras de Alicia Bajo Tierra) que el propio escritor ilustró. Antes de terminarlo, entregó el manuscrito a su amigo George McDonald, padre de dos niños a los que les entusiasmó el libro, y animado por la reacción del potencial público infantil lo entregó al editor Macmillan quien accedió a publicarlo en 1865 bajo el título definitivo de Alice´s Adventures in Wonderland con las famosas ilustraciones de Sir John Tenniel. Fue un éxito rotundo que supuso la fama de Lewis Carroll no solo en Inglaterra sino en todo el mundo. En 1871 Carroll, que pese al éxito del libro no abandonó nunca su puesto de lector en Oxford, escribió la segunda parte de las aventuras de Alicia Through the Looking- Glass and What Alice Founds Here  (A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí ) comúnmente conocido como Through the Looking- Glass . En ambas obras, todo un clásico de la literatura universal y no solamente infantil, Carroll exploró metafóricamente el mundo del absurdo mediante conceptos matemáticos ilustrados por personajes y situaciones fantasiosas y surrealistas. Personajes como la Reina de Corazones, el Sombrerero Loco, la Oruga, el pequeño Bill el lagarto, la Libre de Marzo o la Reina Roja se convirtieron con el paso del tiempo en iconos de la cultura occidental. Resulta evidente a tenor de las ilustraciones de Tenniel que Caroll no se inspiró ni tan siquiera en físico de Alice Liddell para su heroína (la verdadera morena, la ficticia rubia) aunque el hecho de que incluyese el nombre de Alice Liddell acrósticamente en el poema que precede a la novela siempre ha hecho sugerir erróneamente que ambas niñas eran la misma.     

Por aquellos años y hasta su muerte, Carroll escribió también diversos tratados matemáticos y concibió algunos curiosos inventos y patentes sobre asuntos que iban desde un nuevo sistema de representación parlamentaria para el Reino Unido hasta juegos de palabras (se considera una invención suya una anticipación del Scrabble). El poema absurdo The Hunting of the Snark (La Caza del Snark, 1976) y la larga novela Sylvie and Bruno (Silvia y Bruno, 1888) son tras los dos libros de Alicia sus obras literarias más conocidas, pero no obtuvieron ni por asomo el éxito del díptico aliciano. Charles Lutwige Dodgson  falleció el 14 de enero de 1898 a los 65 años en el domicilio de sus hermanas en Guilford a consecuencia de una neumonía. Pero el mito de Lewis Carroll, para bien o para mal, aún no había terminado.



CONTINUARÁ