martes, octubre 21, 2014

El Aparatito Lumiere MAGICAL GIRL





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Una historia que aparece y otra que no. Una película que cuenta algo que es consecuencia de algo que no cuenta. Una historia de situaciones límite llevadas al extremo y de casualidades fatales que tejen un alucinante laberinto en donde la no explicación es lo más fascinante del devenir de una narración magistral. Magical Girl, segundo filme del madrileño Carlos Vermut, un hombre forjado en el mundo del cómic, y primer premio en el Zinemaldi de Donostia-San Sebastián ya se ha postulado como la mejor película española del año. No recaudará ni lo de Torrente 5, ni lo El Niño ni mucho menos lo de 8 Apellidos Vascos, pero a Carlos Vermut nadie le va a quitar ni el honor ni el orgullo de haber dirigido una película que será considerada todo un clásico del cine español. Así como suena. Un filme enigmático e intrigante que deconstruye el género del thriller para ofrecer una narración alucinante de engañosa simpleza pero provista de extraños e inusuales recursos conceptuales para modelar un trampantojo perverso basado en diferentes personajes cada uno en la más cruel de las derivas por diferentes circunstancias que de forma fortuita terminan abocándose en una espiral de situaciones que van desde lo dramático hasta lo inexplicable pasando por lo violento, lo enigmático, lo bizarro o lo terroríficamente percibido por el espectador. Porque este es un filme que necesita de la intuición y la imaginación del espectador para rellenar los muchos huecos que faltan (casi siempre en forma de hechos pretéritos a la narración) y así encontrar el sentido a la historia: en un momento del filme uno de los personajes no puede completar un puzzle porque le falta una última pieza, inteligente metáfora de la naturaleza de esta magistral Magical Girl.    



Sin ninguna concesión comercial y jugando genialmente con lo experimental desde el punto de vista narrativo y con un poder de atracción de las imágenes (perfectamente fotografiadas) que resulta sencillamente magistral en su intento y logro de convertir estampas domésticas, familiares y cotidianas en escenas inquietantes y provistas de cierto horror metafísico, Magical Girl no será pese a todo un film que guste y convenza a todo el mundo e incluso a muchos su visión se les hará incómoda, pero su solo existencia ya resulta una empresa loable y excepcional. La premisa argumental nos lleva a la extraña y desasosegante situación de sus dos protagonistas centrales: por un lado Luís (Luís Bermejo) un profesor de literatura en paro cuya hija de doce años, Alicia (Lucía Pollán) amante del manga y el anime japonés agoniza a consecuencia de la leucemia y que desea casi como última voluntad conseguir un exclusivo vestido cosplay de un personaje manga llamado Magical Girl, decide llevar a cabo cueste lo que cueste y a al desesperada el anhelo de su retoña; por otro lado Bárbara (Bárbara Lennie) una treintañera con evidentes desequilibrios mentales cuto matrimonio con un psiquiatra comienza ir a la deriva. El fortuito encuentro entre ambos les llevará a cotas inimaginables para ellos dos saltándose cualquier norma moral o social en una lucha encarnizada y animal tanto por la supervivencia como por los seres queridos. A partir de ese momento ya todo se mete en un confuso túnel donde parecen estar presentes Borges, Iván Zulueta, Godard o David Lynch (curioso que últimamente los cineastas españoles con pretensiones se miren tanto en Lynch) y en donde la cosa se ve a punto de estallar con la irrupción del personaje de Damián (José Sacristán, aportando todo su gran hacer de legendario veterano) el antiguo profesor de Bárbara en su etapa escolar que se antoja como la clave de muchos interrogantes. Una película de exquisita factura técnica, excelentes interpretaciones, sublime tempo narrativo y momentos memorables con excepcional manejo de lo inquietante y de la omisión. Carlos Vermut esta llamado  ser un gran cineasta, capaz de dar mil vueltas a  Amenabar y otros pseudoestetas del cine de género español. Imprescindible para todos los amantes del cine.

viernes, octubre 17, 2014

STOP ÉBOLA!



Aunque suene triste, ahora que el ébola ha llegado a Europa a ver si por lo menos la comunidad científica y las farmacéuticas se ponen las pilas para erradicarlo por fín. Empezando por Africa, en donde los muertos a cuasa de este virus se siguen contando por miles y poca cosa se ha hecho para evitarlo para vergüenza humana.

STOP ÉBOLA

martes, octubre 14, 2014

El Aparatito Lumiere PERDIDA (GONE GIRL)







*** y ½


A medio camino entre el blockbuster comercial y cierta impronta autoral, el cine del astuto pero últimamente algo irregular David Fincher (Seven, El Club de la Lucha, Zodiac, El Curioso Caso de Benjamín Button) casi siempre se ha destacado por su habilidad para provocar la atención y los sentidos del espectador y de lograr el aplauso de la crítica aunque a veces sea a costa de sutiles trampas y concesiones maquiavélicas. Tras las no muy convincentes y oportunistas La Red Social (2010) y el remake yanki de Millenium (2011) la credibilidad del realizador comenzaba a ponerse seriamente en entredicho pero- de nuevo- un inteligente golpe de efecto parece que logrará redimirle y restituirle en el olimpo de los directores norteamericanos más personales de los últimos veinte años. Gone Girl, adaptación de una novela Gillian Flynn, que además firma el guión adaptado, es una película altamente atrayente gracias al empleo de imágenes poderosas y a un guión más  efectivo que efectista al centrar la historia en la introspección psicológica de sus dos personajes principales sin concesiones a los recursos más manidos del thriller psicológico. Porque esta película es algo más que un thriller, es un drama entre social, psicológico y humano con trasfondo de historia negra que cumple y muy bien una función de multicrítica a diversos aspectos de la sociedad actual y de las relaciones humanas contemporáneas: los celos profesionales, la hipocresía de las masas, la alienación y manipulación de la opinión pública por parte de los medios de comunicación, el alto nivel de deterioro al que puede llevar una relación de pareja, el estrecho margen en el que se pueden mover los sentimientos en una sociedad cada vez más deshumanizada…y otros temas más.Las conclusiones a las que se  llega no son muy optimistas, pero la manera de contarlo puede inspirar al espectador no pocas claves que le hagan cavilar sobre ciertos temas. Pero sin comerse la cabeza, es solo una película.

El espíritu de Alfred Hitchcock sobrevuela engañosamente una historia en donde el suspense pronto se queda en nada y en donde el enigma resuelto da paso a un drama tan fascinante como intrincado en un guión lleno de recovecos que más que pistas falsas utiliza tanto la inteligencia como los sentimientos del espectador para ponerse en la piel de los dos protagonistas principales y sus alucinantes circunstancias llevadas al más increíble de los límites en esta historia en donde lo moral ocupa un lugar esencial. Por un lado se encuentra la joven esposa desaparecida, Amy (Rosamund Pike, magistral) una escritora de éxito con curioso trasfondo profesional, ambiciosa y con un extraño comportamiento narcisista que se ha esfumado repentinamente del hogar en lo que parece un caso poco claro, y por el otro a su marido Nick (Ben Affleck), inseguro y superado por una crisis personal y profesional con una relación cada vez parecía perturbarle más y que no se explica lo sucedido. Pronto la investigación policial pertinente sacará a la luz una serie de revelaciones sobre la vida matrimonial de la pareja y Nick comenzará a ser sospechoso de la desaparición de Amy. El entrecruzamiento de dos historias, desde el punto de vista de Nick y desde el punto de vista de Amy dibujará dos escenarios bien distintos el uno del otro en donde uno de ellos parece querer devorar al otro e imponerse como verdad absoluta en un interesante planteamiento narrativo servido por la naturaleza peculiar de la historia. Un alucinante juego de verdadero o falso y una desasosegante dialéctica entre el bien y el mal que producen el más inquietante horror cotidiano ya que somos testigos de cómo se puede hacer el mayor daño posible a otras personas solo con un mero ejercicio de enaltecimiento del ego.


Así, jugando con el thriller y un intrincado estudio psicosociológico, Perdida consigue mantener en todo momento la atención del espectador proponiéndole situaciones que fluctúan entre lo increíble y lo imperfecto (que es siempre lo más real y creíble) que finalmente consiguen una película envolvente pero áspera que mucho me temo que puede ser mal interpretada. Una estética entre documental y arty y una fotografía opaca pero cuidada marca de la casa Fincher realzan formalmente un filme de infinidad de matices que va subiendo enteros conforme avance el metraje aunque los últimos minutos puedan parecer pedantes e impostados aunque eso sí con su inquietante mensaje. Una buena oportunidad para que los amantes de las películas que ofrecen algo más de la habitual aunque sin salirse mucho de lo comercial de  puedan pasar una deliciosa tarde o noche.

lunes, octubre 06, 2014

El Aparatito Lumiere LA ENTREGA (THE DROP)





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Interesante primer filme americano del belga Michäel R. Roskam, responsable de Bullhead (2011) que a partir de un relato escrito por Dennis Lehane (autor de novelas que de las que han surgido grandes películas de los últimos años como Mystic River o Shutter Island) ha realizado un thriller creíble y más que correcto que trata de insertar coordenadas estilísticas del cine independiente norteamericano en una producción de grandes estudios, eso sí con un presupuesto modesto y un rodaje artesanal pero eficaz y trabajado. Una historia de clase obrera neoyorkina acosada por serios problemas con la justicia y las mafias chechenas que operan en la ciudad de los rascacielos, con dos personajes con el agua al cuello: Bob (Tom Hardy, actor que hace poco vimos en la excelente Locke ) camarero de un bar de Brooklyn y su primo y jefe Marv (el fallecido James Galdonfini en su última interpretación), quienes sufren en el bar un atraco que parece esconder una verdad y un oscuro entramado que se va agrandando por momentos dejando a Bob confuso y desnortado sobe todo en la relación con su primo. La adopción de Bob de un cachorro de pitbull que encuentra herido en una papelera se convierte además en un inesperado McGuffin que llevará a Bob a actuar de una determinada manera en todo el confuso asunto, además de permitirle conocer a su vecina Nadia (Noomi Rapace)

Con una trama muy bien construida y con aliento naturalista, la historia aunque con bastantes altibajos en su intensidad se sigue con interés y soltura pese a que a muchos espectadores les parecerá una película fría y con recovecos innecesarios en la trama, pero nada de eso: el guión está estupendamente construido con una historia oscura pero suavizada por el calor humano que desprenden sus protagonistas, personajes que pese a todo se ven incapaces de desplegar toda su humanidad debido a lo esquivo del entorno y a la necesidad de obtener bienes materiales por encima de todo aunque sea de manera más bien penosa. Con un excelente Tom Hardy que va creciendo enteros y enteros como actor y una atmósfera urbana y deprimente, The Drop no es un thriller redondo pero hará las delicias de los degustadores de historias noir con mensaje.

miércoles, octubre 01, 2014

TERROR, HUMOR Y EUFORIA: LAS ANDANZAS Y EL LEGADO DEL GRUPO PÁNICO (1960-1973) (y II)




Fando y Lis y el comienzo del cine pánico
 
A partir de 1965, el Movimiento Pánico ralentiza su actividad teatral hasta hacerla desaparecer a finales de los 60, aunque el triunvirato aún conservará el espíritu pánico hasta principios de los 70 colaborando en algunos proyectos comunes. No obstante, el distanciamiento personal se hace palpable en la medida en que Jodorowsky decide establecerse definitivamente en México en 1966 con Arrabal y Topor aún en Francia. En aquellos años Arrabal, Jodorowsky y Topor optan por trabajar en solitario aún bajo la atenta mirada del dios Pan pero aún habrá ocasión de confluir fuerzas. En 1967, Alejandro Jodorowsky, que ya había hecho sus pinitos en el cine en los 50 con el cortometraje vanguardista Les têtes inverties (1957) -que fascinó a Jean Cocteau- dirigió su primer largo Fando y Lis producido en México con un pequeño presupuesto y basado en al obra teatral homónima de Fernando Arrabal que él mismo adapto junto con Jodorowsy variando la historia original. La película, rodada en blanco y negro, puede ser considerada el más genuino (y tal vez único) largometraje pánico. Protagonizada por Diana Mariscal y Sergio Kleiner cuenta la historia de un joven llamado Fando que lleva en un carro a su novia parapléjica Lis y ambos parten en busca de la felicidad representada por la ciudad imaginaria de Tar, encontrándose en su camino por un imposible paisaje desértico en un lugar indeterminado con personajes extraños e inquietantes y situaciones absurdas. Fando, se enoja con Lis en repetidas ocasiones y la agrede y maltrata por según él ser un obstáculo para su propósito, pero no puede dejar de amarla y de arrepentirse por su conducta. Al final, Fando termina matando a Lis. La película es una cruel fábula sobre la incomunicación, la soledad y la idiotización del ser humano, que busca constantemente y en vano la felicidad en un entorno donde lo humano ya no existe. En este filme Jodorowsky y Arrabal adoptan claramente el lenguaje visual del teatro pánico con el fin de producir en el espectador el mismo efecto que trataban de conseguir con los efímeros, el de impactar en su sensibilidad rompiendo tabúes y convencionalismos. Con una estética entre miserabilista y lisérgica y una puesta en escena surreal, con un insólito barroquismo minimal y cargada de símbolos visuales, la película no se ahorró en mostrar imágenes violentas y desagradables además de desnudos y esto unido a su extraña temática para el público de entonces (en especial en un país tan conservador como México) supuso un gran escándalo cuando  fue estrenada en noviembre de 1968 en el Festival de Acapulco, siendo tachada de inmoral y ocasionando abucheos y arrojamiento de objetos a la pantalla en el momento de su estreno. Fue prohibida en México hasta 1972 y Jodorowsky recibió insultos y amenazas en aquel su país de adopción, pero con el tiempo la crítica mexicana terminó aceptando y alabando Fando y Lis así como el filme a partir de los años 70 pasa a convertirse en una película de culto en todo el mundo (Roman Polanski, que al defendió en el momento de su estreno, fue uno de sus principales valedores). Podemos decir que Fando y Lis, además de su significación en el movimiento Pánico, fue una de las primeras muestras del cine underground y contracultural de los años 60 y 70 y una obra enormemente influyente en cineastas como David Lynch.        

No fue Fando y Lis la única aproximación del Pánico al séptimo arte aunque hubo que esperar a comienzos de los 70 para encontrarnos con un nueve film cien por cien pánico. Roland Topor- que había escrito en 1964 su primera novela El Quimérico Inquilino- tampoco le hizo ascos al cine y en la primera mitad de los 60 se alió con René Laloux, genio francés de la animación y pionero de los cartoons para adultos con contenido intelectual-metafísico para dar luz a los cortometrajes Les Temps Morts (Los Tiempos Muertos, 1964) y Les Escargots (Los Caracoles, 1965) alejados del Movimiento Pánico pero con la impronta barroca de las bellas, sorprendentes y oníricas ilustraciones de Topor cuya marca inquietante de surrealismo cruel (sin el elemento salvaje y provocador del Pánico) preside la escenografía. Así, ya en las segunda mitad de los 60 se venía percibiendo un distanciamiento filosófico-práctico de los miembros del colectivo con respecto al Pánico que tal vez tuvo su punto de inflexión en el escándalo que produjo Fando y Lis): Ya Topor con su novela El Quimérico Inquilino – llevada al cine en 1976 por Roman Polanski, admirador del Pánico-  había demostrado que le interesaban más cosas que el ideario del Pánico con un calmado relato narrativo-filosófico sobre la alienación y Jodorowsky con su cómic mexicano de Las Fábulas Pánicas, pese a su título, comienza pronto a indagar en simbologías esotéricas y peculiares interpretaciones cosmogónicas mas allá del ideario que a principios de los 60 había diseñado junto con Arrabal y Topor. Fernando Arrabal da más muestras de una total fidelidad al movimiento con obras teatrales con cierta impronta pánica: El gran ceremonial (1963), El arquitecto y el emperador de Asiria (1966) o El jardín de las delicias (1967). En los años 1968-1969 el Grupo Pánico se encuentra cada uno por su lado cavilando nuevos proyectos pero con escasa voluntad de trabajar juntos. El Movimiento Pánico comienza a languidecer al tiempo que vinculados al movimiento como los artistas plásticos Alan Glass y Pedro Frideberg, que siguieron las enseñanzas de Topor cultivando pintura y escultura inspirada en los postulados del trío, se irán alejando paulatinamente de él.    


El pánico en los 70: la constatación de un fracaso
 
Y es que el espíritu pánico entrada la década de los 70 estaba languideciendo. Casi aparcada la actividad teatral a los pánicos aún les quedaba la obra gráfica de Topor y el cine, al tiempo que su filosofía, más allá del éxito y la influencia de su arte, se revelaba como algo extravagante con muy pocos seguidores que se lo tomasen en serio. Y es que ellos mismos tampoco lo veían muy practicable más allá de la predicación de su absurdamente ambicioso ideario por aquí y por allá. Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowsky animados por el éxito de culto de Fando y Lis quisieron prolongar por separado sus experiencias cinematográficas bajo el punto de vista del Movimiento Pánico aunque introduciendo en ambos casos significativas novedades que hicieron que la concepción inicial del movimiento cuanto menos cambiase y evolucionase hacia diferentes rumbos. Topor también les seguirá en breve en el séptimo arte pero ya alejándose definitivamente de los cánones pánicos.

Arrabal debutó en el cine como director en 1970 con una obra que hoy en día y al igual que Fando y Lis se considera de culto aunque sea bastante menos recodada que la anterior: Viva la Muerte, una producción franco-tunecina que se puede considerar como la última película más o menos adscrita a la filosofía del Movimiento Pánico. Con marcados tintes autobiográficos, cuenta la historia (escrita por Arrabal) del pequeño Fando (nada que ver con el protagonista de Fando y Lis, el nombre es además un anagrama del de su creador, Fernando) que busca a su padre encarcelado por las autoridades por comunista tras la denuncia de su madre fascista. El actor tunecino Madih Chaouh interpetó a Fando y al gran  actriz española Nuria Espert a su madre. Un guiñol tan inquietante como surrealista y a ratos desagradable, es pese a su falta de medios, un filme sorprendente e interesante que bebe en el Buñuel surrealista, en Pasolini y en la iconografía cristiana ibérica de una manera cruel y grotesca. En poco tiempo ganó status de película de culto y hoy en día es un claro ejemplo del cine underground de los 70 en su vertiente más intelectual. Roland Topor realizó los alucinantes dibujos de los títulos iniciales



Aunque Arrabal trató de continuar en el cine, fue Alejandro Jodorowsky quien con mayor decisión cultivó el séptimo arte en la primera mitad de los 70.  No obstante, aún siguió reincidiendo en el teatro pánico con tres obras más: Zaratrusta  (1970), El túnel que se come por la cola (1970) y El mirón convertido (1971), todas ellas ya más cercanas al barroquismo estético y el espiritualismo de las historietas de las Fábulas y que anticipan las coordenadas en las que se moverá su cine en los 70.  En 1970 dirigió su segundo filme El Topo, toda una obra de culto y cuyo éxito de crítica y entre los círculos juveniles y hippys le animó a seguir con paso decidido en el mundo del celuloide durante cinco años revelándose como un cineasta alternativo hábil y con una enorme fuerza visual poética y simbólica, algo que ya demostró en Fando y Lis. Para entonces el chileno afincado en México había dejado ligeramente de lado el ideario del Movimiento Pánico y sus postulados filosóficos y estéticos y se estaba interesando por la filosofía, el misticismo, el esoterismo, el estudio comparado de las religiones y los efectos de drogas como el LSD en su relación con estos temas, algo que ya estaba demostrando en sus viñetas de las Fábulas Pánicas. Fundamental en esos nuevos intereses fue su amistad desde finales de los 60 con el monje budista japonés afincado en México Ejo Takata que le introdujo en el budismo Zen y en la filosofía y el misticismo  orientales. El Topo, siempre reseñado por los historiadores del cine como un western lisérgico recoge las nuevas preocupaciones de Jodorowsky así como el nuevo enfoque de su filosofía vital. El filme cuenta la historia de un bandido y pistolero errante mexicano, El Topo, interpretado por el propio director que emprende un alucinante viaje por el desierto junto con su hijo (interpretado por su propio hijo Brontis) en el cual morirá y resucitará varias veces  encontrándose con extrañas escenas y personajes (tullidos, enanos) en lo que es una metáfora de un viaje espiritual en la búsqueda de la propia identidad. La película, trufada de surrealismo y escenas oníricas y psicodélicas parece heredera del Pánico en cuanto a su bizarrismo conceptual pero cae definitivamente en el simbolismo místico de corte hippy y en la simbología ácida y lisérgica haciendo la consabida analogía de un viaje místico y de búsqueda personal con el viaje fruto de consumo de drogas. El Topo -no estrenada en México por el escándalo de Fando y Lis- fue estrenado como en Estados Unidos y en Europa en los circuitos alternativos  y de arte y ensayo convirtiéndose al instante en una película de culto y en un filme enormemente influyente para gente de diferentes campos como David Lynch, Dennis Hopper, Bob Dylan, George Harrison, Peter Gabriel o John Lennon a quien El Topo le fascinó. Hoy en día es un filme que aún provoca interés y entusiasmo entre bastantes círculos cinéfilos.

El siguiente filme de Alejandro Jodorowsky, La Montaña Sagrada (1973) tal vez su obra maestra, incide en el elemento místico de El Topo en esta ocasión con bastantes toques de chamanismo -otro de los nuevos intereses del autor- y que al igual que el misticismo no le abandonaran en el resto de su carrera. El cine Pánico ya ha terminado aunque la influencia del movimiento en el cine de Jodorowsky perdurará en un nuevo filme con pretensiones más o menos pánicas el futuro. (Santa Sangre, 1989, o su frustrado proyecto de la adaptación del clásico ci-fi de Frank Herbert Dune). Dentro del cine, en 1972 Arrabal firma un nuevo filme con pretensiones más o menos pánicas J’ iriai comme un cheval Fou (Iré como un caballo loco), pero sin los logros artísticos de Viva la Muerte ni el espíritu de este filme, mientras que Topor es el responsable artístico y coguionista de Le Planéte Sauvage (Planeta Salvaje) bello filme de animación franco-checo dirigido por su amigo René Laloux considerado como una obra maestra del cine de dibujos animados de todos los tiempos pero ya sin impronta pánica.

En 1973 Fernando Arrabal publicó en Francia Le panique, con textos escritos entre 1963 y 1973 por Jodorowsky, Arrabal y Topor más escritos de otros autores que se unieron al movimiento a finales de los 60 y algún texto de autores clásicos como Baltasar Gracián. Poco después, Jodorowsky, que entendió esta publicación como una coda del Movimiento y el Grupo Pánico decidió disolver “oficialmente” el Pánico, ya con sus tres fundadores más preocupados en proyectos personales hasta finales de los 70: Jodorowsky con sus disertaciones sobre el chamanismo y la mística y centrado en el cine y pronto en el cómic, Topor con sus ilustraciones (aún con la impronta irreverente y surreal de sus inicios) y sus incursiones en el cine como actor, y Arrabal con ensayos, principalmente, además de teatro y más esporádicamente cine, listo para volver a España tras la muerte de Franco y generar escándalos políticos con artículos (Carta al General Franco) y declaraciones varias. Los tres autores, ya con escaso contacto en lo que queda de década de los 70, ya no parecen interesarse en aquella filosofía de su juventud (salvo Arrabal, aunque con actitud provocadora) que no había cumplido sus objetivos ni mediante el teatro ni en ninguna otra disciplina artística.


Residuos y Valoraciones del Movimiento Pánico

A pesar de que el Grupo Pánico quedó disuelto, sus fundadores de vez en cuando y con más mitomanía y afán publicitario que otra cosa han “resucitado” hasta la actualidad en algún momento dado el nombre de marca del Pánico, sabedores de que las nuevas generaciones empiezan a mirar con interés, curiosidad y admiración a aquel irreverente festín artístico especialmente por la significación de sus tres popes. Fernando Arrabal que en los 70 y 80 cultiva el teatro, la poesía, el ensayo, la narrativa y el medio audiovisual (para cine o televisión) a partir de la década de los 80 escribe obras teatrales que él define como pánicas: Carta de amor, La Duquesa de los quechuas y Espérame en el cielo. Roland Topor, que fallece en 1997, hasta su muerte pareció mantenerse al margen de cualquier tentación revivalista del movimiento aún cuando su obra artística siguió siempre la impronta iconoclasta del grupo con proyectos con el cineasta belga Henri Xhonneux como el film Marquis (1988), bizarra revisión de la vida del marqués de Sade con un pene parlante y actores caracterizados de animales antropomorfos, o espacios televisivos para el público infantil como la parodia de informativos Téléchat (1982-1985).      

Alejandro Jodorowsky que mantiene desde la segunda mitad de los 70 una variopinta carrera como guionista de comics, escritor, cineasta, conferenciante sanador, chamán, tarotista y por qué no, charlatán, se convierte en la década de 2000 y con más de 70 años en toda una celebridad mediática internacional gracias sus ensayos sobre psicomagia (ciencia de su invención) y sanación y sus memorias, además de sus entrevistas e intervenciones en diferentes medios. Establecido definitivamente en Francia desde 1990, en 1993 firmó Ópera Pánica, obra teatral en la que colabora su extensa familia y que según el autor es la coda definitiva del teatro pánico. A partir de los 2000 pese a su tirón mediático en determinados círculos Jodorowsky no ha sido amigo de enaltecer la etapa del Pánico, algo que si ha hecho el siempre controvertido y excéntrico Fernando Arrabal en diferentes ensayos: Diccionario pánico (2005), El Pánico: manifiesto para el tercer milenio (2006). En 2010 el joven actor y director catalán Joan Frank Charansonnet dirigió el filme Regression, película que trta de abanderar un movimiento Post-Pánico y en donde interviene Arrabal como actor, una excentricidad que parece un pastiche-homenaje de la estética de Viva la Muerte y los primeros filmes de Jodorowsky.      


Más allá de lo ambicioso y extravagante de sus pretensiones contraculturales, resulta evidente que el Movimiento Pánico logró influir en ciertas percepciones del underground en los años 70 y 80, en el teatro de vanguardia que se comenzó a desarrollar en los 70, y en el cine de autores como David Lynch, Iván Zulueta o John Waters. Resulta significativo que el  Movimiento Pánico haya sido más influyente en el séptimo arte que en la literatura o en el teatro, el medio para el cual se originó este movimiento.  El Movimiento Pánico fue hijo de su tiempo (la revolución cultural en los 60) y una vez que en los años 70 la generación del mayo del 68 y del “verano del amor” quedase desencantada tras el fracaso de muchas de sus aspiraciones ya cualquier expresión artística transgresora forjada en los sesenta quedaba totalmente fuera de lugar constatada su inutilidad. En su favor no obstante se puede decir que el Movimiento Pánico fue una de las primeras expresiones del underground cultural que abrieron camino a vanguardias varias en cine, artes escénicas, artes plásticas o cómic, desde el happening a la cultura punk pasando por el teatro de improvisación. En el nacimiento y desarrollo del Pánico, no hay que olvidarlo, convergieron en mayor o menor medida las corrientes más o menos revolucionarias y transgresoras que se gestaron y/o desarrollaron en los sesenta (o setenta) como la revolución y desinhibición sexual, la experimentación con las drogas, el auge de la espiritualidad y sobre todo el rechazo a la sociedad moderna burguesa expresada en ideas de corte izquierdista, y en ese sentido el valor sociológico del Movimiento Pánico o debe subestimarse como tampoco debe cae en saco roto desde el punto de vista cultural que este movimiento consiguió su objetivo (tal vez el único) de superar y reinventar el surrealismo de la primera mitad del siglo XX: en se sentido la obra pictórica y cinematográfica de Topor, no excesivamente conocida, ha de ser reivindicada.

El Movimiento Pánico ha terminado por postularse en una de las más fascinantes manifestaciones artísticas del siglo XX más allá de la popularidad individual de sus tres geniales creadores y el uso un tanto estrafalario que se le da últimamente en escritos varios por parte de algunos de estos. Una broma intelectual tan ambiciosa, exagerada,  e iconoclasta como honesta y un reguero de geniales ideas que más allá de sus desmedidas ambiciones intelectual-metafísicas legó momentos realmente sorprendentes e influyentes dentro del arte del siglo XX que por desgracia no pudieron desarrollarse demasiado. Bajo los designios del dios Pan muchas cosas se hicieron posibles con el Movimiento Pánico. 

lunes, septiembre 29, 2014

El Aparatito Lumiere LA ISLA MÍNIMA




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Buena racha la que llevamos últimamente en cuanto a películas españolas con pretensiones y de gran calidad; después de la magnífica El Niño tenemos la ocasión de degustar la nueva cinta de Alberto Rodríguez (7 Vírgenes, Grupo 7) un cineasta andaluz que se esta haciendo un gran nombre en el cine español y que firma su mejor película hasta el momento. Y es que La Isla Mínima es un excelente trabajo que demuestra que tanto la realidad sociológica (e histórica) y el paisaje españoles pueden ser un filón para el cine de género siempre que haya una historia sólida y un buen planteamiento detrás, algo que ocurre con creces en esta ocasión. Ambientada a principios de los 80 casi únicamente en el marco de las marismas del Guadalquivir y sus pequeños núcleos de población La Isla Mínima ofrece un thriller inquietante, sinuoso y confuso trufado de componentes de diversa índole: psicológicos, servidos por la antítesis que conforman los dos policías protagonistas; históricos-simbólicos, en donde la tardotransición en donde se enmarca la historia ejerce un efecto determinante sobre la misma aunque en un sentido mas bien alegórico; sociológicos y antropológicos en cuanto que la pobreza en la zona de las marismas en la provincia de Cádiz de la época ejemplifica una situación límite que en el filme funciona como impulsora de una parte de la trama; y, esto es más dudoso, fantásticos. Si, por que la película no renuncia a mostrarnos momentos inquietantes y desconcertantes que complican la comprensión de la trama- su final me resulta confuso- y que parecen beber de David Lynch, especialmente del de Twin Peaks o Blue Velvet y que si bien resultan deslumbrantes en su concepto con reminiscencias sobrenaturales, terminan por despistar un poco. Es por ello que esta película tal vez sea una de esas que “hay que ver dos veces” para amarrar detalles que pueden pasar desapercibidos en un primer visionado

La historia nos presenta a dos policías de 1980 bien diferentes que tiene que resolver unos complicados casos acaecidos en una remota aldea del Guadalquivir; Juan (Javier Gutiérrez) un policía de la vieja escuela franquista con métodos violentos pero eficaz y volcado con su trabajo y Pedro (Raúl Arévalo) un policía joven y de “nuevo cuño” que no aprueba gran parte del comportamiento de su compañero. Ambos investigan la desaparición de dos hermanas adolescentes en un caso que parece estar relacionado con la desaparición y el asesinato de otras dos jóvenes del pueblo a finales de los 70. En el transcurso de la investigación, el peculiar paisaje marismeño y el hermetismo de unos vecinos ansiosos con librarse de una realidad devoradora y nihilista que se ve ahora inquietantemente turbado con unos truculentos casos, termina por condicionarles en su percepción de la realidad aunque las indagaciones vayan por buen camino y así parecen adentrarse en un mundo atemporal y claustrofóbico en el que parece no haber reglas. La película funciona bien a todos los niveles, ya bien sea manejando una metáfora sobre al transición española a la democracia como mostrando un thriller puro y duro tenso, oscuro y sanguinolento a veces cuyo devenir se sigue con enorme interés pese a los detalles desconcertantes antes mencionados y el hecho de que relativamente pronto conozcamos todo el embolado. A todo ellos ayudan unas grandísimas interpretaciones: Javier Gutiérrez está de diez en su complejo papel de policía con un montón de secretos, Raúl Arévalo convence con su personaje de policía encarnación de la nueva España democrática, aquella dispuesta a dejar atrás los brutales métodos del Franquismo y Antonio de la Torre y Nerea Barros logran una perfecta y desgarradora composición como los padres de las chicas desaparecidas cada uno con sus miserias que ocultar. Salva Reina, Manuel Solo y el actor joven del momento, Jesús Castro (visto en El Niño) completan el eficaz reparto que muestra todo un deslumbrante muestrario de relaciones y sentimientos humanos.
 
Una estética entre el documental rural y el western crepuscular con cierto resabio poético y artístico (esas imágenes áreas de las marismas que convierten el escenario en una suerte de composición irreal, los inquietantes avistamientos de Juan del flamenco y del martín pescador) guía una historia extraña y con más matices de lo que parece, en donde el apartado marco de los meandros y los humedales de las marismas parecen funcionar como un universo aparte, como una metáfora de la España postfranquista apartada de la realidad del resto del mundo y refugiada en su propia isla en donde lo truculento parece ser algo inevitable y en donde el mal aún es algo demasiado cotidiano como para llamar la atención. Una película excelente, en definitiva, con varios niveles de lectura y una historia poderosa que posiblemente encumbre a Alberto Rodríguez como director.

viernes, septiembre 26, 2014

El Aparatito Lumiere JERSEY BOYS





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No alcanza la verdad cotas muy grandes el nuevo film de Clint Eastwood,  un cineasta que en su vejez esta viviendo su mejor etapa como director aunque, claro está, de vez en cuando puede tener pasos en falso. Tal es el caso de este biopic sobre el grupo de pop vocal estadounidense The Four Seasons, responsables de éxitos en los 60 como Sherry, Walk Like a Man, Stay, Rag Doll o el multiversionado tema de su líder Frankie Valli en solitario I Can´t Take my Eyes of you, basado en la obra musical Jersey Boys de Marshall Brickman y Rick Elice sobre la biografía del grupo. Un proyecto pués escasamente personal para Estwood en donde a pesar de ser él uno de sus productores cuenta con gran parte del plantel artístico de la producción de Broadway incluidos sus libretistas (aquí adaptadores del guión), todos los intérpretes que encanaban a los Four Seasons en escena y la supervisión de los dos miembros supervivientes y cerebros del grupo, Frankie Valli y Bob Gaudio. No es este un musical en el sentido estricto de la palabra sino más bien un filme con música en donde en bastantes momentos se pueden oír los temas de los Four Seasons recreados por el irregular interpretativamente hablando cuarteto que les da vida en el film, aunque la verdad es que cantan de cine especialmente John Lloyd Young que interpreta y clava a Valli (otra cosa es que a este actor le falte carisma para encarnar al protagonista de un filme) De este modo, el viejo Clint se reencuentra con una película en donde la música cumple un papel fundamental como ya lo hizo hace casi 30 años en Bird (1985) en otro biopic musical esta vez del jazzman Charlie Parker, pero si aquel era una film en donde Eastwood mostraba todo su amor al jazz aquí se le nota poco cómodo y muy forzado con un material escasamente estimulante y que fluctúa malamente ente varios palos.

Ambientada entre comienzos de los 50 y principios de los 70 con un epílogo en 1991, el único mensaje con cierto fuste que transmite Jersey Boys en su propósito de biografíar a los Four Seasons es como un pasado turbulento- incluso habiéndolo superado aparentemente- puede marcar y mucho incluso llegando a ser rico y famoso. Los cuatro miembros del cuarteto de Nueva Jersey - el grupo norteamericano de mayor éxito hasta la irrupción de Beach Boys- chicos italoamericanos vinculados desde su juventud con la mafia de su ciudad representada en la historia por el capo Gyp DeCarlo (un Cristopher Walken que parece cada vez más caricatura de si mismo) encontraron en la música la vía perfecta para salir de un destino abocado a la delincuencia pero en no pacas ocasiones no pudieron olvidarse sus tics barriobajeros y su afán por el lucro llevándoles a no pocos problemas profesionales y personales, algo que aparece bien reflejado en la película pero de manera ensombrecida por situaciones forzadas, trampantojos con el cine de género negro y cierta falta de credibilidad sobre si todo lo que se nos cuenta es cierto. Al final Eastwood ha sucumbido al mal endémico de muchos biopics que es el de acelerar las acciones y situaciones a toda pastilla  produciendo un efecto de despiste para el espectador al no poder apreciar con nitidez varios aspectos. Un mero divertimento para Clint Eastwood que no debe empañar su gran etapa de madurez.

martes, septiembre 23, 2014

TERROR, HUMOR Y EUFORIA: LAS ANDANZAS Y EL LEGADO DEL GRUPO PÁNICO (1960-1973) (I)




A principios de los años 60 en París, no muy antes del mayo del 68, el mundo del teatro y de la cultura en Francia se vieron sacudidos por las ocurrencias de un pequeño colectivo de artistas y escritores que guiado por un ideario peculiar que anticipando la contracultura pretendía poner patas arriba el mundo del arte empezando por las artes escénicas. Era el Grupo o Movimiento Pánico, que partiendo de la herencia del surrealismo y del dadaísmo y con un total rechazo a la cultura y la concepción del mundo burguesa pretendía convertir al teatro en un arte que afectase la percepción del espectador mediante el impacto y la provocación. Durante buena parte de los años 60 del siglo XX fue el gran escándalo del arte europeo además de ser una de las primeras manifestaciones del arte contracultural, creando a su modo el happening, la improvisación escénica y el feísmo estético. Aunque inicialmente circunscrito al mundo del teatro- donde obtuvo el mayor impacto- también se expandió a la ilustración y el cine.      

Tres personalidades excéntricas e irrepetibles que por entonces se encontraban dando sus primeros pasos artísticos fueron las madres del invento: el español Fernando Arrabal, el chileno Alejandro Jodorowsky y el francés Roland Topor crearon el Grupo Pánico siguiendo a rajatabla un revolucionario ideario que ellos mismos confeccionaron. Aunque este triunvirato a principios de los 70 ya se había disuelto por proyectos individuales, disensiones y cambios de enfoque ellos mismos trataron de seguir el ideario Pánico durante toda su carrera e incluso hoy en día sus dos supervivientes (Arrabal y Jodorowsky) no dudan en revitalizar el Pánico y su legado en libros, conferencias o ensayos. Inspirador de ciertas formas del teatro alternativo, renovador del surrealismo y precursor del impacto visual en el cine, la fotografía o las artes plásticas, el Movimiento Pánico hoy en día se postula como una tendencia más influyente de lo que a primera vista pudiera parecer.


Alejandro, Fernando y Roland; los días antes del Pánico

Alejandro Jodorowsky
Aunque no fue hasta 1962 cuando el Grupo Pánico nacería oficialmente, años antes ya se dieron sus primeros pasos estéticos e ideológicos. Y no fue en Francia, ni tan siquiera en Europa; fue en el continente americano de la mano de Alejandro Jodorowsky, desde 1958 un chileno residente en México con gran parte de su formación artística anterior forjada en París. Nacido en Iquique (Chile) en 1929 de familia judía de raíces ucranianas, sefardíes, lituanas, alemanas y polacas, el hoy polifacético escritor, artista, escenógrafo, actor, director de cine y de teatro, guionista de cine y cómic y “psicomago”  Alejandro Jodorowsky se inició en su adolescencia en el mundo de la poesía en su Chile natal de la mano de Nicanor Parra y Enrique Lihn y en poco tiempo entró en el mundo del teatro en el campo del mimo. Tras abandonar sus estudios de Filosofía y Psicología en 1948 escribió sus primeras piezas teatrales para marionetas y comienza a cultivar el teatro de la improvisación surrealista, claro precedente del Pánico. En 1953 viaja a París para estudiar pantomima y al año siguiente se enrola en la troupe de Marcel Marceau. Tras cinco años de estancia en Francia, donde flirtea con la filosofía y debuta en el cine con un cortometraje, Jodorowsky viaja a México donde se interesa por la psicoterapia de la mano de Erich Fromm y se consolida como director y autor teatral de vanguardia hasta 1962 dirigiendo el Teatro de Vanguardia en México DF; allí sigue cultivando la improvisación teatral (antecedente del happening) en breves piezas que bautiza como “efímeros” y que se representan solo una vez con guión improvisado a partir de una idea, y pone en práctica el Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud (1896-1948) en representaciones donde la obra se confronta al público y se violan los espacios escénicos.  Admirador del surrealismo de los años 20 y 30- que inspira su producción teatral hasta la fecha- Jodorowsky viaja a de nuevo a París en 1960 y conoce a una de sus principales figuras aún viva, André Breton (1896-1966) con el que frecuenta el café La Promenade de Venus. Allí es donde conoce personalmente a Fernando Arrabal- del que ya había dirigido montajes de obras teatrales suyas en México- y a Roland Topor, con quienes comparte su pasión por corrientes artísticas transgresoras de la primera mitad del siglo XX (y que por entonces estaban de capa caída en el mundo intelectual y artístico) como el surrealismo, el dadaísmo o el Teatro de la Crueldad de Artaud además de corrientes filosóficas que en su día resultaron novedosas y/o extravagantes como la patafísica, la Semántica General de Alfred Koszybsk, las teorías matemáticas sobre fractales de Mandlerbrot o las teorías sobre el lenguaje y la verdad de Wittgenstein.              

Fernando Arrabal
Fernando Arrabal (Melilla, 1932) era al igual que Jodorowsky, un extranjero en París, ciudad a la que había fijado como residencia en 1955. El escritor, dramaturgo y cineasta español fue un niño superdotado, hijo de un condenado por republicano en la Guerra Civil española que desapareció en 1942 al huir de prisión en Burgos.  A partir de 1950 con 18 años y mientras trabajaba en la Papelera Española y terminaba el bachillerato en Valencia escribe sus primeras obras teatrales. En 1952 se traslada a Madrid para estudiar Derecho frecuentando el Ateneo. Picnic (1952) y Los hombres del triciclo (1953) son sus primeras obras teatrales estrenadas, en donde se aprecia una notable influencia del dadaísmo y del recién nacido teatro del absurdo, así como una denuncia al belicismo y a la inutilidad de los convencionalismos sociales, elementos que influirán decisivamente en el Movimiento Pánico. Su primer viaje a París fue en 1954 en autostop y un año después regresa para estudiar allí pero cae enfermo de tuberculosis lo que le llevaría a la decisión de establecerse definitivamente en la ciudad luz donde frecuentó los círculos sus admirado Breton y Tristan Tzara convirtiéndose en una figura relevante en el mismo pese a su juventud. Por esos años escribe obras de teatro como Fando y Lis (1955) o Guernica (1959). Roland Topor (París 1938-1997), el más joven de los tres y el único francés de nacimiento no tenía apenas en 1962 con 24 años una trayectoria artística relevante aunque a partir del nacimiento del Pánico lanzaría su carrera como dibujante, pintor, actor, escritor y guionista cinematográfico. De origen judío polaco y tan excéntrico como los otros dos, Topor al igual que Arrabal y Jodorowsky era un profundo admirador del surrealismo en su vertiente pictórica- que estaba ya demostrando con sus alucinantes ilustraciones satíricas en la mítica revista de humor Hara-Kiri - y una conciencia sociopolítica lindante con un izquierdismo ácrata. Jodorowsky y Arrabal, cuya obra previa de cada uno ya conocían mutuamente, eran dos almas gemelas que por fin pudieron encontrarse personalmente poniendo en común sus  idénticas pretensiones para unas nuevas artes escénicas (Jodorowsky, como hemos visto antes, dio a conocer algunas obras de Arrabal en Sudamérica que resultaron enormemente escandalosas) Los tres eran hombres de teatro (inicialmente, Topor menos) hastiados con el teatro tradicional y su uniformidad en cuanto a la relación escenario-público que contemplaban que si bien las premisas del surrealismo y dadaísmo podían ser teóricamente una vía de superación de las restricciones del arte dramático tradicional, el surrealismo en la segunda mitad del siglo XX se había “aburguesado” y no podía cumplir dicha función, por lo que era necesario reinventarlo y superarlo. Pese a que  la  influencia del cine de Luis Buñuel, la fotografía y el cine de Man Ray, la obra polifacética de Marcel Duchamp y el Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud –esto último Jodorowsky ya había puesto en práctica en su teatro en México a finales de los 50 y principios de los 60- será enorme, los tres verán la necesidad de superar a dichos maestros aunque sin abandonar sus enseñanzas. El Café de la Paix será el escenario donde tendrán lugar las primeras “reuniones pánicas” que establecerán el ideario del Grupo Pánico.


El ideario Pánico: en busca de una transformación humana

Jodorowsky, O.Olivier, J. Sternberg, Arrabal, Topor, C.Zeimert y M. Parré

Jodorowsky había visto censuradas muchas de las obras por él dirigidas en México en especial sus efímeros, una experiencia con el teatro del absurdo antecedente del Pánico y contemplaba a Francia como un lugar en donde podía gozar de una mayor libertad creativa. Transmitió a Arrabal y Topor la necesidad de que el nuevo tipo de teatro estuviese más basado en el absurdo y la improvisación que en el surrealismo decadente (el viejo Breton le parecía ahora un muermo). El trío tenía sus propias ideas filosóficas ya formadas y esto les lleva a postular conjuntamente una concepción vital contracultural que será la base aplicable a nuevas ideas sobre el teatro. Nace entonces el Movimiento Pánico con un ideario más filosófico que artístico que recoge varias concepciones filosóficas sobre la existencia y la condición humana. Se podría resumir el ideario Pánico de la siguiente manera:
- Existe una confrontación entre la cultura establecida y el nuevo “ataque pánico” para ayudar a despertar a una masa inerte de gente y estos que “tomen parte” en lugar de ser meros espectadores de algo. 
- El teatro por su naturaleza imitativa debe suprimir la pasividad y neutralización del público utilizando la abstracción del arte moderno, consiguiendo así superar la actual condición de espectadores (esto extensible a la condición humana)
- Se postula una locura controlada como supervivencia ante una sociedad con crisis de valores.
- El mundo ha de estar formado por una mezcla de contrarios: amor-odio, tragedia-comedia, mal gusto-refinamiento, sagrado-profano, individual-colectivo.
-  Se da importancia al ritual ceremonial, la visión onírica, cruel y satírica de la vida y la repetición cíclica de las cosas.    
- El Movimiento Pánico produce una actividad esporádica y efímera, sin forma ni permanencia y sin las restricciones de los códigos de conducta y de la racionalidad. La única forma reconocible del Pánico es su anárquico y cambiante modus operandi.
- En definitiva, se busca como fin último trascender la sociedad Aristotélica para llevar a la humanidad hacia una nueva perspectiva.     

El nombre de Pánico proviene del semidios de la mitología griega Pan, deidad de los rebaños y el pastoreo de apariencia monstruosa (un hombre grueso con patas y cuerpo de cabra y rostro deforme) que además simboliza la fertilidad y la sexualidad masculina mediante un descomunal falo. Pan seducía y violaba a las ninfas y cuando era importunado por alguien su enorme ira y su monstruosa apariencia provocaban un miedo que paralizaba al otro, el pánico La conducta del dios se describe como amoral, hipersexual y salvaje sin control alguno, una mezcla de locura, vitalidad y maldad terrorífica que coincidía con el ideario de del arte de los tres autores. 


La locura de los efímeros: el ataque pánico en el teatro

El recién nacido Grupo Pánico comienza a preparar sus primeras representaciones. El modelo a seguir es el primer teatro de Jodorowsky, los efímeros, rebautizados ahora efímeros pánicos, prácticamente con las mismas características que aquellos: obras sin guión, improvisadas por los actores-directores a partir de una idea y que diesen una total impresión de urgencia: en definitiva, una de las primeras manifestaciones del happening. Lo que debía aparecer en escena debía ser surreal y caótico, impactante, repleto de fuerzas destructivas que según los autores llevasen a la paz y la belleza. El horror, el humor y la simultaneidad debían guiar el teatro pánico, prácticamente la suma de diferentes emociones humanas muchas veces contrapuestas que apabullasen e impresionasen al espectador, aunque de una manera que los autores pretendían que fuese armoniosa. El colorido y el ruido siempre estuvieron presentes en el teatro pánico.

Los efímeros pánicos estuvieron representándose en diversos puntos de París entre 1962 y 1965, preferentemente pequeños teatros, universidades, plazas, cafés y locales improvisados y durante 1964-1965, Jodorowski, que residía a caballo entre Francia y México, los llevó al país azteca donde se dieron las raíces reales del teatro pánico . Los tres fundadores actuaban en los efímeros- a veces los tres juntos, otras veces de manera separada-  junto con otros jóvenes actores y actrices que se unieron al movimiento. Un efímero pánico típico solía comenzar con representaciones de acciones cotidianas como rituales que al poco tiempo iban evolucionando hasta comportamientos violentos, sexuales, provocadores o festivos, exaltados y exagerados. En el escenario abundaban objetos cotidianos (periódicos, botes de pintura, muebles, electrodomésticos) que en realidad escondían una simbología  iconoclasta y desmitificadora de la cultura occidental. Las acciones eran fortuitas, abruptas y las partes habladas eran muchas veces sermones improvisados. Se rompían multitud de objetos e imágenes y había sitio para el desnudo y el contacto sexual. Lo que se veía en el escenario (que no volvía a repetirse en otras representaciones pánicas) era según el grupo Pánico “errores y accidentes irrepetibles” que los actores cometían, acciones propuestas por ellos en ese momento que en “condiciones normales no podrían permitirse” (ni tampoco en el teatro convencional)

Según sus creadores los efímeros pánicos estaban “guiados por reglas tomadas de un estado predeterminado de euforia” o lo que sería lo mismo de “pánico”, entendido esto como una mezcla de sentimientos y sensaciones humanas en su estado más álgido, tanto en los intérpretes como en el público. Este “pánico” y la fuerza destructora que lo produce sería la vía para alcanzar la nueva perspectiva propugnada por el Grupo Pánico, es decir el fin último del Movimiento Pánico. Como Alejandro Jodorowsky aseguraba “El pánico siempre aparece como el anuncio de un nacimiento espiritual”; en otras palabras el pánico era una fuerza liberada y transformadora guiada por los sentimientos de humor, terror y euforia.                  

Nunca se filmó ningún happening pánico y lógicamente tampoco existen guiones de estos, aunque si perviven célebres crónicas en prensa escrita, testimonios de espectadores que presenciaron algunos montajes y varias fotografías tomadas en ellos que muestran todo el carácter delirante del teatro pánico. Varios happenings célebres han perdurado en la memoria colectiva, nos vamos a referir a dos. El llamado “Efímero de San Carlos” se representó en México DF en la Universidad Autónoma de México en abril de 1964; en un escenario hecho de tortillas y pan, un personaje llamado “Monstruo-monstruo”  descuartiza una paloma viva y poco después un grupo de actores irrumpe en escena dando gritos a favor del PRI; mas tarde Jodorowski (actor principal en casi todos los montajes) lee un fragmento de Shakespeare y arroja cómics al público universitario proclamando que esa es la verdadera poesía del siglo XX. El efímero concluía con una joven que era “clavada” en un lienzo blanco para después ser pintada conformando una obra bautizada como “Humanismo”. Con todo, el efímero pánico más famoso es el llamado “Melodrama Sacramental” un happening de cuatro horas (la más larga pieza teatral pánica) que se representó en mayo de 1965 en el Festival de Libertad de Expresión de París. Jodorowsky aparecía en escena vestido de motero de cuero rebanando el cuello a dos ocas mientras dos jóvenes en topless con el cuerpo untado en miel cortaban el traje del intérprete para después pegarle con cintas dos serpientes en el pecho. A lo largo de la representación aparecía una cruz de madera con un pollo crucificado -que servía para simbolizar el pene de un rabino a punto de ser castrado- y una vagina gigante que “daba a luz” tortugas vivas y otros objetos que caían al público para finalmente “alumbrar” al propio Jodorowsky.


El Pánico contra todo y otras manifestaciones pánicas en el arte

Ilustración de Topor
Las representaciones del Movimiento Pánico resultaron enormemente polémicas en Francia, pero no tuvieron problemas con la censura. Eso sí, tenían el rechazo de la crítica y de la mayor parte de los seguidores del teatro, tanto del convencional como de otros que hasta hacía poco habían resultado innovadores (e inspiradores del Pánico) como el teatro del absurdo de Samuel Beckett  y Eugene Ionesco así como de la vieja comunidad surrealista. Por el contrario, beatniks, amantes del rock, pre hippys, jóvenes izquierdistas (preferentemente marxistas) y en definitiva el caldo de cultivo del mayo del 68 se quedaron fascinados ante las ocurrencias de Arrabal, Jodorowsky y Topor especialmente a partir del Melodrama Sacramental (una crítica feroz a la religión) aunque ya por entonces el Pánico estaba ya a punto de dejar la actividad teatral. La fama del movimiento recorrió los ambientes pre contraculturales de toda Europa y no tardó en llegar a América, especialmente a América latina donde como hemos visto Jodorowsky introdujo los efímeros pánicos en México, uno de sus países de adopción.  Ya en 1963 los Pánicos trataron de teorizar con su movimiento; Fernando Arrabal, su principal ideólogo intelectual, afirmaba que el Pánico era “una manera de expresión presidida por la confusión, la memoria, la inteligencia, el humor y el terror”. El propio dramaturgo español afirmará años después en su obra Le Panique (1973) que por primera vez incluía el Manifiesto Pánico que «El pánico es la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando, es la explosión de 'pan' (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la 'seriedad', es el canto a la falta de ambigüedad... Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio... Y todo lo contrario»,
         
Roland Topor
Aunque inicialmente el Grupo Pánico se centró en el teatro, su voluntad era expander el Pánico a otras artes. Así, y aunque hasta 1965 la escena es la actividad prioritaria del colectivo, la influencia del genial artista e ilustrador Roland Topor hará nacer la ilustración pánica mientras que Alejandro Jodorowsky crea la literatura pánica: ambos publican en 1963 Cuentos pánicos en México y en Francia, relatos salvajes y surrealistas escritos con Jodorowsky con ilustraciones de Topor. Este volumen supone la presentación de la obra gráfica y pictórica de Roland Topor, un surrealismo irónico y delirante con un punto de crueldad y feísmo que juega con las formas del cuerpo humano, los trampantojos visuales y la crítica satírica para crear un universo entre lo artísticamente refinado y lo estéticamente desagradable: en definitiva, la esencia del Movimiento Pánico trasladada a arte pictórico. Jodorowsky también publica hasta 1965 colecciones de simulacros de libretos de obras pánicas y relatos breves como Teatro pánico (1963) y Juegos pánicos (1965) que con el tiempo tendrán repercusión en el mundo hippy y underground europeo y latinoamericano. Así mismo en 1965 Jodorwsky se introduce en el mundo del cómic- el campo que mayor fama le ha dado en el siglo XX- con la serie Aníbal 5,  ligeramente alejada del Pánico, junto con el mexicano Manuel Moro en donde se introduce por primera vez en el género de la ciencia ficción. No obstante en 1967 comienza a cultiva el “cómic pánico” con las viñetas lisérgicas ilustradas por el de Fábulas Pánicas que aparecen en el periódico Heraldo de México hasta 1973.


                                                                CONTINUARÁ