martes, junio 02, 2015

El Aparatito Lumiere MANDARINAS (MANDARIINID)



 
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El absurdo de la guerra y su efecto devastador en el ser humano. Este es el mensaje que transmite esta estupenda película estonia nominada al Oscar 2014 a la mejor película extranjera y que además constituye una insólita muestra de una cinematografía desconocida fuera de su país, la de Estonia (aunque con participación georgiana). Una curiosa mezcla de drama intimista y cine bélico visto desde otra perspectiva, la de sus protagonistas fuera del entorno bélico propiamente dicho en un paréntesis-aparte de vivencias y sentimientos en la cotidianidad.  Pero Mandarinas no es una película de guerra, es un drama humanista visto desde la perspectiva de su personaje central, un sencillo y maduro carpintero fabricante de cajas de madera para mandarinas que en su condición de miembro de la minoría estonia en la Georgia de principios de los 90 y por lo tanto de extranjero y parte neutral observa con tristeza y desconcierto los desastres y calamidades convivenciales del comienzo de la guerra civil de Georgia que enfrentó a los georgianos y a los chechenos de Abjasia, mientras que terrible dicha situación atraviesa su drama personal. En  Abjasia  es donde vive Ivo (Lembit Ulfsak), nuestro protagonista retirado en pleno bosque en una vivienda unifamiliar cercana a donde vive su compatriota estonio y amigo Margus, dedicado al cultivo de mandarineros, con el que comparte el desarraigo del refugiado. Testigos de algunas escaramuzas y combates de la guerra que se suceden delante de sus viviendas, ambos hombres aceptan el hecho de que dos soldados heridos cada uno de un bando diferente descansen en al casa de Ivo para recuperarse de sus heridas tras salvarles. Naturalmente, la coincidencia en un espacio tan pequeño de un belicoso y autoritario chechenio y un más tranquilo pero inquinoso georgiano que se odian literalmente a muerte no será ningún camino de rosas.

Con un marco espacial muy reducido y un reparto no muy amplio, Mandarinas triunfa en su propósito de ofrecer una cruda pero contenida reflexión sobre la inutilidad de los conflictos bélicos y sobre todo aquello que los mueve y también sobre como se puede alimentar el odio y este puede ser utilizado según al convivencia personal de cada uno. El personaje de Ivo, un viejo ya sin esperanza y dedicado en cuerpo y alma a su sencillo trabajo y a su reducido mundo pero aún poseedor de firmes valores y de una visión optimista sobre la condición humana, resulta extrañamente fascinante y mueve una historia atrayente de principio a fin y en donde coexisten diferentes matices. Más allá del comentario histórico o político la película ofrece una bella reflexión que no debe ser pasada por alto. Y todo ello con una vistosa fotografía y una más que excepcional puesta en escena. Para amantes de historias sólidas y con mensaje universal.  

miércoles, mayo 27, 2015

El Aparatito Lumiere MAD MAX: FURIA EN LA CARRETERA (MAD MAX: FURY ROAD)





***y 1/2

Era lógico que en una época en la que el cine está demostrando estar enormemente falto de creatividad y en donde la mayor parte de los estrenos destinados a ser blockbusters (reales o potenciales) son remakes, reimaginaciones, secuelas, precuelas o remixes de filmes de éxito/culto preexistentes (y la mayoría de estas revisiones, bastante deficientes), el anuncio de un nuevo capítulo de la mítica saga futurista Mad Max fuese recibido con escepticismo y bastante desconfianza por parte de los seguidores de la saga y de los fans del cine fantástico. El hecho de que el creador de aquella trilogía que revolucionó el cine de acción y la ciencia ficción cinematográfica en los años 80, George Miller, fuese el responsable de esta nueva aproximación al mito de Mad Max era hasta cierto punto tranquilizador y visto el resultado final se puede decir con toda convicción que el veterano realizador australiano ha conseguido en este Mad Max:Fury Road, una película de acción y fantástica con personalidad propia más allá de aquellos tres filmes que entre 1979 y 1985 hicieron flipar a muchos espectadores con su estética bizarra y su excéntrica y adrenalinítica puesta en escena y lanzaron internacionalmente a un joven actor llamado Mel Gibson. No se trata de ninguna secuela de los anteriores filmes, ni es tampoco un remake propiamente dicho de ninguno de ellos- aunque estoe s algo matizable, como luego indicaremos- y tampoco es un mero pastiche-homenaje fácil. Se trata de una digamos reinvención y reseteo del universo Mad Max con nuevos personajes -aunque su protagonista, Max Rockatansky aún permanece, claro-, más medios técnicos y un nuevo argumento, pero con el mismo espíritu de aquellos filmes ochenteros australianos en donde se nos presentaban unas violentas historias con total inspiración western (clara influencia de Sergio Leone) trasladadas a un horrible futuro distópico repletas de personajes visual y comportamentalmente excéntricos (locos, tullidos, deformes, enfermos) formando una anti-sociedad caótica, destructiva, tribal y primitiva en donde la supervivencia parece el único objetivo envuelta en vestuarios y looks  atemporales y transculturales, vehículos motorizados imposibles y acción y violencia sádica. Elementos todos estos que aparecen en este nuevo filme con un tamiz estético más contemporáneo y bastante sublimados merced a un presupuesto más generoso y a mejores y más modernos efectos especiales, pero sobre todo a la madurez e inteligencia de Mr. Miller que ha sabido resituar como dios manda a su más recordada creación cinematográfica en la imaginación del siglo XXI.

El británico Tom Hardy (Drive) hereda el papel que le diera fama a Mel Gibson, el de Max Rockatansky, un ex policía convertido en héroe accidental tras un Apocalipsis mundial en donde todo tipo de energía ha desaparecido por completo, aunque en realidad en este filme Max comparte protagonismo con Imperator Furiosa, una heroína manca, decidida y belicosa a la que da vida una sorprendente Charlize Theron. Ambos son los puntales de una historia en la que George Miller ha tomado como clara referencia la segunda entrega del Mad Max clásico Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981), un filme que ya difería en su planteamiento bastante con respecto a Mad Max. Salvajes de la autopista (1979) ya que se pasaba de un futuro en crisis energética y trufado de ultraviolencia gratuita  a otro donde sencillamente el hombre había entrado en estado salvaje y cuasiprimitivo con una hecatombe nuclear por medio; no tratándose de un remake de aquel Mad Max 2 sino de una reinvención de sus elementos más significativos. En pleno desierto australiano, el viejo tirano enmascarado Inmortan Joe (Hugh Keays-Byrne, quien curiosamente fue el villano del Mad Max de 1979) rige una sociedad similar a un gigantesco hormiguero o colmena con una multitudinaria casta de acólitos -soldados (casi todos hijos suyos), reproductoras, extractoras de leche, exploradores- que se encuentra por encima de unos habitantes famélicos que acceden limitadamente al suministro de agua que él controla y diferentes prisioneros y esclavos destinados a ser literalmente explotados. Rockatansky- el personaje difiere algo en su planteamiento del que encarnó Gibson- , del que poco conocemos salvo que una vez fracasó en su propósito de salvar a seres queridos, huye de su destino como suministrador de sangre para transfusiones destinadas a Inmortan Joe y su séquito cruzándose con otra fugitiva, Imperator Furiosa, una exploradora al servicio de Inmortan Joe que desobedece una importante misión y huye con un grupo de mujeres jóvenes destinadas a dar a luz a los descendientes del tirano en busca de una mítica tierra prometida para desertores. A partir de ese momento el espíritu del western y la road movie se adueñan de la función con un espectáculo visual de primera magnitud en donde se corrige y aumenta todo el universo Mad Max de los 80 y sin caer en el autohomenaje complaciente (aunque las referencias a momentos y personajes de los tres filmes anteriores son constantes) ni en la repetición. Muy buenas escenas de acción motorizada de fuerte impacto visual- la fotografía de John Seale es grandiosa- y una puesta en acción grandiosa reforzada por cierto regusto poético en las imágenes y en la milimetrada coreografía del conjunto. Tal vez algunas escenas de acción resultan demasiado largas y la falta de diálogos lleven a muchos espectadores al hastío o al desconcierto, pero Miller sabe manejar tan aparatosa material con soltura y profesionalidad y es capaz hasta de dar cierto aliento dramático épico shakespeariano a una película de acción desatada y persecuciones deudoras de los dibujos animados y del cine mudo de coches destrozados y de tornar una historia potencialmente cargada de testosterona en un alegato feminista que de paso viene a reivindicar e reivindicar un poliédrico rol de la mujer en el cine de acción. Y todo ello, dicho sea de paso con efectos especiales en su mayoría tradicionales (maquetas, prótesis, explosiones reales) Bienvenido de nuevo Mad Max  a las salas de cine.

sábado, mayo 23, 2015

El Aparatito Lumiere LA FAMILIA BÉLIER ( LA FAMILLE BÉLIER)






** y 1/2



Ha roto las taquillas de su país esta amable comedia-drama francesa sin excesivas pretensiones y que se basa en el buen trabajo de sus intérpretes y en un simpático pero rutinario guión para todos los públicos al que le faltan unos centímetros para eludir lo predecible, algo en lo que cae sin remisión en todo el metraje. La inteligente mezcla de diferentes tipos de comedia (costumbrista, de enredo, de adolescentes, de sátira social) trufada de comercial aliento melodramático y con el doble trasfondo del retrato amable del mundo de las personas sordomudas (y su difícil integración en la sociedad) y las ansias de construcción de la adolescencia de su propio futuro, no ha resultado todo lo efectiva que se hubiese deseado y la película se queda a medio camino en su intento de ser  a partes iguales plenamente emotiva y divertida. El director Eric Lartigau ha hecho un buen trabajo especialmente en la dirección de actores y sabido insuflar a la historia un indudable estilo de comedia francesa pero la película no sabe llegar a todos los espectadores.



Utilizando como excusa y mcguffin el tan de moda en los últimos años mundo de los aspirantes a cantantes, la historia se centra principalmente en Paula, la hija mayor de los Bélier, una familia de ganaderos y fabricantes de quesos de una pequeña localidad del centro de Francia en la que esta chica de 16 años es la única miembro que no es sordomuda, ya que tanto sus padres como su hermano de 13 años lo son. Paula, muy confusa y cansada de su rol en la familia de “intérprete” y contacto con el mundo exterior de sus padres y de su hermano y llena de líos sentimentales descubre su vocación de cantante en el colegio siendo animada por su profesor de canto a presentarse a un prestigioso certamen de cantantes noveles a nivel nacional. Estimulada por un lado por el descubrimiento del amor con un esquivo chaval también muy dotado para la canción y por el otro abrumada por las reticencias de su familia que no entienden como la pasión de su vida es algo que ellos no pueden percibir, Paula se cuestionará cada vez con más fuerza lo que para ella supone su clan familiar, justo en el momento en que Rodolphe, el padre, pretende desafiar todas sus barreras personales presentándose a alcalde del pueblo. Aunque los buenos momentos no faltan en este filme y hay no pocos gags hilarantes, la cosa no llega a mayores y al final La Familia Bélier no pasa del aprobado raspado. Es de agradecer que las canciones – interpretadas en su mayoría por su joven protagonista, Louane Emera, que se antoja una firme promesa del cine europeo-  sean poquitas en esta película y que no se haya convertido en un remedo de filme musical. En lo que respecta al resto de intérpretes que encarnan a los Bélier sordos, las interpretaciones son muy meritorias ya que todos ellos son oyentes en realidad y tanto ellos como Emera tuvieron que aprender la lengua de signos para esta cinta, que por otra parte ofrece un retrato desdramatizado y revientatópicos de las personas sordomudas . La excelente actriz Karin Viard esta estupenda como la madre del clan (de lo mejor de la película) y el belga François Damiens también realiza un trabajo formidable. Esta película no llegará a gustar a todo el mundo, pero es el modelo de filme que a quien le guste le va a entusiasmar.


RAYOSC EN PERIODO DE TRANSICIÓN

Queridos amigos;

Como haberis apreciado, este blog está en los últimos meses muy pcoc activo ya que todo lo que ha publicado prácticamente en lo que va de año son las críticas cinematográficas de la sección El Aparatito Lumiere. La razón es que por diferentes circunstancias ha habido mucho menos tiempo para dedicarlo a este blog y además aún permanezco en estado de reflexión sobre la renovación del blog y sus contenidos, tal y como avencé hace un par de meses, renovación y reflexión que está durando más de la cuenta debido principlamente a causas personales. De hecho, como comprobareis, hemos renovado una vez más el formato externo de Rayos C en la Oscuridad ya que el look que habíamos estrenado en marzo daba problemas con algunos viejos posts debido al color de la letra y su legibilidad.

Teníamos nueva alguna sección anunciada aquí en rayosc que todavía esta pendiente, así como temas para monográficos que ya estaban elegidos y que aún no se podido trabajar en ellos. Espero ponerme en ahrino  con todo ello con la máxima brevedad posible.

Gracias por vuestra comprensión, y no dejeis  perder ningún momento...como lágrimas en la lluvia

Un saludo

viernes, mayo 15, 2015

El Aparatito Lumiere VENGADORES: LA ERA DE ULTRON (AVENGERS: AGE OF ULTRON)



 
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A estas alturas esperar una sorpresa en una nueva adaptación cinematográfica de un personaje superheróico de Marvel Comics es una total quimera: prácticamente todas (las ya numerosas) películas coproducidas por Marvel Studios- salvo excepciones como parte de las sagas Iron Man, X Men y Spider-Man-  siguen el mismo esquema de acción aparatosa, efectos especiales visualmente salidos de madre y guiones predecibles. Esta segunda entrega sobre el grupo de primeros espadas supedotados de la casa cuyas viñetas crearon el guionista y editor Stan Lee (que como siempre realiza el cameo de rigor como el resto de filmes producidos por/adaptados de Marvel) y el dibujante Jack Kirby a principios de los 60 tal vez resulte mejor que la primera entrega estrenada en 2012 y también dirigida por Joss Whedon, pero al fin y al cabo poco o nada aporta.  Iron Man (Robert Downey Jr., quien encarna por quinta vez al héroe de la armadura voladora contando esta saga y la del propio personaje), Hulk (Mark Ruffallo alterado infográficamente cuando Bruce Banner se torna en la masa verde), Viuda Negra (Scarlett Johannson), Capitán América (Chris Evans), Ojo de Halcón (Jeremy Renner) y Thor (Chrish Hemsworth) vuelven a involucrarse en un aparatoso tinglado esta vez relacionado con la desaparición de una poderosa y destructiva fuente de energía robada al parecer por una inteligencia artificial llamada Ultron (con los movimientos y la voz en la versión original de James Spader) que termina utilizando un cuerpo robótico para llevar a cabo su propósito, que no es otro de hacer evolucionar a la humanidad de una manera tan peculiar como provocando su extinción.

A la plantilla de los Vengadores se unen esta vez los mellizos Bruja Escarlata  (Ellisabeth Olsen, hermana menor de las denterosas gemelas Olsen) y Quicksilver (Aaron Taylor-Johnson)  y todo un clásico del universo Marvel como es La Visión (Paul Bettany). El reparto de completa con viejos conocidos de las diferentes adaptaciones de los cómics de la mítica editorial norteamericana más nuevas incorporaciones: Stellan Skarsgard, Don Cheadle, Idris Elba, Anthonie Mackie o Andy Serkis. Destrucciones a tutiplén, catástrofes varias, golpes, rayos, vuelos y explosiones por un tubo en un conjunte que pese a tener cierto sentido épico y algún momento vibrante del que la anterior entrega carecía termina cayendo en lo obvio y vacuo. Cine fast food de escaso alcance.

lunes, mayo 11, 2015

El Aparatito Lumiere REGRESO A ÍTACA (RETHOUR Á ITHAQUE)




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Hubo un tiempo, allá por los 90, en los que el cine cubano se puso de moda en los países de habla hispana y en Europa…o más bien una película, Fresa y Chocolate (1993) del veterano Tomás Gutiérrez Alea junto con Rafael Tabío, excelente filme que parecía mostrar un engañoso aperturismo en la sociedad y la política cubana y que además coincidió con una especie de cubamanía que se vivió en España a mediados de los 90 y que iba entre la admiración estética de la cultura cubana a la simplista idealización de su situación sociopolítica (difícil eso sí por el injusto embargo de EEUU) y del régimen castrista, moda a la que se apuntaron hasta gente de derechas y algún oportunista que viajaba a Cuba con execrables intenciones. Pero desde el plano estrictamente cinematográfico, al final no hubo ningún resurgir del cine cubano (muy sujeto siempre a los condicionamientos del castrismo) y aquellos tabúes que parecía romper Fresa y Chocolate (relativa comprensión con quienes cuestionaban mínimamente los preceptos revolucionarios y deseaban salir de la isla) fueron un pequeño pufo. En más de 20 años las películas cubanas que han logrado alguna distribución internacional comercial o en festivales están contadas con el dedo de una mano mientras el país trata de evolucionar como puede con algunos pequeños avances y cambios. Y es que se echaba un falta desde hace años una película que reflejase la situación actual en el país caribeño y en ese sentido Regreso a Ítaca, una producción francesa rodada en la isla con reparto cubano, viene a cubrir muy, muy dignamente ese hueco gracias a un esforzado trabajo del cineasta francés Laurent Cantet (Recursos Humanos, La Clase, Foxfire) quien ha rodado en castellano en La Habana este pequeño gran filme a partir de una obra del escritor cubano Leonardo Padura (quien ah colaborado en la adaptación) con ciertas reminiscencias teatrales y en donde los diálogos y el discurso de los personajes son lo esencial en una película que carece de estructura planteamiento-nudo-desenlace. Rethour á Ithaque nunca podría haber sido una producción cubana incluso en al época actual si tenemos en cuenta que su propósito es el de realizar un retrato desencantado de una generación (los nacidos en los 50, la época de la Revolución) que ha visto como todo aquello en lo que había creído y que había sido parte de su vida, o mejor dicho, su vida misma y todo su ser, ha terminado por destruirles y hacer de ellos seres inseguros, temerosos y desdichados.     

Es esta en la realidad la segunda aproximación a Cuba de Cantet tras el filme colectivo 7 días en La Habana (2012) y en esta ocasión haciendo una magistral combinación entre la denuncia, el testimonio del fracaso y la disección de las relaciones personales y de la amistad establece un relato amargo y cruel pero veraz y honesto que llega a conmover en bastantes momentos. Cinco amigos entrañales cincuentones y pre-sesentones se reúnen en la azotea del domicilio habano de uno de ellos con motivo del regreso de Amadeo (Néstor Jiménez), un antiguo aspirante a escritor que emigró a España en los 90 y que regresa a su país. Una noche y una mañana en la azotea son testigos de las inesperadas reacciones personales que ha provocado el inesperado anuncio del amigo retornado: quiere quedarse en Cuba. A partir de allí todo un exorcismo de los demonios interiores (personales y políticosociales) de los cinco amigos, todos ellos afectados de uno u otro modo incluso en su vertiente más personal y humana por las contradicciones y las deficiencias del gobierno castrista: Gloria (Isabel Santos) una médico que fue gran amiga de Amadeo y su mujer fallecida, Rafa (Fernando Hechavarría), un frustrado pintor, Aldo (Pedro Julio Díaz Ferrán), un mecánico cuyo hijo veinteañero quiere irse de Cuba, y Eddy (Jorge Perugorría, el protagonista precisamente de Fresa y Chocolate y el más conocido por estos lares) un enriquecido pequeño empresario reflejo de la tímida nueva situación de la Cuba actual, son los otros cuatro personajes principales en un filme prácticamente circunscrito a los citados intérpretes, quienes están soberbios los cinco. Al final, cierto regusto amargo y descarnado para una película valiente y sincera que muestra como el ser humano es algo muy complejo y sus sueños a veces pueden convertirse en sus pesadillas.         

lunes, abril 27, 2015

El Aparatito Lumiere EL ÚLTIMO LOBO (LE DERNIER LOUP, 狼图腾)




 
*** y 1/2

Una buena noticia el que en las pantallas se encuentren películas como esta, una obra para todos los públicos, con un mensaje universal y con un acabado de forma y fondo más que de recibo. El francés Jean Jaques Annaud, fiel a su status autocreado de director internacional dispuesto a rodar producciones de cualquier país (aunque la mayor parte coproducciones con Francia), en cualquier territorio y en cualquier idioma y siempre abarcando temas que superan los límites culturales, históricos, geográficos y sociales dirige de nuevo su mirada a oriente tal como lo hizo (aunque de un modo bastante diferente) en El Amante (1991) y Siete Años en el Tibet (1997) fijando su atención en una más que atractiva y sugerente historia real descrita en la novela autobiográfica de Lü Jiamin Tótem Lobo (2004), uno de los libros más leídos en China. Un relato de amor a la libertad y la naturaleza tomando como punto de partida la difícil relación del hombre con los animales y con el ecosistema que venía como anillo al dedo al director de películas como El Oso (1988) y Dos Hermanos (2004) que junto con este filme viene a completar una suerte de trilogía sobre historias centradas en mamíferos carnívoros salvajes con un trasfondo ecológico y de amor al reino animal. Si en las dos películas anteriores mencionadas fueron los osos y los tigres respectivamente los protagonistas, en esta ocasión el turno es para el lobo, un mamífero con connotaciones míticas de representación del mal en diferentes culturas (especialmente en la antigüedad y en el mundo rural) pero cuyo mito negativo siempre ha terminado desmontándose. Esta coproducción franco-china, aunque tal vez algo lastrada por una historia un tanto esquemática e infantil por su trasfondo casi de fábula, constituye un nuevo acierto de Annaud, cuyos últimos filmes, artística y comercialmente, no estuvieron a la altura que se esperaba del realizador.  

Rodada en hermosos paisajes de las estepas de Mongolia, la historia nos traslada a la China de Mao en 1969 en donde dos jóvenes estudiantes de Pekín, Cheng Zen (Feng Shaofeng) y Yang Ke (Shawn Dou) son enviados por el gobierno de la República Popular a Mongolia (entonces perteneciente a China) para ayudar en los quehaceres a una familia de pastores mongoles al tiempo que tratan de enseñar a sus hijos, dentro del programa ideado por la China maoísta en los años 60. Allí los muchachos pronto se adaptarán a la forma de vida prácticamente primitiva y nómada de los mogoles y a sus curiosas costumbres y creencias religiosas. Cheng Zen esta fascinado además  los lobos de las estepas, que al mismo tiempo para los mongoles son unas alimañas ya que atacan a las ovejas y unos animales muy beneficiosos ya que hacen lo propio con las gacelas, devoradoras de la poca hierba que existe en la Estepa. Unas nuevas directrices del Gobierno chino sin embargo obligan a capturar y dar muerte a los lobeznos para provocar la extinción de los lobos con el fin de que no afecten al ganado, pero Cheng Zen desafía el mandato adoptando y criando el mismo un lobezno ante la oposición del clan de pastores mongoles y lleno de dudas y sentimientos contradictorios sobre cual debe de ser el destino de este animal y de todos los de su especie. Con preciosas imágenes servidas por la suntuosa fotografía de Jean-Marie Dreujeu captando en toda su plenitud los espectaculares escenarios naturales mongoles, una interesante partitura del gran James Horner, y una increíble puesta en escena casi documental con los lobos rodados en su medio natural, solitarios o en manadas y “actuando” perfectamente en difíciles escenas de persecuciones y estampidas (merece mencionarse la persecución con los jinetes)  muy bien coreografiadas y captadas, El Último Lobo es un filme honesto y espectacular que combinando la denuncia y el mensaje ecológico, el drama personal, el cine antropológico (algo ya muy habitual en el director) y por que no, el apunte histórico-político, consigue una historia metafórica y muy de cuento de hadas-fábula para mostrar como el ser humano tiene que aprender del reino animal en su lucha por la supervivencia, la libertad y la dignidad. Una buena opción especialmente para ir al cine con niños/as dado el valor pedagógico del filme.  

martes, abril 21, 2015

El Aparatito Lumiere FELICES 140





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Nuevo acierto de Gracia Querejeta (Siete mesas de billar francés, 15 años y un día) que demuestra ser una directora en plena forma y con una regularidad más que interesante en su filmografía en los últimos años (aunque eso si sin grandes alardes) pese a unos comienzos inciertos. En esta ocasión la hija del gran Elías Querejeta recurre una vez más al drama humano en una película con un mensaje antropológico bastante pesimista y que constituye una oportuna crítica a la hipocresía y a los intereses mezquinos en las relaciones interpersonales. Mezclando el drama psicológico con el humanista y con unas pinceladas de comedia de personajes, Felices 140 se presenta bajo los ropajes de un subgénero oficioso tan sugerente y goloso como el de “película de reunión de viejos amigos”, un tipo de filme al que se adscriben cintas como Reencuentro (1983) de Lawrence Kasdan o Los amigos de Peter (1992) de Kenneth Branagh. Sin meterse de lleno en el enredo entre los personajes ni en los detalles de las relaciones entre el grupo de amigos cuarentones y cincuentones (y alguno más joven) que protagonizan esta historia, el guión apuesta por el aspecto motivacional de los personajes en sus acciones y decisiones cada uno con un trasfondo diferente pero con un denominador común: una situación complicada y en la mayor parte de los casos un pasado angustioso. Al final, los personajes harán piña inesperadamente ante un fortuito suceso poniendo además en cuestión aspectos éticos y morales cuya discusión no parece dejarles muy bien parados. La película, pese a algunos fallos de ritmo y a algún detalle poco claro fruto de un guión tal vez un poco forzado y que trata de hacer avanzar la trama a trompicones a costa de dejarse en el tintero no pocos aspectos que serían interesantes, resulta muy interesante de ver y al final el espectador sale más que satisfecho ya que siente que lo han tratado como a una persona inteligente.

Maribel Verdú encarna a Elia, el personaje central de la historia, una mujer que acaba de cumplir 40 años y que decide celebrarlo invitando a sus parientes y amigos más entrañables, un variopinto grupo de personas entre los 40 y 50 años cada uno con diferente situación familiar, profesional y económica, a una lujosa villa costera que acaba de adquirir sin que sus amigos sepan como. La razón no es otra que a Elia le han tocado 140 millones de euros del premio del Euromillón. Sus amistades ni se lo creen, pero es así y pronto empezará el juego de intereses movido por la envidia, al codicia, y por que no, la amistad mal entendida. Son interesantes los planteamientos de esta película así como sus alucinantes e inquietantes resoluciones que muestran la ambigüedad y la doble moral del ser humano ante determinadas situaciones. Un reparto eficaz e inspirado ayuda a que los momentos más crudos de la historia se hagan digeribles e increíblemente reposados, algo a lo que contribuye la estupenda dirección de actores a la que siempre hace gala Gracia Querejeta. Puede que esta no sea una película que guste a todo el mundo pero merece la pena. 

martes, abril 14, 2015

El Aparatito Lumiere PASOLINI / LA HISTORIA DE MARIE HEURTIN (MARIE HEURTIN)



PASOLINI

 
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En noviembre de 1975 Pier Polo Pasolini, cineasta, ensayista, novelista, poeta, filósofo, columnista de prensa e intelectual italiano fue encontrado muerto en la playa romana de Ostia a los 53 años con signos de violencia. Terminaba así la sinuosa, controvertida y comprometida vida de unos de los creadores fundamentales de la historia del séptimo arte y de una de las figuras más prominentes e influyentes de la cultura europea del siglo XX. El creador de filmes tan singulares como Accatone (1961), El Evangelio según San Mateo (1964), Edipo Rey (1966), Teorema (1967). Medea (1969), la trilogía clásico erótica formada por El Decamerón (1971), Los Cuentos de Canterbury (1972) y Las mil y una noches (1974) o Saló o los 120 días de Sodoma (1975) se ve homenajeado cuarenta años después de su muerte por un curioso discípulo indirecto, el hábil director norteamericano de origen italiano Abel Ferrara, prolífico cineasta independiente con variedad de registros y géneros en donde destacan películas que marcaron el cine indie americano de los 90 como Teniente Corrupto, The Addiction o El Funeral. Ferrara se ha trasladado al país de origen de sus antepasados para rendir pleitesía al maestro boloñés con un biopic inteligente y no al uso que centrado precisamente en los últimos días de Pasolini trata de hacer un básico pero revelador retrato del ideario y de las motivaciones  intelectuales, estéticas, filosóficas y creativas del director pero sin caer en el academicismo ni en la pedantería y esforzándose en ofrecer un producto más o menos atractivo a  aquellos que no sean seguidores de Pasolini o que ni tan siquiera estén familiarizados ni con su figura ni con su obra. Lo consigue, aunque este no sea ningún filme comercial, gracias a la combinación de diferentes elementos muy bien dispuestos durante todo el metraje (narración convencional, película dentro de una película, poesía y simbología visual de clara inspiración pasoliniana, guiños y manierismos varios al universo del director italiano), y todo siguiendo esforzadamente los cánones cinematográficos del propio escritor y cineasta homenajeado (neorrealismo italiano renovado, escenas impactantes, tremendismo conceptual, conflicto tesis-antítesis en determinadas escenas, poesía visual) mientras que los intelectuales se exponen de sabia manera a lo largo de toda la película mediante recreaciones visuales de novelas y películas no realizadas del creador, recreaciones de entrevistas y sobre todo en  momentos narrativos concretos. No obstante que nadie se espere una biografía exhaustiva en el tiempo de Pasolini, ya que aunque esta daba para una película Ferrara se ha centrado en las últimas horas del autor pero eso sí, sin dejarse ninguna clave sobre su persona en el tintero.

Rodada en inglés y en italiano con un reparto internacional pero en su mayoría italiano en régimen de coproducción entre Italia, Francia y Bélgica, Pasolini triunfa gracias a su honestidad y su afán por huir del morbo fácil y del sensacionalismo, algo a lo que se prestaba inevitablemente el personaje central. El norteamericano Willem Dafoe- el vivo retrato del autor boloñés- interpreta con convicción y sobriedad al controvertido cineasta dando todo un recital desde el principio hasta el final de la cinta. Pier Paolo Pasolini, fue ante todo un hombre preocupado por la sociedad de su tiempo y por su evolución, influido siempre por su ideario comunista marxista radical y por sus convicción de que la sociedad burguesa occidental necesitaba un cambio total, una revolución social y moral, algo que siempre reflejó en su obra cinematográfica y literaria echando mano del simbolismo y la metáfora y siempre criticando a la burguesía y a la moral tradicional trasgrediendo muchas veces dicho concepto ofreciendo en sus obras situaciones y comportamientos al limite de lo permitido que le trajeron no pocos problemas y agrias polémicas. En ese sentido, su condición de homosexual le condicionó en su ideario filosófico, ético y estético y en su carácter conflictivo y rebelde, así como su un tanto peculiar visión de la sexualidad también resultó polémica y bastante influyente en el desarrollo del erotismo en el cine. Todas estas claves aparecen en esta película, un soberbio trabajo cinematográfico que brilla en momentos como la recreación cinematográfica de una novela inacabada del autor o en el  plasmación postuma apócrifa gracias a Ferrara de unos fragmentos de lo que debía de  haber sido la siguiente película de Pasolini tras la controvertida Saló, con su muso Ninetto Davoli interpretando a otro de sus actotes fetiche Eduardo De Fillipo dando vida a su vez a Epifanio, un peculiar sujeto dispuesto a encontrar el paraíso acompañado de un ángel gay interpretado en la peli recreada por el joven Ninetto Davoli de este biopic, interpretado a su vez por Ricardo Scarmacio. Especialmente recomendable para cinéfilos de pro y amantes de biografías de personajes más que significativos. 



LA HISTORIA DE MARIE HEURTIN


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Se corre de nuevo el riesgo de que una gran película pase injustamente desapercibida, tal es el caso de esta excelente cinta francesa rodada con delicadeza, buen hacer y una total credibilidad en su manejo del melodrama y la historia de superación personal. Se nos muestra una poco conocida historia real sucedida en Francia a finales del siglo XIX que remite al  tema de la educación exitosa de una persona sordociega: efectivamente, un relato que evoca inevitablemente a la conocidísima historia de la escritora y política sorda y ciega Helen Keller y al aprendizaje recibido en su infancia por su institutriz Anne Sullivan, un tema que dio lugar al filme El Milagro de Ana Sullivan (1962) de Arthur Penn. Pero la historia que nos ocupa, acaecida poco después del primer contacto de Sullivan con Keller, poco tenía que envidiar a aquel caso aunque la joven sordociega protagonista de este relato, -la Marie Heurtin del título- falleció joven y por ello no alcanzó la notoriedad de Helen Keller. Los franceses, chauvinistas que son ellos, han redescubierto el potencial dramático de este caso (pionero además en muchos aspectos de la educación de las personas sordociegas) y nos lo muestran ahora en forma de bella y sensible película circunscrita a un espacio único bastante concreto - un internado para niñas sordomudas regentado por religiosas- pero con una narración prodigiosa y verista y una fotografía pulcra y con propensión cromática al verde de los jardines y al gris y blanco de los interiores del internado. Una curiosa traslación en imágenes del naturalismo literario decimonónico pero todo contado con un lenguaje para todos los públicos.

Isabelle Carré interpreta a la hermana Marguerite, una joven monja encargada del huerto del internado para chicas sordas que enferma de tuberculosis fija su objetivo en lo poco que ella intuye que le queda de vida en que Marie (Ariana Rivoire), una adolescente de 14 años que llega al centro siendo ciega además de sorda, se convierta en una chica normal capaz de comunicarse y de expresarse. La tarea no es nada fácil y la hermana Marguerite no recibe el total apoyo del resto de monjas y de al madre superiora, pero utilizando imaginativos recursos y persistiendo logrará importantes avances en lo que una vez fue una criatura prácticamente en estado salvaje. Una puesta en escena sobria pero con bellas imágenes y un matizado detallismo descriptivo son el fondo en el que se mueven unas interpretaciones soberbias especialmente por parte de las dos protagonistas. La jovencísima Ariana Rivoire, solo sordomuda en la vida real, realiza un estupendo trabajo que llega a enamorar al espectador por su total verosimilitud y por su prestancia delante de la cámara. Una película para amantes de las historias humanas emotivas y poderosas.