martes, julio 05, 2016

TODOS QUEREMOS ALGO (EVERYBODY WANTS SOME!)






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Richard Linklater es un director que sabe ofrecer películas cada una de temática variada que ya bien desde una vertiente independiente (como en este caso) o con el respaldo de grandes estudios siempre tienen una impronta dentro de tal o cual género que las hace extrañamente singlares. Después de haber firmado con Boyhood (2014) su obra maestra, el realizador, ya un cineasta en estado de madurez, sorprende con una comedia con tintes dramáticos que como ya hiciera con Movida del 76 (Dazed and Confused) (1993) uno de sus primeros filmes, plantea un ejercicio de nostalgia ambientando la historia en el pasado reciente y haciendo de esto el espíritu del filme , en esta ocasión en septiembre de 1980, aunque, eso si, sin quedarse en la mera recreación retro apta principalmente para quienes vivieron dichas épocas que tanto se estila últimamente en la ficción audiovisual. Everybody Wants Some! Al igual que Dazed and Confused plantea la influencia de los usos, costumbres y sobre todo los ideales de una década concreta en la consciencia de la juventud de dicho momento, en este filme personificada en un grupo de universitarios masculinos a tres días de comenzar el curso académico. Con la circunstancia de que estos muchachos son los miembros del equipo de béisbol de su universidad- no olvidemos que ser deportista en las universidades yankis confiere un estatus especial a los estudiantes ya que se puede decir que ni tan siquiera están obligados a estudiar- y de que al testosterona fluye por los cuatro costados en su chalet compartido no lejano al campus, lo más fácil sería pensar en que el filme estuviese centrado en avatares amoroso-sexuales del grupete, pero si bien esto aparece (ligoteos varios en diferentes ambientes filmados por cierto con una veracidad y un cierto poso simbólico que es la bomba) aquí lo más importante es el proceso de búsqueda de si mismo del personaje destacado dentro de un reparto coral, el novato Jake (Blake Jenner) un chaval que al principio se esfuerza por integrarse con sus nuevos compañeros de equipo-uni y amigos tratándose de adaptar más bien torpemente (aunque finalmente con éxito) a todo un universo comportamental y más o menos cultural y después decidiendo que lo mejor es expandir ese un tanto desmañado y simple universo en el preciso momento que cree encontrar a la mujer de su vida, aún  a costa de temer perder su recién ganada posición y reputación dentro del colectivo. Es este filme por ello una historia de maduración a pequeña escala que no obstante no se queda solo en ello e indaga de una manera curiosa las relaciones interpersonales y los anhelos de la juventud, universales e inamovibles en todas las épocas.

La película combina magistralmente todos los elementos esperables en una comedia coral (gags ingeniosos, diálogos muy trabajados, situaciones desternillantes, algunos personajes muy cómicos) con un poso descreído y amargo que pone énfasis en lo lerda que aún era la peña a principios de los 80 sobre todo en el tema de las relaciones de pareja y en el reparto de roles masculinos y femeninos, haciendo por ello un ejercicio de curiosa presentación de amor-odio a una época del siglo XX  donde la necesidad de encasillamiento (tribus urbanas) era fundamental en el proceso de encontrarse a uno mismo aunque sea solo de cara al exterior. Una curiosa fotografía más videoclipera que ochentera firmada por Shane F. Kelly (el mismo de Boyhood) y una banda sonora con temas históricos de The Knack, Blondie, Devo, Queen y varios hits de la era Disco realzan esta perfectamente ambientada cinta que una vez más señala que la nostalgia en el cine puede ser viable si es bien trabajada.

jueves, junio 30, 2016

EL ÍDOLO (THE PROGRAM)






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Durante la década de 2000 se estuvo considerando seriamente llevar a las pantallas la vida y triunfos deportivos de Lance Armstrong, ciclista norteamericano que entre 1999 y 2005 consiguió siete Tours de Francia consecutivos tras superar un cáncer de testículos, pero años tras confirmarse años más tarde lo que todo el mundo sospechaba (Armstrong ganó sus tours gracias un sofisticado sistema de doping en el que participaban todos los miembros de su equipo) el que se había convertido en el gran héroe deportivo de los últimos años pasó a ser considerado un sucio tramposo y lógicamente cualquier proyecto de biopic deportivo de superación se fue al guano. Pero obviamente la historia del personaje no solo no ha perdido interés, sino que su azarosa vida y la sórdida verdad que se escondía tras su gloria han reforzado la magnitud de atracción del material dramático para relatar la historia del ciclista tejano y con ropajes de crónica de traición, de lucha desmedida por el éxito, de ambición y codicia sin límites y de ascenso y caída se presenta este inteligente filme anglofrancés dirigido con oficio y con mucha mala uva por el versátil veterano Stephen Frears (Mi Hermosa Lavandería, Las Amistades Peligrosas, Alta Fidelidad, The Queen) que se centra con minuciosidad en todos los engranajes y todos los movimientos que tuvo que efectuar el ciclista para conseguir el mejor método de doping posible (EPO en este caso) y con ello lograr sus triunfos en la ronda ciclista francesa, y como su condición de mentiroso y tramposo -con una oportuna coartada de triunfo del espíritu de superación tras dejar atrás una grave enfermedad- condicionó su relación con el mundo del ciclismo y con la opinión pública. Basado en del libro de periodista británico David Walsh que destapó el caso a principios de los 2010- y que aparece como personaje en este filme encarnado por Chris O´Doud- The Program tiene efectivamente cierta inspiración periodística en realidad engañosa y parece está más centrada en los avatares médicos y deportivos de la carrera de Lance Armstrong que en su vida personal (por ejemplo, no se menciona su relación con la cantante Sheryl Crow poco antes de su retirada definitiva del deporte así como la mayor parte de los aspectos más humanos sobre el personaje)  aunque en realidad esto solo sea un trampantojo semisimbólico para mostrar una especie de perverso grandgiñol donde un sórdido y dramático relato real se torna en una farsa-parodia involuntaria por el verdaderamente grueso trazo del asunto de un doping efectuado en plan casi yonky de barrio: es por ello que el tono semi-cacricaturesco y cierta aproximación a la tragicomedia presiden el desarrollo de la historia sin que por ello se reste credibilidad a una historia bastante conocida.

Ben Foster interpreta más que correctamente a un Lance Armstrong presentado como una persona convencida de que estaba haciendo lo correcto en todo momento y que no dudaba en doparse con todo su equipo (el US Postal) con EPO y trasfusiones de sangre en una época en la que el doping era generalizado en todo el pelotón ciclista y en donde existía una total permisividad por parte de las autoridades del este deporte y de sus servicios médicos, verdaderos instigadores de esta práctica. En este sentido, el personaje del médico Michele Ferrari (Gillaume Canet) aparece en esta película como un auténtico histriónico mad doctor dispuesto a experimentar hasta el límite con el ser humano. Y la caracterización a trazo grueso y pelín caricaturizada en los personajes no termina allí, el también ciclista americano Floyd Landis (Jesse Plemons) parece el contrapunto reflexivo, tradicionalista y “piadoso” (el ciclista profesa el menonismo) de Armstrong, mientras que el periodista Walsh figura tanto como cronista parcial como justiciero de todo el embolado. Por lo demás, se puede decir que el filme triunfa en su aparentemente casi inabarcable sucesión de escenarios y ambientes distintos (puede que todo el tema médico resulte a veces algo ininteligible para no conocedores de la materia) y en reproducir las míticas etapas del Tour en las que Armstrong forjó su falsa leyenda, todo con profusión de detalles incluidas equitaciones oficiales de todos los equipos con la publicidad de sus casas comerciales. Y por supuesto, todo el caso Armstrong fluye impecablemente gracias a un director con oficio y una historia trabajada y muy bien contada aunque a fin de cuentas la película no sea una obra maestra.   

lunes, junio 20, 2016

CAPITÁN KÓBLIC






La sombra del western como género cinematográfico es alargada y ni tan siquiera el paso del tiempo- ya estamos a décadas y décadas de distancia de su época dorada dentro del cine- parece disminuir su influencia y magisterio en el séptimo arte aunque sea traspasando las coordenadas espacio-temporales propias del Far West. En ese sentido, la producción argentino-española Capitán Kóblic ha encontrado en el western su clave estilística para efectuar un filme cuyo principal propósito es el de la denuncia histórica, y una vez más del oscuro pasado de Argentina en la época de la dictadura de la Junta Militar (1976-1983), una terrorífica etapa de la historia del país del cono sur que sigue dando material dramático de primer orden y no es para menos. Sebastián Boreznstein dirige con pulso impecable este drama-western contemporáneo en donde la figura del forastero de desconocido pasado/malhechor redimido que termina convulsionando la vida en su nuevo lugar de residencia es el elemento catalizador en una historia de arrepentimiento, conciencia atormentada, celos, rencillas, amor prohibido, violencia y en definitiva todo el salvajismo, la sinrazón y la barbarie que trajo consigo la dictadura militar en Argentina incluso en la vida cotidiana de las personas, algo que por cierto resuena en los parámetros argumentales y estilísticos del salvaje oeste especialmente en las históricas (re)creaciones europeas del género con Sergio Leone (una influencia fundamental en este filme) a la cabeza.   


Tomás Kóblic (Ricardo Darín, excelente como siempre), un piloto aéreo militar, da parar en una aldea rural con el fin de olvidar su participación como piloto en los “vuelos de la muerte”, unos vuelos en los que el gobierno dictatorial asesinaba a detenidos y presos políticos arrojándoles al océano. Remordido a todas horas por su conciencia, Kóblic esconde su pasado trabajando como piloto de fumigación -aunque sin apenas actividad- con la avioneta de un amigo residente en el lugar que se presta a mantener su secreto y su condición de desertor. No obstante, pronto la situación empezará a complicarse. Con diálogos escuetos pero certeros y una imponente pero inquietante dialéctica entre los diversos personajes en donde Kóblic parece enrarecerlo todo con su forzada presencia, la película apuesta por contener el drama –presentado de una manera simbólica y mas bien centrado en las vivencias interiores de su protagonista-  y focalizar con acierto las relaciones entre los personajes, con Kóblic tratando a toda costa de ocultar su secreto. En ese sentido las interpretaciones son más que de recibo, destacando también a una Inma Cuesta (que aporta la participación española)  que resulta creíble como una despechada mujer argentina de provincias y además con un perfecto acento. Puede que varios momentos del filme resulten forzados así como están de más algunos efectismos especialmente en los últimos compases. Pero esta claro que cualquier crónica de denuncia de la dictadura de la Junta Militar siempre será bien recibida, especialmente cuando se hacen películas tan esforzadas como esta.

martes, junio 14, 2016

UN DOCTOR EN LA CAMPIÑA (MÉDICIN DE CAMPAGNE)




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Cumple con creces este sólido aunque tal vez algo previsible drama francés con insertos de comedio que firma Thomas Lilti un director que ya ha tocado anteriormente el tema médico (Hipócrates, 2014) al igual que en este filme. Entre el costumbrismo y el dramón de personajes (aunque algo contenido) la película se sustenta en sus dos eficientes protagonistas, el siempre excelente François Cluzet, que desde Intocable parece haberse abonado a personajes en situaciones desesperadas, y Marianne Denicourt. Ambos encarnan a las dos caras de una misma profesión, él, Jean Pierre, el médico rural de toda la vida en una zona del norte de Francia que repentinamente precisa de ayuda en su trabajo a causa del cáncer que padece, y ella, Nathalie, una médica de vocación tardía que quiere huir de la rutina del trabajo hospitalario con su nuevo empelo, a priori más estimulante y dinámico por la oportunidad de desplazarse y conocer a gente diferente entre los habitantes de los pueblos. Pronto las diferencias entre ambos y su manera de ver el ejercicio de la medicina en un entorno rural acotado -en el que Jean Pierre está acostumbrado a actuar según su criterio- se harán irreconciliables. No obstante, entre ambos no tardará en surgir una necesaria alianza, sobre todo cuando Jean Pierre se da cuenta de que las cosas no volverán a ser lo mismo y cuando Nathalie ve la necesidad irremediable de aprender de Jean Pierre, una persona que se ha ganado a pulso el cariño de sus pacientes.

Con un ritmo narrativo conciso y un tono amable sin caer en lo edulcorado, la película tal vez peca de poco arriesgada y de perderse en situaciones no terminadas y en personajes que podían dar mucho más de si (la galería de secundarios, habitantes del pueblo cada uno con sus problemas, es de recibo), pero el excelente trabajo interpretativo de sus protagonistas consigue focalizar la película y al final el espectador se queda con un muy buen sabor de boca. Resulta también algo forzado todo lo relativo a la enfermedad de Jean Pierre (tópicos demasiado vistos) y lo poco convincente que funcionan algunos momentos supuestamente de comedia, aunque a la hora de al verdad todo esto influya más bien poco en el resultado final en una película agradable y honesta.

miércoles, junio 08, 2016

ACANTILADO






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Interesante punto de partida, factura técnica más que correcta, interpretaciones esforzadas, un loable esfuerzo por equilibrar diferentes géneros… pero al fin y al cabo una película que falla en su intento de crear un thriller dramático creíble. Partiendo de la novela de Lucía Etxeberria El Contenido del Silencio, Helena Taberna (Yoyes, La Buena Nueva) trata de hilar una un tanto confusa historia en donde el thriller y el cine negro terminan empapados por el melodrama intimista y la crítica social y humanística con pinceladas de supuestamente cine fantástico escorado a la vertiente sobrenatural. Con ciertas concomitancias con recientes grandes aciertos del cine español como Magical Girl en cuanto a una tendencia por dejar sin explicar cuestiones clave (que al contrario que en aquella película en este caso pistas hay muy pocas y enormemente confusas) la película puede resultar atractiva en su principal logro que es el de conseguir que todo un escenario natural (en este caso la isla de Gran Canaria) aporte toda su esencia para empapar a la historia y a los personajes, bien desde su aspecto enigmático y más o menos esotérico como el de la propia idiosincrasia de su paisaje. Con el tema de las sectas y su influencia en los espíritus más débiles y vulnerables como telón de fondo, Acantilado bien puede parecer en un primer momento una crítica feroz contra las sectas y su afán por engaña y destruir a la gente, ero su finalidad real no parece querer mostrarse como correspondería a una buena película y al final el resultado termina lastrado por ese motivo.

Tres personajes centrales mueven la historia; por una parte Cordelia (Ingrid García Jonson) una joven vasca confusa, asustada y sensible que termina en Gran Canaria huyendo de su hermano en donde encuentra primero el amor con su compañera de piso Helena (Juana Acosta) y después la felicidad que siempre le había faltado en forma de una inquietante secta cultivadora de sus propios alimentos y de la meditación; Gabriel (Daniel Grao), el hermano de Cordelia, un exitoso fiscal que lleva años sin ver a su hermana; y la teniente Yaiza Santana (Goya Toledo) una policía que desde hace tiempo lleva siguiendo a la secta aún a costa de arriesgarlo todo. La muerte de varios miembros del culto al suicidarse colectivamente y la desaparición de Cordelia desencadenará un torrente de emociones, recuerdos y misteriosos mensajes todo con los secretos y enigmas de los personajes como telón de fondo. Aunque como thriller la película se puede decir que funciona medianamente los altibajos en la narración son constantes y no se logra atinar en el elemento dramático debido al hecho de representar la relación entre los dos hermanos como una incógnita que el espectador tiene que despejar sin casi ninguna pista y con elementos contradictorios. No obstante, puede que el filme haga cierta carrera internacional por lo a priori atractivo de su propuesta. Otro intento fallido en el cine español de hacer una película que se salga de las coordenadas de lo previsible

martes, mayo 31, 2016

EL HOMBRE PERFECTO (UN HOMME IDEAL)







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Mentiras y fabulación. ¿Son en realidad lo mismo? Esto es más o menos lo que viene a plantear como idea central esta más que atinada cinta francesa rodada con oficio y efectividad por Yann Gozlan, una película que hace pensar sobre bastantes temas  y que no da tregua emocional al espectador a causa de su presentación de un cúmulo de situaciones límite (físicas y emocionales) en medio de una trama más bien rocambolesca en donde no falta cierto tono de fábula moral y de cuento perverso realista tomando como referencia algo tan sugerente como la metaficción.  Un Homme Ideal  comienzo como drama social y en medio de tímidos insertos de comedia se va transformando en un melodrama para terminar inesperadamente convertido en un thriller no exento de siniestros y poco edificantes aspectos psicológicos. Con una cuidada puesta en escena puramente francesa escorada a una engañosa comercialidad anglosajona (vamos a ver cuanto tiempo tardan en Hollywood en hacer un remake), el filme parece beber de fuentes tan dispares como Hitchcock, David Lynch, Kubrick, Eric Rohmer o Patricia Highsmith (su protagonista parece en ciertos aspectos un trasunto de Tom Ripley) pero sin carecer de una marcada personalidad propia basada casi totalmente en un guión sólido y espectacular.

Pierre Ninney, uno de los actores europeos más prometedores actualmente, consigue una más que excelente interpretación del joven antihéroe protagonista de esta historia, un muchacho hecho así mismo a través de un hecho fortuito que conlleva una total mentira con la que engaña a todo el mundo pero con la que consigue crearse para si mismo el personaje de un triunfador que fraudulentamente parece haberlo consigo todo antes de cumplir los 30 años. El es Mathieu, un trabajador de una empresa de mudanzas cuya ambición es la de convertirse en escritor, pero sus novelas son rechazadas una y otra vez por las editoriales hasta que descubre en la vivienda de un solitario anciano recién fallecido un diario que cuenta con enorme calidad literaria sus terribles vivencias en la guerra de Argelia a finales de los 50, y ni corto ni perezoso la envía a una editorial como obra suya. Mathieu tardará poco en convertirse en un afamado escritor, en conquistar a la mujer de sus sueños y en vivir rodeado de lujo, pero ¿hasta cuando podrá durar esa máscara, ese engaño?  El buen trabajo de Ninney hace que sigamos con pasión los avatares psicológicos y emocionales del protagonista en conservar su recién conquistada nueva vida mientras no dejamos de plantearnos inquietantes preguntas en el proceso, sobre la línea que separa lo real de lo creado. En resumidas cuentas, un trabajo narrativo y cinematográfico encomiable  en donde tal vez se flojea en un final más bien poco creíble en cuanto que el destino del protagonista parece demasiado ambiguo. Para todos aquellos que suelen prejuzgar burdamente el cine francés.  

sábado, mayo 28, 2016

MADAME BOVARY



 
** y 1/2

Las adaptaciones de clásicos universales de la literatura siempre son bienvenidas en estos tiempos que corren de mensajes simplificados en watsapps, twitts y faltas de ortografía hasta en los medios de comunicación. Madame Bovary, una de las novelas quintaesenciales del realismo literario del siglo XIX se encuentra con una nueva traslación a la pantalla grande desde luego no tan memorable como la de Vincent eMinnelli en 1949 con Jennifer Jones o el más que atinado pastiche de la historia que hizo David Lean en 1970 con Ryan´s Daughter  Esta es una producción británico-belga modesta pero sumamente cuidada en su ambientación sustentada en buenas interpretaciones y por supuesto en el poder dramático que aún sigue irradiando su inmortal historia. Así, pese a que la película consigue transmitir el espíritu de la historia de Emma Bovary -la mujer desesperada por lo anodino de su matrimonio concertado y que pese a los beneficios materiales que este le trae decide dar rienda suelta a sus sentimientos y a su pasión iniciando relaciones extramatrimoniales para alcanzar la felicidad de su espíritu y huir de los convencionalismos y de las restricciones de la época para una mujer casada- se nota un excesivo encorsertamiento  formal y una sensación de que la adaptación se ha hecho con tiralíneas y sin desde luego la pasión que requería el relato. Se eliminan varios pasajes y tramas de la novela de Gustave Flaubert aunque esto no es lo peor, lo más decepcionante es ver como momentos clave de la historia están tratados de una manera que pasan totalmente desapercibidos.

No se puede reprochar mucho a la cada vez más sólida actriz Mia Wasikowska- que parece hacer de personajes literarios legendarios del siglo XIX su especialidad- quien compone una Emma Bovary más que correcta, y tampoco el resto del reparto se encuentra desentonado. El asunto es que se ha hecho una adaptación rutinaria y muy poco estimulante pese a su más que evidente corrección formal y eso únicamente conduce a realizar una película olvidable en poco tiempo. Lo mejor será seguir leyendo el libro.

miércoles, mayo 18, 2016

CORAZÓN GIGANTE (FÚSI)






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Fue la sorpresa en la Seminci, con premio al mejor actor incluido, y en el Festival de Tibeca este modesto pero sugerente melodrama con ribetes de comedia romántica pero con intríngulis psicológico y social y una extraña mezcla de esperanza y amargura. Perteneciente a una filmografía tan desconocida como la islandesa, Corazón Gigante no solo se deja ver sino que cautiva con su inmediatez y su mezcla tan caótica como contradictoria de sentimientos y de situaciones, pese a lo muchas veces duro de su contenido desde el punto de vista psicológico. Todo ello es gracias en gran medida a su actor protagonista, Gunnar Jonson, que cautiva al público con su composición de Fúsi, un cuarentañero obeso, solitario, inseguro e inmaduro que comienza a experimentar inesperadamente un cambio en su anodina existencia cuando conoce a Sjöfrn (Ilmur Kristjándóttir) una mujer que parece introducirle por fin en el amor y en definitiva en el mundo adulto pero cuya inestabilidad mental no contribuirá precisamente a aclarar la situación de ambos.        



Aunque el mensaje de la película no es cien por cien esperanzador, la sabia combinación de momentos amables y dramáticos siempre centrados en la difícil evolución personal de su protagonista convierten al filme en un más que sugerente tour de force emocional que pese a todo deja un buen sabor de boca. Fúsi, un que vive con su madre y su padrastro, trabaja en un aeropuerto donde es acosado por sus compañeros, su afición es montar y decorar dioramas sobre la II Guerra Mundial y hacer juegos de estrategia con el que a parecer es su único amigo, es en realidad un doble marginado, tanto por su inseguridad como por el encasillamiento al que se ve sometido por parte de la gente a causa de su inusual condición, algo que le ocasionará algún serio disgusto. Su extraña historia de amor le supone una aparente inflexión, pero ¿podrá salir bien o la sociedad misma se encargará de impedir que así sea? Son mucho más de los que parecen los temas que trata el filme, una cinta emotiva y genial que debe verse cuanto antes ya que probablemente no aguante mucho en cartelera

lunes, mayo 09, 2016

TRUMBO




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En Estados Unidos de vez en cuando se lleva a cabo un tirón de orejas retroactivo a los episodios más oscuros e injustos de la historia norteamericana y a veces resultan bastante significativos cuando se imbuyen en acontecimientos de años en realidad no tan lejanos. Hollywood ha sido una de las principales vías para hacer eso y de si algo se caracteriza es de cumplir correctamente dicha función siempre que se ha puesto a ello, independientemente del grado de honestidad y sinceridad con el asunto en cuestión. La figura del guionista y escritor Dalton Trumbo (1905-1976) uno de los más brillantes libretistas de la historia de Hollywood (Treinta Segundos sobre Tokio, Vacaciones en Roma, Espartaco, Éxodo) siempre ha sido un interesante objeto de medición de los devenires de la historia americana del siglo XX posterior a la II Guerra Mundial y su irrefutable fobia a las ideas que se consideraban “antiamericanas”. Trumbo, miembro destacado del Partido Comunista norteamericano- como muchos de sus colegas de la industria del cine en aquellos años- sufrió la persecución, la cárcel y el ostracismo a causa de unas ideas no toleradas en EEUU y su trayectoria y su rocambolesca situación es lo que nos viene a contar esta interesente pero algo irregular biopic firmado por Jay Roach y que cuenta con una excelente ambientación histórica y un ritmo de narración nada moroso y muy efectivo, algo que suele echarse bastante en falta en no pocas biografías llevadas al cine. Bryan Cranston (serie de TV Breacking Bad), un actor no excesivamente conocido pero enormemente versátil da vida más que eficientemente a Trumbo, un hombre tan idealista como enamorado de su profesión y de sacar en adelante a su familia, aunque su contradictorio carácter no dejó de ocasionarle numerosos problemas en diferentes ámbitos, el familiar incluido. 



El Hollywood de los 40, 50, y 60 en plena Guerra Fría fue el campo de batalla en el que se movió Trumbo , incluido en la lista negra por sus supuestas simpatías filosoviéticas y marginado de la industria teniendo que firmar muchos de sus guiones con pseudónimo (algunos ganadores de Oscar) y perseguido por personajes ultraconservadores como la crítica  Hedda Hopper (Helen Mirren), el actor John Wayne (David James Elliot) y por supuesto por el gobierno de EEUU. El filme cumple en su doble función de crítica a una situación de injusticia histórica y en el de homenaje a Trumbo, así como triunfa en su propósito de retratar las miserias de la industria del cine nortemericano en su época dorada, en donde la corrección política consonante con la Guerra Fría y el American Way of Life llevó a situaciones tan estrambóticas como la que vivió uno de sus mejores guionistas de entonces. Con un reparto eficaz en donde los actores y actrices tratan de recrear con credibilidad personajes reales de dentro y fuera del mundo de cine indpendientemente del parecido físico (Michael Stuhlbarg como el primeramente comunista y después chivato contra los Diez de Hollywood  Edgard G. Robinson, Alan Tudyck como Ian McLellean Hunter, Dean O´Gorman como Kirk Douglas, o Diane Lane como Cleo, la esposa de Trumbo) y una trabajada puesta en escena la película flojea a causa de un exceso de situaciones y un estilo muchas veces demasiado previsible y televisivo. Se echa en falta tal vez mayor riesgo en un filme en donde no faltan escenas reales de cintas míticas o recreaciones de las mismas (y de rodajes) hechas con mimo cinéfilo. Con todo, una película honesta y que se deja ver bastante.