lunes, noviembre 23, 2020

EL AÑO QUE DEJAMOS DE JUGAR (ALS HITLER DAS ROSA KANINCHEN STAHL)

 


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Un clásico de la literatura infantil europea como es Cuando Hitler robó el conejo rosa  se asoma a las pantallas en una lujosa y esforzada producción germana que cumple y con nota su función de ser una digna y fiel traslación de esta lectura obligada en la enseñanza primaria alemana escrita por Judith Kerr (19323-2019) y publicada en 1977. Basada en los recuerdos de la infancia de la escritora marcados por la llegada de los nazis al poder y el comienzo del exilio de su familia de origen judío por diversos puntos de Europa, la historia sigue resultando intensa y conmovedora y una de las mejores crónicas de la vivencia cotidiana durante el nazismo con el valor añadido de estar narrada bajo la mirada inocente infantil. Caroline Link (Una mujer en África) dirige con clase una película lógicamente muy adecuada para la infancia y totalmente recomendable al público adulto amante del bien cine. Dicho sea de paso, resulta incompresible el que en la traducción española se haya cambiado el título a una historia ampliamente conocida en nuestro país por el título citado al principio de estas líneas  

Las peripecias de los Kemper, una acomodada familia berlinesa que por su condición judía tiene que abandonar la capital alemana en 1933 para trasladarse primero a una aldea suiza y después a París renunciando a su más o menos lujosa vida es vista por la pequeña de Anna (Ryva Krymalowski), de 10 años y alter ego de la autora como una extraña epopeya de nuevos países, gentes y constumbres extrañas, renuncia a comodidades e inesperados apuros económicos al tiempo que el espectador contempla el proceso de maduración de su joven protagonista en un contexto incómodo que su inocencia infantil lima y pondera y su avanzada inteligencia para su edad consigue hacer extraer concluyentes y hermosas reflexiones. La metáfora del conejo rosa de peluche incautado como al resto de pertenencias de los Kemper por los nazis visto como el robo de la infancia de la protagonista sigue teniendo toda su fuerza evocadora. Una suntuosa fotografía, una ambientación histórica de lujo, unos paisajes y entornos internacionales de postín y unas excelentes interpretaciones, especialmente del nutrido reparto infantil realzan una película más correcta que sin ser nada del otro jueves constituye una buena muestra de cine familiarr inteligente y con mensaje

jueves, noviembre 19, 2020

LA LLORONA

 


****                                                                                                 

El mito de la Llorona, la historia de fantasmas por antonomasia de Latinoamerica, sigue vigente en un mundo globalizado en donde se ha popularizado universalmente gracias a su amplia difusión por diferentes medios en el siglo XXI entre los que se encuentra el cine, el cual ha tocado este relato unas cuantas veces, la última en el filme norteamericano The Curse of La Llorona (2019) olvidable terror comercial al simplista uso actual). La historia del espíritu errante de la mujer que llora cada noche junto a ríos y estanques la muerte por ahogamiento de sus hijos provocado por ella misma es una leyenda de origen remoto e incierto  y con variaciones según el país que en esta nueva revisitación firmada en Guatemala (con participación francesa) toma una forma insólita de alegoría política en una historia más bien de realismo mágico (o más bien fantasmagórico) genuinamente iberoamericano enmarcada en las consecuencias del genocidio guatemalteco de los 80. Estamos pues ante un filme denuncia ambientado en la época actual que bajo los ropajes de filme fantástico y terrorífico expresa su repulsa ante unos hechos execrables y la impunidad que hubo hacia sus responsables, que en este filme encuentran su agente vengador en la inquietante figura de la Llorona, transmutada aquí en una suerte de heroína panamericana que en su condición de mito latinoamericano e indigenista actúa imponiendo justicia contra la maldad de gobernantes corruptos y asesinos por desgracia muy abundantes en toda la historia de Latinoamérica. Una visión original y muy acertada que el joven cineasta guatemalteco Jayro Bustamante borda demostrando un enorme  poder narrativo y una curiosa habilidad en la hibridación de géneros dispares.

Con más características de thriller que de relato terrorífico y con sugerentes insertos de drama psicológico además de los consabidos insertos de denuncia político social y de un crudo realismo, la historia se centra en los avatares de un ficticio viejo general y político de la década de los 80 en Guatemala, Enrique Monteverde (Julio Díaz), que tras ser juzgado 30 años después por genocidio de los indígenas y ser declarado culpable su pena es conmutada al estar gravemente enfermo ante la ira de la ciudadanía. El viejo militar asesino y su servicio, todos de origen indígena, comienzan a captar la presencia de algo extraño por las noches  ante la incredulidad de la familia del general por su demencia senil. La llegada de una joven y misteriosa nueva criada aborigen, Alma (María Mercedes Coroy) vendrá acompañada de extraños fenómenos y situaciones inexplicables mientras la mansión de Monteverde y su familia está rodeada día y noche de una multitud enfurecida que se manifiesta contra su impunidad. Sin utilizar recursos fáciles del género terrorífico la película va in crescendo en su suspense al tiempo que contemplamos la vivencia agobiante de la familia Monteverde ante la desagradable situación y la explicación de situaciones pasadas que clarifican los acontecimientos actuales formando un perfecto puzzle que irremediablemente lleva a un alucinante desenlace final. Se perciben influencias literarias de diversa naturaleza como la del Pedro Páramo de Juan Rulfo o Otra Vuelta de Tuerca de Henry James dentro de un guión inteligente y con mensaje que se sigue con sumo interés. El cine latinoamericana sigue deparándonos encantadores sorpresas con países como Guatemala cuya filmografía a penas nos llega pero que demuestran tener mucho que decir.   

viernes, noviembre 13, 2020

REGRESO A HOPE GAP (HOPE GAP)

 


***                                                                                                

La mezcla de un buen guión de drama con actores de relieve rara vez da malos resultados, tal y como demuestra este filme británico, adaptación de la obra teatral The Retreat of Moscow. Un drama familiar que no se queda en eso y avanza hasta una reflexión de doble vertiente sobre la condición de padres e hijos por un lado y lo que sustenta a la relación de pareja por otro. Puede que tal ambiciosas intenciones no encuentren una plasmación plenamente convincente en este filme, pero el esfuerzo mediante el estupendo trabajo del trío protagonista es más que de recibo y proporciona un melodrama intenso, serio y realista. El propio autor de la obra original, William Nicholson es quien la adapta a la pantalla combinando los consabidos interiores escénicos de este tipo de cine con hermosos paisajes de la costa inglesa en el condado de Sussex: un acierto el no ceñirse a la rigidez  teatral convirtiendo además al landscape en un personaje más, aunque son las conversaciones entre los personajes los que dan sentido y profundidad a la cruda y emotiva historia que se nos cuenta.

La separación de una pareja madura (Annette Beninig y Bill Nighy) se ofrece principalmente bajo la visión del hijo de ambos, un joven de cerca de 30 años (Josh O´Connor, que ya coincidió con Nighy en la reciente Emma) ya independizado que no comprende la decisión de su padre, el principal impulsor de la separación, ni la actitud errática y pésimamente resignada de su madre, quien pese a todo veía indicios del fracaso del matrimonio y al final terminará admitiendo la nueva situación de una manera sui géneris y desesperada. La propia esposa, Grace, se lamenta del poco interés de Su ex marido Edward por arreglar la situación mientras que él trata de vivir su nueva situación como puede en compañía de otra persona. Pero a ambos les preocupa la situación emocional de su hijo Jamie, quien trata de establecerse como un desesperado puente entre ambos quienes a su vez se encuentran también al borde del colapso emocional. Sin momentos de lágrima fácil y si con emoción contenida y cierto aliento poético, el filme convence con creces y conmueve pese a no ser una gran película.  Al final deja buen sabor de boca y a su modo un margen de esperanza, algo que siempre es de agradecer en el drama de ficción.     

lunes, noviembre 09, 2020

SENTIMENTAL

 


 

 ** y 1/2                                                                                           

Intentar adaptar una obra teatral en la gran pantalla siempre ha sido un reto superlativo y apasionante para cualquier cineasta por la dificultad que esto entraña. Si se consigue con solvencia el resultado suele ser una obra maestra, si se fracasa oscilaremos entre la mera insuficiencia y el bodrio. Cesc Gay, realizador catalán con estupendas películas en su filmografía (En la ciudad, Una pistola en cada mano, Truman)  pese a partir de una obra de teatro propia (Los vecinos de arriba) y dominar tanto el medio teatral como el cinematográfico, por desgracia no ha conseguido ninguna obra redonda. Una pena porque el material de partida, una comedia de cuatro personajes en donde las relaciones de pareja y las diferentes maneras de vivir la sexualidad dentro de esta es el tema central era un buen punto de partida para un filme divertido y sobre todo inteligente dada la mordacidad de los diálogos, además de dar la oportunidad de presenciar esforzados tours interpretativos dentro de un reparto limitado y por consiguiente omnipresente. Pero Sentimental no sabe aprovechar la versatilidad de sus intérpretes, su estilo narrativo no resulta muy creíble y en definitiva y pese a contar con muy buenos momentos no termina de ser más profunda de lo que promete ser en varios instantes optando más por la caricatura que por la verosimilitud, aunque el costumbrismo realista, muy bien conseguido, esta presente en todo momento especialmente en los diálogos.

Las obras de teatro con matrimonios como protagonistas (dos a ser posible) han dado mucho de si y el séptimo arte ha tomado siempre buena cuenta de ello tanto en drama como en comedia. En esta ocasión nos escoramos hacia lo último sin desdeñar ciertos elementos dramáticos aunque sin la intensidad necesaria para lograr algo más que una comedia leve y simpática. Diversión no le va a faltar al espectador, pero si busca algo más una vez haya captado las premisas mas serias que la película plantea se sentirá decepcionado. El cuarteto de actores esta soberbio, eso si, demostrando la habilidad de Gay para dirigir intérpretes: Un matrimonio en plena crisis, el formado por Julio (Javier Cámara, actor fetiche de Cesc Gay) y Ana (Grisela Siciliani, actriz argentina que resulta todo un descubrimiento) ha invitado a cenar la no hace mucho instalada pareja de vecinos del piso de arriba Laura (Belén Cuesta) y Salva (Alberto Sanjuán) cuya única referencia para ellos es su frenética actividad sexual audible desde el domicilio de Julio y Ana. La invitación, idea de ana, es recibida con fastidio y resignación por Julio en un momento en que dicha pareja no pasa por el mejor momento en su relación. Ambos matrimonios, tratando de conocerse mutuamente en un ambiente entre hostil, hipócrita y cargado de cortesías impostadas descubren que tienen poco en común, pero la peculiar visión del sexo de Salva y Laura empieza a convertir la reunión en una bizarra bomba a punto de explotar.

La intensidad cómico-dramática del filme va subiendo conforme la trama avanza pero el climax final resulta flojo y sin chicha. Es perceptible que el reparto ha disfrutado de su trabajo pero la falta de verosimilitud de algunos momentos hace caer a la historia en el tópico y a veces en el estrambote. Con todo, la película entretiene bastante y se disfruta con su mala uva y su costumbrismo urbano fácilmente proyectable en la vida cotidiana de muchos. Una pena que resulte tan floja su faceta de exploración de las miserias de la vida conyugal, pero sólo por los motivos expuestos antes y por el trabajo actoral merece verse este filme aunque sea solo para pasar un buen rato.

 

viernes, noviembre 06, 2020

EMMA

 

**

A pesar de que los clásicos literarios siempre son bienvenidos a las pantallas de cine (incluso cuando de la adaptación en si sea la enésima de una obra concreta) es una pena que esto se haga principalmente por falta de ideas originales más que por un merecido homenaje. Este parece ser el lastre que lleva esta nueva revisitación del clásico de Jane Austen de 1818 -cuya última versión en la gran pantalla data de 1996, dirigida por Douglas McGrath y protagonizada por Gwyneth Paltrow- una apuesta con un engañoso riesgo formal y una estupenda dirección de actores pero que en realidad adolece de un enfoque novedoso. No se puede negar que el debut como directora de la reputada fotógrafa Autumn de Wilde se esfuerza en atraer a un público amplio y joven (no hay que olvidar la juventud de sus protagonistas y claro está del propio reparto, que cumple excelentemente) y de que trata de aplicar con éxito una estética entre pictórica y atemporal repleta de colores pastel en un marco de la Inglaterra de principios del XIX ambientado hasta el más mínimo detalle (magistral fotografía de Cristopher Blauvet), pero todo se queda flojo y desdibujado tal vez por centrar la trama demasiado en los diálogos y las interacciones dialécticas entre los personajes. La trama avanza, si, pero si una profusión de diálogos no logra profundizar en las motivaciones y psicología de sus personajes (incluido el de la propia Emma) es que algo va mal. Ni tan siquiera el atrevido para la época enfoque feminista de Jane Austen parece reforzarse ene esta adaptación, un punto negativo para conseguir una pretendida modernización de la historia.

Anya Taylor-Joy da vida a Emma, la inteligente joven de provincias dispuesta a ejercer de casamentera entre amistades y conocidos mientras trata de situar sus propios sentimientos y su situación amorosa. El trabajo de la joven actriz es encomiable, pero por desgracia da la sensación de que falta algo que realmente haga carismático al inmortal personaje. El cantante y actor Johnny Flynn da vida a Knightley, el esquivo interés amoroso de la protagonista y comodín en sus maquinaciones emparejatorias con bastante credibilidad dentro de un reparto competente en el que se  encuentran Mia Goth, encanatdora como Harriet Smith la inocente amiga de Emma y a la que esta trata de buscar marido con inciertos resultado, otros jóvenes interpretes como Josh O´Connor o Callum Turner y más veteranos como Rupert Graves o Bill Nighy como el padre de Emma. Se ha perdido una oportunidad como Dios manda de ofrecer un clásico a un nuevo público y mira que había materia prima para ello.     

jueves, octubre 29, 2020

NO MATARÁS

 

 

 

*** y 1/2                                                                                        

El cine de género sigue evolucionando positivamente en España. Ya se puede decir que se hacen buenas películas de thriller, acción o fantasía con personalidad propia y recurriendo mínimamente a clichés anglosajones aunque persistan algunos tics que parece difícil prescindir de ellos; en este sentido No Matarás es una película de suspense envolvente y apasionante, tal vez sin un ritmo constante pero con un guión sencillo aunque lo suficientemente sólido para atrapar al espectador. David Victori se estrena como director de largometrajes después de dirigir cortos y televisión (Pulsaciones) y demuestra talento con este relato cuya acción se centra en unas pocas horas y que apuesta por el drama la angustia psicológica rehuyendo de golpes de efecto y de violencia barata aunque a decir verdad esta última abunda sobre todo en la parte final del filme, sin bien su magistral tratamiento y rodaje (coreografía y escenificación al más milimétrico detalle y realismo) la convierten en todo un espectáculo para los ojos. Pero la efectividad del film no hubiese sido el mismo sin la genial interpretación de Mario Casas, que poco a poco va subiendo sus enteros como actor y nos regala su mejor actuación hasta la fecha como un joven normal que se ve súbitamente metido en un desagradable embolado con un asesinato por medio del que él es culpable casi sin quererlo.

El desquiciado retrato psicológico momentáneo del Dani, el protagonista, y su descenso a los infiernos morales e internos al verse inesperadamente como un asesino es la base del filme, al tiempo que plantea cuestiones éticas y morales por medio del personaje principal que prácticamente deja sin respuesta en lo que a él atañe, pero es precisamente esa angustia vivida por él lo que el espectador capta gracias a la interpretación de Casas y en ese sentido la película no puede resultar más brillantemente desasosegante. El thriller, que en la película es puro y duro,  en realidad es una excusa estilística para mostrarnos una inquietante narración interior que no deja indiferente. Junto con Mario Casa brilla la joven Milena Smit  como Mila, una inquietante muchacha aparentemente al borde del colapso emocional que será la provocante y catalizadora de la acción: un papel difícil que Smit sencillamente borda. Por otro lado se encuentra Laura (Elisabeth Larena), la hermana abogada de Dani que intenta socorrer a su desbordado hermano con una ingeniería legal que parece chocar con la realidad y con las consecuencias de todo lo que sucede. Rodada principalmente de noche (y con ciertas reminiscencias e algunos momentos a Blade Runner) y con un montaje a veces frenético y otras contenido, No Matarás sin ser una absoluta obra maestra muestra la madurez del cine español a la hora de conseguir productos competentes y de vocación internacional que aúnan calidad y comercialidad.

domingo, octubre 25, 2020

FALLING

 


 ****                                                                                              

El debut detrás de las cámaras de Vigo Mortensen ha resultado ser un muy grata sorpresa y el intérprete americano-argentino-danés se postula como un director competente pese a lo tardío de su estreno como realizador. La vejez, las relaciones familiares, el peso del pasado, el amor paternofilial y la pesedumbre de la decrepitud física y mental son los ejes temáticos de este competente drama que no rehúye a la crudeza y se muestra poderosamente atrayente para el espectador. Un padre octogenario con demencia senil, Willis Peterson (Lance Hendricksen) complica cada vez más la vida y los sentimientos de su hijo a su cuidado, John (Mortensen), un piloto de avión cincuentón que además de con su padre convive con su marido Eric (Terry Chen) y su hija. Willis mantiene continuas pelas con su hijo que él y su familia intentan capear con estoicismo, pero las alusiones a eventos del pasado de la familia a la situación actual de John y sobre todo a las propias dudas y remordimientos del propio Willis hacen que su hijo sienta un profundo malestar y que al relación con su padre, difícil desde su infancia, continúe agrietándose más si cabe. Por medio de flashbacks conocemos las circunstancias vitales de un joven Willis (Sverrir Gudadson) con John: un hombre estricto, machista, déspota con su mujer (de la que terminó divorciándose) y sobre todo egoísta y orgulloso. John jamás toleró las actitudes y la trayectoria vital de su padre (que apenas aceptó la homosexualidad de su hijo) pero en el ocaso de su vida siente el deber de ayudarle.

El filme refleja excelentemente los sentimientos encontrados y las dudas del personaje del hijo, un hombre condicionado por la imperfecta figura paterna; para ello los abundantes saltos atrás en el tiempo cumplen una función narrativa fundamental que la película explota con maestría yuxtaponiendo de manera casi de espejo con la línea temporal en la que se narran los hechos de la historia. La interpretación de Lance Hendricksen es impresionante y conmovedora con un Vigo Mortensen que también echa el resto en una de las mejores interpretaciones que se le recuerdan. Hay mucha tensión dramática en las escenas entre los dos personajes principales y en las de las reuniones familiares (muchas familias en situación similar probablemente se verán reflejadas) con el momento culminante de la tensa discusión final entre John y Willis. Filmada con delicadeza pero de manera firme y sin edulcorantes este es un drama auténtico muy recomendable para cualquier amante del cine como reflejo de al realidad.

viernes, octubre 16, 2020

NACIÓN CAUTIVA (CAPTIVE STATE)

 

***                                                                                                  

Intento de hacer ciencia ficción inteligente y con mensaje que se queda a medio camino de una obra redonda por culpa de un desarrollo de guión un tanto gélido y con interesantes premisas de las que no llega a explotar casi ninguna. Utilizando el recurso de la invasión extraterrestre y bajo el ropaje de política-ficción la película podría ser más interesante si estuviese disfrazada de trampantojo de serie b y lo cierto es que estamos ante una película de presupuesto limitado pero se toma demasiado en serio y para colmo ese tono no es constante ya que con facilidad se salta de la distopía política con tintes dramáticos al cine de acción (aunque aquí acción en realidad haya la justa) o al thriller bélico más tópico. Eso si, la película se esfuerza en tener su moraleja y en mostrar su parábola de lucha contra un poder dictatorial además extraño al entorno cercano (en este caso seres extraterrestres que invaden la tierra y la someten con al colaboración de un amplio sector terrícola) aunque al final no sea más que un pretexto para centrarse en una historia de los vaivenes de un movimiento de resistencia y todas sus cuitas y avatares internos tomando como referencia el personaje central del joven Gabriel Drummond  (Ashton Sanders), un muchacho de Chicago que quiere continuar el legado de su hermano mayor, el miembro de la resistencia desaparecido Rafe (Jonathan Majors) al tiempo que es tutelado y vigilado por un antiguo conocido ahora colaborador de los alienígenas, el comandante William Mulligan (John Goodman)

Las referencias históricas a la invasión nazi en Europa (especialmente en Francia) y la lucha entre colaboradores y resistentes es más que evidente, aunque en ese sentido la fuente de la analogía es tan manida que hace que todo sea más o menos previsible en el desarrollo de ciertos aspectos de la historia. Los extraterrestres, que son llamados “legisladores” y son idolatrados por los colaboracionistas viviendo un hábitat oculto subterráneo que los humanos tienen que construirles, tienen la apariencia de insectos gigantes y sus intenciones no son claramente especificadas: otro recurso tomado del lore de la ciencia ficción que no lleva a ninguna parte. Pero sería injusto no reconocer en Nación cautiva su efectivo manejo e los tiempos y el montaje, su sugerente estilo visual realista y callejero, el buen hacer de sus intérpretes, su maestría a la hora de elaborar la inquietud ante la distopía y lo efectivo de ciertos momentos, aunque se eche en falta emoción y credibilidad. El cómic y la literatura de ciencia ficción (aquí habría que citar a autores como Alan Moore o Philip K. Dick) son referencias correctamente manejadas que harán las delicias de los amantes de la ficción científica, el público que más disfrutara con este filme. El resto tendrá opiniones encontradas

 

lunes, octubre 12, 2020

RIFKIN´S FESTIVAL

 

***                                                                                                  

Woody Allen sigue en la brecha a sus 85 años y, al menos de momento, nada parece interponerse en su propósito de seguir dirigiendo una película anual, ni tan siquiera una extratemporánea campaña contra su persona. De nuevo dirigiendo en Europa en régimen de coproducción internacional (esta vez junto con productoras españolas e italianas) el Woody Allen turístico regresa sin ofrecer esta vez nada nuevo ni estimulante, más bien más de lo mismo dentro de sus coordenadas de comedia-drama. Aunque en esta ocasión no protagoniza el filme su personaje si aparece: como  en otras de sus  películas, el hombre culto, neurótico e inseguro está encarnado por otro actor, en este caso su buen amigo Wallace Shawn, personaje polifacético y genial intérprete que en una de sus escasas oportunidades de acometer un papel protagonista brilla por su carisma y buen hacer. Sin embargo la historia, una poco original crónica de enredos amorosos y encuentros-desencuentros bastante vista en la interminable filmografía del neoyorquino, no ayuda a la hora de configurar una obra de verdadero relieve aunque al fin de cuentas sea una buena película de agradable visión.

Tal vez el elemento más interesante de Rifkin´s Festival sea que Allen muestra su vertiente más cinéfila adentrándose tanto en la industria y parafernalia comercial del mundo fílmico como de su elemento artístico. Rodada en Donostia-San Sebastián en una edición del Zinemaldia Donostiarra la película es un pequeño homenaje a los festivales de Cine a todo lo que se mueve alrededor de ellos de paso haciendo el folleto turístico visual de rigor que Allen ya hizo en Vicky Cristina Barcelona o a Roma con Amor. Más allá de lo curioso que resulta ver captado por la cámara woodyallenesca el paseo de la Concha o el Peine de los Vientos, el director demuestra una vez más que sabe convertir a al ciudad escenario en un protagonista más aunque sea de la manera más tópica posible. Un reparto internacional con una nutrida presencia española responde con creces y sin muchas estridencias. Mort Rifkin, interpretado por Shawn, es un maduro escritor y antiguo profesor de cine estadounidense que  acompaña a su esposa Sue (Gina Gershon) al Festival de san Sebastián en el que ella acompaña a uno de sus representados, el joven y exitoso cineasta francés Phillipe (Louis Garrel) del que Mort siente celos por ver reflejado en él aquello que el quiso ser y no fue, además de sospechar que tiene un affair con su mujer. La relación con una doctora cuarentañera local, Joana Rojas (Elena Anaya) parece levantar el ánimo de un desorientado Rifkin, pero las cosas no le resultarán fáciles. El amor de Rifkin por el gran cine de autor de todos los tiempos (especialmente el europeo) le sirve a Allen para homenajear a algunas de sus películas favoritas en las ensoñaciones del protagonista: entonadas recreaciones paródicas de Ciudadano Kane, El Ángel Exterminador, Persona, o El Séptimo Sello entre otras se suceden y suponen de lo mejor del filme en su declaración de amor por el séptimo arte y por gente como Buñuel, Fellini o Truffaut. Pero aunque deja un buen sabor de boca, a esta película le falta más solidez y le sobran manierismos del propio Allen.