domingo, marzo 27, 2022

LA CIMA

 


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El cine de montaña trata de abrirse paso en la ficción cada vez más una vez ha demostrado su riqueza como género documental. Esfuerzos como el de este filme de Ibon Cormenzana son loables en grado máximo ya que muestran como con recursos y voluntad se pueden trazar nuevos caminos en el mundo de la ficción cinematográfica como en este caso que se fusiona el drama intimista, la historia de superación y la aventura montañista. Esta claro que un director vasco como Cormenzana iba a otorgar a una historia de tal tipo un tratamiento especial debido a la estrecha relación entre el pueblo vasco y la montaña y esto se nota y mucho en el resultado final. Pero no es menos cierto que como drama psicológico y cine con mensaje La Cima cumple también con creces.

Un reparto muy reducido con solo dos actores principales y tres secundarios con aparición muy breve es todo lo que necesita esta película para contar una historia cruda y emotiva que describe lo importante que es encontrar alguna fuerza o motivación para cumplir objetivos vitales y como esa motivación puede lograr imposibles. La lucha, la ayuda, la amistad y el apoyo se dan cita en una cinta en donde su mensaje humanista eclipsa el drama y adhiere un agradable mensaje de esperanza. Patricia López Arnáiz y Javier Rey dan vida respectivamente a Ione y Mateo. La primera es una reputada alpinista de ochomiles que vive semirretirada en una cabaña en la base del monte Annapurna después de una carrera de éxito y dramas personales (su figura está libremente inspirada en Edurne Pasaban)  y el segundo un escalador aficionado con otro drama que tiene como reto ascender los 8.091 m del Annapurna y que falto de experiencia es rescatado por Ione convirtiéndose en un inesperado (e indeseado) compañero de su autoforzada soledad. Pese a las reticencias iniciales entre ambos se establecerá una alianza basada en el componente emocional que les otorgará inusitadas fuerzas.  

Poco importa que las escenas con los actores no hayan podido ser rodadas en el Himalaya (se ha echado mano de imágenes de archivo y de la magia digital para completar espectaculares escenas panorámicas) y que muchas escenas de montaña se hayan filmado en Pirineos en plena época de nieves: como filme de naturaleza resulta impresionante en muchas de sus imágenes, aunque tal vez es cierto que cierta carencia  de medios deje en algunas ocasiones la puesta en escena a media tinta – algo que en un filme de estas características es un handicap- pero en la deslumbrante fotografía, tanto en interior como  en panorámica de Albert Pascual está totalmente a las altura de las circunstancias. Por otro lado, las interpretaciones de Lopez Arnáiz- cada vez más en alza- y Rey son estupendas dando al máximo en el registro dramático y en el de aventura-riesgo (algunas escenas de montañismo las rodaron ellos mismos). El mensaje de lucha del filme es lo que más marca y es que eso es precisamente lo que trata de transmitir.      

jueves, marzo 17, 2022

EL TRIUNFO (UN TRIONPHE)

 


*** y 1/2

No son muchas las veces en las que el retrato del mundo del teatro ha recibido un trato a la altura que le corresponde en el medio cinematográfico y por ello se agradecen enormemente películas como esta producción francesa basada libremente en un curioso y sugerente acontecimiento real. Lo de los reclusos que participan en un taller de teatro y se realizan así a ellos mismos no es algo novedoso, pero el mensaje de esta historia va más allá en su condición de metarrelato sustentado precisamente en el espíritu de la obra teatral representada por los protagonistas del filme y toda su significación cultural, social y humana. Porque estamos hablando de Esperando a Godot, la obra que Samuel Beckett concibió en 1952 y que hoy en día y tras miles y miles de representaciones sigue siendo un totem cultural universal en su condición de paradigma del llamado Teatro del Absurdo y por extensión de toda concepción de lo absurdo de la existencia humana hecha por el ser humano: es de esa espera sin sentido y sin propósito de lo que trata también esta película, encarnada en la situación que viven las personas reclusas. Pero no solo eso, también de ese esperando a nada y ese sinsentido que todos vivimos y que todos los personajes del filme, de una manera u otra, sufren.

Lo más sorprendente de la película es que lo que se nos cuenta sucedió realmente en Suecia en la década de los 80 -aunque en esta ocasión la acción se haya trasladado a la Francia del momento actual-, una gira de Esperando a Godot representada por presos que dio lugar inesperadamente a un monólogo dramático sobre estos acontecimientos que hoy en día sigue representándose en Europa; en ese sentido todo lo que se nos narra cobra una inmediatez y honestidad que convierte a este filme en una obra sincera, cálida y emotiva que no desdeña su afán de crítica antropológica y humanista (y también social) y que por supuesto supone de principio a fin un homenaje al teatro, a Beckett y a la profesión de actor. El director Emmanuel Courcol consigue gracias a su habilidad una historia realista pero simbólica en donde como puede suponerse los actores juegan un papel fundamental y gracias a un grandioso trabajo interpretativo de todo el reparto la empresa funciona con una perfección total. Es gran intérprete que es Kad Merad está  la gran altura de las circunstancias que supone su personaje, Étienne, un modesto pero eficiente actor y director teatral que en su condición de nuevo responsable del taller teatral de una penitenciaria se propone que cinco de sus internos se sientan actores representando la obra de Beckett, la cual según él representa fielmente sus situaciones. Étienne, prototipo del soñador desilusionado pero luchador hasta el final, conseguirá que los cinco presos interioricen y hagan suyo el texto y se sumerjan en el mundo de la interpretación aunque para ello tenga que lidiar con la escéptica directora del centro (Marina Hands), el sistema judicial y penitenciario y los propios reclusos. Pero lo que parece que va a ser una victoria se convertirá en otra cosa y esa ora cosa, en otra. Ni él podría haberlo supuesto. Con todo, más que el curioso final, resulta más revelador todo el transcurso del filme en donde el protagonista evoluciona a la par que lo hacen sus pupilos pero dando la sensación de que algo siempre terminará por hacer cambiar las cosas. Pero se puede tener éxito de muchas maneras y esta película muestra que de la manera más absurda todo puede cambiar aunque se esté esperando a Godot.

lunes, marzo 14, 2022

LA PEOR PERSONA DEL MUNDO (VERDENS VERSTE MENNESKE)

 


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Con las nominaciones a los Oscar a la mejor película internacional y al mejor guión original además del premio a al mejor actriz a su protagonista Renate Reinsve en el festival de Cannes esta curiosa y esforzada producción noruega esta siendo una de las mas agradables sorpresas de las últimas semanas. Más allá de una simple asociación entre el drama y la comedia con transfondo psicológico y costumbrista, La pero persona del mundo es un filme libre e imprevisible pero también con una historia muy estructurada con una total matización en los diálogos y situaciones, todo centrado en su protagonista, la joven Julie, cuya peripecia vital situada en unos cuatro años (que comienza cuando está a punto de cumplir los treinta) funciona como ilustración de las aspiraciones vitales y las contradicciones que uno se puede encontrar para cumplirlas, focalizándose en su condición de mujer treintañera. Las relaciones de pareja, la búsqueda de la estabilidad, la maternidad, el rol en la familia, la sexualidad, lel reto del crecimiento personal y en definitiva, el hallar un lugar en el mundo, son las cuitas que desvelan a Julie, una muchacha brillante y creativa -aspira a ser escritora- que se ve desbordada y confusa por todo lo que le rodea y de como el resto de la sociedad supone que ella debe actuar. Entre el melodrama, la comedia romántica, el apunte naturalista y costumbrista y algún inteligente apunte pseudofantástico el filme transcurre fluidamente y su visionado resulta una auténtica delicia gracias principalmente a la estupenda interpretación de Renate Reinsve, encantadora y firme en un papel ambiguo y exigente con mucho jugo.

Uno de los grandes meritos de esta película es el de apostar por un transcurso temporal compartimentalizado y con ciertos saltos merced a una división en varios capítulos que el filme titula además de un prólogo y un epílogo; una estructura que bebe de la literatura (y del cómic, que juega un papel importante en este filme) y que otorga un desarrollo pulcro y claro. Julie, con sus dudas y vaivienes, resulta un personaje con el que muchos espectadores de ambos sexos pueden identificarse. Aunque su vida sentimental sea fundamentalmente lo que pivota y marca su existencia no menos importante son sus condicionantes de todo tipo que vamos descubriendo a lo largo del filme y que explotan en al difícil relación con Aksel (Anders Danielsen) un cuarentón de éxito profesional que aparentemente no llena sus aspiraciones, quien encontrando otro amor en una persona de carácter diferente a aquel, Eivind (Herbert Nordrum). Irónica, lírica, emotiva y sobre todo creíble, La peor persona del mundo muestra que las relaciones humanas siguen teniendo cita con el cine produciendo cosas tan sugerentes como este filme.

jueves, marzo 10, 2022

THE BATMAN

 


 ** y 1/2

La industria del cine se metió hace años en el infinito bucle de los reboots (especialmente de las llamadas franquicias), señal inequívoca de una falta de creatividad que esta convirtiendo al cine comercial en un artefacto previsible y por que no soporífero. El caso de la creación de cómic de Batman es un caso paradigmático y la Warner y su semi filial DC Films, división cinematográfica de la famosa editorial DC Comics, siguen explotando la rentabilidad del personaje del atribulado superhéroe nocturno cada cierto tiempo relanzando desde cero cada cierto tiempo sus aventuras cinematográficas para básicamente contarnos lo mismo una y otra vez con, eso si, algún elemento más o menos novedoso que bien explotado puede ser objeto de interés. Esto es lo que ocurre con este nuevo Batman, que aprovechando el acierto a todos los niveles que supuso The Joker (2019) trata de ofrecer un enfoque adulto similar al de aquella película (con la que, ojo, no guarda relación ninguna en cuanto a universo compartido) pero no solo no alcanza su nivel sino que se pierde en terrenos un tanto pretenciosos que terminan por oscurecer una historia y enfoque del personaje que, por que no negarlo, resulta estimulante y a ratos inspirada.

The Batman se sustenta en una premisa más propia del cine negro y de la trama detectivesca que del cine de acción o de héroes superdotados, algo que poseía el personaje de viñetas en sus inicios en los años 40. También hay elementos del relato de mafias y corrupción pero de una manera más bien esquemática, así como una crítica a la corrupción política, el principal elemento en el que se sustenta la historia,  que también peca de previsible y repetitiva. El director y coguionista Matt Reeves trata de tomarse en serio lo que cuenta y que el espectador así lo considere, pero decididamente al filme le falta algo. Robert Pattinson con todo es un Bruce Wayne/Batman muy creíble y con buenos momentos, así como el Batman que se nos presenta en su lucha interna por no caer en el mal defendiendo el bien es de los mejores que hemos visto en la pantalla sin que en este caso tampoco sea un dechado de profundidad. Y es que el supuesto tono filosófico de la cinta se queda a medias y no consigue destacar dentro de un conjunto en donde la intriga -muy bien planteada- prevalece y la acción, que surge menos frecuentemente que en otros filmes del género, a veces peca de ramplona y repetitiva pese a que la película pretenda plantearla aparentemente de otra forma. 

La confrontación de Batman en un Gotham postelectoral decadente y dominado por el crimen organizado con el misterioso Enigma (Paul Dano) un sujeto que trata de poner en jaque al héroe, a la policía y a toda la población de la ciudad mediante un juego de pistas con el que demuestra la conexión de gente aparentemente respetable con los más peligrosos villanos de Gotham (el capo mafioso Carmine Falcone (John Turturro) o el siniestro Oswald “Pingüino” (un irreconocible Colin Farrrell)) es puro cine neo noir con elementos de historias de serial killers que no funciona nada mal en no pocos momentos gracias a la inquietante ambientación de la película y su curioso realismo para un filme de este tipo, pero su farragoso desarrollo perjudicado además por  su larga duración echan al traste lo que podía haber sido una buena película. Tampoco se aporta nada nuevo a los personajes del mayordomo Alfred Pennyworth  (Andy Serkis) o al de Selina Kyle / Catwoman (Zoë Kravitz), esta última de nuevo apartándose de villana en el sentido estricto y aliándose con Batman. Los reboots en realidad es que rara vez aportan nada nuevo.       

domingo, marzo 06, 2022

LAS ILUSIONES PERDIDAS (ILLUSIONES PERDUES)

 


 **** y 1/2

El cine francés no se pone cortapisas de carácter comercial a él mismo y se atreve con clásicos literarios como este clásico del realismo del siglo XIX obra de Honoré Balzac, y con muy buenos resultados. Con una ambientación impecable y un guión adaptado que sin perder la esencia decimonónica y el espíritu del texto original se acerca con éxito a los cánones narrativos audiovisuales actuales, este es un filme elegante y perfectamente trazado que gracias a la intemporalidad de su temática (la corrupción y los las luchas por el poder aún en ámbitos espacialmente reducidos) y a su también transtemporal mensaje de la lucha por la incorruptibilidad y la integridad personal llevada por unos ideales y aspiraciones. El héroe de la historia, el joven poeta Lucién de Rubempré  (Benjamin Voisin, espléndido y prometedor) al principio idealista y dispuesto a abandonar su anodina vida de provincias en busca de convertirse en un importante literato y tras serle retirado el apoyo de su mecenas y fallida amante la baronesa Bargeton (Cécile de France) termina sucumbiendo -una vez instalado en París y reconvertido en periodista de un diario semi satírico- ante los placeres de la vida bohemia en la capital y la propia inercia corrupta y mercantilista de la misma donde la creación artística queda prostituida y malvendida en pos del éxito fácil y con la complacencia y ayuda de turbios personajes que sirven a grupos de poder enfrentados. Una fábula que por desgracia sigue vigente y que la película trata de modo elegante y narrativamente impecable plasmando los múltiples aspectos de la obra original: la crítica sociopolítica, la sátira, el romance, la historia de maduración, el relato psicológico, la enseñanza moral. En resumidas cuentas, una adaptación más que digna de un clásico literario universal. 

El filme apuesta por una puesta de escena y una ambientación prácticamente perfectas en donde nos trasladamos al París de principios del XIX con una atmósfera perfectamente creíble que solo los directores superdotados pueden conseguir. En ese sentido, Xavier Gianolli hace un trabajo encomiable. El largo reparto por su parte está también exquisito destacando la joven Salomé Dewaels como Coralie, la esposa actriz y Lucién y primera gran víctima del joven periodista, Xavier Dolan como Nathan d’Anastazio, némesis del protagonista y un recuperado Gerard Depardieu como el peculiar editor Dauriat. Excelentes diálogos, momentos memorables, y sobre todo una declaración de amor del cine a la gran literatura. Ni su larga duración resta un ápice de interés a una película elegante y recomendable que pone de manifiesto que no todo el cine es entretenimiento fácil.      

 

domingo, febrero 27, 2022

MUERTE EN EL NILO (DEATH ON THE NILE)

 

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No hace mucho se estrenaba en España Belfast y Kenneth Branagh tiene nuevo filme en cartelera, aunque rodado antes. La diferencia de calidad entre aquella película y esta nueva adaptación de la novela detectivesca de Agatha Christie señala la poco convincente dualidad del director y actor británico entre la obra de autor y el cine más comercial con la constancia de que definitivamente parece escorarse a esto último lo cual no es una buena noticia ya que Branaghcon Belfast y otros filmes ha demostrado una habilidad como cineasta digna de tener en cuenta. Aquí de nuevo el realizador en su también muy competente faceta de actor vuelve a encarnar a Hercule Poirot en un filme que sirve como secuela de Asesinato en el Orient Express (2017) y como en aquel nos encontramos ante una película de intriga criminal interesante y bien rodada pero hecha para cumplir el expediente y con el añadido además de que esta nueva entrega (ojo, que la productora está cavilando convertir lo de Poiroy y la obra de  Agatha Christie en una franquicia cinematográfica) tiene un tono menor que el Orient Express. Los seguidores del relato detectivesco, eso si, disfrutaran de lo lindo con una adaptación esforzada y respetuosa con la fuente original a pesar de importantes cambios en los personajes y con el tono -un poco tramposo-  de cine clásico del filme; por lo demás nada sitúa a esta nueva versión (en el recuerdo la de 1978 dirigida por John Gillermin con Peter Ustinov como Poirot) en las coordenadas de una gran película.         

Aunque por un lado el diseño de producción puede calificarse como esforzado y ayudado por la interesante fotografía de Haris Zambarloukos ofrece una imagen del Egipto del Nilo atrayente es precisamente ese afán por lograr imágenes exóticas y también muy de los años 30 el que termina por plasmar sencillamente artificiosas postales de un Egipto recreado en estudios y localizaciones británicas gracias a la informática. Efectivamente, ni el Nilo, ni el templo de Abu Simbel, ni las pirámides  son auténticos en este filme y eso- que se hace evidente al espectador- termina por quitar cierta credibilidad a la cinta sumiéndola en un manierismo impostado. Pero en realidad en una historia de estas características lo importante son los actores y sus interpretaciones y en ese sentido el competente reparto coral cumple y con buena nota pese a que muchas veces sus personajes no tengan precisamente la intensidad y prestancia que Christe creó para ellos. Anette Bening, Emma Mackey, Gal Gadot, Jennifer Saunders, Armie Hammer, Laetitia Wright o Tom Bateman, que repite con respecto a Asesinato en el Orient Express, son algunos de los actores del filme además de Branagh. La historia de la tormentosa relación a tres bandas entre el recién estrenado matrimonio formado por la rica heredera Linnet Ridgeway-Doyle (Gadot) y el ambicioso Simon Doyle (Hammer) perseguidos por la antigua novia de este, la aparentemente desequilibrada Jackie de Bellefort (Mackey) y que desembocará en un asesinato sigue apasionante y la película consigue sacar adecuado partido a al inteligente intriga psicológica y las hábiles investigaciones del detective belga. Si bien la primer parte del filme resulta un tanto reiterativa en el siguiente tramo el desarrollo sube en enteros y regalas sus mejores momentos. Esta nueva Muerte en el Nilo cumple su función, pero está por ver si convencerá a todo el mundo  

lunes, febrero 21, 2022

LA HIJA OSCURA (THE LOST DAUGHTER)

 

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Un ejemplo de como una aparentemente sencilla premisa acaba convirtiéndose en una gran historia. Aunque tampoco resulta justo considerar como sencillo al punto de partida de The Last Daughter cuando estamos hablando de una compleja narración psicológica ocasionada por el inevitable punto de inflexión vivencial que ocasiona traumas como el que condiciona a la protagonista de esta película. Basada en una novela de la italiana Elena Ferrante (enigmática escritora que se esconde tras ese pseudónimo), esta cinta eleva el drama existencial hasta momentos verdaderamente desgarradores jugando con el intimismo narrativo y la situación emocional de Leda (Olivia Colman), una mujer de mediana edad cuya interioridad mental se va revelando en el transcurso de la película desvelando la razón de su a veces extraño y desconcertante comportamiento. Una mujer con un más o menos exitoso status como profesora universitaria y traductora de italiano que en unas vacaciones en la costa griega se reencuentra inesperadamente con el aspecto más oscuro de su pasado haciendo que un remordimiento que creía superado vuelva a aparecer. El hecho de que la película este prácticamente focalizado en el personaje de Leda, sus sentimientos y sus circunstancias hace que el esfuerzo interpretativo sea magno no, lo siguiente, y en ese sentido Olivia Colman da un total recital que puede suponer el segundo Oscar de su carrera: está realmente exultante.  

 Aunque por un lado tenemos la historia de Leda, tanto en su estancia en Grecia en el momento actual de la narración como en los flashbacks que nos muestran su juventud (interpretada en ellos por Jessie Buckley), también resulta clave lo que supone la relación de esta con dos miembros de otra familia de turistas americanos - la joven Nina (Dakota Jonson) y su hija de tres años Elena- en donde los recuerdos más bien tortuosos de un momento de su maternidad volverán para atormentarla y convertir su estancia vacacional en un cúmulo de extrañas experiencias. Con una excelente combinación de diferentes momentos de intensidad dramática y la pura disección psicológica, la película logra su objetivo de contar una historia perfectamente creíble en un ambiente en donde el buen manejo del costumbrismo y los detalles realistas consiguen hilvanar una crónica más o menos cotidiana elevada a epopeya interna con un mensaje de que las decisiones (equivocadas) del pasado no solo pueden condicionar sino que tarde o temprano pueden derrumbar en momentos inesperados muros aparentemente sólidos.  

lunes, febrero 14, 2022

LICORICE PIZZA

 

**** y 1/2

Parece que esto de asomarse a la década los 70 del siglo XX centrando la mirada en el mundo del espectáculo esta siendo una tendencia en el cine estadounidense reforzada por cosas tan acertadas a todos los niveles como Érase una vez en Hollywood (2019) de Quentin Tarantino y en este sentido la nueva película de Paul Thomas Anderson vuelve a incidir en una jugada que no solo se ha revelado como exitosa y rentable sino que también pude resultar, como en este caso, una fórmula para manufacturar un más que estupenda película. No es la primera vez que el director se asoma a la temática del Show Business setentero (su ópera prima Boogie Nights (1997) es ya un ejemplo quintaesencial de la materia), y de hecho ya se puede considerar a Anerson como el director que mejor sabe tratar la pop culture de aquella época, pero en esta ocasión las cotas alcanzadas rozan lo sublime con una comedia-drama inteligente, con múltiples matices temáticos y que sabe adentrarse en géneros- o más bien tópicos- tan “peligrosos” como la historia de un amor complicado o la crónica de maduración adolescente sin caer en absoluto en la ñoñería; todo ello gracias a un soberbio sentido del humor que utilizando dosis justas y estratégicas de ironía y de parodia saca adelante una curiosa historia basada lejanamente en hechos reales en donde además de los elementos antes descritos no falta el homenaje a la industria del cine y la televisión desde una óptica más bien desmitificadora y en cierto modo canalla haciendo mofa y befa de algunos personajes (algunos asaz pintorescos) del Hollywood de principios de los 70.      

La historia esta inspirada libremente en la vida de Gary Koetzman (mutado en este filme como Gary Valentine) un actor adolescente que se reconvirtió en vendedor de colchones de agua y más tarde llegó a ser  un exitoso productor cinematográfico: el jovencísimo pero gran actor Cooper Hoffman le da vida con la intensidad que requiere un personaje más complejo de lo que aparenta en un principio, un chaval de 15 años que en 1973 deseoso de tener más éxito que sus pequeños papeles en la tele y en el cine y contagiado por el cambiante y alocado ambiente del Hollywood de la época se aboca a aparentemente descabelladas ideas y negocios que solo pueden salir de una cabeza adolescente. Pero su relación de amistad-intento de amor con Alana Kane (Alana Haim), una decidida pero poco afortunada joven de 25 años que al igual que Gary trata de aspirar a mayores cotas en su vida personal, dará un considerable vuelco a su percepción existencial y al de ella. La química entre la joven pareja de protagonistas es total y regala no pocos momentos memorables, la mayoría al borde de lo tragicómico o patético pero con un poso de ternura y esperanza, tratados con buen hacer y con original comicidad. Sería injusto omitir que el componente melodramático -especialmente en sus protagonistas-  juega aquí un papel fundamental que la película muestra en momentos clave y sin almíbar impostado.     

Paul Thomas Anderson sigue demostrando que sabe retratar los 70 como nadie - una vez más la ambientación de 1973 es perfecta- y que es un guionista fuera de serie además de un supertotadísimo director de actores, sacando partido de un eficaz cast que incluye a veteranos como Sean Penn interpretando a un trasunto de William Holden con bizarra escena motorizada, el polifacético Tom Waits como un excéntrico cineasta basado en Rex Holden o un descacharrante Bradley Cooper como John Peters, aquel peluquero novio de Barbra Streisand que se convirtió de la noche a la mañana en un peso pesado en la industria del cine y que en este filme tiene alguno de los más memorables momentos del mismo. Más allá de los homenajes y a guiños que se hacen a gente legendaria del showbiz como Lucille Ball (cuya figura pronto será objeto de un filme que se estrenará entre nosotros) o efímeras estrellas infantiles  como Lance Kerwin, y a todo el elemento comediático, Licorice Pizza es todo un canto a las relaciones humanas, a la amistad, al amor y a la superación personal. No se trata de la obra maestra de Anderson, pero termina resultando una de los mejores películas de 2021.     

martes, febrero 08, 2022

BELFAST

 

 


 ****

Entre la crónica nostálgica y el apunte histórico navega el nuevo filme de Kenneth Branagh, dispuesto a reivindicarse como director tras una larga carrera en la que no ha respondido a las magnas expectativas que un día se depositaron en él y apostando por una película de tinte autobiográfico que constituye su mejor trabajo dentro de si irregular filmografía. Ambientada en el Belfast de 1969, Branagh muestra la situación límite en la que se encontraba su ciudad natal en aquella época: los conflictos político-sociales-religiosos entre las comunidades católicas y protestantes en Irlanda del Norte que derivaban en el más puro crimen organizado, las violentas revueltas (troubles) al orden del día, la situación de pobreza de muchas familias de los barrios obreros de la capital norirlandesa y todo ello con la mirada de un niño de 9 años, Buddy (Jude Hill, un descubrimiento), alter ego del propio director. El chaval, inquieto, despierto y soñador es feliz pese a todo en su humilde barrio y siente devoción por sus progenitores pese a que su situación no sea la mejor. El padre (Jamie Dornan) pasa largas temporadas fuera de casa la trabajar en Inglaterra y está acosado por las deudas y la madre (Catríona Balfe) trata de lidiar con las decisiones de su marido  y cuida de que Buddy y su hermano no caigan en el poco edificante ambiente que se vive en Belfast. Por si fuera poco, la familia, de religión protestante, está presionada por los líderes republicanos del barrio para que tome partido en los conflictos. Los abuelos del pequeño (Judy Dench y Ciarán Hnds) son la principal referencia de felicidad y despreocupación en un entorno que irá cambiando a peor por momentos y que para Buddy se hará cada vez más complejo y problemático: la pérdida de la inocencia.

El recurso de rodar en blanco y negro a priori es un acierto, pero por desgracia el realizador no sabe sacar todo el partido necesario y la imagen bicolor parece aproximarse más a un caprichoso ejercicio estético (a veces la textura visual es de videoclip o de publicidad) que al de un homenaje a tiempos pretéritos fotografiados y filmados en esas tonalidades (no es baladí, empero, que imágenes de películas antiguas o incluso de obras de teatro aparezcan en color). El elemento costumbrista, que es el que preside la historia, aunque está muy bien manejado sólo a veces resulta verdaderamente entrañable con unos recuerdos de infancia que pueden resultar tópicos (primer puppy love) y con un homenaje a la cultura pop de finales de los 60 a veces demasiado avasallante en donde no faltan, eso si, tributos a clásicos del sétimo arte como Sólo ante el Peligro o Chitty Chitty Bang Bang o series como Thunderbirds o Star Treck.  Pero donde más entonada está Belfast es en los momentos dramáticos, con una inquietante perspectiva de cambio vital que el pequeño protagonista no quiere asumir y que es la calve de esta historia, sin olvidar unas muy bien rodadas secuencias de revueltas callejeras reflejadas en toda su crudeza  y que demuestran la versatilidad de un director con más valor del que parece como es Kenneth Branagh. También se podría citar como un desacierto una banda sonora que casi parece un previsible Greatest Hits de Van Morrison con canciones posteriores a la época que relata el filme (hay además una nueva canción suya), pero las virtudes del filme, que son bastantes, obvian los deslices y encumbran a Belfast como una estupenda película que tal vez haya sido menos de lo que prometía pero en líneas generales resulta una gratificante experiencia cinematográfica.