martes, febrero 21, 2017

MULTIPLE (MULTIPLE)





***y 1/2

No es una buena señal que echemos tanto en falta thrillers inteligentes y con substancia en el cine de hoy y que tengamos que esperar cierto tiempo (cada vez más, por cierto, en el caso del director que nos ocupa) para que gente como David Fincher, Dennis Villenueve  o el responsable de esta más que convincente Multiple,  M. Night Shyalaman, se asomen por la cartelera ofreciéndonos filmes de intriga más o menos alejados de las más manidas convenciones hollywoodienses, aunque en el caso de Shyalaman y de otros directores del ramo siempre se termine cayendo en alguna que otra concesión. Escaldado de sus últimos fracasos artísticos y comerciales  de los 2010 y cuando todo indicaba que había perdido el rumbo con algún bodrio tipo Airbender o After Earth parece que el realizador indio-norteamericano pretende volver a la esencia de su cine que encandiló en los 2000 con tal vez la película más madura de su filmografía, un homenaje a Hitchcock (gran influencia suya) con curiosos elementos de cine slasher con víctimas adolescentes (aunque no hay prácticamente escenas sangrientas) e insertos varios de género fantástico, algo a lo que ya nos tiene habituados Shyalaman aunque esta vez su praxis de incluir la irrealidad en un contexto cien por cien realista alcanza una cota insuperable. A ello le ayudan un guión excelentemente tramado con una espectacular superposición de historias enmarcadas en los contextos psicológicos de los personajes aunque todo de manera poco explícita pero reveladora y sobre todo por la maestría en la que maneja un tema tan delicado como es el trastorno mental llevado aquí a su paroxismo con un cierta justificación de ficción científica para mostrarnos a lo que podría ser capaz de llegar una persona con trastorno de personalidad múltiple devenida en un sádico y misterioso secuestrador de chicas adolescentes cuya finalidad es un misterio en casi todo el filme: huelga decir que para llevar a buen puerto esto se precisaba de una interpretación más que excelente y en este sentido el cada vez más en alza James McAvoy está de diez en el papel de un joven con múltiples personalidades (23 en el guión aunque vemos ocho) que esquivando y cumpliendo al mismo las extrañas teorías de su psiquiatra (Betty Buckey) sobre la personalidad múltiple, parece llevar a cabo una extraña venganza ”ayudado” por sus personalidades a las que trata como personas diferentes.       

La película tanto vista desde la angustiosa situación de las tres adolescentes secuestradas (Anya Taylor-Jon, Jessica Sula y Haley Lu Richardson) como de el alucinante panorama mental y comportamental del protagonista que en determinados momentos es una persona diferente tanto en edad, sexo como en comportamiento, léxico, costumbres y en muchas más mas cosas funciona a las  mil maravillas y se alcanzan momentos de tensión de manera inteligente sin caer en lo obvio de premisas de este tipo. Es de reseñar que, como en muchas de las películas de Shyalaman, hay un héroe tapado que en este caso actúa con la motivación de un horrible trauma anterior que se antoja como la Némesis y la energía vital ante la amenaza que el secuestrador prende sobre el destino de las jóvenes. Tal vez unos momentos finales algo apresurados y una interpretación de la historia pro parte de muchos de una cinta fantástica más (este elemento aparece en el momento más inesperado) resten empaque a uno de los thrillers psicológicos con más fundamento de los últimos años. Y cosa curiosa: se abre la posibilidad a una secuela con posible concomitancia con un filme anterior del director, es decir una doble e inesperada secuela crossover como nos deja ver su curiosa momento final auto homenaje: ¿estratagema?, ¿broma?, ¿simplemente un guiño al espectador?  Una cosa esta clara,  M. Night Shyalaman pese a su irregular filmografía sigue siendo un gran cineasta.   

jueves, febrero 09, 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR (MANCHESTER BY THE SEA)




 *****
Cine independiente con hechuras mainstream o como hacer una gran película que convencerá y entusiasmará a un amplio público saliéndose aunque sea levemente de las convenciones comerciales del drama y muy posiblemente con su cuota de triunfo en la ceremonia de los Oscar. Kenneth Lonergan, guionista de amplia trayectoria y director de solo unos pocos pero significativos filmes (a parte de este, Puedes contar conmigo y Margaret) consigue una de las mejores y más emotivas películas estrenadas en EEUU en 2016 partiendo de que una importante premisa para lograr un drama redondo es que el espectador se identifique con los personajes, a tal efecto la película tiene como protagonistas a gente normal de la clase media-baja norteamericana con problemas más bien grandes desde el punto de vista de la vida real pero que en cualquier otra película sencillamente no funcionarían. Y es que la mayor virtud de Manchester by the sea es haber encontrado el equilibrio perfecto entre el drama y la cotidianeidad sin renunciar a la hondura psicológica y el análisis de los efectos devastadores del desatino el las relaciones interpersonales, ya que básicamente la historia esta estructurada en las (tortuosas) relaciones entre sus personajes con el protagonista, el modesto trabajador de Massachussets Lee Chandler (Casey Affleck, mucho más que un “hermano de”) como vértice.            

Lee, un cuarentañero que trabaja de conserje en un bloque de edificios de Manchester, Massachussets, recibe la noticia de la muerte por infarto de su hermano mayor Joe (Kyle Chandler, curiosa la coincidencia del apellido del actor y el personaje) con el que tenía una estrecha relación tras haber sufrido ambos reveses en su vida conyugal. Por deseo de Joe, Lee deberá hacerse cargo como tutor de su sobrino de 16 años Patrick (Lucas Hedges) y deberá gestionar la embarcación deportiva de Joe con la que los dos hermanos y el chaval pasaron entrañables momentos. Sin embargo, Lee, un hombre dubitativo y de errático comportamiento no está muy cómodo con su nueva responsabilidad pese al afecto que le profesa a su sobrino; mediante flashbacks conoceremos las razones del carácter de Lee y su incómodo posicionamiento ante la vida. Dramas personales crudos y duros y problemas de diverso calado van desfilando por una historia en donde los personajes simple y llanamente luchan por su felicidad en entornos donde por diversas causas esto es muy problemático y difícil. Al final, resulta sencillo identificarse con los todo lo que se nos presenta en este filme, en donde  siempre con la emoción contenida la esperanza trata de abrirse paso. Una película cien por cien aconsejable que demuestra que aún hay directores como Kenneth Lonergan dispuestos a hacer que el cine norteamericano aún pueda sorprendernos… y emocionarnos

domingo, febrero 05, 2017

LION




 ****

Sin caer en la sensiblería, sin abusar de los lugares comunes de los filmes basados en más o menos trágicas historias reales (que caen a menudo en modos y maneras telefílmicas) y con un realismo desgarrador y un total afán por contar unos acontecimientos desagradables de la manera más ajustada posible- aunque vete a saber en cuanto se ajustan a la realidad muchos de los pasajes de esta película- Lion, basada en A Long Way Home, las memorias autobiográficas del joven indio adoptado en Australia Saroo Brierley, es un film desgarrado, a veces cruel e incómodo, pero con un reconfortante mensaje de que al final todo es posible cuando se lucha por ello, incluso revertiendo la desdicha inicial en una situación de felicidad. Una ambiciosa coproducción entre EEUU, RU y Australia rodada en las antípodas y en la India que además supone un valioso documento de la realidad que vivieron y que siguen viviendo muchos niños en el país indio que sufren situación de abandono. La historia de Saroo, interpretado aquí por el cada vez más versátil Dev Patel (Slumdog Millionaire, El Exótico Hotel Marigold, El hombre que conocía el infinito) no será diferente de la de muchos niños de la India huérfanos que fueron adoptados por familias occidentales, pero su afán por encontrar a su familia biológica llegado a la edad adulta es una curiosa epopeya que pese a que en esta película no consigue tener demasiada hondura dramática- algo que si tiene y a raudales la primera parte de la cinta que nos cuenta las andanzas del Saroo de 5 años- cumple con creces su función de conmover al espectador, algo que ya habían hecho los primeros compases del filme de manera más torrencial.

Seguir la historia de un niño de 5 años (Sunny Pawar, un pequeño gran descubrimiento) en medio de una situación familiar de partida en 1986 sumida en la miseria en la que ayuda a sobrevivir a su madre viuda (Priyanka Bose) recogiendo piedras en su trabajo en una cantera mientras su adorado hermano de 13 años Guddu (Abbishek Bharate) trata de buscar trabajo en su pueblo al norte de la India es un espectáculo narrativo de primer orden en donde la inocencia y las ganas de los dos hermanos de mejorar su situación imbuyen necesarias dosis de optimismo y esperanza para atenuar lo que se nos viene encima en el momento en que Saroo pierde a su hermano y al quedarse dormido en un vagón de tren llega accidentalmente a Calcuta donde trata de regresar sin fortuna a su pueblo- cuyo nombre prácticamente desconoce- y tras varias tribulaciones termina en un orfanato donde al poco tiempo es adoptado por John (David Wenham) y Sue (Nicole Kidman, viva la cirugía), una pareja de la isla de Tasmania en Australia. En esta parte del filme surgen nudos en la garganta, emociones a flor de piel y todo cuanto se espera de un drama realista bien contado y con al triste situación niños del tercer mundo por medio. La segunda parte del filme, con el Saroo adulto literalmente consumido por su afán de buscar a su madre y sus hermanos y con la incertidumbre de que es lo que le ocurrió a su hermano aquel día en la estación del pueblo, carece sin embargo de las aristas requeridas para una historia de este el calibre que pese a todo en conjunto funciona estupendamente. Una historia curiosa y emotiva que no debe pasar desapercibida en la cartelera   

martes, enero 24, 2017

SILENCIO (SILENCE)




 **** y 1/2

25 años ha tardado Martin Scorsese en llevar a la pantalla la novela del escritor japonés Shûsaku Endô, una historia de marcado sentido religioso y filosófico enmarcada en el Japón del siglo XVII que ya fue objeto de otra adaptación en 1971. Al igual que en la irregular La Última Tentación de Cristo (1988) Scorsese se vuelve a aproximar con sentido crítico pero al fin de cuentas fiel a la religión cristiana, una preocupación presente en su vida (el mismo quiso ser sacerdote en su juventud), pero si La Última Tentación resultaba tan efectista como filosóficamente simple en su propósito de establecer un what if de lo que hubiese sido la vida de Jesús de Nazareth como un hombre más, Silence se postula, además de por sus valores cinematográficos, como una película con un discurso reflexivo matizado e interesante que pone en relieve la utilidad el valor de los ideales y la fe ciega en ellos en entornos más que hostiles que terminan por hacer cuestionar el valor y la oportunidad de las creencias, en especial las religiosas, haciendo que la fe misma (en el caso de este filme, la fe cristiana) se ponga en cuestión y por ende, la esencia y el sentido de la vida de uno mismo. Sin necesidad de meterse en farragosas disertaciones teológicas y filosóficas, Martin Scorsese ofrece una historia tan humanista y sumamente psicológica como cruda y cruel con un sentimiento de epopeya que enseguida se trunca para mostrar un reverso de realidad bastante incómoda y cruel todo ello con una puesta en escena austera y muy lograda históricamente -parece haber sido rodada en el propio siglo XVII- y unas interpretaciones excelentes, conformando un nuevo gran acierto del veterano director neoyorquino.


Tanto la película como la novela original están inspiradas en una historia reala acaecida en la época de la introducción del cristianismo en Japón, llevada a cabo principalmente por los jesuitas. Dos jóvenes religiosos de la Compañía de Jesús, los padres portugueses Sebastiao Rodrígues (Andrew Garfield) y  Francisco Garupe (Adam Driver) que ejercen de evangelizadores en Asia, llevan a cabo al búsqueda, mandada por su orden, del Padre Ferreira (Liam Neeson) el mentor de ambos que se rumorea que ha apostatado de su fe cristiana y que vive como uno nipón mas en una aldea japonesa. Dicha búsqueda en varias localidades en donde los cristianos japoneses viven escondidos y atemorizados de las autoridades del país que no les dejan profesar su religión y que les obligan a renunciar a ella con amenaza pena de muerte en caso contrario, termina siendo un viaje dramático y repleto de horrores en el que ambos jesuitas son testigos de varias atrocidades y en donde su fe y sus convicciones comienzan a ponerse en duda más allá de que los propios japoneses traten de hacerles renunciar a ellas a la fuerza. Una historia sólida y sin concesiones a la comercialidad o a lugares comunes de las producciones históricas que sabe modular bien su intensidad sin llegar a aburrir al espectador y maneja magistralmente sus dosis de emotividad y de crudeza. Puede que a algún espectador le resulte indigesto tanto discurso teológico especialmente al final, pero de principio a fin a esta película no hay nada que le sobre. Cine sensible y con mensaje con firma de un director que ya lo ha dicho todo el la historia del cine.   

miércoles, enero 18, 2017

LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND)




 ****

Puede convertirse en la película del año en la medida en que los Oscar le otorguen, tal y  como se prevé, varios galardones y  por supuesto consiga altas recaudaciones en taquilla, algo que ya está logrando. Será lícito pensar, por parte de muchos, que La La Land es un nuevo intento de aprovecharse del insólito tirón comercial que el género del musical esta teniendo en los últimos años en el mundo del entretenimiento- a veces con alguna dosis de snobismo- pero el nuevo filme del joven director Damien Chazelle (Whiplash), no trata de ser en ningún momento un filme musical al uso y pese a que es declarada y evidentemente un homenaje a la era de oro del musical hollywoodiense (años 40 y 50) que nadie se espere una sucesión de tópicos del género ya que en esta película se parte de una estilización manierística tan de tiralíneas y con tanta voluntad metacinematográfica que el resultado es un delicioso ejercicio de experimentación narrativa con una historia melodramática más bien mínima que sabe fascinar y atrapar al espectador desde el primer momento. Conviene eso si no tomarse muy en serio todo lo que vemos desde el primer momento: estamos ante una especie de cuento de hadas, idealizado y un tanto simplista (solo aparentemente) en donde además de los consabidos números de canciones y bailes hay mucho momento fantástico, guiños al espectador, homenajes cinéfilos, puesta en escena teatralizada y todo ello con una estética colorística y con cierto tono atemporal (si bien la historia está enmarcada en la época actual) si bien inspirada en el tecnicolor de los años 50. Todo en conjunto es un producto tan inteligente y sugerente como muy posiblemente no plato para todos los gustos.


Chazelle, también guionista de la cinta, demuestra que con una historia de amor imposible muy simple pero al misma tiempo desgarrada y perfectamente creíble se puede hacer una excelente película si se usan recursos tan originales como los que el ha utilizado- y que hemos enumerado antes- partiendo del musical, un género que el trata de homenajear con pasión y entusiasmo lo mismo que con afán experimental y siempre dejando claro que el quid de la historia es la dificultad de congeniar la búsqueda de los sueños con la consecución del amor de tu vida, dos elementos que llevan a la felicidad, juntos o por separado, pero cuya conjunción está claro que es la aspiración de cualquier mortal. El buen hacer de sus dos protagonistas es clave en las virtudes del filme: Emma Stone como Mia, una aspirante a actriz y dramaturga que lucha desesperadamente por el éxito en ambas facetas cuya vida experimenta un importante cambio cuando conoce a Sebastián (Ryan Gosling) un pianista de jazz con ganas de triunfar y salir de la mediocridad. La atracción entre ambos y su complicidad en sus respectivas aspiraciones es la clave de la historia, un tratado de sentimientos que si se sigue con entrega y pese a su aparente sencillez puede llegar a conmover. Los temas musicales, variados en cuanto a estilos (clásico de Broadway principalmente, pero también con jazz, funk y algún oldie que en realidad no pinta mucho) no son ninguna maravilla pero se dejan oír, ya que parece que lo que importa en realidad es esa curiosa y genial puesta en escena en donde con bailes propios de musical de siempre y coroegrafías a lo Gene Kelly se no cuentan claves de la historia y de al relación y sentimientos de sus protagonistas (tal vez la escena inicial del atasco de tráfico filmada en plano secuencia sea lo más excesivo de la película). Una película llena de sugerencias, sentimiento y buen hacer con un envoltorio inusual. 

martes, enero 10, 2017

FRANTZ (FRANTZ)





 ****

Un remake puede tener peso específico propio y a su manera puede superar a la película original, esto es lo que viene a demostrar el último film del siempre interesante François Ozon, una reescritura del guión de Remordimiento (1931) de Ernest Lubitsch. Aquella historia de la sanación de las heridas morales de la guerra con la difícil relación de los vencedores y los vencidos como trasfondo y que originalmente estaba vista desde el punto de visto de un ex soldado francés que regresa a Alemania después del final de la I Guerra Mundial para rendir homenaje a la tumba de un combatiente alemán caído que el conoció, es trasladada en Frantz a la óptica de los alemanes, los derrotados en aquella contienda, por medio del personaje de Anna (Paula Beer), la prometida de Frantz, el soldado alemán a cuya tumba llega desde Francia Adrien (Pierre Niney), el francés dice haber conocido a Frantz. Desde el drama más intimista, descarnado y humano y con una puesta en escena sobria pero muy bien ambientada al comienzo del periodo de Entreguerras y con un soberbio juego entre la fotografía en blanco y negro (en la mayor parte del extraje) y en color (en momentos significativos en la historia y en su mayor parte relacionados con pensamientos de los protagonistas o situaciones personales que suponen un punto de inflexión, además de falshbacks), Frantz es una coproducción francoalemana con el poderío formal y discursivo del cine francés y alemán (a partes iguales) contemporáneo y el encanto del mejor melodrama del cine clásico europeo que homenajea claramente especialmente en el aspecto visual.


Con un guión genialmente dispuesto y que mantiene su discurso propio respecto a la fuente original, el filme maneja magistralmente la combinación entre la tensión emocional y el retrato de la devastación psicológica especialmente en el personaje de Adrien, muy bien compuesto por Pierre Niney, siempre remordido por una culpa de ser un vencedor en un país, Alemania, contra el que luchó y a cuyos muchos de sus ciudadanos mató y en el que, como todos los franceses en aquella época, es odiado por ello. La especial relación que mantendrá con Anna y con la familia de Frantz será para el una especie de intento de redención aunque la tarea no es anda sencilla, mientras que la joven Ann, aún con el recuerdo reciente de Fritz, percibe la llegada de Adrien como una situación tan incómoda como liberadora para ella en el sentido de que se prueba a si misma ser capaz de ver a los enemigos de otra forma, a veces con sentimientos inesperados. La difícil pero cordial relación entre ambos protagonistas está muy bien plasmada y a ello ayudan las interpretaciones de Beer y Niney, con unos secundarios que están realmente a la altura. Uno de los escasos peros de la película pueden ser sus un poco acelerados instantes finales pero un final a la altura de las circunstancias nos confirma que esta es una película que llega sin la intención de pasar desapercibida.  

miércoles, enero 04, 2017

ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS (ROGUE ONE: A STAR WARS STORY)




 
**

Sigue 40 años después facturando una pasta gansa la franquicia Star Wars -desde la adquisición por parte de Disney de Lucasfilm más producto de mercadotecnia que nunca, si es que alguna vez lo ha dejado de ser- y convocando a multitud de espectadores de diferentes generaciones incluso en películas fuera de la saga oficial como es el caso de esta Rogue One, el primero de los tres spin off con respecto a la serie con la historia principal que se estrenarán alternamente con las entregas de dicha serie en los próximos años. Ya no hay que rasgarse las vestiduras y lamentar lo mucho que se está explotando la gallina de los huevos de oro galáctica, esto es algo que ya se veía venir e incluso las salas de cine que parecían territorio exclusivo solo para las entregas oficiales de la serie han terminado por acoger productos más o menos secundarios y a priori con menos pretensiones que sin embargo aspiran a colmar las ansias de los seguidores de Star Wars y de paso seguir haciendo caja. En esta ocasión, y una vez más con George Lucas totalmente fuera del proyecto, se ha querido hacer un guiño al devenir de la serie original y su historia- en especial a la primera entrega de 1977, algo que ya hizo en plan pastiche y algo torpemente Star Wars VII: El Despertar de la Fuerza (2015)- y se nos ofrece un relato inmediatamente anterior al inmortal episodio IV aunque eso si con nuevos personajes como protagonistas y dejando a un lado al héroe Luke Skywalker y a otros personajes fundamentales aunque eso sí recuperando como secundarios a otros no menos carismáticos de anteriores entregas. Dirige el británico Gareth Edwards (Monsters) quien sabe llevar a relativo buen puerto un espectáculo basado en la omnipresencia de los efectos especiales en un conjunto que aspira a ser la película más bélica de la franquicia Star Wars consiguiéndose eso de una manera tan previsible y rutinaria como visualmente espectacular y sacrificando los momentos dramáticos y el desarrollo de personajes -en otras entregas sin ser los personajes ningún arquetipo shakeasperiano precisamante resultaban más interesantes- por un desarrollo muy precipitado y a veces forzado marcado por un guión que pese a algunas luces en forma de emocionalidad e inteligentes guiños-homenaje  y un tono más adulto resulta vago y una vez más, repetitivo.

Uno de los escasos aciertos del filme es la curiosa traslación que se hace de los conflictos bélicos basados en la sublevación popular frente a un poder tiránico establecido, algo que como bien es sabido es el leiv motiv de la saga- especialmente en la trilogía original- pero que nunca había aparecido de manera tan contundente. Rogue One, un escuadrón de la Alianza Rebelde formado por varios miembros de la misma con motivaciones diferentes y dispuestos incluso a desobedecer a las autoridades de la Alianza, se lanzan a la búsqueda de los planos de la mismísima Estrella de la Muerta, el arma destruyeplanetas recién construida por el siniestro Imperio. La joven Jyn Erso (Felicity Jones, muy forzada) cabeza visible del escuadrón, tiene el handicap emocional de que su padre, el científico Galen Erso (Mads Mikkelsen)fue contra su voluntad el ingeniero principal de la Estrella de la Muerte, algo que pocos en la Alianza conocen, entre ellos el capitán Cassian Andor (Diego Luna). A partir de allí hay buenas escenas de acción y de combates espaciales, momentos de enorme carga adrenalinítica, pero en general no mucho destacable como filme de aventuras y ciencia ficción, algo a lo que no ayudan personajes tan poco claros como el de Saw Guerrera, interpretado por un despistadísimo Forrest Withaker. Es curioso como se ha querido dar un tono étnico al filme con personajes interpretados por actores de varias etnias (asiáticos, árabes, aforamericanos, europeos, hispanoamericanos),  aunque al final la mayor parte de los nuevos personajes sean de chichinabo. Pero como era de esperar, lo que más interesará al seguidor de Star Wars es la presencia de personajes anteriores como Bail Organa (de nuevo Jimmy Smits), la senadora Mon Mothma (Genevieve O´Really) o los cameos de otros, además de la icónica presencia de Darth Vader en una intervención reducida y en un papel más extenso, del Gobernador Moff Tarkin, con un Peter Cushing revivido genialmente gracias al CGI con los movimientos y la voz de Guy Henry: unos villanos que siguen fascinando, algo que no se puede decir de Orson Krennic, interpretado por Ben Mendelson. La vida sigue igual y Star Wars también, aunque ya ni oigamos penas los épicos acordes de John Williamns en este filme estamos claramente ante una nueva vuelta de tuerca de la saga que convencerá a muy pocos y no entusiasmará a casi nadie.                   

lunes, diciembre 26, 2016

EL FARO DE LAS ORCAS




*** y 1/2

Una historia real es la base de esta estupenda coproducción argentino-española que muestra algunos de los complicados resortes de la relación hombre-naturaleza como también la complejidad de las relaciones humanas en situaciones límite. Aunque se trata de un relato de superación personal con un niño como epicentro, la película no cae en el sentimentalismo fácil ni en las situaciones impostadas, mostrándonos una historia imperfecta en su búsqueda de un final feliz que sin embargo resulta tan optimista y conmovedora que su credibilidad termina siendo enorme y gratamente reforzada. Con el  singular paisaje de la Patagonia casi como único escenario y una fotografía naturalista y que trata de trasmitir el mismo amor por las orcas y su mundo que siente su protagonista masculino, El Faro de las Orcas es un canto al entendimiento, al diálogo, a la lucha contra la adversidad, al amor por la naturaleza y al amor maternofilial con un nítido mensaje de esperanza y una alabanza al poder de la rebeldía, elementos que la película sabe retransmitir magistralmente gracias no solo a un guión sólido sino al buen hacer de sus intérpretes.      

Joaquín Furriel interpreta a Beto Bubas, un científico naturalista especializado en mamíferos marinos que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de las orcas pagando por ello el precio de su relativa soledad –marcada por una tragedia personal- y que se encuentra inesperadamente con un acicate en su monótona existencia al entrar en contacto con la española Lola (Maribel Verdú) y su hijo Tristán (Quinchu Rapalini) un niño de 10 años aquejado de un autismo severo cuyas oportunidades de mejora de comunicación parecen residir en el contacto con las orcas, animales que él adora y por los que parece mostrar sus únicos sentimientos y estímulos tras verlos en un documental televisivo en el que aparecía Beto. A partir de allí y con el gélido pero bello telón de fondo de la Patagonia los tres van tejiendo una relación que al principio parecía imposible pero que va trasformándose poco a poco en una lucha común en el que el mundo de las orcas - animales considerados como letalmente peligrosos pero que para Beto no son tales- se convierte en la clave. Sin caer en el melodrama y con poca tontería, la película resulta inteligentemente conmovedora aunque tal vez su falta de ritmo y sus un poco sobrantes tiempos muertos narrativos lastran un resultado final que podría ser el de una gran película. Con todo, la película tal y como está es una estupenda historia que convencerá incluso a los más escépticos hacia el drama intimista con ron resonancias épicas.       

martes, diciembre 20, 2016

EL EDITOR DE LIBROS (GENIUS)




 ****

 El mundo de la literatura en el cine ha tenido no muchas aproximaciones por lo que es de agradecer que se recurra a dicha temática en unos tiempos que corren en donde esto de la letra escrita y el leer no están precisamente en boga. Y cuando lo que se nos cuenta es una apasionante historia real en donde la creatividad, la pasión por escribir, las relaciones humanas tormentosas, los demonios personales y el negocio puro y duro están incluidos, estamos de enhorabuena ya que tenemos los mimbres de una gran película y por fortuna así ha sido. La legendaria historia de la extraña y difícil pero fructífera artística y comercialmente relación entre el editor neoyorquino Max Perkins (Colin Firth) y el escritor Thomas Wolfe (Jude Law) (El ángel que nos mira, Del tiempo y el río) se nos muestra en esta película de una manera perfectamente narrada y sin ninguna concesión comercial en forma de melodrama fácil y detalles manidos dentro del biopic cinematográficos. Con unos años 30 perfectamente retratados y una estupenda presentación de los personajes en donde destaca el sentido práctico pero claramente superado por las excentricidades de Wolfe del editor Perkins y el carácter vitalista, arrogante y caótico de Wolfe, Genios es una película que se deja ver con entusiasmo pese a que su ritmo no sea precisamente dinámico. Una soberbia puesta en escena y unos sublimes momentos interpretativos- especialmente a cargo de Jude Law-  realzan un filme que hará las delicias de las historias ambientadas en periodos históricos convulsos - como es el periodo de entreguerras- cuya impronta se dejaba ver incluso en la vida cotidiana.

En el eficaz reparto figura la cada vez más cargante pero aún buena actriz Nicole Kidman como Aline Bernstein, la amante y confidente de Wolfe cuya abrupta y un tanto absurda relación queda excelentemente reflejada en el filme, Guy Pearce como F.Scott Fritgerald, otro de de los geniales protegidos de Perkins y que para este representaba todo lo contrario del  extravagante comportamiento de Wolfe, Laura Linney como Elaine, la esposa de Max Perkins, y Dominic West como Hemingway, la tercera pata del triunvirato cuya obra Perkins financió y que se convirtió en clave en la historia de la literatura americana del siglo XX. Con momentos de drama psicológico y comedia y sobre todo un marcado enfoque en las relaciones humanas imposibles pero necesarias cuya descripción roza la perfección, Genius es un filme que no debe pasar desapercibido aunque ya se sabe que la falta de promoción de este tipo de películas, aún siendo producciones de Hollywood, juega en su contra.