lunes, octubre 28, 2019

DIA DE LLUVIA EN NUEVA YORK (A RAINY DAY IN NEW YORK)



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A sus 84 años y con su figura seriamente tocada por las acusaciones de acoso y abuso sexual el sigue a lo suyo haciendo su filme anual y firmando casi siempre buenas películas. Woody Allen no ha hecho esta vez ninguna obra maestra y su nueva cinta no tiene ningún viso de convertirse en un filme memorable, pero muestra a un Allen con capacidad y soltura para conseguir una comedia romántica creíble e inteligente aunque sea más de lo mismo como cada vez que el director neoyorquino se acerca a esa género. A Rainy Day in New York aunque (como de costumbre) ingeniosa en sus diálogos y excelentemente narrada además de no aportar nada realmente nuevo resulta excesivamente clásica - esto va siendo cada vez más notable en el maduro Woody Allen-  y un tanto deslavazada en su resolución y en unos personajes de los 2010 que definitivamente le quedan lejanos a Woody, pero de nuevo nos encontramos con unas notables interpretaciones que de algún modo sustentan la película y la hacen alcanzar cotas más que convincentes.

Thimotée Chalamet y Elle Fanning, dos jóvenes talentos con enorme proyección  son la pareja protagonista de esta historia enmarcada en un fin de semana y plagada de equívocos y situaciones al límite en donde el personaje de Gatsby (Chalamet), un universitario de buena familia inteligente y arribista pero bastante irresponsable intenta por todos los medios no perder su reputación con la relación con Ashleigh (Fanning) una aspirante a periodista decidida e integra pero demasiado metepatas ya que el muchacho percibe que la joven ni será del agrado de su familia ni tampoco que al relación será muy tranquila. Diferentes situaciones imprevistas darán lugar a giros de guión tan divertidos como previsibles para el espectador. Diego Luna, como un actor hispano que pretende enrrollarse interesadamente con Ashleigh y Liev Schreiber como un director de cine sesudo en un mal momento personal son dos de los actores masculinos más importantes del filme interpretando a personajes que de algún modo consiguen desconcertar a Ashleigh y meter indirectamente en bretes sentimentales y existenciales a Gatsby, mientras que Selena Gomez da vida a Chan, un antiguo interés amoroso de Gatsby que se convertirá en la conciencia del desnortado joven. La vistosa fotografía de la leyenda viviente Vittorio Storaro y la perfecta puesta en escena dan empaque a una película que se deja ver pero que no resulta difícil de olvidar. Los fans más acérrimos de Woody Allen disfrutarán como siempre pero el público en general posiblemente no comparta el mismo entusiasmo

jueves, octubre 17, 2019

LA LUZ DE MI VIDA (LIGHT OF MY LIFE)




*** y 1/2

Pese a resultar un tanto extraño y a veces desconcertante por los vacíos de su guión, este filme de anticipación distópica en clave de drama puede convertirse en una pequeña obra de culto. Tomando como punto de partida el escenario de un futuro en donde las mujeres están en peligro de extinción y a partir de allí desarrollando una historia tan sencilla y sin grandes tramas como cruel en muchos de sus velados y sugeridos recovecos, el actor, guionista y director Casey Affleck -en su segunda aventura detrás de la cámara después de dirigir a su cuñado Joaquin Phoenix en al curiosa I´m Still Here (2010)- consigue una película intensa pero austera basada en los diálogos y en la interacción entre sus dos protagonistas, con el mensaje de la fuerza del amor paternofilial incluso en los contextos más extremos, kafkianos y rocambolescos y una cierta crítica a una sociedad egoísta y cada vez menos humana. Un cierto trasfondo feminista también late en el espíritu del filme, pero su desarrollo resulta a veces tan enigmático que no se sabe si no se ha querido o si tal vez no era muy importante para la historia desarrollar más este elemento. Con todo, esta es una película muy interesante que puede originar disparidad de opiniones pero que probablemente encandilará a muchos amantes del buen cine.        

Una historia postapocalíptica sin ningún efecto especial y sin tópicos de la ficción científica puede resultar una muy buena película si se basa principalmente en su elemento dramático y humano y eso es precisamente lo que hace Light of my Life. Casi 20 años después de que una misteriosa pandemia acabase con la vida de casi todas las mujeres del mundo solamente quedan unas cuentas mujeres en el planeta, como la pequeña apodada Rag (Anna Pniowsky) que viaja junto a su padre (Casey Affleck) por los bosques de una casi desierta Norteamérica huyendo desesperadamente de algo y pernoctando ambos en una tienda de campaña y en casas abandonadas. El padre de la niña de 11 le hace pasar por un chico tratando de ocultar su condición femenina a las escasas personas (todos hombres) con que se encuentran mientras ambos se agarran al instinto de supervivencia, su amor mutuo y el extraño recuerdo de la madre fallecida, una especie de espíritu que parece guiar a ambos. La relación entre progenitor e hija es la clave de una historia que contiene la crueldad hacia los niños de muchos cuentos de hadas y en donde el poder de imaginarse cosas, inventar historias y en definitiva encontrar esperanzas se presenta como al respuesta para huir del mal, representado por muchos personajes y por la corrupción que la violencia, la codicia y la dominación sexual supuestamente a ejercido en ellos (el extraño cuento que el padre cuenta a la hija, que Affleck ideó para hacer un filme de animación tiempo atrás, resulta alucinante). Un guión sencillo pero muy bien elaborado y el excelente trabajo de sus dos protagonistas  con el descubrimiento de  Anna Pniowsky  rematan las cualidades de una película que anuncia que el pequeño de los Affleck además de un estupendo actor puede llegar a ser un gran director.      

lunes, octubre 14, 2019

JOKER




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Más allá de los comentarios sobre los efectos posibles del discurso de la película y sobre su posicionamiento ante la violencia y en definitiva toda la (exagerada) controversia que ha creado especialmente en EEUU, Joker es ante todo una gran película.  Su gran acierto es - por fin- trascender completamente su condición de adaptación de cómic dentro del tan manoseado últimamente por el mundo del cine género de superhéroes para erigirse como un thriller psicológico con elementos políticosociales que funciona perfectamente de forma independiente fuera del universo de Batman, cómic en el que surgió el personaje de Joker, además de situarse  lejos de las coordenadas genéricas del cine fantástico o de acción. Incluso parece borrarse cualquier conexión con otras adaptaciones que Warner y DC Films han hecho en los últimos años de personajes de catálogo de superhéroes de la viñeta (Superman, Batman, Wonder Woman, La Liga de la Justicia) lo que no quita para que este filme pueda ser la precuela de otro con el hombre murciélago como protagonista. Estamos ante una obra maestra del neo noir y ante un thriller que puede marcar una época, y gran parte de ello y sin restar ningún mérito a otros muchos elementos sublimes a la extraordinaria interpretación de Joaquin Phoenix, camaleónico e imprevisible actor cuya progresión película a película va in crescendo y mira que ha hecho actuaciones memorables y calificadas de “su mejor interpretación”: esta vuelve a serlo, y es muy probable que ya él mismo no pueda superarla. Francamente espléndido.

Al no pretender ser una mera precuela al uso comercial o una película sobre el origen del personaje de Joker, uno de los mejores villanos de la historia de la ficción (ideado en 1940 como archienemigo de Batman por los creadores de dicho personaje Bob Kane y Bill Finger más Jerry Robinson y cuyos orígenes han sido reinventados varias veces en diferentes medios), este filme ha tenido total libertad para ser lo que ha querido ser, un drama-thriller psicológico adulto y sombrío con varias (aunque escasas) escenas de violencia sanguinolenta desatada y personajes torturados al borde de la locura y la psicopatía, como ejemplifica su protagonista. En esta reinvención en clave totalmente realista del personaje la influencia de Martin Scorsese- que al principio iba a ser el productor ejecutivo- es totalmente clara: Joker  toma no pocos elementos del universo de violencia y sordidez callejera con contenido social del primer Scorsese convenientemente actualizados en el momento actual (influencia alienante de de los medios de  comunicación y la telebasura , desprecio a los diferentes, enriquecimiento de una parte de la población frente a al depauperación de otra, corrupción política, dominación de als grandes corporaciones) y se plantea como una efectiva mezcla de dos obras maestras del genio italoamericano como son Taxi Driver y El Rey de la Comedia haciéndo además un homenaje a ambas con la presencia de Robert de Niro como el carismático y arrogante presentador televisivo Murray Franklin, al que el personaje de Arthur Fleck/Jocker admira obsesivamente (efectivamente, esto recuerda mucho a la última película citada). Por otro lado, aunque la película toma en su premisa elementos del cómic The Killing Joke (1987) de Alan Moore y Brian Bolland que contaba precisamente el origen de Joker la historia es completamente original y diferente si bien aquí la influencia del gran Alan Moore también es notable.  El director Todd Phillips, conocido principalmente por comedias desatadas se reivindica aquí como un director más que competente  


Joker es la historia de un hombre, Arthur Fleck, cuya dualidad de enfermo mental con trastornos varios (incluyendo una risa incontrolable) y perdedor de clase baja le hace ser un sujeto especialmente vulnerable. Payaso callejero de profesión (oficio que se le da bastante mal) y dedicado al cuidado de su madre enferma (Frances Conroy) Fleck lucha como puede contra sus paranoias, su pobreza y sueña con convertirse en un cómico del circuito de clubes dentro de la corrupta y marcada por la violencia ciudad de Gotham. Su admiración por Murray Franklin y la sombra del hombre más poderoso de Gotham, candidato a la alcaldía y para quien su madre estuvo trabajando, Thomas Wayne (Brett Cullen) empieza a ejercer sobre el una extraña influencia al tiempo que su estado mental va deteriorándose por momentos. Es esta una desasosegante reflexión sobre posibles orígenes del mal en una persona y sobre como se puede llegar a la amoralidad más absoluta, dejando un reguero de hipótesis y causas de todo tipo que van desde lo innato hasta el ambiente externo; al fin y al cabo nada nuevo pero contado y llevado al extremo. La película consigue plantear inquietantes interrogantes y no deja títere con cabeza en su crítica a un mundo occidental corrupto en diferentes niveles y donde la línea entre el héroe y el villano esta decididamente borrosa. Porque este Joker es presenta por primera vez como un antihéroe tal vez contra su voluntad y con no pocas características de un héroe épico al uso. Sin necesidad de escenas de acción y si con largas secuencias sin diálogo que van mostrando el devenir mental y existencial del protagonista y momentos un tanto gore y ultraviolentos el mensaje que deja el filme es inquietante pero oportuno. Con una fotografía gastada y granulosa y una ambientación más bien atemporal (es difícil saber si estamos a finales del siglo XX o a principios del XXI pese a que el tono vintage noventero domina el filme), Joker es un filme oscuro pero delicioso que por fortuna a recuperado sin cortapisas y sin autocensura  los elementos más genuinos del thriller psicológico más crudo. Imprescindible.

lunes, octubre 07, 2019

MIENTRAS DURE LA GUERRA


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Aunque a priori no prometía demasiado una película sobre la historia contemporánea española firmada por un director irregular, embaucador y efectista como Alejandro Amenabar lo cierto es que esta crónica de los prolegómenos de la Guerra Civil española no esta del todo mal aunque este repleta de concesiones y varias irregularidades. En palabras del director madrileño se ha pretendido hacer una cierta reflexión sobre los males congénitos de la política y de la sociedad española (enfrentamiento irreconciliable entre izquierda y derecha, envidias, recelos, enfrentamientos, corrupción de la clase política) y mostrar el origen y apoteosis de ese problema aún no resuelto de las dos Españas, pero mientras que el segundo objetivo se cumple sin más (por que al fin es algo que ha aparecido a lo largo del tiempo en obras de todo tipo) el primero, tal vez algo ambicioso, se le queda corto a un director de recursos limitados para el drama como es Amenabar. Es cierto que se ha acertado  de pleno en la elección del momento, el espacio y los acontecimientos históricos concretos (los primeros compases de la sublevación militar del ejercito nacional en verano de 1936 y su profunda repercusión en la Salamanca universitaria) así como en el personaje central, el filósofo y escritor bilbaino Miguel de Unamuno (1868-1936) a la sazón rector de la Universidad de Salamanca y cuya figura y biografía daría para una película exclusivamente centrada en el, pero todo se presenta de manera demasiado convencional, con un ritmo narrativo propio de telefilme y una tensión dramática insuficiente para una historia de estas características. A su favor no obstante se encuentra una cuidad puesta en escena (magistral reconstrucción de la salamanca de 1936), una ambientación meticulosa y varios personajes muy bien presentados, aunque otros bastante menos y con bastantes fallos de bulto. Es evidente que Amenabar no es tan buen director como gran parte del público y bastantes críticos piensan sino que se trata de un hábil realizador de cine comercial cuyo principal fuerte fue el cine de género fantástico pero que ha debilitado su reputación con dudosas superproducciones o filmes de terror del montón. Aquí pese a todo se ha redimido a medias con una producción creíble y sensata que al final resulta más bien una película histórica esforzada más que la profunda reflexión ideológica que prometía.



Aunque Unamuno es el personaje alrededor del cual pivota la historia y sus últimos días marcan el corsé narrativo del filme, se ah querido dar importancia a otros personajes claves de aquel momento inicial de la contienda civil española y en el batiburrillo de la deriva ideológica que marcó las injusticias del franquismo: Franco, Salvador Vila-Hernández y sobre todo Millán-Astray tienen su significación en la historia aunque a veces se eche en falta mayor relieve y cierta coherencia dramática. Unamuno aparece muy bien retratado en sus perennes contradicciones ideológicas que en sus últimos años a partir de la proclamación de la República se acentuaron hasta el paroxismo: de ser republicano acérrimo pasó a repudiar la república española por su antirreligiosidad y sus incoherencias políticas para luego financiar y apoyar la sublevación militar derechista de 1936 aunque finalmente se arrepentirá ante su carácter irracional y fascista. Así, aunque Karra Elejalde – muy bien caracterizado aunque decididamente su físico y su voz no son nada unamunianos- hace un estupendo trabajo como el pensador vasco este Unamuno no deja de ser el típio personaje de biopic y la verdad es que le falta ese punto atormentado que siempre se ha asociado a este escritor lo que no impide interesantes momentos de intensidad dramática en algunas de sus secuencias. El resto del reparto cumple muy bien aunque los personajes son muchas veces un quiero y no puedo: Eduard Fernández (un Millán-Astray cabroncete y sibilino), Patricia López Arnáiz (María, la hija de Unamuno, un personaje presentado de manera muy convencional), Luis Zahera (el pastor protestante en Salamanca Atilano Coco, amigo de Don Miguel), Santi Prego (un Francisco Franco muy manido), Mireia Rey (Carmen Polo), Luis Bermejo (Nicolás Franco) o Carlos Serrano-Clarck (un descubrimiento este actor que interpreta al discípulo rebelde e izquierdista de Unamuno Salvador Vila Hernández). Los momentos de denuncia histórica más o menos logrados se alternan con prescindibles instantes de sensiblería que lastran la coherencia de la película, y en ese sentido el momento culminante, el del famoso discurso en el paraninfo de la Universidad (más o menso como lo hemos leído en los libros de historia independientemente de su exactitud o no) es intenso y emotivo pero no aporta las aristas que se suponen a una gran película y mucho menos con sus pretensiones. De momento es uno de los filmes españoles mas taquilleros del año, al menos a ver si sirve para que se conozca un poco mejor la historia española del siglo XX.

miércoles, octubre 02, 2019

BLINDED BY THE LIGHT





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Pequeña sorpresa la de esta película británica que burla burlando ha conseguido encandilar a crítica y público (aunque este último a mediana escala) con su curiosa mezcla de drama social y la música de Bruce Springsteeen, ahora que están tan de moda los musicales con canciones preexistentes y los homenajes cinematográficos a estrellas del rock. Este inusual encuentro entre el primer Stephen Frears (o ya si me apuras Ken Loach, aunque aquí la orientación es mas bien comercial) dentro del mundo proletario del Reino Unido y  el universo iconográfico de la música del norteamericano Bruce Springsteeen repleto de caravanas habitadas, obreros de refinerías, camioneros del medio oeste y losers urbanos (lo que cinematográficamente nos remitiría a los Scorsese o Ashby setenteros) se ha saldado con una credibilidad total que pone de manifiesto varias cosas: la universalidad de las letras del Springsteen más social y urbano (aunque este profundamente adscrito a la realidad estadouinidense), el carácter conciliador y global de la música, y como las diferencias y barreras culturales pueden romperse de la manera más inesperada. Y además, Blinded by the light no se queda solo en eso, triunfa y entusiasma como un áspero pero lleno de esperanza drama social, resulta cien por cien convincente a al hora de retratar la realidad de una ciudad obrera de UK a finales de los 80, muestra con honestidad y sin cortarse un pelo la difícil situación de la minoría pakistaní en las islas británicas, es una ejemplarizante historia de superación personal y sin duda alguna hará flipar a los fans del boss con la profusión de sus canciones en el filme, todas ellas versiones originales. Esto se ha lograda principalmente porque este filme es una historia biográfica, la de su guionista, el periodista británico de origen pakistaní Sarfraz Manzoor.  

La directora angloindia Gurinder Chadha (Quiero ser como Beckham, 2002) parecía una realizadora idónea para plasmar en imágenes parte de la adolescencia de Manzoor en al ciudad de Luton y ha cumplido con las expectativas firmando su mejor película. El trasunto de Sarfraz Manzoor es este filme Javed (Viveik Kalra), un chaval de origen asiático que en 1987 no se siente nada a gusto ni con su familia, que no ha acabado de integrarse en la sociedad británica y vive apegada a las tradiciones pakistaníes detestando cualquier aculturación occidental, ni con su entorno como adolescente, despreciado por muchos por ser un Paki y temeroso, como el resto de inmigrantes y originarios asiáticos, de las acciones de los fascistas del National Front todo ello dentro de la depauperada clase trabajadora de la Gran Bretaña de Margaret Tatcher y sus abominables medidas económicas. Un amigo sij, Roops (Aaron Phagura) le presta unas cintas del boss, cantante que él apenas conoce, y con sorpresa contempla como en las letras de sus temas están las respuestas a muchos de sus miedos e inquietudes pese a la distancia cultural entre el Reino Unido y Estados Unidos y su condición de asiático en un mundo de caucásicos. Sarfraz, que aspira a ser escritor y entrar en la Universidad de Manchester, accede entonces a un nuevo mundo mientras su personalidad se empodera y vence a sus temores, empezando por la difícil relación con su familia e incluyendo la relación con la decidida Eliza (Nell Williams). Una cuidada ambientación ochentera -en donde además de canciones de Bruce hay otros temas de otros artistas de la época- y un montaje dinámico pero tal vez sobrado de golpes de efecto hacen de este filme una deliciosa experiencia cuyo pero sería una falta de riesgo y concesiones a la comercialidad. Pero realmente su visión hace subir el ánimo, palabra.    

jueves, septiembre 26, 2019

AD ASTRA




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Propósitos ambiciosos que se quedan a medio camino de todo. Lo peor de todo que esto en una obra de ciencia ficción es sinónimo de fiasco total especialmente para los amantes del género. Desde 2001 Una Odisea del Espacio y pasando por Blade Runner el séptimo arte cuando trata de aproximarse a la ficción científica de manera más o menos ambiciosa se ha mirado en estas dos piezas maestras con mayor o menor fortuna y siempre creando debate de la oportunidad de dicho modus operandi y de cómo esa pretenciosidad ha llegado a lastrar (o no) la nueva obra en cuestión. La película que nos ocupa remite como era de esperarse tratándose de una Space Opera a 2001, pero realmente no sería oportuno calibrar la efectividad discursiva de Ad Astra mirando a este filme porque en realidad la pretensión del filme de James Gray- efectivamente filosófica y con cierto comentario social y humanista elevado muy poco convincentemente presentado- trata de escorarse a lo intimista y los psicológico individual, aspecto este si bien trabajado pero que languidece en un conjunto desigual y, obviamente, lastrado por su mencionada pretenciosidad. James Gray (Z, la ciudad perdida) demuestra ser un director con recursos y se le ve cómodo en al ciencia ficción, pero no logra elevar a Ad Astra al status de una buena película.

Brad Pitt en el papel protagonista del astronauta Roy McBride es la baza principal del filme en cuanto a conseguir uno de sus propósitos que es mostrarlos avatares y la  evolución psicológica y moral de un ser al límite emocional al que una misión épica en el espacio le redimirá y le hará replantearse a él mismo y su percepción de la vida. Si bien Pitt realiza una muy buena interpretación plagada de trascendentes monólogos- soliloquios (que terminan cansando en los compases finales cuando se ve que la película ha pinchado irremediablemente) su personaje al final decepciona por lo endeblemente que se ha tratado en toda la película. Una vez más, eln el guión ha echado mano de los clásicos para contrar una historia conocida de otra manera, y es que la historia en su premisa se puede decir que no es otra que la de la célebre El Corazón de las Tinieblas, la novela de Joseph Conrad que inspiró una obra maestra del cine como es Apocalipse Now: Kurtz es ahora el padre de McBride, el astronauta Clifford McBride (Tommy Lee Jones), perdido en una misión a Neptuno más de 20 años atrás y del que a pesar de creérsele muerto desde hace años parece ser que esta vivo y provocando desde su incierto refugio interestelar desastres espaciales que amenazan gravemente a la tierra. Su hijo en misión secreta trata de encontrarlo, como Marlowe o Willard tenían que hallar al peligroso Kurtz. Y como es de esperar tratándose de esa fuente, el discurso final de la película supuestamente es lo más trascendente, pero decididamente se falla y no por su contenido sino por su desmañado envoltorio.

Ad Astra es una película con muy buenos momentos pero por desgracia no llega a ser una obra acorde con sus pretensiones y su premisa. Una pena porque con un poco más de tino podríamos estar hablando de una obra maestra de la ciencia ficción  

lunes, septiembre 23, 2019

SORDO




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El cine español le va cogiendo el gustillo al cine de género con pretensiones y lo cierto es que cada vez más surgen buenas películas dentro de estos parámetros, aunque claro está estamos hablando precisamente de cintas de acción, thriller, fantásticas o históricas, estilos que independientemente de que sean o no del gusto del público mayoritario la crítica cada vez más los mira con desdén. En esta ocasión, sin embargo, se ha apostado por una hibridación de géneros que ha resultado original y sorprendentemente efectiva pese a ciertas irregularidades: la crónica histórica española contemporánea con óptica de western, género este último en el que su director, Alfonso Cortés-Cavanillas, adscribe este filme pese a no estar obviamente ambientado en el far west sino en la postguerra española. Partiendo de una estupenda novela gráfica de David Muñoz y Rayco Pulido -la verdad que es una buena noticia que cada vez más el cine español encuentre inspiración en el cómic patrio- se ha conseguido con Sordo una película que más allá de su claro homenaje al spaghetti western y al cine de acción clásico funciona perfectamente como reflexión sobre las angustias y contradicciones del ser humano en una situación límite y como la lucha por al supervivencia no entiende de moral ni de respeto a otros cuando la propia vida de uno está en juego.

La historia de un maquis que en 1944 tras haber fracasado como miembro de la Operación reconquista se refugia en el pirineo aragonés, sordo a causa de una explosión, armado con rifle y perseguido por el ejercito franquista es presentada bajo ropajes estilísticos no ya sólo del western sino también del cine bélico y de acción norteamericano: además de cierto aliento a lo Sergio Leone se puede atisbar alguna reminiscencia del cine sobre la guerra del Vietnam, y porque no y salvando las distancias, de Acorralado, el primer título de la saga Rambo. Pero que nadie se asuste porque aquí el elemento ibérico- hasta en su aspecto más costumbrista- está totalmente presente y sin él no se entendería, por desgracia, una historia repleta de traición y cainismo, elementos por otra parte bastante habituales en los western mas violentos y crepusculares y que en este filme aparecen perfectamente insertados dentro de la idiosincrasia histórica española.  Anselmo (Asier Etxandía demostrando de nuevo su increíble versatilidad) es un héroe trágico que lucha por  su vida en un entorno salvaje y embrutecido hasta la naúsea, un aspecto excelentemente mostrado en la película.

La naturaleza y el mundo rural en la que se refugian y luchas los protagonistas es un protagonista más de la historia, pero se hecha en falta que ese elemento no se haya reforzado demasiado. Aitor Luna, como un capitán del ejército, es un villano a machacamartillo que no termina de cuajar y la película lo nota como también resulta insuficiente la indefinición de muchos personajes, destacando eso si la peculiar mercenaria rusa Seergevich (Olimpia Melinte) un personaje demasiado manierista y lleno de tópicos (muy de cómic) como para ser tomado en serio así como el papel de la estupenda Marian Álvarez podía haber dado más de si. Con todo, Sordo resulta una película entretenida y recomendable, pese a que sus dosis de violencia a veces sean un tanto excesivas.

jueves, septiembre 12, 2019

QUIEN A HIERRO MATA



 
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Con Quien a hierro mata, Paco Plaza ha firmado su mejor película aunque se trate de un encargo en lugar de un proyecto personal con guión del propio realizador tal y como ocurrió en su última- y hasta la aparición de esta, mejor película- Verónica (2017). Un soberbio libreto de Juan Galiñanes y el inefable Jorge Gerricaechevarria consigue un thriller intenso pero asequible en donde el elemento psicológico (centrado en el protagonista) es el pivote en torno al cual gira la historia pero en modo alguno se trata del único ingrediente de una historia intrincada y solapada en varios elementos pero de ningún modo extremadamente compleja. Con este primer alejamiento del género fantástico y terrorífico en 20 años de carrera Plaza ya puede presumir de tener sus primeros  galones de excelente director de películas serias aunque este thriller en realidad debe al cine de horror clásico más de lo que aparenta: el espíritu de Dario Argento o de Stephen King planean en una historia realista de mafias y venganza donde también hallamos trazas de Scorsese, Coppola, Peckimpah y por supuesto de Hitchcock dentro de los tensos momentos de suspense de la película.

La premisa argumental es una muestra de cómo la creación de ficción española ha encontrado un inagotable filón en el mundo del narcotráfico gallego y todo su oscuro entramado. Porque este filme rodado y ambientado en Galicia y cofinanciado por la Xunta pretende dar sin ambages ni dobles falsas morales una visión atroz de cómo el mundo del tráfico de drogas en dicho territorio entre otros muchos efectos negativos hizo tambalear los cimientos morales de muchas personas durante un largo tiempo, y esto es precisamente en lo se basa el filme, más que en retratar el mundo mafioso en si: el drama moral de una persona corriente, Mario (inconmensurable como siempre Luis Tosar) jefe de enfermeros en una residencia de mayores que inesperadamente se reencuentra con el más horrible drama de su pasado cuando un viejo y enfermo capo narco, Antonio Padín (Xoan Cejudo, un tardío descubrimiento) llega a la residencia directo de la cárcel. Mario se convertirá en una persona diferente a la que él y todos sus allegado creían que era mostrando un nuevo rostro dentro de una pesadilla que proveniente del sórdido mundo del narcotráfico ha tomado control de su existencia, ilustrada por la relación con su nuevo y siniestro paciente. Amenazas, oscuros planes, chantajes, violencia y en definitiva el mal más absoluto se dan cita en una historia que muestra que como desde un contexto apacible y en apariencia funciona todo puede tornarse en un auténtico infierno (la evolución psicológica del protagonista está muy bien conseguida). Es reseñable el empleo de la violencia explícita en este filme y de diversas caras del crimen y del odio, por lo que esta cinta no se antoja para espectadores sensibles. La película además no da tregua al espectador con sus momentos de angustia máxima más sacados del cine de terror, como hemos dicho antes, que del cine negro. Estamos ante una de las mejores películas españolas del año.


domingo, septiembre 08, 2019

TU FOTOGRAFÍA (PHOTOGRAPH)






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Ritesh Batra, un cineasta indio de proyección internacional como ya demostró en El sentido de un final y Nosotros en la noche, ambas producciones norteamericanas de  2017 (aunque su obra maestra sigue siendo Lunchbox (2013) filmada en su país) se confirma con esta Tu fotografía como un gran narrador, especialmente como un excelente relator de crónicas cotidianas demostrando- al igual que hizo en The Lunchbox- que los sentimientos y las historias de amor son transculturales. Apuntándose de nuevo al costumbrismo y al retrato de la realidad social de la India actual, Batra nos muestra un melodrama amoroso tomando como base una relación imposible, un romance falso entre dos jóvenes indios de diferente extracción social que parece devenir en algo real pese a su origen impostado. Rafi (Nawazuddin Siddiqui), un fotógrafo de turistas que malvive de su trabajo y que duerme en un barracón con unos amigos quiere agradar a su abuela, la mujer que le crió y que va a visitarle a Bombay, diciéndole que tiene una prometida, ya para ello convence a una joven de familia con posición más acomodada a la que hizo una foto, Miloni (Sania Malhorta) que finja ser su novia. Rafi forzará encuentros con Miloni y su abuela, pero la muchacha, tímida, preocupada por sus estudios y bastante abrumada por la insistencia de sus padres de concertarla un matrimonio, no parece sentirse muy cómoda en su nuevo falso rol, al menos en un principio. Rafi, empeñado en salir de la pobreza por cualquier medio, y Miloni, que desea un futuro como mujer más libre y poder tomar las riendas de su vida dentro de la tradicional sociedad india no obstante encontrarán puntos en común en esa descabellada situación que al final podrían llevarles a algo nuevo.

Es obvio que el filme bebe de los estándares del drama occidental (se trata de una coproducción con Alemania y EEUU) a la hora de plantar una película que en realidad tiene la misma premisa que muchas producciones comerciales de Bollywood, pero aquí no solo no se siguen las pautas del cine indio sino tampoco del cine hollywoodiense mas comercial: se apuesta por los ropajes del cine europeo más intimista  a la hora de manofacturar una convincente mezcla entre el melodrama de sentimientos y la crónica más social enfocada esta vez a la realidad de un país cambiante y con muchas contradicciones como la India. Tal vez se echa en falta un mayor compromiso pero la película, aunque sin arriesgar demasiado, cumple sus propósitos.