viernes, diciembre 03, 2021

LA CASA GUCCI (HOUSE OF GUCCI)

 


 

 ** y ½

Con un ritmo de películas que ni Woody Allen, Ridley Scott a sus 84 años sigue estrenando casi anualmente y por desgracia sigue haciendo añorar el buen director que fue. Cuando su anterior El Último Duelo sigue aún en algunas salas nos encontramos ahora y casi en estreno simultáneo este filme basado en acontecimientos reales que trata de demostrar con poco éxito el supuesto estilizamiento de Scott a la hora de sumergirse en temas netamente europeos. Con un enfoque entre el thriller, el biopic y la soap opera televisiva, House of Gucci no deja de ser un filme irregular pese a contar con una dirección de producción esforzada y un eficaz reparto multinacional de rostros conocidos. La historia del asesinato de Maurizio Gucci -presidente durante un tiempo de la próspera empresa familiar italiana de artículos de lujo Gucci, en 1995 instigado por su mujer- es evidente que cuenta con interés dramático así como los tejemanejes del singular clan de millonarios trasalpino, pero un guión mejorable y con un discurrir temporal bastante poco claro y unos diálogos que no llevan a ninguna parte terminan por hacer de esta película un producto meramente pasable y escaso de emoción.

No cabe reproche alguno al excelente reparto encabezado por Lady Gaga como Patrizia Reggiani, la esposa de Maurizio y Adam Driver como el interfecto ya que se ve de lejos que la preparación en sus papeles ha sido encomiable en especial el de Lady Gaga dando vida a una mujer de clase media-baja desquiciada por la ambición en el momento que pasó a formar parte de una familia próspera (la cantante puede tener una enorme carrera como actriz como ya ha demostrado en otras ocasiones) pero la manera tan vaga con la que se nos presenta todo narrativamente hablando termina sumiendo en el sopor. El resto de personajes, que incluyen al patriarca Aldo Gucci (Al Pacino), el inestable improbable heredero e hijo de Aldo Paolo (Jared Leto), el apdre de Maurizio Rodolfo (Jeremy Irons) y la cómplice de Patrizia Pina Auriemma (Salma Hayek) pese a lo convincente del trabajo actoral parecen navegar entre la caricatura y el sensacionalismo y con ello la película pierde credibilidad. No obstante tampoco habría que obviar buenas escenas y secuencias y algún excelente momento de tensión dramática, pero los intentos de Ridley Scott por hacer un calco del cine europeo continental para el consumo del público de las superproducciones hollywoodienses no resulta nada acertado a la hora de mantener una credibilidad que el realizador ha ido perdiendo con el paso de los años.       

domingo, noviembre 21, 2021

SPENCER

 

*** y 1/2

Esta claro que un biopic al uso sobre la princesa Diana de Gales no hubiese sido una idea muy original y ni tan siquiera interesante, pero hete aquí que Pablo Larrain ha conseguido gracias a una aproximación novedosa y arriesgada a dicha figura un filme que sin aspirar a ser la biografía cinematográfica definitiva de Lady Di resulta un retrato digno, sugerente y emotivo que muestra con certeza y maestría muchas claves vitales de la célebre princesa de Gales, aquella mujer que enamoró al mundo a finales del siglo XX y cuya trágica historia, con mayor o menor fortuna, ha sido mil veces contada. El cineasta chileno sigue consolidándose en Hollywood con una nueva  semblanza histórica femenina, tan o más lograda que la que consiguió con Jacqueline Kennedy en Jackie (2016), fijando la trama en un momento temporal muy concreto y recurriendo al drama psicológico no ya solo más intimista sino más psicoanalítico y sin renunciar a elementos de difícil digestión para el gran público asemejándose a una especie de monólogo-soliloquio interior de la princesa de Gales en un momento crucial de su vida y dispuesta a tomar una decisión con la que pretendía cambiar su desdichada existencia junto a su marido el príncipe y junto a los Windsor. En ese sentido, la interpretación de Kristen Stewart es magistral en un papel muy difícil y lleno de matices: suena a Oscar.

Spencer muestra desde el principio sus cartas y nos anuncia que es más que un drama y pronto aparecen momentos simbólicos, bizarros y surrealistas que sin caer en la caricatura en ningún momento cumplen con creces su función que no es otra de la de mostrar el caos mental de Diana en el momento de la cena de nochebuena de la familia real británica en 1991. Consciente del fracaso de su matrimonio, ansiosa, bipolar y con problemas de bulimia nos encontramos con una Diana al borde del colapso mental y casi rozando la locura en un entorno palaciego que para ella casi es pesadillesco. La maestría del guión firmado por Steven Knight, la dirección cuidada de Larrain y la actuación de Stewart consiguen en una historia casi de puro gótico británico (incluidas “apariciones” de Ana Bolena) que los confusos pensamientos, sentimientos y sensaciones de la protagonista, dominados por el miedo y el temor al fracaso y que nos muestran a una Lady Di capaz de los actos más extravagantes, aparezcan nítidos y totalmente transmitidos al espectador. Junto con la actriz protagonista los únicos personajes destacables son el príncipe Charles (Jack Farthing) sus dos hijos (Jack Nielen y Freddie Sprie) y dos personajes ficticios, el mayordomo Alistair Gregory (Timothy Spall) y la modista Maggie (Sally Hawkins); estos dos últimos cumplirán un papel especial en el devenir de Diana durante esos dos días.  Curiosa, excéntrica y cautivadora aunque a algunos su extraño ritmo les parecerá soporífero, Spencer es una película que como drama resulta completa ya que deja claramente abierta una puerta a al esperanza y un mensaje positivo en medio de tanto caos, algo a lo que la propia Diana Spencer se aferró y consiguió en sus últimos años.  

domingo, noviembre 07, 2021

JOSEFINA

 


****

Más que interesante el debut de Javier Marco con este drama basado en insinuaciones y silencias tomando como base una historia de relaciones imposibles y de engaño. Con escaso diálogo y una historia más bien rocambolesca, Josefina pese a cierto trasfondo de melodrama amoroso e incluso de thriller es más bien una crónica sobre la soledad, la que viven sus dos personajes protagonistas: dos seres cada uno con una situación de partida de origen diferente y en realidad más dramática una que la otra pero compartiendo ambos una sensación de infelicidad existencial que tratan de mitigar con un inesperado (y claramente impostado) nuevo enfoque a sus vidas. Roberto Álamo y Emma Suárez, dos actores españoles de postín, están impecables en sus respectivos roles llevando prácticamente ellos solos el peso de una película que puede resultar esquiva y enigmática- sobre todo por un final sorprendente e inexplicado- pero que resulta una pequeña delicia por su muy bien llevada hondura dramática.   

Juan (Roberto Álamo) un reservado funcionario de prisiones en funciones de seguridad soltero que vive una existencia solitaria anodina se enamora de Berta (Emma Suárez) la madre de un joven recluso (Miguel Bernardeu) a la que observa en las pantallas de seguridad y con la que termina coincidiendo en un autobús a la prisión. Juan finge ser el padre de una  inexistente chica presa, Josefina, y con esa mentira pretende ganarse la confianza y el corazón de Berta gracias a una relación lo más equitativa posible. La falta de habilidades sociales de Juan y la realmente precaria situación personal de Berta en todos los sentidos no facilitan una historia de amor muy convencional pero Juan, afinando aún más la sutilidad del engaño adornándola con aspectos que pueden afectar emocionalmente a Berta basados en la situación de su hijo, sigue empeñado en seguir adelante aún poniendo en peligro su reputación profesional. Sin trampas melodramáticas y con un desarrollo narrativo muy escueto mostrando las vivencias de ambos personajes de una manera fríamente realista aún cuando son de enorme carga dramática y cargada de enigmas e interrogantes no resueltos, Josefina resulta pese a sus modestas pretensiones formales una película muy interesante de ver y que deja un buen sabor de boca a los espectadores más exigentes. Hacen falat muchas más películas así en el cine español.  

jueves, noviembre 04, 2021

ÉRASE UNA VEZ EN EUSKADI

 

 

** y 1/2

El fin de ETA ha propiciado la irrupción en el mundo de la ficción de multitud de obras que se aproximan a aquel doloroso pasado vivido en Euskadi y en España y el cine, como hemos visto últimamente con varios ejemplos, obviamente no se ha quedado al margen. Esta nueva incursión en las vivencias de la Euskadi que convivió con el terror de ETA a priori resulta atractiva en cuanto presenta la visión infantil sobre los años más convulsos de la actividad de la banda (mediados de los 80) y por su enfoque costumbrista despojado de intencionalidad meramente política y sin tremendismos. Y como añadidura dotadora de aún mayor interés está el centrarse en el fenómeno de la inmigración a tierras vascas de trabajadores de otros puntos de España que llegaron con sus familias, los conocidos despectiva y xenófobamente como “maketos”. El director guipuzcoano Manu Gómez -que debuta en el largo- sabe de que habla, es hijo de inmigrantes y nacido en 1973 tuvo 12 años en 1985 como los chavales protagonistas de este filme, un peli honesta y esforzada pero que se queda corta por la no demasiada hondura con la que muestra diferentes temas característicos del espacio-tiempo tratado y por demasiados clichés recurrentes del cine-nostalgia que a veces convierten a Érase una vez en Euskadi  una especie de Cuéntame como pasó vasco cuando su intencionalidad en realidad es muy otra. Eso si, no se puede reprochar el esfuerzo en llevar a buen puerto una película que sabe jugar muy bien sus cartas sustentada en un buen trabajo actoral.

Hay que poner en un lugar prominente a sus cuatro pequeños grandes protagonistas los cuales dotan al relato de espontaneidad y credibilidad y regalan los mejores momentos del filme en una historia que está sustentada en la camaradería infantil debiendo mucho a clásicos como Cuenta conmigo (1986): a los amigos Paquito (Miguel Rivera), José Antonio (Hugo García), Marcos (Asier Flores) y Toni (Aitor Calderón) les une ser hijos de “gente de fuera” (procedente de Andalucía en su mayoría) que reside en un pueblo guipuzcoano y vivir su amistad y su preadolescencia con la mayor naturalidad posible pese al enrarecido entorno circundante con manifestaciones a favor de ETA, yonkis pinchándose en la calle, precariedad económica y laboral de sus familias y cierta falta de integración de sus sufridos mayores en una Euskadi de los 80 kafkiana y politizada. Los cuatro presentan además diferentes problemas que van de la frustración de Marcos por no conseguir ser un buen ciclista, el enamoramiento de Paquito de una peluquera cubana, la influencia del hermano militante abertzale (y algo más) de José Antonio y los problemas del hermano punki y drogata de Toni, un chaval en un hogar monoparental. Los actores adultos (Luis Callejo, Vicente Romero, Marian Álvarez, María Isasi, Yon González, Ruth Díaz, Pilar Gómez, Vicente Vergara) están también más correctos pese a que da al sensación de que varios personajes no están todo lo trabajados que debieran en el guión y a veces caigan en tópicos. Resulta meritoria la fusión por una parte de temas como la violencia de ETA y su impacto social en el País Vasco, el consumo de droga, el SIDA  o los problemas económicos familiares con otros como la pérdida de la inocencia infantil, los primeros amores (platónicos), el descubrimiento de la sexualidad o en definitiva las vivencias infantiles en una época en la que los críos pasaban la mayor parte del verano en la calle, y en ese sentido el logro de esta película es bastante notable. Con altibajos y deficiencias Érase una vez en Euskadi  resulta sin embargo una película agradable y amable pese a lo a veces tremebundo del tema y sobre todo con su valor sociológico

sábado, octubre 30, 2021

LA CRÓNICA FRANCESA (DEL LIBERTY, KANSAS EVENING SUN) (THE FRENCH DISTPACH (OF THE LIBERTY KANSAS EVENING SUN))

 

*****

Ya se puede decir definitivamente que Wes Anderson es uno de los mejores directores del mundo hoy en día. Es muy posible además que con The Frech Dispatch haya realizado su obra maestra en todos los sentidos ya que esta comedia satírica (la comedia es prácticamente el único género que ha tocado este director) sin rehuir de todos los elementos de la marca de la casa Anderson (estética colorista y manierista y visualmente deslumbrante inspirada en la fotografía, el diseño y el cómic, estilo narrativo sinuoso y peculiar, diálogos y situaciones que combinan lo sesudo con la ironía, fotografía pulcra y manierista) demuestra una total solidez y madurez como producto de un cineasta superdotado y más que hábil que en definitiva ha conseguido un película más que deliciosa. De nuevo con un reparto coral- y de hecho más coral que nunca- plagado de actores habituales en la filmografía del cineasta, en esta ocasión el formato de “filme de antología” cobra una nueva dimensión en cuanto las convenciones narrativas de este tipo de películas con recursos del mundo de la literatura y el cómic muy bien transplantados a las imágenes en movimiento; como resultado tenemos ante nosotros un espectáculo cinematográfico de primer orden.

El mundo de Wes Anderson es como siempre un mundo alternativo e irreal, que aunque si bien quiere aproximarse a una época concreta- en este caso la década de los 60 del siglo XX- en realidad resulta una realidad atemporal provista de todo tipo de detalles visuales -en decoración, atrezzo o vestuario- que despistan sanamente al espectador pero que no le distraen en un ningún momento de lo que se cuenta. Ambientada en una Francia manierista y de tarjeta postal entre el folleto turístico antiguo, la comedia de Jacques Tatí y la Bande Desinée francobelga (esta última fuente de inspiración más que evidente) la película es de hecho un homenaje al humor francés y europeo y en general a la historia e idiosincrasia del viejo continente a finales del siglo XX pero con una deconstrucción desde la cultura pop americana: el suplemento editado en Francia de una revista americana (el ficticio Kansas Evening Sun) es el marco desde el que se narran cuatro descacharrantes historias diferentes  que dicho suplemento ha recogido y cuyos cronistas nos narran visualmente en una especie de crónicas periodísticas visuales: la curiosa historia del pueblo de Ennui, donde se encuentra la sede del suplemento La Crónica Francesa,  la trayectoria como exitoso artista plástico de un convicto por asesinato y su peculiar arte, el desarrollo de una peculiar y nonsense revolución estudantil en Ennui con reminiscencias bufas del mayo del 68, y la crónica negra de un secuestro en donde cumple un papel principal un chef-policía. La redacción del French Dispatch es un quinto segmento que une las diferentes historias. Como cabe esperarse, la sucesión de personajes estrambóticos es de órdago y no lo menos el de las situaciones surrealistas y de cartoon trufadas de un humor sardónico inteligente y trabajado que bebe del comic humorístico (al loro con la secuencia de animación homenaje al estilo de la Línea Clara y a Tintín), Monty Python, Chaplin, Peter Sellers-Blake Edwards y el ya comentado Tati. Bill Murray, Léa Seydoux, Owen Wilson, Timothé Chalamet, Frances McDormand, Benicio del Toro, Tilda Swinton; Mathieu Almaric, Jason Schwartzman, Adrien Brody, Lyna Khoudri, Willem Dafoe, Jeffrey Wright, Liev Schreiber o Bill Murray son algunos de los más que competentes intérpretes que desfilan en esta delicatessen de fino humor y locura visual. Wes Anderson es sencillamente un director magistral.           

miércoles, octubre 27, 2021

EL BUEN PATRÓN

 


 

****

El regreso de Fernando León de Aranoa no ha defraudado. Si, tal vez El Buen Patrón se trate de su mejor película (incluso por encima de  Los Lunes al Sol) y además no cabe ninguna duda que el realizador madrileño ha alcanzado su madurez como director demostrando enormes recursos en esta comedia con tintes dramáticos que utiliza la sátira de un modo muy comedido y convincente para hacer una acertada crítica social, algo esto último habitual en la filmografía de León de Aranoa. Se puede decir que el realizador se ha recuperado de sus traspiés en sus últimos filmes (Amador, Un Día Perfecto, Loving Pablo) y vuelve por sus fueros en un filme que es de lo mejor del cine español en 2021.

De nuevo nos encontramos con Javier Bardem como protagonista en una cinta de León de Aranoa; además de ponerse de manifiesto la total compenetración entre el actor y el director Bardem nos regala una interpretación antológica como el patrón al que hace referencia el título: Blanco, un empresario de mediana edad propietario de una exitosa empresa de básculas que ante el reto de optar a un premio a la excelencia empresarial quiere sublimar su carácter de patrón aparentemente bondadoso y paternalista ante sus empleados en una semana previa a la visita de los evaluadores que resulta inesperadamente accidentada. La actuación del actor español más internacional con permiso de Banderas es de las mejores de su carrera, entre la seriedad y el esperpento para dar vida a un personaje contradictorio, hipócrita y engañoso fiel reflejo de muchos pequeños y medianos empresarios españoles. Sobra decir que mediante el personaje de Blanco el mundo de la convivencia y relaciones en el entorno laboral (con sus extensiones inevitables fuera de ese mundo) aparece aquí retratado en toda su fiereza, entre el costumbrismo, el apunte naturalista y la chanza. Aunque muchas cosas que aquí se nos cuentan pueden parecer cómicamente exageradas, en realidad no resultan muy diferentes de muchas experiencias vividas en infinidad de trabajos y empresas.   

El guión firmado por el director apuesta por una temporalidad más o menos limitada (una semana) y por el recurso de las historias entrecruzadas con los esfuerzos del empresario por hacer recuperar la “normalidad” a su compañía ante un acontecimiento clave: por ello la coralidad en los personajes se impone brindando un estupendo espectáculo narrativo del que debe mucho las excelentes interpretaciones de un reparto eficaz ante una galería de personajes muy trabajada. Está el jefe de producción y amigo íntimo del jefe con problemas personales que afectan a su rendimiento (Manolo Solo), el despedido que se manifiesta todos los días a la puerta de la planta poniendo en un aprieto al patrón (Óscar de la Fuente), el transportista quemado con su trabajo (Tarik Rmili), el veterano empleado entregado al jefe en sus últimas consecuencias (Celso Bugallo) o la joven becaria cuya contratación esa misma semana terminará afectando decisivamente en los acontecimientos (Almudena Amor). La historia, en donde las “viñetas” y el desarrollo de situaciones determinadas marcan el paso, termina convergiendo en una catarsis en donde las enseñanzas que se sacan son más bien devastadoras. A la espera de conocer si entrará finalmente en la terna de las cinco películas nominadas al Oscar de mejor filme en lengua no inglesa, lo cierto es que El Buen Patrón es ya uno de los mejores filmes hispanos del año.

domingo, octubre 17, 2021

TITANE

 


**** y 1/2

Extraña y sorprendente, la película triunfadora en el último festival de Cannes se está convirtiendo en el trending topic cinéfilo de las últimas semanas por lo inusual y perturbador de su propuesta. Reducir su finalidad a la simple provocación es simplista e inexacto, más bien se puede decir que estamos ante un experimento tanto conceptual como visual que pone a prueba al espectador con una historia bizarra narrada utilizando diferentes recursos que van desde lo onírico a lo gore pasando por el drama realista o el thriller terrorífico. Julia Docornau, realizadora francesa que con Crudo (2016) ofreció otra historia extrema y extravagante, consigue con Titane un extraño viaje que ha resultado ser uno de los mejores títulos del cine fantástico de los últimos años y un certificado de reafirmación de una directora con mucho que decir en los próximos años.

Hay que tener claro que este es un filme no apto para todo tipo de espectador: su violencia descarnada, lo desagradable de muchas de sus imágenes y su turbador tono no serán del agrado de todo el mundo precisamente. Es más que evidente la influencia del David Cronemberg de Videodrome o Crash y todo aquel asunto por él cultivado de la Nueva Carne: aquí Docornau lleva este concepto como McGuffin del filme estableciendo la simbiosis-atracción entre una mujer y las máquinas, concretamente los automóviles. Alexia (una fascinante e inquietante Agathe Rouselle), la protagonista, es una joven de la que poco sabemos salvo que de pequeña sufrió un accidente de coche que le dejó secuelas físicas (¿y psíquicas?), que trabaja como gogó en un mugriento local de automóviles tuneados…y que es una sanguinaria asesina en serie buscada por la justicia. Pronto conoceremos también sus extrañas parafilias de corte sexual y fetichista con el metal y los coches Sus crímenes la llevan a una huida a la desesperada hasta que se encuentra con Vincent (Vincent Lindon) un bombero que vive una desconcertante y extraña existencia y que busca de manera desesperada a su hijo desaparecido hace años. Alexia, en su nueva vida con Vincent y para ocultar su identidad de fugitiva se transformará conscientemente en otro ser aún más extraño que su anterior yo al tiempo que un alucinante hecho hace dinamitarlo todo, para ella y para el espectador.

Con una estética nocturna que resulta un regurgitación contemporánea del neo noir y el Cinéma du look galo de los 80 pasado por la subcultura del culto al motor y otros recursos estilísticos como la violencia tarantiniana y con referencias (además de las ya citadas de Cronemberg) a la obra plástica de H.R Giger o los filmes de Luc Besson, John Carpenter, Paul Verhoeven, Leos Carax o David Lynch, Titane sabe llevar el relato supuestamente fantástico a una nueva dimensión tocando de manera desasosegante temas como la sexualidad, la maternidad o la identidad de género sin evitar adentrarse en terrenos más convencionales y dramáticos (servidos principalmente por el personaje de Lindon) tratados eso si de la forma más inusual posible. Alexia como ser mutante y esquivo, parece un producto humano de los males de nuestro tiempo, una mujer amoral que parece llegar apostar por la inhumanidad (en todos sus aspectos) frente a lo genuinamente humano, aunque sus continuos bandazos entre ambas posiciones no dejen nada clara la postura final del personaje que por cierto es de lo más fascinante que hemos visto en un filme fantástico en los últimos años. Una filme diferente y extraño, Titane ya se postula como obra de culto.

jueves, octubre 14, 2021

MADRES PARALELAS

 

** y 1/2

Las expectativas, una vez más, no se cumplen con Almodóvar. El director manchego tal vez haya dado todo de sí y siempre le estaremos muy agradecidos, pero es evidente y desde hace tiempo que ya no factura películas excelentes. En esta su última Madres Paralelas Almodóvar no parece atinar con un guión que trata de conjugar muy toscamente dos historias perfectamente independientes entre si y en donde además la que es en realidad la historia principal ocupando más del ochenta por ciento del argumento lógicamente se come a la otra que queda como un extraño añadido-apéndice pese a lo sugerente de su tema. No obstante, no habría que ser injusto con las virtudes de este drama en donde Almodóvar vuelve a mostrar una vez más su poderío narrativo (aunque aquí con fallo clamoroso), su innata habilidad para la dirección de actores y su maestría para mantener el interés del espectador, pero todo con la sensación de que cada vez el director se ha convertido en un esclavo de lo que la crítica y el público esperan de él

La contraposición entre dos personajes en situaciones casi idénticas y que de manera casual terminan en contacto entre sí compartiendo la repercusión de un inesperado hecho es en lo que se sustenta Madres Paralelas, en donde Almodóvar pretende, como refleja el título de la cinta, trazar un juego de paralelismos entre sus protagonistas femeninas unidas por el hecho de una reciente maternidad. Por una parte Janis (Penélope Cruz) una cuarentañera no en su mejor momento profesional pero con enormes ganas de luchar que se queda embarazada de un colaborador profesional y amante efímero Arturo (Israel Elejalde) y que tiene enormes deseos de criar a su tardía hija y por otro Ana (Milena Smit), una postadolescente preñada de padre desconocido que pese a la presión de una madre esquiva pero posesiva (Aitana Sanchez-Gijón) decide tener a su retoña. Entre ambas surge una amistad que se verá retada por un inesperado acontecimiento que las pondrá en jaque a ambas y a su visión de la vida y la felicidad. Aunque este planteamiento funciona correctamente en un primer momento pronto la cosa comienza a hacer aguas por inexplicables vericuetos de guión y una sensación de no culminar diferentes elementos relatados. Y por otra parte, el inserto en la historia de la búsqueda de fosas de la Guerra Civil -que daría para otra interesante película- se antoja como forzada pese a lo sugerente de como está tratada, algo que se hace evidente en los compases finales del filme. Las interpretaciones de Cruz y Smit eso si son excelentes y atesoran los mejores momentos de un filme que puede que decepcione incluso a los mayores almodovarianos del planeta. 


miércoles, octubre 13, 2021

MEDITERRANEO

 


****

Una pequeña gran sorpresa es la que ha deparado este filme español una vez más basado en hechos recientes reales y con una vocación internacional aleccionadora y honesta que ha rehuido de maniqueos artificios y de grandilocuencia sensiblera impostada para postularse en un filme honesto y conmovedor. El origen de Open Arms, ONG de origen catalán dedicada al rescate marítimo de migrantes náufragos en las costas mediterráneas es lo que cuenta Mediterráneo, rodada en Grecia con amplia participación técnica y artística helena  y dirigida con clase y recursos por Marcel Barrera (Cien Metros) quien no duda en aplicar elementos de puesta en escena del cine espectáculo para dotar de mayor verosimilitud al relato de una tragedia humanitaria del calibre del rescate en la isla de Lesbos en 2015 y por supuesto sin olvidar el dramatismo y el heroísmo humanista que envuelve a la crónica. Porque la película es eso, una historia de héroes y un homenaje a personas que lo entregan todo, además de una crítica a la política migratoria occidental y los tejemanejes de las mafias que operan con migrantes. Pero más allá de cualquier tentación malamente panfletaria, Mediterráneo  triunfa por su sencillez narrativa y por su excelente manejo del didactismo y las emociones.      

El más que eficaz reparto encabezado por ese gran actor que es Eduard Fernández ayuda enormemente a la identificación y empatía por unos personajes que van evolucionando y a trancas y barrancas y con muchas dudas y reparos por medio consiguen estar convencidos con su labor. Dani Rovira, Anna Castillo, Sergi López y Alex Monner dan vida a algunos de los protagonistas reales de la fundación y primeras acciones de Open Arms, unos socorristas catalanes que decidieron hacer algo para evitar los trágicos naufragios y ahogamientos en las costas de diferentes países mediterráneos de los ocupantes de pateras de inmigrantes procedentes de África. Escenas desgarradoras muy bien rodadas (el operativo de rescate en el momento culminante del filme es de una puesta en escena simplemente magistral) y diálogos dramática y psicológicamente realistas que refuerzan la veracidad del film son puntos álgidos de una película  que es de lo mejorcito del cine español estrenado en 2021.