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El
regreso de Julio Medem siete años después de su última gran
película, El Árbol
de la Sangre (2017)
está
resultado atípico en el sentido de que además de esta 8
tiene pendiente el estreno de una película rodada anteriormente
Minotauro,
Picasso y las Mujeres del Guernica:
extraño que al que en los 90 y 2000 fuese considerado uno de los
mejores directores españoles (y europeos) le ocurran estas
vicisitudes, indicador tal vez de que al industria del cine en España
pese a los últimos logros aún tiene sus carencias y de que la
figura de Julio Medem ya no tiene ese aura de entusiasmo entre
crítica y público que tenía antaño, pese a lo magnífica que
resultó su última película. Pero lo que nos interesa es 8, su
último filme, un trabajo técnicamente muy bien realizado -casi todo
en plano secuencia- con una historia sugerente y con mensaje pero que
carece del elemento más o menos sorprendente y arrebatador que ha
caracterizado la mayor parte de su excelsa filmografía, una carencia
que ya se vio en filmes anteriores como Caótica
Ana
o Una
Habitación en Roma
. Esta película tiene un tono de epopeya familiar y de relato
histórico (durante 90 años de la historia de España, de 1931 a
2021) similar al de El
Arbol de la Sangre
en lo que es básicamente la crónica de una historia de amor a lo
largo del tiempo al estilo Medem: la de Adela (Ana Rujas) y Octavio
(Javier Rey), ambos nacidos un mismo 8 de abril de 1931 en dos
pueblos castellanos vecinos quienes sin conocerse de antes y tras
algunos encuentros casuales a lo largo de los años terminan
estableciendo una relación a la que en un principio parecían no
estar destinados por el devenir de sus vidas. El elemento más
interesante de esta película es precisamente el paralelismo que se
establece a tres bandas y de carácter recíproco entre la historia
de España en los últimos años y sus circunstancias, la crítica al
carácter cainita del ciudadano español (las dos Españas de Machado
que cita el cineasta como inspiración) y por último las relaciones
personales y amorosas que a veces y como en el caso de esta película
pueden estar influenciadas por las circunstancias anteriores. No hay
un tono estrictamente político en esta película sino más bien
social y humanista pero que tiene en todo momento presente el
contexto histórico. Pero el resultado final de 8, aunque sugerente,
a veces emocionante y muy bien narrado se antoja insuficiente para un
cineasta como Julio Medem, que vuelve a repetirse a si mismo con sus
historias de encuentros y circunstancias casuales y paralelismos,
remitiendo claro está a Los
amantes del Círculo Polar,
Vacas
(8 película como aquella está estructurada en episodios), La
Ardilla Roja o la ya citada El
Arbol de la Sangre.
Una pena que Medem no haya querido arriesgar más, aunque sería
injusto desdeñar las virtudes de este filme que son varias.
El
realizador donostiarra es un tipo honesto que no engaña ni oculta
sus cartas en cada filme y se esfuerza en dar a muchas de sus
películas un tono aleccionador y didáctico, en este caso en torno a
la historia de España (aunque superficialmente y más bien como
McGuffin) y sobre todo al aspecto ético de las relaciones humanas
hurgando en el origen de los odios, las envidias y en definitiva de
la diferencia entre las personas y todo aquello que lleva
inevitablemente al conflicto y en última instancia a la destrucción
y ala muerte: un mensaje muy interesante en los tiempos que vivimos.
El tono del filme es de reconciliación y esperanza, con la fuerza
del amor que lo puede todo, personalizado en su protagonistas, un
hijo de simpatizante del bando nacional que en un principio se
integra en las estructuras del régimen franquista y una hija de
republicano que casada en primera instancia con un militar franquista
casi por conveniencia terminará buscando la libertad como mujer y
como persona con el paso de los años. Octavio, que prefiere la pesca
y los estudios de los cauces de los ríos a cualquier complicación
política o familiar y Adela, que no se resigna a su papel de ama de
casa de clase media-alta, terminarán viendo entrecruzadas sus
historias con una multitud de circunstancias de por medio mientras
que España va cambiando. No esta anda mal la paeja protagonista- tal
vez mejor Javier Rey que Ana Rujas- pese a que muchas veces la
historia tengo picos de falta de credibilidad y situaciones demasiado
forzadas. Desde el punto de vista técnico poco es reprochable en 8,
donde la ambientación de diferentes épocas está muy conseguida y
el plano secuencia reserve momentos a veces espectaculares, pero eso
si, resultan muy discutibles muchos recursos de iamgen con intención
supuestamente poética que en otra época en el cine de Medem
hubiesen entusiasmado pero que ahora resultan requetevistos y a veces
pedantes. Pero
8 es una buena película que por su tomo e intenciones merece ser
vista aunque ya no nos encontremos ante el Julio Medem
de hace
algunos años . Lo
mejor de todo es constatar como el cineasta sigue manteniendo su buen
pulso, sus ganas de contar historias con corazón y profundas y su
afán de crear hermosas imágenes.