jueves, mayo 13, 2021

EL OLVIDO QUE SEREMOS

 

 


****

La filmografía de Fernando Trueba puede que sea más irregular de lo que suele parecer si se lleva a cabo un frío análisis de cada una de sus películas, pero cuando el veterano realizador madrileño hace una buena película esta siempre resulta una obra excepcional en todos los sentidos. En los últimos tiempos con un pie en España y otro en las Américas, Trueba demuestra que las coordenadas geográficas y culturales no suponen ninguna barrera para él y esto bien se ve en esta coproducción hispanocolombiana que nos cuenta una historia real entroncada con la Historia reciente de Colombia tratada con mimo y cuidado por lo altamente sensible de su material de partida. Basada en la novela-recuerdo del escritor y periodista Héctor Abad Faciolince  sobre los últimos años de su padre el médico, profesor y activista social Héctor Abad Gómez, El olvido que seremos es un filme tan cálido e intimista como cruel en algunos momentos y sobre todo rotundo en su planteamiento de reivindicación de una persona injustamente tratada en su país en un momento político y social convulso en Colombia (años 70 y 80 del siglo XX) que terminó asesinada por paramilitares. Fernando Trueba como director y su hermano David como guionista han plasmado estupendamente -en palabras del autor del libro y personaje también de esta película- una historia de sentimientos de amor paternofilial (el que el joven Héctor sentía por su admirado padre), de lucha por unos ideales insipirados precisamente por el amor a las personas, y de maduración personal: la que el hijo de Héctor Abad Gómez experimente bajo la sombra de su padre y de la triste realidad de su país, algo que el personaje central de esta historia siempre quiso cambar.   

Ambientada en dos periodos diferentes de tiempo (principios de los 70 rodados en color y mediados de los 80 filmados en blanco y negro) la película desde el punto de vista narrativo transcurre impecablemente siempre bajo la visión de Abad Faciolince, primero como un niño (Nicolás Reyes) y después como un joven adulto (Juan Pablo Urrego). El doctor Abad, patriarca de una familia numerosa de Medellín más o menos acomodada, no esta muy conforme con su sueldo como profesor universitario pero trata de sacar adelante a su prole e inculcarle sus valores mientras intenta llevar a cabo proyectos de salud pública para los barrios más desfavorecidos de la ciudad y denuncia la poca atención que los pobres reciben de los poderes del estado lo que le granjea mala fama entre las esferas más conservadoras que le llegan a tachar de comunista. La figura de Abad va evolucionando en su grado de compromiso con su sociedad ante la atenta mirada del pequeño “Quiquín”, quien en un principio parece mantener sentimientos encontrados hacia su padre pero que finalmente terminarán sublimándose. La interpretación de Javier Cámara merece mención aparte ya que es notorio el esfuerzo del intérprete riojano por parecerse al médico medellinense y plasmar todos sus matices, con el esfuerzo añadido que  ha supuesto calcar el acento colombiano. Cámara se adueña de la película y ofrece momentos de emotividad nada sentimentaloides y si muy efectivos secundado por un reparto muy eficaz en su mayoría de intérpretes jóvenes como los que dan vida a los hijos del protagonista, destacando obviamente los dos actores que interpretan al joven Héctor en especial el pequeño Nicolás Reyes que atesora muy buenos momentos.

Aunque a veces a los hermanos Trueba se les va un poco la mano en cuanto a lo sentimental en algunos momentos, el guión es un buen ejemplo de cómo se puede hacer un filme intimista sin exceso de almíbar y sin rehusar a mostrar (dignamente) momentos muy trágicos, y como se puede trazar una historia de reivindicación sin caer en el panfleto. Sin renunciar a elementos poéticos e incluso artys, la película resulta creíble y cercana en todo momento y consigue la complicidad emocional del espectador desde el primer instante, algo que no es nada sencillo. El olvido que seremos es un filme que cumple sus objetivos y nos regala más de dos horas de buen cine con una historia conmovedora que resulta un bello canto al amor entre padres e hijos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario