lunes, junio 28, 2021

UN LUGAR TRANQUILO 2 (A QUIET PLACE PART II)

 


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Hace tres años Un Lugar Tranquilo, modesto filme dirigido y protagonizado por John Krasinski logró convencer a partes iguales tanto a los amantes de la ciencia ficción de invasiones alienígenas como a los de los dramas del cine independiente americano. Consciente el director de que dicho filme se había convertido en una pequeña obra de culto, ha realizado esta esforzada secuela que trata de mantener el tipo de la primera película y se puede decir que lo consigue aunque no llegue al mismo nivel de esta. Y es que, aunque precisamente parezca todo lo contrario, resulta difícil hacer una continuación de un filme que no tenía un final propiamente dicho y que teóricamente dejaba vía libre para una secuela, pese a que tal y como quedaba podía haber sido perfectamente una obra completa y conclusa. Krasinski- que vuelve a interpretar a Lee, el padre de familia fallecido en la primera parte en un breve flashback inicial- se ha esforzado por dotar a esta continuación de una total coherencia y unitarismo con el primer A Quiet Place volviendo a las mismas localizaciones de aquella y ofreciendo exactamente el mismo mensaje de comunicación familiar, sacrificio y supervivencia por medio de idénticos recursos narrativos minimalistas en donde la parquedad de diálogos (motivada por el hecho de tener que esconderse los personajes de extraterrestres depredadores ciegos sensibles al sonido): en otras palabras, se ha querido que este sea otro pedazo de una misma película y no un filme diferente, algo que al menos estilísticamente se ha conseguido. No obstante hay un pero: al contrario que en la primera parte, aquí los elementos dramáticos están atenuados y se apuesta más por la acción y el suspense, que aunque excelentemente conseguidos dan la sensación de no hacer justicia al cien por cien al espíritu original del proyecto. 

Enmarcada temporalmente un año después de los eventos anteriores, de nuevo nos encontramos con la familia Abbott: Evelyn (Emily Blunt) y sus hijos Regan (Millicent Simmonds), Marcus (Noah Jupe) y el bebé, acosados como el resto de la humanidad por los extraterrestres invasores y luchando por su supervivencia a toda tratando de provocar ningún ruido. La incorporación en el reparto de Cillian Murphy y Dijmon Honsou ilustra una cara amable en la parábola distópica del filme sobre la evolución de la humanidad, en donde aún pueden encontrarse seres dispuestos a ayudar en medio de una sociedad que se ha tornado egoísta y depredativa.    

La narración vuelve a seguirse con sumo interés y sin dar tregua al espectador, pero su nuevo tono de thriller más convencional y la inclusión en golpes de efecto más bien tópicos hacen restar el encanto que poseía la anterior entrega. Con todo, es este un filme interesante y sugestivo que vuelve a poner de manifiesto que el género fantástico resulta más deslumbrante cuando se adentra en territorios tradicionalmente poco transitados por él.  

miércoles, junio 23, 2021

LA VIOLINISTA (VIULISTI)

 

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Buena muestra de una filmografía, la finlandesa, de la que rara vez nos llega algo pero que atesora muy buenos cineastas y filmes competentes. Recurriendo al drama de personajes, la película cuenta una sugerente historia de desesperación, adversidad, redención, superación y sobre todo de errores provocados por la debilidad personal. La brillante dirección de Paavo Westerberg da forma a un guión ya de por si más que interesante con las armas de una puesta en escena casi teatral y una excelente dirección de actores en donde destaca su actriz protagonista, Matleena Kuusniemi. Ella da vida a Karin, un ambiciosa y excelente violinista de 45 años que por un accidente debe dejar de tocar el violín aunque su afán de lucha hace que continúe impartiendo clases de ese instrumento. Frustrada por ese hecho que ha cortado prácticamente su carrera, termina volcándose en uno de sus jóvenes y más talentosos alumnos, Antii (Olavi Uusivirta), en el que ve el medio de canalizar su frustración profesional y con el que establece una relación a espaldas de su marido.                     

La dialéctica en la relación entre Karin y Antii es la piedra angular del filme, una lucha de egos y de pasión entre dos seres muy diferentes y cada uno con su mochila personal y emocional más bien propiciada por las personalidades un tanto erráticas de ambos y por una serie de decisiones realizadas por los dos que cuanto menos se antojan equivocadas: no obstante, aunque como drama funciona muy bien se echa en falta un mayor estudio psicológico de los personajes y una credibilidad mayor de algunas situaciones, aunque hay que tener en cuenta el peculiar carácter nórdico que al público mediterráneo nos puede parecer un tanto extraño. Con todo, la suntuosa fotografía urbana del filme y el elegante discurrir de sus imágenes puestas al servicio de los detalles de la historia- en donde, claro está, la música cumple un papel fundamental- hacen de La Violinista un grato filme para los aficionados al drama europeo con mayúsculas aunque nos e trate de una gran obra maestra.

martes, junio 15, 2021

UNO DE NOSOTROS (LET HIM GO)

 

 

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Ha sido una agradable sorpresa la que ha producido este drama familiar con inequívocos elementos de western basado en una novela de Larry Watson a la que Thomas Bezucha adapta siguiendo clasicistas patrones de John Ford o de William A. Wellman sin obviar hallazgos más contemporáneos y eclécticos de David Fincher o Ang Lee. Aunque se trata principalmente de una historia de lucha sin cuartel por el amor a un ser querido (un nieto) es también una crónica de odios, injusticias y de actitudes humanas ruines y mezquinas en su estadío más estremecedoramente siniestro. El drama basado en sentimientos de angustia da paso a una violencia típica de western manera casi inesperada pero en ningún momento la enorme solidez y coherencia de la historia sufre desgarro alguno. El buen hacer de su pareja protagonista, el ya veterano Kevin Costner y la injustamente infravalorada Diane Lane, eleva la película a cotas altas con excelentes momentos por parte de ambos intérpretes otorgando una total credibilidad a la madura pareja de granjeros que encarnan, unos abuelos coraje dispuestos a cualquier cosa con tal de recuperar a su pequeño nieto que ha sudo casi literalmente robado.

Ambientada en los años 60 del siglo XX, los Blackledge ven como Lorna, la viuda de su hijo y madre de su nieto de tres años Jimmy, se casa por segunda vez con un joven que no tardará en maltratar física y verbalmente a ambos. Las cosas se complican cuando el nuevo matrimonio con el niño abandonan sin avisar Montana y se trasladan a Dakota Norte con la familia del marido. La decidida Margaret (Diane Lane) aterrada ante la posibilidad de que el niño este sufriendo daño y que no puedan verle jamás convence a su a su marido el bondadoso sheriff jubilado George (Costner) de ir en busca de Lorna y Jimmy. Una vez en Dakota y en cuanto encuentran a la conflictiva e inquietante familia Weboy comprenderán que las cosas no solo son difíciles sino que pueden ser muy peligrosas.  

La puesta en escena de un variopinto muestrario de sentimientos (angustia, tristeza, ira, envidida, miedo, desprecio, desesperación) debe mucho a la más alta escuela del drama (y es que además existe cierto enfoque shakespeariano en la historia)  pero resulta evidente que todo ello está mediatizado por las conceptualizaciones propias del western dando como resultado un filme que hará las delicias de los espectadores más cinefilamente exigentes. El proceso mediante el cual un apacible matrimonio jubilado se convierte en una pareja de luchadores dispuestos a todo es verdaderamente convincente y espectacular, dejando más espacio al intimismo y a la efectividad narrativa que a la épica más predecible.  Y es que gracias a este  oportuno tipo de mutaciones y transposiciones temáticas y estilísticas, el western sigue vivo y puede seguir pariendo excelentes filmes como este


domingo, junio 06, 2021

HIJOS DEL SOL (KHORSHID)

 


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Hay países en donde para muchos la esperanza existe con cuentagotas o apenas existe. Eso se puede comprobar de diversas maneras y medios, siendo el cine uno de ellos, y en ese sentido el valor del séptimo arte como mostrador de todo tipo de realidades sigue siendo enorme. Una cinematografía como la iraní ya ha mostrado en no pocas ocasiones las contradicciones flagrantes de su sociedad y lejos de cesar en su empeño por lo contraproducente que para sus cineastas y autores esto resulta (varios han sufrido prisión por sus denuncias vertidas en los filmes) y sorteando todo tipo de impedimentos y trabas el cine persa aún sigue ofreciendo más que interesantes obras cargadas de denuncia y con un estimable valor cinematográfico que ha conseguido la admiración internacional de la crítica. Esta Hijos del Sol  dirigida por Majid Majidi no se trata de ninguna obra maestra pero alcanza el doble propósito de ofrecer una buena película con mensaje. Centrada en los penosos avatares de la situación de numerosos niños en Irán que tiene que trabajar a edad temprana la película es una parábola sobre el fin de la inocencia y la manera devastadora con la que en el país de Oriente Medio esto suele suceder. La búsqueda de un supuesto fabuloso tesoro que un grupo de chavales con diferentes problemas tiene que llevar a cargo por encargo de unos adultos que les prometen parte del botín supone una extraña epopeya existencial para los chavales, que tendrán que encarar diferentes situaciones desagradables que terminarán afectándoles.

 Ali (Roohollah Zamani), el chico de 12 años protagonista, y sus amigos, todos ellos trabajadores de un taller de reparación de automóviles, tienen que hacer las excavaciones necesarias para hallar el tesoro bajo una escuela de primaria llamada Hijos del Sol en la que deberán de matricularse para realizar cómodamente su propósito. Allí se darán de bruces con una nueva realidad, la académica, que no resulta ana fácil ni para los alumnos ni para los profesores ni el director del centro ya que el colegio se encuentra al borde del cierre y todos los problemas económicos y sociales que vive Irán repercuten claramente en el. La búsqueda de un sueño es lo que mueve desesperadamente e los pequeños protagonistas del filme y sobre todo la huída de la pobreza, algo que el cine iraní sabe retratar excepcionalmente. No obstante, el tomo de fábula mediante el cual se cuenta la historia a veces no consigue ser efectivo y por ello la película muchas veces carece de intensidad. Nada es reprochable al elenco de jóvenes intérpretes que consiguen muchas veces momentos desgarradores. Los crueles instantes finales del filme ilustran la esencia una historia que por desgracia sucede muy a menudo en muchos países.      

lunes, mayo 31, 2021

PEQUEÑO PAÍS (PETIT PAYS)

 

*** y 1/2

No es nuevo que la Historia reciente siga siendo un más que interesante filón para el cine, pero es más difícil que películas basadas en acontecimientos con como mucho treinta años de antigüedad sean obras convincentes, honestas y equilibradas; algo que por fortuna le ocurre a este filme que adapta la novela autobiográfica de Gaël Faye y que nos enfrenta con oscuras capas y configuraciones del ser humano que lamentablemente son reales y han generado destrucción y sufrimiento. Ya casi parece olvidada la Guerra Civil de Ruanda que acaeció entre 1990 y 1995 y que supuso en el año 1994 uno de los más salvajes genocidios de los últimos 50 años, pero este episodio marcó al rapero y escritor francés de origen africano Gaël Faye siendo un chaval de 12 años (aunque desde el vecino país Burundi) y decidió contar su estremecedora experiencia; poco tiempo después Eric Barbier ha plasmado en imágenes su novela -contando con la participación activa en el guión de Faye-  y ha conseguido una película tan creíble y conmovedora como cruel y descarnada en su descripción de los acontecimientos vividos desde el punto de vista del alter ego del autor, el pequeño Gabriel (Dijbril Vancoppenolle), un chaval de Burundi hijo de francés y ruandesa que asiste al odio y a la destrucción salvaje entre las dos etnias de Ruandas, los tristemente célebres Hutus y Tutsis. Un calvario para el espectador pero al fin y al cabo un excelente ejercicio cinematográfico.

Petit Pays resulta relativamente insólita por su no posicionamiento en ningún bando de entre los protagonistas del conflicto y de hecho en ningún momento hace distinciones entre héroes y villanos e incluso la familia protagonista llega a rozar y caer en actitudes y acciones cuanto menos infames: una denuncia a la maldad global y a la corrupción moral que el odio produce en el ser humano, un propósito harto difícil que el filme supera con solvencia y esa es su principal virtud. Además, el hecho de estar descrita bajo un punto de vista infantil y más concretamente desde un cambiante preadolescente añade un plus que lo hace más sugestivo, rico en amtices y también más sobrecogedor e inquietante. Gabriel, que vive en el pequeño Burundi con una familia acomodada dentro del bajo nivel de vida africano, ajeno a la realidad tanto de su país como de la vecina Ruanda -el país de su madre, un auténtico polvorín a punto de estallar-  y con la extraña condición de ser mulato de origen europeo, asiste impactado a la explosión de la lucha étnica entre Hutus y Tuttsis que también llega a su país y que amenaza con destruir todo lo que el conoce y ama empezando con su familia, que ya empezaba a tambalearse debido a la separación de sus padres. Una espiral de odio comienza a atrapar a Gabriel y cada vez le será más difícil salir de ella hasta el punto de tener que imbuirse contra su voluntad madurando forzosamente. No hay violencia excesivamente gráfica en la película (mostrar detalles del genocidio ruandés hubiese sido una experiencia muy fuerte), suplida por los conflictos morales, las discusiones al límite y la situación de angustia que viven sus protagonistas. No es esta una película perfecta pero si un excelente y necesario testimonio de unos hechos que jamás deberán caer el en olvido por la lección moral que se puede extraer de ellos.          

lunes, mayo 24, 2021

FIRST COW

 


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La tardanza de su estreno en las salas españolas no debe hacer pasar por alto esta estupenda película que conjugando el drama con la crónica histórica consigue llegar a cotas cinematográficas muy altas y sin mucha parafernalia superflua y con un presupuesto ajustado. Son muchos los filmes ambientados en los primeros años de Estados Unidos como país independiente (a principios del siglo XIX) y es que todo lo relacionado con pioneros, tramperos, comerciantes de pieles, nómadas, cazadores y nativos que comenzaban a tratar con el “hombre blanco” siempre ha sido material dramático de primer orden especialmente en el género de las aventuras y por supuesto como western pero no es este el caso de la película que nos ocupa. En First Cow nos encontramos con una hermosa historia de amistad entre dos pioneros que hacia 1820 unen sus destinos de manera casual mientras cada uno busca el incipiente Sueño Americano en las inexploradas tierras del oeste, algo para lo que tendrán que colaborar. Otis Figowitz, apodado Cookie (John Magaro), un cocinero que viaja con unos tramperos con los que no se siente identificado, aspira a ser un gran confitero en cuanto llegue a San Francisco; por su parte King-Lu (Orion Lee), un chino que huye de un homicidio involuntario y que no parece tener un objetivo claro en su vida, decide ayudar a su nuevo amigo en sus aspiraciones usando un sentido pragmático, aventuroso y un tanto osado del que su ingenuo amigo carece. En el asentamiento de Oregon en donde se establecen, deciden ordeñar clandestinamente a la única vaca del lugar propiedad de un rico terrateniente inglés (Toby Jones) para obtener la leche con la que Cookie pueda elaborar unos pasteles de su invención.  Esta acometida, que se tornará en exitosa para ambos, unirá a ambos hombres dejando patente que las diferencias culturales no deben de ser impedimento para nada y que la lucha conjunta por algo crea lazos casi imposibles de romper.       

El buen trabajo de los dos semidesconocidos actores protagonistas muestra con profusión de matices la relación entre Cookie y King-Lu, más compleja de lo que parece y en cierto modo basada en una dialéctica Don Quijote-Sancho Panza en donde los límites entre las atribuciones de ambos inmortales personajes (el idealismo y el pragmatismo, la gallardía y la inocencia) aparecen difuminados y a veces intercambiables. Pese al ritmo un tanto mortecino del filme, su exhuberancia narrativa no decae en ningún momento añadiendo que la utilización de instantes anecdóticos aparentemente de relleno (a veces rozando la comedia) y el excelente partido que se saca del hermoso paisaje natural de Oregon hacen de Fist Cow una interesante experiencia para espectadores que desean ver algo más que un melodrama de época. Su excelente ambientación y vestuario refuerzan el carácter antropológico-histórico del filme, algo de lo que no es ajena la metáfora que se hace del nacimiento de la consciencia intercultural  norteamericana. Un acierto si se desea ver una buena película en medio de una cartelera no muy estimulante. Por cierto, dirige una mujer, Kelly Reichardt; últimamente el género femenino va cobrando importancia dentro del cine.    

martes, mayo 18, 2021

QUO VADIS, AIDA?

 

***  y 1/2

 La guerra en la antigua Yugoslavia en la década de los 90 del siglo XX fue un funesto episodio de la Historia contemporánea cuya evocación aún sigue provocando escalofríos e indignación y es por ello que cualquier ejercicio de recuerdo sea cual sea el medio a través del que esto se lleve a cabo resulta una acción muy dolorosa, sobre todo si son quienes directa o indirectamente vivieron sus consecuencias quienes lo narran. El cine, que ya ha dado cuenta varias veces del conflicto balcánico, sigue siendo un vehículo perfectamente válido para denunciar las salvajadas que se cometieron y en esto no cabe más que aplaudir iniciativas como este filme, una producción bosnia que más allá de ser o no una gran película ha sabido retratar perfectamente el estado de terror y angustia de muchos ciudadanos de Bosnia Herzegovina de cualquier condición social que fueron testigos de una auténtica y atroz limpieza étnica contra su pueblo. Basada en hechos reales, Quo Vadis, Aida? apuesta por un episodio concreto centrado en unos pocos personajes y su manera de vivir y sentir los acontecimientos. Una intérprete de inglés bosnia que trabaja en Srebrenica para la ONU- concretamente con los cascos azules holandeses, la Aida del título, es el motor de la historia con su determinación a salvar a su marido a sus dos hijos veinteañeros de un más que posible trágico destino: la que iba a ser la tragedia que se vivió en dicha ciudad  bosnia en julio de 1995. Aida, que asiste en su condición de funcionaria de la ONU como su familia llega a un barracón de refugiados en el que ella trabaja como traductora, hará todo lo posible para salvar a su familia en medio de una situación angustiosa y al límite para los miles de personas allí confinadas aunque para ello tenga que enfrentarse a los mandos militares holandeses a cargo del campo de refugiados y buscar subterfugios procedimentales de todo tipo. Una mujer luchadora que sin embargo comete errores y bordea la falta de solidaridad pero que pese atodo nos convence de que su lucha y sus esfuerzos son completamente legítimos.

 La directora Jasmila Zbanic demuestra saber lo que cuenta y consigue transmitir con sus imágenes un realismo sobrecogedor aunque gran parte del grueso del metraje se desarrolle en un único escenario, el del inmundo barracón. La recreación de este lugar y de la insalubre y estremecedora situación de sus ocupantes, así como los vaivenes de los militares de diferente bando y procedencia (no hay aquí a penas escenas de viiolencia explícita y ninguna bélica), los diálogos entre los protagonistas y otros secundarios, todas las vicisitudes de los bosnios para tratar de salir indemnes de aquel angustioso momento (algo que como se sabe no consiguieron) y sobre todo la plasmación del drama personal de Aida y su familia en una lucha desesperada por la supervivencia están descritas con sumo verismo y con pocos artificios dramáticos. La interpretación de Jasna Djuricic como  una mujer valiente y desesperada ha ayudado mucha a que la película consiga su propósito: tocar el corazón del espectador. El crescendo emocional puede que no se haya sabido culminar correctamente después de un momento crucial y muy bien presentado como es el de la irrupción en escena del ejército serbio y su desconcertante actitud inicial ante la situación (los villanos más sobrecogedores son los sacados de la vida real), pero aún así la película convence plenamente gracias sobre todo a la modestia de su planteamiento y lo honesto de sus pretensiones. 

jueves, mayo 13, 2021

EL OLVIDO QUE SEREMOS

 

 


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La filmografía de Fernando Trueba puede que sea más irregular de lo que suele parecer si se lleva a cabo un frío análisis de cada una de sus películas, pero cuando el veterano realizador madrileño hace una buena película esta siempre resulta una obra excepcional en todos los sentidos. En los últimos tiempos con un pie en España y otro en las Américas, Trueba demuestra que las coordenadas geográficas y culturales no suponen ninguna barrera para él y esto bien se ve en esta coproducción hispanocolombiana que nos cuenta una historia real entroncada con la Historia reciente de Colombia tratada con mimo y cuidado por lo altamente sensible de su material de partida. Basada en la novela-recuerdo del escritor y periodista Héctor Abad Faciolince  sobre los últimos años de su padre el médico, profesor y activista social Héctor Abad Gómez, El olvido que seremos es un filme tan cálido e intimista como cruel en algunos momentos y sobre todo rotundo en su planteamiento de reivindicación de una persona injustamente tratada en su país en un momento político y social convulso en Colombia (años 70 y 80 del siglo XX) que terminó asesinada por paramilitares. Fernando Trueba como director y su hermano David como guionista han plasmado estupendamente -en palabras del autor del libro y personaje también de esta película- una historia de sentimientos de amor paternofilial (el que el joven Héctor sentía por su admirado padre), de lucha por unos ideales insipirados precisamente por el amor a las personas, y de maduración personal: la que el hijo de Héctor Abad Gómez experimente bajo la sombra de su padre y de la triste realidad de su país, algo que el personaje central de esta historia siempre quiso cambar.   

Ambientada en dos periodos diferentes de tiempo (principios de los 70 rodados en color y mediados de los 80 filmados en blanco y negro) la película desde el punto de vista narrativo transcurre impecablemente siempre bajo la visión de Abad Faciolince, primero como un niño (Nicolás Reyes) y después como un joven adulto (Juan Pablo Urrego). El doctor Abad, patriarca de una familia numerosa de Medellín más o menos acomodada, no esta muy conforme con su sueldo como profesor universitario pero trata de sacar adelante a su prole e inculcarle sus valores mientras intenta llevar a cabo proyectos de salud pública para los barrios más desfavorecidos de la ciudad y denuncia la poca atención que los pobres reciben de los poderes del estado lo que le granjea mala fama entre las esferas más conservadoras que le llegan a tachar de comunista. La figura de Abad va evolucionando en su grado de compromiso con su sociedad ante la atenta mirada del pequeño “Quiquín”, quien en un principio parece mantener sentimientos encontrados hacia su padre pero que finalmente terminarán sublimándose. La interpretación de Javier Cámara merece mención aparte ya que es notorio el esfuerzo del intérprete riojano por parecerse al médico medellinense y plasmar todos sus matices, con el esfuerzo añadido que  ha supuesto calcar el acento colombiano. Cámara se adueña de la película y ofrece momentos de emotividad nada sentimentaloides y si muy efectivos secundado por un reparto muy eficaz en su mayoría de intérpretes jóvenes como los que dan vida a los hijos del protagonista, destacando obviamente los dos actores que interpretan al joven Héctor en especial el pequeño Nicolás Reyes que atesora muy buenos momentos.

Aunque a veces a los hermanos Trueba se les va un poco la mano en cuanto a lo sentimental en algunos momentos, el guión es un buen ejemplo de cómo se puede hacer un filme intimista sin exceso de almíbar y sin rehusar a mostrar (dignamente) momentos muy trágicos, y como se puede trazar una historia de reivindicación sin caer en el panfleto. Sin renunciar a elementos poéticos e incluso artys, la película resulta creíble y cercana en todo momento y consigue la complicidad emocional del espectador desde el primer instante, algo que no es nada sencillo. El olvido que seremos es un filme que cumple sus objetivos y nos regala más de dos horas de buen cine con una historia conmovedora que resulta un bello canto al amor entre padres e hijos.

domingo, mayo 02, 2021

NADIE (NOBODY)

 

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Acostumbrados como estamos de ver violencia exacerbada en el cine puede que no resulte tan impactante el uso desmedido de este elemento en el filme que nos ocupa, pero la manera en la que está tratado y filmado (fuera incluso de coordenadas tarantinianas o de la gratuidad explicita de muchas películas actuales) consigue cuanto menos sorprendernos. Ya no se trata de efectismo sino el tratamiento de la violencia como elemento fundamental de la trama y del personaje de central y en ese sentido Nadie es un film que nos presenta a una persona cuya vida ha estado ligada a al asesinato y a la destrucción y que aunque en un momento dado haya decidido cambiar radicalmente su existencia, la persistencia del uso de la violencia como modus vivendi no consigue desaparecer ni mucho menos.

El director ruso forjado en el mundo del videoclip Ilya Naishuler debuta en Hollywood con una mezcla de thriller, drama psicológico y filme de acción que va evolucionando y cambiando de registros sorpresivamente conforma avanza la trama. El protagonista, Hutch Mansell (Bob Odenkirk, en un sorprendente registro), como el nombre del filme indica comienza la historia como un “nadie”, un hombre normal, padre de familia que trabaja en una modesta empresa de electricidad. No es sin embargo la persona que parece ya que cuenta con un pasado que al principio de la peli no se conoce pero que comenzará a aflorar tras un intento de atraco en su casa en el cual se niega a agredir para defenderse de los delincuentes. Aparentemente despreciado por su familia y por su círculo ante su falta de valentía, Hutch decide desquitarse tomando la justicia por su mano lo cual acarreará el resurgimiento de algo que llevaba dormido dentro de él y que tiene que ver con su pasado. La aparición de la violencia más extrema, filmada con profusión de planos de todo tipo y que ocupa un buen metraje sobre todo en la segunda parte del filme, no es para anda gratuita sino que nos muestra el verdadero carácter de su protagonista y su visión del mundo y de la vida y plasma también las miserias de una sociedad en donde el odio y la codicia llevan a la destrucción moral  y física del ser humano, esto representado por siniestras y sanguinarias mafias camufladas bajo aparentemente inofensivos ropajes.

Nadie combina muy bien el estudio psicológico de un personaje complejo con un juego de represión-ocultación incluido y una crítica a una sociedad en donde el crimen y la extorsión parecen necesarios para conseguir algo. No obstante, la historia - que muchas veces puede recordar a un western- no siempre consigue discurrir correctamente y muchos de sus trampantojos no funcionan, si bien es cierto que este es un filme que avanza bastante más que un thriller de acción al uso y su tono muchas veces lúgubre no resulta en absoluto incómodo, algo que no se puede decir muchas veces de su violencia explícita, que pese a todo no resulta tan indigerible. Con todo, es positivo constatar una vez más que el cine estadounidense se atreve con registros que a priori no son muy comerciales.